martes, 17 de enero de 2017

Una escapada a Sentinel del norte.


Cuando la realidad te avasalle, cuando sientas que la humanidad se está yendo realmente al carajo, y que no aguantas mas la civilización, entonces es cuando te conviene darte una vuelta por la isla Sentinel del norte.
Al modo Olaf Stapledon en Hacedor de estrellas, nos sentamos en un sillón y dejamos que nuestro cuerpo astral se separe del físico y empiece a elevarse. Pero nosotros no nos vamos a dar una vuelta por el universo. No, sería demasiado extenso y habría que escribir, mínimo, una novela, como hizo el bueno de Olaf en los años treintas.
Sin salir del planeta, nos elevamos lo suficiente, hasta la estratósfera, y empezamos a dirigirnos hacia el este. Abajo vemos como vamos dejando la enorme ciudad de Buenos Aires, al instante ya sobrevolamos el extenso Río de la plata y su color amarronado. De a poco aceleramos mas, y haciendo uso de todo nuestro poder telekinético, empezamos a dejar el río atrás y nos adentramos en el mar argentino.
En breve ya estamos en pleno océano Atlántico. Pasamos por Ciudad del Cabo en Sudáfrica, para luego seguir sobrevolando pero ahora sobre el océano índico. Y entonces nos dirigimos un poco hacia el norte. Vemos las costas de la India, mas precisamente de la isla de Sri Lanka, pero seguimos un poco mas hacia el noreste. Entonces llegamos a Sentinel del norte. Una isla que depende de la India, pero a la cual nunca ningún foráneo pudo pisar debido a la fuerte hostilidad de sus habitantes, personas que nunca quisieron ni quieren tener trato con el resto de las civilizaciones humanas. Quizás sean los últimos seres humanos en estado puro, en el sentido de seguir igual a cuando habitaron esa isla hace miles de años. Quizás guarden algún secreto y no lo quieran compartir, o quizás simplemente no quieran saber nada con el resto de los humanos, por que simplemente sean muy poco sociables. Los pocos que se aventuraron cerca de sus costas fueron asesinados a punta de flecha o lanza. La India intentó hacer contacto con ellos varias veces, pero los intentos fueron vanos. Por eso dictaminaron un área de exclusión alrededor de la isla para que nadie intente acercarse a ellos, por la seguridad de visitantes y nativos, además para respetar su decisión de querer vivir aislados del resto del mundo. Poco se pierden la verdad. Por más que los Sentineleses vivan aún en la edad de piedra, poco pierden en su estado de total aislamiento. El mundo es verdadero caos y poco sobrevivirían si fueran contaminados por las culturas occidentales u orientales. Lo mismo da.
Por eso, la única forma de acceder a esta isla remota y aislada del mundo, es haciendo un viaje astral, o sea, solo la consciencia.
Cuando llegué a sus costas me maravilló ver la naturaleza abundante, los altísimos árboles y la poca gente. Apenas unos pocos centinelas en las costas que deben estar atentos a la llegada de visitantes, para alertar así al resto y repeler cualquier visita indeseada. Claramente debe ser una de las políticas mas fuertes de la isla el hecho de estar alertas ante cualquier visita. Se toman muy en serio el hecho de no ser molestados por nadie. Cruzando los primeros árboles podemos encontrar algunos cazadores y recolectores de frutas y caza de pequeñas alimañas. Muy profundo en la isla hay apenas algunas casas de paja y caña, muy modestas. No hay señales de que conozcan el fuego. Los sentineleses son de un color negro oscuro como la noche misma. Sus facciones son una mezcla de Hindúes, Africanos de Kenia y Madagascar y de aborígenes de Nueva Guinea. Son raros y poco conversadores. Las mujeres son pocas, pero a medida que mas me adentro en la isla me percato de que es una especie de paraíso en la Tierra. Manantiales, pequeñas lagunas azules, morros de un verde casi fosforescente y quizás haya pepitas de oro en su interior. Hay una cueva en la cual entran algunos de los cazadores.
En el interior de la cueva me doy cuenta que hacen sacrificios humanos. Mujeres, niños y algunos hombres cuyo comportamiento no es aprobado por el jefe hechicero de la isla. O tal vez necesiten matar a algún habitante simplemente para mantener la natalidad a raya.
Se hace de noche y todos se congregan a las afueras de la caverna, sale una luna llena brillante que ilumina casi a la perfección a toda la isla. Entonces, los casi cien habitantes se congregan en un círculo, tomados de la mano y entonan una melopea, o sea, un canto monótono, casi mántrico. Parecen entrar en trance, entonces todos elevan sus cabezas hacia la luna y la observan fijamente mientras siguen cantando. Observo hacia el satélite y no termino de comprender que es lo que miran. Quizás sean adoradores de la Luna, en vez del Sol. Puede ser, muchos pueblos lo son o lo fueron, pero de repente, veo que de la Luna se desprende un pedazo, o eso parece. Como un fragmento blancuzco sale de la Luna y empieza a descender de a poco sobre nuestras cabezas, pero de pronto pierdo la concentración. El miedo se mezcla con el hecho de que debo regresar a mis obligaciones, entrar a trabajar, descolgar la ropa, etc. Me parece un estupidez total de mi parte interponer esos pensamientos banales ante lo que parece un inminente descubrimiento soberbio, pero es demasiado tarde. Abro los ojos y acá estoy otra vez, en el sillón de mi departamento en Almagro, Buenos Aires.
Trato de volver, pero el ruido de mi calle de autos y ambulancias, un vecino que tose, una música lejana y ruido de cubiertos, impiden mi concentración y el regreso a la isla Sentinel del norte. Quizás no vuelva a tener la capacidad de regresar. Mañana volveré a intentar, y espero pueda descifrar el misterio de la isla y sus habitantes y luces brillantes en la noche.

viernes, 13 de enero de 2017

Los cuentos de terror que me contó mi abuelo... 3º parte


A Merlo volví en febrero del '94, esta vez con mi familia. Sin embargo, cuando llegamos a la casa de la calle Perón, mis abuelos nos esperaban allí para mostrarle a mis viejos como funcionaba todo. Así que un par de días estuvimos los seis.
Una de esas primeras noches, mi abuelo nos contó a mi hermano y a mi, la leyenda de La novia fantasma.
"Hace mucho tiempo vino un hombre de la capital de San Luis, apellidado Fabringas, hoy podés encontrar su tumba en el cementerio municipal. Cuestión que este hombre vino para hacer trabajo golondrina. En el invierno se iría. Sin embargo llegó el invierno y el hombre no se quería ir, ya fuera por pereza, falta de dinero, o simplemente por que le había gustado el lugar.
Como todo buen criollo era de buen tomar y una de esas noches, en las que se sentía mas solo que nunca, fué al bailongo del pueblo. Mucha suerte no andaba teniendo con las mujeres, entonces, después de varias copas y de varios intentos fallidos con algunas de las lugareñas, Fabringas encaró para la salida y con toda la intención de volver con el rabo entre las patas de vuelta a su pensión. De pronto, entre las concurrentes apareció una mujer de largo pelo lacio y negro como la misma noche, con un hermoso y largo vestido blanco. Ella parecía mirarlo solo a él y nadie mas parecía reparar en la presencia de esta pálida y gélida belleza invernal del valle. Fabringas de acercó demasiado, como casi hipnotizado. El la invitó a bailar, y al rozarla sentía como si su cuerpo fuera de otra consistencia, casi etérea.
Luego salieron a pasear por los alrededores y casi en silencio se juraron amor eterno. Ella parecía deseosa de oficializar y de casarse lo antes posible. Pero solo si sus padres accedían. Le dijo que eran muy conservadores, sobre todo su padres, pero Fabringas, un hombre rústico pero centrado, le dijo que el hablaría con su padre y todo estaría bien. Ella se emocionó y lo besó casi sutilmente en los labios. Una breve nevisca comenzó a caer sobre sus cabezas. Luego ella se fué yendo de a poco, y desapareció en la oscuridad de la noche.
A la noche siguiente Fabringas se vistió con sus mejores prendas, y partió hacia el bailongo. Habían quedado verse allí, sin embargo pasaron horas y el esperó paciente sin tener noticias de ella. Entonces se acercó a la barra y le preguntó al hombre que a todos observaba, si no había visto a la chica de blanco, a la cual detalló con precisión. Pero la respuesta dejó mas confundido a Fabringas.
No, amigo, usted lo que vio fue a la novia fantasma. Ella se llamaba María Inés, pero murió hace mas de setenta años. Algunos dicen que se había enamorado de un indio comechingón, pero que su padre no solo se opuso a la boda sino que salió a darle caza y matarlo. Cuando volvió a su casa, María Inés se había ahorcado. Después de mucho tiempo, algún que otro solterón como usted, se cruza con su fantasma, ávido de llevarse al otro mundo a algún pobre descuidado. Ya que el padre nunca mató al indio enamorado, dicen que ella entonces busca vengarse de los blancos poco precavidos. Así que ande con cuidado. La novia fantasma es ya toda una leyenda. No sea zonzo de caer en su trampa, si la vuelve a ver huya tan rápido como le den sus piernas, o sino mejor vuélvase a sus pagos mi amigo.
Fabringas, sin embargo, no dejó de buscarla durante las noches siguientes, su visión lo tenía obsesionado. Hasta que un día, paseando un atardecer por el cementerio, dio nomás con la tumba de ella. Y un retrato en el marfil de la lápida la hizo reconocer de inmediato. Entonces, embargado de pánico, salió rajando del lugar, y no volvió nunca mas por estos pagos. Aunque algunos dicen que si volvió, se casó con una lugareña y vivió hasta los ciento dos años. Pero todos son cuentos de viejas. La verdad es que nunca se sabrá que es cierto o leyenda, lo importante es lo que uno decida creer. Fin"

Yo me quedé atónito, pero sin temor, solo con ganas de volver al cementerio una vez mas a buscar huellas, rastros, algo que me ayude a entender la historia. Esa misma noche mi hermano me retó a ir de noche con él a ver si había algo. Sin embargo no me animé.
Pocos días después mis abuelos se fueron y nosotros quedamos en la casa. Una mañana me levanté a media mañana y mi padre tiraba un huevo podrido al tacho. Tenía una expresión muy seria y preocupada. Le pregunté que pasaba y no me contestó. Mi vieja se había ido a hacer las compras. Mi hermano dormía. Poco después me enteré que una vieja gitana le había preguntado a mi vieja si quería que le dijera la buena fortuna. Mi viejo, quizás preocupado por su trabajo, se acercó. La vieja sacó un huevo negro que se pudrió en sus manos. Y le vaticinó que ese año perdería el trabajo. Mi viejo le pago una suma importante a la gitana para eso.
Después se sintió fatal. Cuando se lo contó a mi abuela, Manuel le dijo que había sido un tonto al caer en esa superchería.
A mitad de año a mi viejo lo despidieron luego de años trabajando en diversas agencias de publicidad.
A merlo volví en enero del '97 solo con mi hermano y mis abuelos. Grandes vacaciones. Vimos con Manuel Cosquín 97, y comimos chivito y cordero. Pero no hubo mas historias ni leyendas de terror. Yo estaba por empezar la secundaria y prefería no creer en esas cosas.
En el 2001 mi abuelo Manuel murió de un cáncer fatal en el estómago, simplemente lo fulminó. Yo no pude ir a verlo, no tuve el coraje de visitarlo antes de morir. Con él se fué un gran recuerdo y amigo de mi infancia. Fue mi verdadero abuelo y siempre lo recordaré por eso.
En el verano del 2003 volvimos con mi hermano y un par de amigos nuestros a la casa de Merlo. Visitamos el cementerio y ahí encontré a todos, la rama de La muerta viva, la lápida de Mansilla y la bóveda familiar de los Fabringas. Saqué algunas fotos. Encontré varias posibles novias fantasmas. Todo estaba ahí, si uno decidía creer, como me dijo mi abuelo Manuel, una vez, hace mucho tiempo.

jueves, 12 de enero de 2017

Los cuentos de terror que me contó mi abuelo... 2º parte


Para enero del `93, volví con mis abuelos a Merlo. Esta vez era pleno verano y el la ciudad puntana era otra cosa. Por empezar, había pasado un año y medio y en ese tiempo todo había cambiado de forma considerable, desde el panorama hasta Merlo mismo. De a poco se notaba que iba creciendo y las tranqueras daban paso a rejas y ligustrinas mas sofisticadas. La casa, excepto por ese cambio, estaba igual que antes, Ese verano jugué hasta el hartazgo con mis amiguitos merlinos. Todavía jugábamos mucho a los pistoleros y a la pelota, obvio. Conocí una zona de naranjales y fuimos a almorzar asado a la casa de un gaucho conocido de Manuel. Un viejo de largos bigotes blancos, que parecía salido de algún western. Mientras yo terminaba mi morcilla, a la cual le ponía puré, vaya uno a saber por qué. El viejo tal se armaba un cigarro armado. Era la primera vez que veía a alguien armarse un tabaco. Me llamó la atención sobre todo por que guardaba el tabaco en una bolsita de tela con cordonsito. Llamativo para este niño de nueve años.
Una tarde, que yo había vuelto de jugar sin parar de la calle con mis amigos, Manuel se encontraba viendo en la tele sus películas de cowboys que tanto le gustaban. Entonces, cuando yo me disponía a salir de nuevo, Manuel apagó el televisor y me detuvo con su manaza de leñador.
Alto hombrecito, ¿a donde cree que va usted?- Afuera, a jugar a la pelota.- No ve que es tarde? Es ya casi de noche. - No pasa nada, cuando esté la comida me pegan un grito y vuelvo. -No señor, usted se queda acá. -Por? - Por que se lo digo yo. - Pero voy ahí por lo de los Mansilla, y... -No señor. Usted sabe la historia del viejo Mansilla? -No la verdad que no...
Como se disponía a contar otra historia me quedé ahí parado, esperando...
"El viejo Mansilla, de esto estoy hablando del siglo pasado, o quizás principios de este... La cuestión, es que el viejo Mansilla era un viejazo horrible, malo y mesquino, que todas las noches se empedaba, se ponía borracho y fajaba a su esposa. Un día los vecinos lo encontraron ahorcando a su propio perro, al cual después lo tiró desmembrado en medio de la calle. Los vecinos se quejaron del olor a podredumbre, pero nadie se animaba a enfrentar al viejo Mansilla ya que era de facón rápido, además de ser de los pocos en el pueblo que portaba arma de fuego. La cuestión es que un día a la esposa no se la vió mas. Algunos dicen que se cansó de sus bofetones y se fué Córdoba con su familia, pero otros dicen que Mansilla la mató y la enterró en el terreno del fondo de su casa.
Mansilla solía montar con su caballo y bajar a la pulpería del pueblo. Su casa estaba un poco mas arriba en la sierra, pero no mucho. A veces volvía tan mamado que se caía de su propio caballo, pero guai de quien se burlara del viejo, por que mínimo ligaba un rebencazo. Una de esas noches, volvió con dos mujeres, que se dice, trabajaban en el pulpería como visitadoras. La cuestión es que esa noche, Mansilla tomó demasiado mucho, y terminó tan en pedo, que las fajó tanto a estas mujeres, que una vez tiradas inconscientes en el piso, sacó su facón y las degolló ahí sin mas. Luego puso la pava para hacerse unos mates. Cuando el agua estaba caliente, abrió las bocas de las mujeres y vertió el agua dentro de sus bocas. Luego se tumbó a dormir tranquilo.
Al otro día, vió lo que hizo, enterró los cuerpos, y se juró que no bebería nunca mas. Se sentía un poco arrepentido, pero no lo suficiente para sentir empatía por nadie. De hecho esa misma noche volvió a la pulpería y se agarró nuevamente un pedo fuerte. Quiso buscar pelea con alguien, pero todos lo evitaban, por su violento carácter y por que cada día se ponía mas desagradable y de a poco se estaba convirtiendo en un paria. Algunos pobladores se estaban cansando de él y ya de a poco se estaba gestando alguna especie de plan para castigarlo. Todos sabían que la desaparición de las dos mujeres corría por cuenta suya, pero nadie se animaba hasta ahora de acusarlo.
Esa noche sin luna, Mansilla volvió dando tumbos a su casa, casi caído de costado en su caballo, llegaba a la parte del risco mas peligrosa y ahí siempre trataba de despertarse un poco, por lo peligroso. Una caída de ahí era mortal. Se aferró bien a la grupa y a su botella. Dió un trago largo y miró el cielo. Estaba raro. No había estrellas y si en cambio una especie de manto grisáceo y casi fosforescente en el cielo dando un aspecto tétrico. Cuando estaba próximo a su casa sintió que alguien le tocaba la espalda, no quiso darse vuelta, pero de nuevo insistieron, cuando volvieron a tocarle por tercera vez, esta mucho mas fuerte e insistente, vio el cuerpo de una mujer desnuda atrás de su montura y cuando quiso acelerar vio el cadáver de la otra mujer adelante suyo. Ambas tenían sus cabezas bajo el brazo. Entonces cuando estallaba en pánico, empezó a salir de abajo de la tierra el cuerpo desnudo y podrido de su esposa, con la garganta cortada que lo llamaba. Mansilla pegó un grito de terror y saltó del caballo, sin darse cuenta cayó al borde del precipicio, trastabillo y cayó al abismo. Pocos días después, encontraron su cuerpo en el fondo, con los huesos rotos y semi comido por las alimañas. Decidieron que no merecía un entierro digno, por todas sus maldades, y apenas lo cubrieron con algunas piedras. Allí yace hasta hoy en día, en ese desfiladero que todos los gauchos tratan de evitar por la noche, ya que dicen que si pasas borracho por ahí, de seguro te caes."

Yo me quedé de cara. Esta historia me había impactado mucho mas que la de la vez anterior. Me senté a la mesa y le pregunté si los Mansilla conocían esa historia y para mi sorpresa me dijo que si, que mañana se los preguntara, ellos confirmarían su relato. No le creí. Sin embargo, al otro día le pregunté a Diego Mansilla, un pibe del barrio y me confirmó la historia. Era un pariente del cual no les gustaba reconocer parentesco, pero así era. Historia, mito y leyenda. Luego sonrió y pateó la pelota. Yo me pregunté, o todos están en complot, o es posta la cosa. En todo caso, me quedé conmocionado.

miércoles, 11 de enero de 2017

Los cuentos de terror que me contó mi abuelo y que hicieron cagarme...


Manuel Romero era un merlino de pura cepa, nacido en 1929. Cuando rondaba los sesenta años conoció a mi abuela, Perla, que estaba separada de mi abuelo, desde que mi padre era chico.
En fin, Manuel era un gaucho de aquellos, alto, fornido, pelado y con brazos y manos de leñador. Tenía el típico humor picaresco cuyano, y mas allá de que yo solía enojarme con sus bromas, la verdad es que poco tiempo pasó hasta que se ganara mi corazón y el lugar de abuelo postizo, como solía decirle ante sus increíbles risotadas.
La primera vez que me llevaron a sus pagos, fue en el invierno de 1991. Yo por esa época sufría de un principio de asma, y me atendía, como casi toda la familia, con un médico homeópata. Éste mismo le había recomendado a mi vieja que fuera nomás con mis abuelos, ya que Merlo tenía fama de tener un micro clima muy bueno para la salud. Cuestión que, un poco a regañadientes, me dejaron ir. Yo estaba chocho, lo único que conocía en esa época, mas allá de Buenos Aires, era Mar del plata y alrededores, y las únicas "montañas" las de Sierra de los padres.
En aquellos tiempos, uno todavía podía viajar a lugares como San Luis o Bariloche en tren. Así que nos fuímos a la estación de Retiro, la misma de donde salen los trenes a Tigre.
Mi viejo me fue a despedir y me llevó una pistola de cebita. Estaba a cada momento mas entusiasmado.
Yo tenía siete años, y recuerdo un tren un poco mas lindo y cuidado que el de Mar del plata y que nos daban unos almohadones chicos para la cabeza y unas mantas. A la madrugada hicimos trasbordo y seguimos el viaje en micro. En los alrededores había mucha nieve, cosa nunca vista por mí,
Llegamos a media mañana a la casa de Manuel, en un pueblito que todavía tenía en su mayoría tranqueras. Un perro loco nos salió a saludar a puro ladrido mañanero. Hacía frío, pero era un frío seco, así que estando bien abrigado uno casi ni lo sentía. En esas mini vacaciones de invierno, podría decirse que me curé de todos los males que aquejaban mi pecho. A los poco días ya estaba correteando y jugando a los pistoleros con los chicos locales de la cuadra. Miguel, Daniel, Rafael, Ariel y Mariel.
Una de aquellas noches frías, el viento soplaba fuerte sobre Merlo. Mi abuela cocinaba una carne mechada, mientras mi abuelo Manuel, avivaba el fuego de la chimenea. Entonces me preguntó si conocía la historia de La muerta viva. Le dije que no y acto seguido me apresté a que me contara la historia.
"Hace varios años, en este pueblito, a pocas cuadras acá, vivía Julieta, una chica jovén muy linda, de pelo lacio y dorado como el sol. Sus padres habían venido a vivir desde lejos, otro país, pero ella se crió acá. Cuando tenía mas o menos veinte años, conoció a Pablito, el hijo del carpintero Pedro. Se enamoraron mientras jugaba al sapito en el arroyo Piedras blancas. Pero los padres de Julieta no aprobaban la relación y le prohibieron que siguiera viendo a Pablito, pero ellos se las arreglaron para escaparse noche por medio y verse en los tapiales, cerca del viejo cementerio. Una noche, Pablito se demoró, y Julieta se sintió sola y temerosa, entonces, de la nada apareció un viejo decrépito que se acercó a la joven. Ella estaba a punto de irse corriendo. Todavía quedaban algunas luces del sol, pero entonces el viejo le dijo que ya los había visto varias veces a ella y a Pablito y que tuvieran cuidado porque ese lugar no era zona apta para la joven pareja, ya que otros poco precavidos habían sucumbido ante La muerta viva, una joven de la edad de Julieta que había sido dada por muerta y enterrada viva. Entonces se dedicaba a salir de su tumba y asustar a las jóvenes parejas del pueblo, en venganza por no haber podido tener un amor. Entonces Julieta se asustó y llamó a Pablo a los gritos, pero mirara por donde mirara, Pablo no venía. Cuando se dió vuelta el viejo ya no estaba. Julieta salió corriendo, pero como ya era noche cerrada, sin darse cuenta entró en el cementerio. Apenas se dió cabal cuenta de su terrible error cuando, caminando entre las tumbas, buscando alguna salida del lugar, y llamando a Pablo a los gritos, sintió de repente que algo le agarraba de su vestido largo, casi sin mirar, vió a la muerta salir de la tierra seca, dando alaridos de sufrimientos y aferrando su huesuda mano a la ropa de Julieta, entonces con mucho pavor, Julieta salió corriendo dando gritos de terror. Pero a los poco metros, ante la oscuridad profunda del lugar, se tropezó con una lápida y cayó al suelo. Un certero golpe en la cabeza la desmayó por completo.
Al día siguiente despertó por la mañana, con el sol del domingo a pleno. A lo lejos se escuchaban las campanadas de la iglesia y salió corriendo antes que sus padres se dieran cuenta que no estaba en su casa. Esa misma tarde fué a buscar a Pablo, a quien no había visto en todo el día. Salió avergonzado por que la noche anterior se había quedado dormido, pero Julieta no le dió mayor importancia a eso, le dijo que había visto a la muerta viva del viejo cementerio. Pablo no sabía de que quien hablaba, pero le siguió el juego. Entonces fueron al cementerio y caminaron con las últimas luces del sol, buscando el lugar donde La muerta la había atrapado, pero cuando parecía imposible encontrar, Pablo tropezó con una rama. Era un pedazo de raíz de un árbol viejo que salía hacia afuera y en la punta estaba atrapado un pedazo del vestido de Julieta. Así que ambos rieron a carcajadas, entendiendo el misterio de La muerta. Entonces cuando salieron del cementerio, escucharon la misma risa de ellos pero en cambio, a lo lejos vieron al viejo sepulturero que los saludaba y que reía llevando un gran bulto sobre su cuerpo. Ambos se miraron y salieron corriendo de ahí, tan rápido como el avestruz mas ligero. Fin"
Yo me quedé estupefacto, me había atrapado el relato, pero no me había dado mucho miedo. Le pregunté si al final Pablito y Julieta se pidieron casar, y me dijo que si, al final los padres de ella aceptaron a Pablito y pusieron una carnicería del otro lado de la sierra de los Comechingones, en Bola loma, Córdoba. Ahora eran dos ancianos. Me dijo que si quería un día de aquellos los pasábamos a conocer. Le dije que si, pero nunca me llevó.
Le pedí que me cuente mas historias, pero me dijo que otro día. Y acto seguido mi abuela trajo la cena.

martes, 10 de enero de 2017

País miopía


En el país miopía viven los que no pueden ver, los que aprietan los ojos, los que se esfuerzan por comprender las miradas por venir.
En el país Miopía vive María, la de los pelos largos, y vista de lince. La que mira sin ver, la que oye sin escuchar, la que baila sin comprender.
En el país miopía vivimos los ciegos, que vemos solo lo que nos gustaría que fuera, pero no entendemos que somos.
En el país miopía, los ciegos son los corderos, y el tuerto es rey.
Un mundo sin comprensión es un mundo sin animadversión. Destruimos nuestros cerebros buscando la palta que nos de algo para morder. Masticar sin saborear. Repetir sin elaborar.
Entonces, vivimos en el país miopía, que sin buscar, a tientas, busca regurgitar lo mansillado, para devolver lo procesado.
Somos tontos, estúpidos, necios, que rechazamos lo poco bueno que hay, por lo que digerimos en el cajón bobalicón de la estupidez abyecta. Y así somos lo que otros quieren seamos.
Miopes de alma y espíritu, siomes de corazón.
Dame algo con lo cual romper nuestra ceguera mortal que nos impide ver las cosas como son de verdad, para así cortar por lo sano con el absurdo meticuloso al cual nos tienen acostumbrados los rectores idiotas del mundo antiguo y desgranar toda la furia que tenemos dentro, para volcarla entonces en el mar coralino de la mediocre idiosincrasia conservadora.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Argentina o Brasil. O ambos.


Mas allá de todas las diferencias, creo que somos dos países con mucho en común, separados por la barrera idiomática, pero solo eso. Bueno, eso y la lejanía, mas allá de que somos países limítrofes.
O sea, ellos son un país mucho mas grande, con mucha mas gente, y además tiene un crisol cultural de etnias y culturas, mas diversa que en Argentina. Pero mas allá de todos esos pequeños detalles, hay mucho en común, Somos dos países hermanos, históricamente con buena relación diplomática. A veces. Pero en si, los pueblos, nos tenemos cierta simpatía y mutuo respeto y aprecio. No sé cuantas cosas de acá, llegan allá. Acá vemos muchas pelis de Brasil, música es lo que mas se consume, y fútbol, bueno, es en lo único que hay cierta rivalidad, pero lo nuestro es un poco caradura. Es obvio que estamos por debajo de los Brazucas en lo que a fútbol responde. De todos modos, uno podría confeccionar una larga lista donde contraponer nuestras culturas, y creo que no sé como quedaría la tabla, pero sería por lo menos un partido trabado y difícil.

A ver... Ellos tienen Pelé, nosotros tenemos a Maradona.
Ellos tienen a Temer, nosotros a Macri.
Ellos tuvieron a Lula, nosotros a Néstor.
Ellos tuvieron a Color de Mehlo, nosotros a Nemen.
Ellos tienen a Meirelles, nosotros a Szifron.
Ellos tienen a Caetano Veloso, nosotros a Spinetta.
Ellos tienen a Sepultura, nosotros a Hermética.
Ellos tienen a Machado de Assis, nosotros a Borges.
Ellos tienen la samba, nosotros el tango.
Ellos tienen a Noel Rosa, nosotros a Gardel.
Ellos tienen el Pan de azúcar, nosotros el glaciar perito Moreno.
Ellos tienen la feishoada, nosotros las milanesas.
Ellos tienen a Neymar, nosotros a Messi.

Y bueno, así podría seguir largo y tendido, y creo que habría muchas cosas en las que nosotros les pasaríamos el trapo, y viceversa, pero lo mas notable de todo, es que coincidimos mucho, en las cosas buenas, y en las malas también. En fin, Para pensarlo mejor antes de pelearnos con nuestros hermanos. Y esto sirve para pensar nuestra relación con los demás países de la región también. Saludos cofrades!

lunes, 12 de diciembre de 2016

Texto cabeza contra Martín Zariello que no sabe nada de rock


Siendo un humilde servidor de los libros, el otro día pude leer "Sobre el rock" de Zariello, y su visión corta sobre la música local. Usualmente ni me molestaría en contestarle a un pobre gil como él, que cree que por haber estudiado letras escribe bien y es un genial polemista.
En principio, si vas a hablar bien de un artista y en el mismo texto defenestrarlo es que sos un poquito histérico y pelotudo. Cita a toda una manga de mediocres que criticaron alguna vez a Spinetta, ya sea como persona o personaje. Y si te aburre lo de Conduciendo a consciencia, solo puedo decir, pegáte un palo y después hablamos.
A Spinetta se le perdona todo, dice, aunque estornude en medio de un tema ¿?. Claro, Charly se tira pedos, se baja los lienzos, para los temas cuando ya no puede tocar mas, pero bueno, es Charly. Te confundiste amiguito Zariello, al que se le perdona todo es a Charly. Vos con tu mochila pelotuda de Say no more, seguro eras de esos adolescentes idiotas que siguen a un músico por las boludeces que hacen y no por la música. Si hubieras sido compañero mío en la secundaria te hubiese cagado reiteradas veces a trompadas. Por zapato condescendiente.
Que es eso de citar a ese periodista uruguayo fallecido... "Debo ser el único perdiodista rioplatense que no le gusta Spinetta...". Y después toda la gilada que sigue. O sea, todo bien si no te gusta la obra de un músico, pero cuando usan eso para hacer un sello de marca personal... Que pobre. ¿El único? Cuando iba a la secundaria entre 1997 y 2001, a ningún compañero mío le gustaba el flaco o siquiera lo conocía. Queres pegarle a mitos populares? Pegále al Indio o a Charly. Pero bueno, Zariello lo pone como el próximo Bolaño. Escuchame Zariello, quedate en la Felíz y hablá de los Super ratones, que es la única banda "conocida" que salió de allá.
Al parecer a este periodista le parecía poco serio que Spinetta haya usado la palabra "farabute", cuando se refirió así de Petinatto. Primero que nada, farabute es alta palabra, seguro que no la conocía, y como a toda gente soberbia cuando lo haces ver como un idiota y hay cosas que no comprende se enoja y bastardea. No entiendo Heidegger, seguro que era un boludo, mandaba fruta y se la comía. No, vos sos un idiota con poco cerebro, nada mas. Heidegger está bien, o no, pero en todo caso no tenes el coeficiente intelectual necesario para hacer críticas agarradas de los pelos.
Bueno, acá lo mismo. Todas las personas que no les gusta Spinetta por que no le entienden la letra y blabla, son gente con un complejo de inferioridad que deben tratar en terapia y cerrar el culo antes de hablar giladas.
Uruguayo idiota, defendiendo al indefendible de Pettinatto, que es el ser mas misógino, gorila, creído, pijicorto y pelotudo que dió este país. Ni siquiera llamarlo músico ni periodista. Es un tipo que está ahí, dando vueltas, diciendo giladas, solo por que le dan micrófono. Ningún mérito. En 50 años nadie se va a acordar de Pettinatto, ni hablar del uruguayo boludo ese que cita Zariello.
Zariello, no cités pelotudos. Lo mismo con Feilling, ese rosarino engreído que escribió El mal menor, novela pretenciosa y aburrida. otra novela que en 50 años nadie recordará. ¿Y cual és si el flaco usó la palabra Tanino para nombrar un tema? Que además es inédito. O sea, mucho indagaste para conocer ese tema. Alguien que usa la palabra Tanino debe ser prohibido. Diós, el nivel de fascismo de los seudo progres, es el peor de todos. Y los Rosarinos tienen esa mentalidad grasa de que si el intelectual no es rosarino, seguro es un chamuyero. Los encapuchados de un mundo viejo, que creen ser ellos solos los que pueden usar un lenguaje florido o complejo, y cualquiera por fuera de la "academia" que lo haga, seguro es un pretencioso y un gil que usa palabras sin saber como. Giles. Y todo por esa nota de mierda que hizo Fabián Casas, el mas gil de los giles. Tipo sin talento, aburrido, feo, engreído, come caca. Los titanes de la caca se debería llamar su último libro. La cosa mas pretenciosa, mal escrita, carente de valor y mas intrascendente que vi. Prefiero leerme todos los libros de Florencia Bonelli que un solo párrafo de su pomposo y pedorro libro.
Estoy podrido de los seudo intelectuales. Pettinatto, Casas, uruguayo gil, Feilling, y por último Zariello, son giles. Ustedes critican porque hacerlo es gratis y armar polémica vende mas, pero saben mas que nadie que a ustedes les espera el olvido mas abyecto, mientras que otros prevalecerán por generaciones. Ahora si vayan a criticar "farabute" y "tanino". Perdedores.
Pd: Tus libros son malos chabón. Dedicate a otra cosa.

jueves, 18 de agosto de 2016

Sagas Artúricas



Un día sin rey Inglaterra quedó, y el pueblo rey buscó. 
La guerra civil, al país azotó. Y vacío el trono siguió.
La joven nación, se sentía morir. Y aquí un milagro surgió.
Una espada hundida en roca apareció. 
La leyenda, empezó...

Y bajo la empuñadura escrito estaba en letras de oro...

Quien sacare esta espada de esta roca, será por derecho rey de toda Inglaterra.

Y aunque los mejores hombres del reino lo intentaron, ninguno fue capaz siquiera de moverla.

Por ello el milagro seguía sin cumplirse.

Mientras tanto, Inglaterra permanecía sin rey, y el tiempo relegó al olvido la portentosa espada.

Hasta que volvamos

viernes, 5 de agosto de 2016

Bernardo


Cuando conocí a Bernardo, el hombre ya era viejo. Mi primera impresión fue la de un señor muy sabio y venerable, que de seguro tendría algún tipo de cargo dentro del grupo. 
Me había acercado con mi padre un sábado a la tarde al grupo scout del barrio, y parecía que se encontraban de reparaciones, por un acto vandálico. 
Salió a nuestro encuentro Bernardo, con la cara llena de polvo y los anteojos con un vidrio roto. Pero su cara era la de un hombre amable y tranquilo. Por entonces yo tendría nueve años. Siete años después yo dejaría de ir al grupo, pero Bernardo estaría igual. Un hombre mayor de edad indefinida. Los años no pasaban para Bernardo, que siempre fué "el viejo". 
Por un par de años no lo vi, y un día me lo crucé, el mismo viejito sonriente de siempre. 
Yo fui creciendo cada vez mas, hasta el día de hoy que tengo casi treinta tres años, vivo solo y soy padre soltero. 
Tengo algunas canas, estoy mas rellenito, tengo barba, menos agilidad, ya no hago deporte y ya tuve mis primeros cólicos renales. Claramente estoy creciendo-envejeciendo. Dentro de los parámetros de lo normal claro. 
Hace poco me crucé con un viejo amigo del barrio de mi infancia. Me dijo que se lo cruzó a Bernie. ¿Y que tal? ¿Como está el viejo? Pregunté.
Psé... Igual que siempre. Viejo. 
Y claro, para algunos, el tiempo no pasa.  Yo creo que Bernardo encontró, y es para destacar, la fórmula de la eterna ancianidad. 

domingo, 6 de diciembre de 2015

¿Drogas o alcohol?

Una disyuntiva me carcome el alma. En realidad ninguna disyuntiva ni nada. La verdad es que voy a decir lo siguiente de una vez por todas. Odio a los borrachos. Así de simple. Los alcóholicos son seres grises que desprecio desde lo mas profundo de mi ser. Las bebidas alcoholicas son el peor invento de la historia de la humanidad. Y lejos de ponerme en un lugar moralista, no quiero parecer un facho (aunque la mayoría de ellos son alcóholicos), sino lo digo desde el lugar; primero de triste consumidor, y luego desde el lugar de alguien que prefiere otro tipo de estimulante.
No quiero entrar en el mundo de las apologías, pero claramente la gente que se droga tiene un vislumbre mas de inteligencia que aquellos que le dan solo a la bebida.
Quizás sea como dice Castaneda de que cada uno es afín a diferentes tipos de drogas, yo por mi parte prefiero un mundo con drogas que un mundo con alcohol. El alcohol cagó basicamente a la humanidad. El alcohhol pone triste, violento, oloroso, resentido con la vida misma. En cambio las drogas estimulan mucho mas. Y me cago en los ejemplos boludos de Bukowski (un groso, pero un resentido de mierda), Hemingway y otros tristes presagios del arte.
En este país la mayoría consume las dos cosas, pero la diferencia estriba en que la mayoría de los borrachos desprecian las drogas y los drogadictos (sea la droga que fuere) no desprecian así al alcohol. Eso nos pone un tercio arriba de los borrachos. Seres miserables y fascistas. Ojalá se termine el negocio del alcohol y el tabaco, (las drogas legales del mundo occidental), y se deje paso a las drogas, al menos del tipo fumable cannábico. He dicho.

viernes, 9 de octubre de 2015

Barbarita


Es imposible disociarse del hecho, nada desechable, de que la realidad es mucho mas emocionante que la ficción. Sin embargo aquellos seres no estaban de acuerdo conmigo. Nos citamos los tres en el mismo bar de siempre y empezamos con todo ese rollo de la realización personal en el campo astral.
Juacio dijo estar en desacuerdo conmigo solo por costumbre, pero la realidad es la verdad, como dijo alguna vez el rey de los Dárgalos. Y en esa disyuntiva esencial nos encontrábamos cuando de repente, Lance, dijo su gracia que nos dejó a todos pasmados. !Delenda cartago! como decía el gran Catón. Delenda cartago amigos, que todo está por envilecer de un momento a otro. Pero nosotros no lo entendíamos. Rúbricas por diferenciar lo diferenciado de lo ostensible, nos fuimos convirtiendo cada vez mas en una especie de jenofontes internaúticos, completamente desplazados de las verdades mas elocuentes de nuestra era. Mientras continuaba el acalorado debate acerca de las veleidades inherentes de la cosificación en el ser contemporáneo de lo intraterreno, se hizo presente un ser en el umbral, al cual todos reconocimos casi de inmediato. Era la flamante Barbarita! Puta intergaláctica única en su especie, capaz de generar mas de veinte orgasmos simultáneos en seguidilla de 3 a 4 parsecs por segundo. ¿Sería que había llegado nuestro momento? Juacio no quiso esperar mas y se abalanzó sobre ella inútilmente. Fue torpe de su parte, Barbarita, enjustada en su traje verde de neopren antimateria, le dió un golpe de judo que lo hizo volar diez metros a lo largo del salón. Rotura de quijada y fémur. Barbarita miró ambos costados. Silencio en la sala. Los pocos presentes no se animaron a decirle nada. Avanzó con paso seguro, golpeando su látigo de sumisión subversiva de machismos rancios en su mano derecha. Yo tuve una inmediata erección. Ella se acercó a la barra y pidió Huascarín verde. Todo lo que fuera verde a ella le gustaba, la excitaba. Me miré mi estúpido gamulán ocre. Lance, maldito bisexual de lengua viperina, sacó a relucir su anillo verde, conseguido en alguna tienda de baratas de Plutón, o algún antro similar. Lo miré fijo a los ojos, esos ojos negros y horribles de Lance, maldito mutante asqueroso. Pensé en sacarlo afuera y estrangularlo para sacarle ese anillo de porquería. Era mi pase seguro al placer extremo con Barbarita. Pero entonces recordé algo mejor. Mis ojos, verdes, herencia paterna, me podrían servir mas que un anillo mugroso, símil plástico mandingo. Pero Lance pareció leer mis intenciones en mis ojos, y cuando estaba por hacer su jugada, sacó con gran velocidad su lengua viperina y me tocó las retinas en un movimiento a la velocidad del sonido. No lo vi venir y quedé cegado, por un breve lapso, pero el suficiente para que se me adelantara con Barbarita. Luego de tirarme jugolex en los ojos y resfregarme por cinco minutos, pude volver a ver, y lo primero que vi fue a ellos dos yéndose por la puerta del bar hacia rumbo incierto. Perdí.
Al día siguiente me enteré que Lance fue encontrado en su cubil desmembrado en nueve mil pedacitos de un centímetro. Suertudo Lance, lo odié para toda la eternidad. Mientras lo insultaba, pensé en como Barbarita lo habría desmembrado con sumo placer. Entonces una gota verde humedeció mi entrepierna.

domingo, 30 de agosto de 2015

¿En la sangre?

Ahora que mi hija se fue quedé solo y me encuentro otra vez sumergido en la mas abyecta de las soledades humanas. En los últimos años perdí a la mayoría de mis amigos, que eran de por si ya bastante pocos, y mis relaciones colapsaron con un estruendoso fracaso uno atrás de otro.
Vivo solo, casi nadie viene a visitarme y ni siquiera un amigo que está igual que yo, tiene ganas de que nos juntemos para al menos congraciarnos en una nuestra situación. ¿Que puedo hacer? Creo que mas allá de que la sensación de soledad sea inherente en todo ser humano, lo que vivo en este momento de mi vida me parece por demás un poco injusto. Si bien creo que yo hice bastantes cosas para estar así, no creo merecerme sentirme un paria así. Entonces pienso en todas las maldades que hice, todas las inequidades, todos los enojos y actos de infantilismo que me llevaron a sentirme tan abandonado por el mundo y se me ocurren algunas cosas.
Si bien creo que es algo que arrastro casi desde pequeño, en los últimos años se han acrecentado en mi las actitudes mas despreciables como la susceptibilidad, la posesión, los celos, la envidia, la sensación de fracaso, la pena por mi mismo, la ira, la tristeza, la intolerancia y la violencia mas horripilante. En mi familia hay antecedentes y algunos dicen que puede ser herencia psicológica, que busque en mi árbol genealógico, y entonces podría encontrar casos similares en mi linea paterna. Cabe pensar que siendo esto así, no tengo escape. Estaría signado por el ADN, la herencia, la sangre, y de la sangre no se escapa. Entonces ¿estoy condenado a este futuro negro? Un futuro donde no puedo relacionarme bien ni con amistades, ni parejas, ni siquiera con la gente que transita por la calle. Un futuro de soledad absoluta. ¿La solución? Irme a vivir a una isla desierta o perecer, abandonar el partido, tirar la toalla, estirar la pata, la autodestrucción.
Es triste pensar en estas dos opciones, sobre todo porque la primera me parece casi imposible, sino la tomaría sin problemas. La segunda, mas terrible, es también mas accesible. Pero al menos por mis padres, hermano e hija, sería una putada. Tengo al menos cuatro personas que sufrirían por esa decisión. Una mala, horrible decisión. Pero que a veces, ante la perspectiva de un futuro solitario, triste, apagado, sin amor, veo como la única opción viable para la supresión definitiva del dolor que sufre mi alma de acá a un tiempo.
Todavía me aferro a los pocos afectos que me quedan y por mi parte prometo poner toda la mejor voluntad para revertir esta situación tan dolorosa para mi. Pero no se cuanto tiempo aguante la cordura de mi psique. Ojalá que tire mas, lo mas que pueda. De momento tengo toda una biblioteca con libros hermosos que espero poder leer antes de partir, ojalá encuentre mi eje antes de que me haya leído todo.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Del mirar la luna fijamente


Ya en tiempos de los antiguos griegos, aquellos de los tiempos mitológicos, que se consideraba a la luna como una influencia digamos mágica sobre las personas.
Aquellos que dormían a la intemperie bajo los rayos lunares o aquellos que se quedaran mirándola fija toda una noche, mientras lleva a cabo su caprichoso periplo por el espacio, sentían después una extrañeza difícil de explicar. Como si su humor hubiera cambiado. Y no siempre para bien.
A la luna se la solía asociar con los cambios abruptos de ánimo, mal humor, descortesía, bipolaridad e histeria. También, muy asociada a las mareas y la influencia que ejerce su gravedad sobre las misma, generando la bajamar y pleamar, metonimia exacta sobre la psicología femenina.
De hecho la luna y la mujer fueron asociadas siempre. A la luna se le dio históricamente un carácter femenino y al sol uno masculino. El sol, símbolo de pujanza, vitalidad, puntualidad, energía, calor, fuerza, luz y a la luna como símbolo de blancura, palidez, capricho, oscuridad, melancolía, etc.
Puede ser uno de los motivos por los cuales se asocia quizás a la luna con la mujer, y su carácter caprichoso y misterioso como influencia peligrosa para los despreocupados aventureros nocturnos. La locura lunar es un mal que solo se cura con la salida del sol. De ahí los lunáticos. La gente nocturna influenciada por la noche también son los locos, los que trabajan de noche, los artistas, los conflictuados, los melancólicos, los tristes, los románticos...
Ahora todo lo dicho anteriormente quizás no sea mas que absurdos recuerdos de una pasado lleno de mitos y superchería, pero lo que si estoy de acuerdo es que la luna, siempre y no se por que, guarda un halo de misterio incomprensible a su alrededor. Quizás por que nos sea el pedazo de tierra flotante mas cercano, quizás por su color pálido y triste, o simplemente por que su cara pozeada nos observa desde tiempos inmemoriales y nunca cambia el rictus.
Pero hagamos la prueba. Miremos mas fijamente a la luna, esa misma luna que los griegos, egipcios, y otras civilizaciones aún mas antiguas y de las cuales quizás no quedó ni registro, observaron con misma pasión y misterio. Hoy la observé, desde el tren, a la tarde y estaba ahí, suspendida en el cielo, camuflada en la bóveda celeste y las nubes blancas.
La luna vieja y querida. Que fenómeno.

martes, 25 de agosto de 2015

Nuevos trapos

Me pediste que te escribiera una carta... En realidad no me pediste nada. Nuevamente me encuentro mas solo que Stalin o Hitler el día del amigo. De hecho ellos tenían bocha de amigos mas que yo seguramente. Pero eso no viene al caso.
Al caso en cambio, si viene el hecho nada menor, que otra vez escaparon de mi. Huyeron de mi como si fuera la personificación misma del mal. Y quizás lo sea. Aunque no lo creo del todo. Creo que hay gente mucho peor que yo. Gente mucho mas loca y conflictiva que yo. En fin, creo que no soy tan mal tipo. De hecho creo que soy un buen tipo. Es mas, los que me abandonan, son los primeros en reconocerlo. Pero estamos todos tan locos, somos todos tan neuróticos e histéricos, tan gata floros, tan acomplejados, tan cobardes, etc, etc, que no lo perdonamos ningún defecto al prójimo.
¿Ah sos celoso? Curtite, que dios te ayude. ¿Ah sos medio calentón? Curtite man, que dios te ayude. No importa nunca si por otro lado sos el tipo mas caballeroso, considerado, afectuoso, buena onda, divertido, gracioso, regalero, compañero, escucha, buen amante, lindo y encima interesante desde cualquier plano y punto de vista intelectual y cultural. No! ¿Tenes un par de complejos? Listo, curtite, no te banco una.
Entonces lo único que me queda es la soledad mas miserable. Estar solo. Ya no esperar conocer a esa persona especial que pueda formar con uno algo lindo. Algo bello que nos haga bien a ambos. Alguien que le ponga onda, que le ponga alegría, amor y belleza a la cotidianeidad mas chata. Alguien que se complemente con uno desde lo productivo. Alguien que sea feliz y que tenga ganas de vivir, de amar y ser amado. Alguien que quiera viajar, compartir músicas, fumar porros, garchar, mirar cosas lindas, pasear, ir a museos, salir a comer afuera, bailar, tener mascotas, una casa linda para compartir, salir con mi hija, quererla como propia, y sobre todo que tenga ganas de hacer cosas y contagiarse todo el tiempo una buena energía con el otro.
Eso quiero. Ni mas ni menos. La casa, los hijos y todo lo demás, vendrá luego si quiere venir. No tengo apuro. Pero en si quiero alguien con quien compartir mi vida feliz.
¿Es mucho pedir? Realmente... quizás lo es. Pero no creo.