martes, 26 de agosto de 2014

Cadete XV

Sobrevino un leve lapso de descontrol y reviente en mi vida. Salidas furtivas, escapes de fumado impulsivo a prostíbulos de barrio norte y otros desmanes con el alcohol. 
Una noche me junté con mi amigo "Haddock", (compañero de tantas aventuras de ruta), y nos tomamos varias cervezas y vinos, comimos unos chori en la costanera, y caminamos por San Telmo, callados, cada uno sumergido en sus propias miserias. Cuando la noche ya no daba para mi, y estamos en un nivel de borrachera, realmente colapsado, no tuve mejor idea que proponer comprar un chocolate, para así apaliar la ruda noche invernal porteña. 
-Cual te gusta a vos? 
-No sé, cualquiera, elegí vos... a mi me gustan de chocolate con frutilla.
-Me da uno de los Cadbury's esos? Si, si, el grande. 
Pagué y nos fuímos con nuestro nuevo tesoro bajando por Defensa. Ya nos habíamos fumado todos los fumables, bebido todos los bebibles y comido... bueno, faltaba el postre todavía. 
Nos manducamos el breve elixir chocolatoso, mas yo que él. Luego nos sentamos en la puerta de una casa y nos dedicamos a observar a la poca gente que pasaba. Todos inmiscuídos en sus propios asuntos leves. 
De pronto me empecé a sentir mal. Nauseas. Era el aviso. Me paré y lancé una vomitada violenta. Luego otra y luego otra. Cuando quise acordar Haddock estaba a mas de media cuadra de distancia, observandome desde lejos y como preguntándome por telepatía su estaba bien. Estaba bien, y entendí que hubiera tomado distancia. Con el olor expelido, hubiéramos sido dos y no uno, los fisuras vomitando en las viejas calles de San Telmo, lugar por lo demás, históricamente acostumbrado a todo tipo de fisura, desde los tiempos de la colonia hasta ahora. Cuando me sentí mejor, erupté y me tomé un taxi, Haddock se entretuvo charlando con un famoso croto del barrio y apenas notó mi ausencia teniendo en cuenta que su estado era casi tan calamitoso como el mío. 
Luego sobrevinieron unos días de calma chicha. Una noche salí con un viejo amigo de la infancia y me invitó a un centro cultural de Almagro. Me decía que me iba a hacer bien salir y despejarme. Que por ahí iba una amiga suya que acababa también de cortar con su novio y quizás me pudiera echar "una real cana al aire", apalabras textuales de mi amigo. A mi tanto no me apetecía dicha perspectiva. De hecho, prefería quedarme en mi casa viendo alguna peli o simplemente durmiendo. Justo me llamó mi prima para hacer algo. (No sé porqué tenía la extraña sensación de que mi estado daba un poco de lástima en mis coetaños). Le dije la opción de mi amigo y quedamos así. 
A todo esto, yo le había mandado un mail a mi primer novia, no primera primera, pero con la cual había tenido un breve romance allá por la primavera del 2005 que fué mi verdadero marcapiel (al decir spinetteano), de hecho conservo la herida de su dolor con la apendicitis sufrida un día después de nuestra ruptura. La cuestión es que me contestó y hablamos algunas veces por chat. Un día, antes de mi programa de radio, fui a visitarla a su departamento en Las cañitas y charlamos un rato, le conté de mi programa y la invité a escucharlo. Ella vivía con su hermana, que apenas había visto cuando habíamos salido, cuatro años antes, y me dijo que ahora se dedicaba a diseñar ropa. Nos preguntamos su salíamos con alguien y ambos parecimos concordar en que estábamos solos. Después nos despedimos y no pensé que mas nada fuera a pasar. Parecía que se habían sanado viejas heridas y simplemente estábamos haciendo las paces con nuestro pasado. 
Pero la noche que mi amigo me invitó a salir (para echarme una real cana al aire con su conocida), hable con V, (mi ex), nuevamente por chat y nos empezamos a reir y recordar viejas historias del curso de guion donde nos habíamos conocido. A los dos nos gustaba el cine y ella se acordaba bien. Me preguntó si hacía algo esa noche y yo no pude menos que decir que no. Entonces me invitó a ver una peli, yo me entusiasme ante dicha perspectiva y propuse toda una serie de películas que tenía en casa para ver, emocionado como un adolescente primaveral. Quedamos en que pasaría por su casa a las diez u once de la noche. Traté de patear lo mas tarde la reunión porque no podía no ir a lo de mi amigo, sin que este se ofendiera, teniendo en cuenta que es un leonino de ley como quien suscribe. Entonces, en una jugada arriesgada, decidí cumplir con ambos compromisos. Yo no tenía ganas de ir a la fiesta de mi amigo, pero tenía que encontrar la forma de zafarla sin que se enojara. Entonces, bien temprano, tomé rumbo para el centro cultural, ubicado en Av Belgrano y Colombres, a pocas cuadras de mi casa. Me empilche y emperifollé bien  y salí, no sin antes agarrar Scanners, película del siempre eterno y extraño amigo Cronenberg. 
Llegué antes que nadie y la ansiedad por irme era alta. No habían aparecido ni mi amigo ni mi prima y ya me había fumado medio atado de cigarrillos. Al fin llegaron, casi al unisono los dos, unos de cada esquina distinta. Entramos y para mi alegría, el lugar rebozaba hippismo y militancia. Todo un sueño. Rastas, ropas de colores, medias de lana y olor a pachuli, con la foto de Evita y el Che de fondo. Un lugar al que seguramente no iría ninguno de los dos. 
Compramos una cerveza y nos sentamos en una mesa a esperar. Estaban preparando la función. Entonces salieron unos pelilargos a tocar sambas y otras cuestiones telúricas, con muy poca gracia y onda, mientras algunas chicas de pelo en pierna hacían malavares y otras gracias. Me quería ir, pero mi amigo sin saber que me pasaba, trataba de darme ánimo diciendo que su amiga ya iba a llegar de un momento a otro. Sonreí, y por dentro buscaba la forma mas concreta de salir de ahí. Entonces se me ocurrió. Y dije que iba al baño. Todo el asunto me apenaba mas que nada por mi prima, que estaba ahí sentada, como siempre, callada e introspectiva. Pero supuestamente había invitado a una amiga, asi que tampoco es que la dejaría sola. Cuando volví del baño, su amiga había llegado, entonces sin mas preámbulo me jugué el todo por el todo y les lancé de forma lo mas verídica posible que me sentía mal, que estaba mal del estómago, descompuesto, etc y que me iba a casa. (El viejo truco mas antiguo y la mentira mas gastada de todos los tiempos). Pero no me importaba, puse mi mejor cara de dolor y traté de explicarme y disculparme con ellos, mientras me insistían con cara de consternación que me quedara. Pero insistí en que me sentía mal y me escapé. Alguien podría decirme que actué mal y que era mas fácil blanquear mi situación, pero ni yo mismo tenía muy en claro que es lo que iba a hacer. Asi que ante la mirada desconfiada de mi amigo, me alejé de ellos y salí al exterior, donde el aire en los pulmones me infundió nuevos ánimos. Sin perder mas el tiempo me dirigí a la casa de V, mirando por la ventana las calles mal iluminadas de una Buenos Aires indiferente. 
Lo que sobrevino después es difícil de entender y explicar. De hecho todo fue tan raro que el lector me echará en cara haber hecho tanto preámbulo innecesario. 
Cuando llegué a lo de V estaba muy nervioso, casi como si nunca hubiera estado solo con una chica en una casa. La hermana no estaba, pero la noche no era propicia, hacía frío y tenía miedo, como Cerati en Un misíl en mi placard. 
Charlamos un rato, de cosas, de la vida misma. Ella había escuchado el programa del domingo pasado, donde había homenajeado los 40 años de Woodstock. Entonces nos miramos, nos medimos, nos deseamos por momentos, pero entonces el miedo surgió otra vez en mi y le mostré la peli que había llevado para ver. La pusimos y nos sentamos en el sofá. A una distancia casi diplomática. Ni muy lejos ni tan cerca. Simplemente ahí, al lado. Al margen de la extraña peli, muchas veces me sentí interrogado por mi mismo en cuanto a que es lo que estaba haciendo ahí y si debería o no hacer algo, mover un dedo, acercar una mano. Pero primó la desconfianza y la inseguridad y no hice nada. Todavía no me sentía capaz. 
Entonces terminó la peli. Nos gustó y la comentamos un poco. Viejas charlas nuestras volvieron a aparecer y después de un momento de silencio tenso, tan intempestivamente como había llegado, decidí irme. Pensé que era lo mejor. No quería actuar por impulso. Ella no era cualquier otra. Ella había significado mucho para mi y me había costado tiempo borrarmela de la cabeza. Sin embargo ahí estaba de nuevo con ella. Todo era era surreal. Cuando le dije que me iba me miró con sorpresa, como esperando otro desenlace, pero no pude reaccionar a tiempo. Le dije que hablábamos y salí a la calle fría, siendo las 3 o 4 de la noche. Me tomé otro taxi y volví a mi casa. Todo el asunto de mi amigo y mi prima había quedado completamente olvidado para mi. Una vez en mi cuarto me hice una paja confusa, plagada de borrosos recuerdos y me dormí. La noche siguiente, a la madrugada me mandó un mensaje de texto que me paralizó el alma. Decía algo así como que estaba muy contenta de haberse encontrado nuevamente conmigo, que la pasó re bien la noche anterior y que todo le parecía muy loco. Yo le puse lo mismo y siendo las 6 am, con los pajaritos primaverales cantando le dije que la quería ver. Me preguntó "¿ahora? Si le dije. Pero la elocuencia taurina, primó por sobre la impulsividad leonina y le dejamos para otro día. Después de esa charla por mensajes de texto, no me pude dormir mas y albergué una extraña sensación dentro mío. Después de varios meses de dolor y sufrimiento, me sentía entusiasmado y contento de nuevo. 

sábado, 23 de agosto de 2014

Cadete XIV

Luego de todo ese rollo de la separación me sumí en una leve tristeza que no llegó a ser depresión, pero casi. A mi cumpleaños vino solo un amigo y mi prima. Ella me llamó y lloramos por teléfono. Después mi prima y Juan me acompañaron a la avenida Corrientes a comprarme un reproductor de dvd. Vimos una peli y luego se fueron. Me quedé solo en mi cuarto sin ganas de nada.
El lunes fuí a trabajar y le comenté a mis compañeros de trabajo que había cortado con A. Todos me comparecieron y me mandaron a laburar. Por la calles de Buenos Aires uno puede sentirse muy solo. Yo por mi parte no me privé llorar en los bondis a moco tendido o detenerme en plena 9 de julio a pensar en todo lo que había pasado, con cierto dejo de tristeza y pesar. Agarré un libro de mi hermano que tenía una dedicatoria de un amigo suyo que decía algo así como "Para leer en un momento de bajón. Feliz cumple. Hernán". El libro en cuestión era El almuerzo desnudo de Burroughs. Al principio no entendía nada. Luego, a medida que avanzaba en la lectura pasé de la incomprensión al estupor. La novela era realmente cruda y fuerte. Por momentos, mientras hacía trámites por el centro y viajaba en bondi de un lugar a otro de la ciudad, la narrativa del último escritor maldito americano me llenaba de tal nivel de impresión y aprensión, que me hacía olvidar mis penas. El libro era como una droga fuerte, como las que tomaba Burroughs, que me hacía perder noción de cualquier otra historia que hubiera a mi alrededor.
Luego de eso vino la tristeza nuevamente. En mi programa de radio hice un especial dedicado a las canciones de ruptura, y si bien por momentos se me hizo muy difícil hacer el programa, fue como una manera de exorcizar ciertos fantasmas que pululaban en mi cabeza. Sin embargo mi contacto con A no terminó tan abruptamente como hubiera deseado. Nos hablabamos por teléfono y a veces lloraba yo, a veces lloraba ella. A veces yo le pedía de volver y otras ella me decía que me extrañaba. Pero era imposible todo reencuentro."Nos va a hacer mal a los dos" me decía ella, y tenía razón.
Me inscribí en un taller de escritura en el Rojas y en otro de pintura por mi barrio. Sentía la necesidad de sublimar mi dolor por medio del arte. Todo me ayudaba de a poco a salir del pozo depresivo. Hasta la lectura del El hombre en busca de sentido de Frankl, donde el psicólogo hablaba de su experiencia en los campos de concentración, era una especie de escape para mi, ya que todo el dolor y el horror humanos, escondido en libros como ese o el de Burroughs, me daban la fuerza para entender que yo solo había sido dejado por una novia. Que eso le pasaba a todo el mundo, que me podía volver a pasar y que no era nada comparado con el horror, ese horror al que hacía referencia el coronel Kurtz de Conrad/Brando.
Un día llegué al psicólogo tan vapuleado por mi dolor que le pedí a grito pelado que me ayudara, que me iba suicidar sino. Él se quedó helado y luego me ofreció un vaso con agua. No encontraba dirección ni salida para mi sufrimiento.
Un día, hablando por teléfono con ella, me dijo que hablando de mi con una amiga suya, le había dicho que mi actitud rastrera era de alguien sin dignidad. ¿Dignidad? ¿De que me estaba hablando? ¿Dignidad por querer recuperar el amor perdido? No existe eso llamado dignidad cuando uno ama. La dignidad es solo una palabra estúpida que poco tiene que ver en cuestiones del amor, le dije y le corté. Me enojé mucho y volví a escribir poesía. Esa poesía brutal que me sale cuando estoy enojado con alguien. Entonces me salieron muchas cosas de descargo, desde la ira y el dolor, pero quizás la esquirla mas bella de aquel dolor que me había acarreado esa separación , sea la que transmití en el siguiente poema, donde evidenciaba cierta esperanza por un reencuentro a la vez que me abría a un posible nuevo amor, o quizás no tan nuevo...

"Un mes sin ella, un mes con ella, y otra vez un mes sin ella.
Luego los meses se van superponiendo como en una danza maquiavélica hacia la muerte.
La etérea no está mas, se fué, se la llevó el viento. Las lágrimas corren por la mejillas de él como dibujando sombras.
El destino recupera lo perdido en algún momento de la vida y vuelve a unir lo que parecía imposible reencontrarse.
Las almas en pena destellan en nueva y alborozada alegría del momento espléndido que vive nuevamente el ser.
Sin pensarlo demasiado se dejan llevar por un nuevo y renovado mar de lágrimas barnizadas con miel, azúcar y un poco de pimienta.
Las uniones letales suelen llevar tiempo oxidarse y corroerse, pero el momento es ahora y nunca. Como bien él sabe, y como dijo el poeta, le toqué un muslo y la muerte le sonrió. Entonces ya no queda mas lugar para las palabras. Sólo espacio para el devenir."

Lo que todavía no sabía era que el amor me esperaba a la vuelta de la esquina. El amor recuperado, el amor alguna vez perdido, pero no de A y su estúpido egoísmo banal y superficial, sino el amor de mi primer amor, que venía a rescatarme de las mismas fauces del averno. Aquel amor que había perdido cuando empezó, el amor que yo siempre entendí, había sido mi verdadero amor y que haría de ese 2009, que perfilaba como el peor año de mi vida, como uno de los que guardaría algunos de los mas bellos recuerdos de mi vida. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Cadete XIII

-Bueno, me parece que deberíamos dejarlo acá...
Esperé a ver como reaccionaba, pero estaba inmutable. Seria pero tranquila. Como si supiera que esa era la solución a todos los problemas que yo le había acarreado.
-Y si. Me dijo y ahí mismo se me estrujó el corazón. Pensé que iba a funcionar, pero no. Todo seguía yendo hacia un final determinado.
-Quizás debería buscarme una chica mas de mi edad. O empezar a salir con pendejas.
Ella rió y dijo que estaría bueno. Yo sonreí con ella pero por dentro moría.
Esa noche dormimos juntos. Iba a ser nuestra última noche juntos. Hicimos el amor antes de dormir como si apenas nos conociéramos. Yo la sentí con todo mi ser. Disfruté hasta la última parte de todo su cuerpo. Fue hermoso y triste. Mientras acababa lloraba. Luego nos dormimos.
Tuve una serie de pesadillas horribles y cuando me levanté hice lo peor. Tendría que haberme ido dignamente de su casa, en lo posible sin que me oiga, casi a tientas, y así evitar toda una serie de despedidas forzadas y dolorosas. Pero no, la desperté y llorando como nenito le pedí por favor que no cortáramos, que me iba a serenar, que haría lo quisiera y le prometí lo indecible, rebajando todo mi ser ante la sola idea de perderla. Y de todos modos la perdí. Me podría haber ahorrado la agonía de perpetuar con esa historia un mes mas. Probablemente el peor mes de mi vida. Me mandé mil cagadas en el trabajo, Leandro Díaz casi me despide por olvidarme los sueldos de los vendedores de zona norte en la oficina, los vendedores casi me comen crudo cuando llegué hasta ellos con las manos vacías. Yo los entendía, hubiera obrado igual que ellos... o peor. Pero nada podía hacer, vivía en una especie de letargo en todo lo que no fuera mi intento de salvataje de la relación con A. Sin embargo las cartas estaban echadas desde hacía rato. Yo hice de todo para retenerla, re enamorarla, regalos, flores, ropa, salidas al cine y a comer, hasta promesas tontas como terminar la carrera de psicología en un par de años, si me daba la chance de demostrarlo, o cambiar mi laburo por algo mejor pago. Busqué trabajo en Metrovías y mi psicólogo me reprendió de tal manera (con todo el respeto que merecen los trabajadores de subte) diciendome que estaba perdiendo de eje mi ser, rebajandome como una mierda para algo que ya no valía la pena. Bueno, no me lo dijo así, pero yo lo reinterpreté así después de un tiempo.
Para mala fortuna me puse a leer Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes y me pegó como el culo, ya que se la pasaba hablando del Werther de Goethe. Ese pobre diablo que se suicida por un amor no correspondido, al modo romanticista, al modo trágico, como les gusta a los griegos y a los darkies. Y yo me sentí así a lo largo de todo un mes. Arrastrándome a sus pies ante su indiferencia y su amor en cuotas. Mis celos ya rozaban la locura y lo inverosímil. Sentía que toda esa locura manaba de mi cabeza y que me estaba enfermando la salud, el cuerpo, la mente y el alma.
Por suerte todo terminó al cabo de un mes de que ella volvió de su Euro viaje censurado. Ante un ataque indiscriminado de celos nuevamente, me cortó en seco. Esa vez lloré, patalié, hasta me dieron convulsiones. Ella se asustó y me perdonó la vida una vez mas. Sin embargo a la semana siguiente todo se desencadenó de forma simple y hasta absurda, teniendo en cuenta como me venía tomando todo el asunto de manera de dramática.
Viernes tarde. Una semana antes de mi cumpleaños número 26. Llegó del trabajo a mi casa. Estoy con el ánimo por el piso. Tengo que ir a lo de A. Siento que no debo ir, pero a la vez no puedo no ir. Llego al depto, abro la puerta, entro, la voy a saludar y me da un beso en la mejilla. Le pregunto que le pasa, pero no me dice. Me voy a la pieza y con tristeza pongo la tele sin pensar en nada. Viene ella y me dice si quiero "milanesitas", claro le digo, sonrió pero luego se me pianta un lagrimón. Ella se pone seria. No aguanto mas esto me dice. Esto no va mas. En ese instante dejo de lagrimear, me seco la cara, me levanto y con el poco amor propio que me queda le digo, ok, listo, ya fue. Agarro todas mis cosas que puedo cargar, ropa, discos, dvd's (me olvido de forma imperdonable el dvd de los videos de Bowie), libros, etc y me despido casi como si me hubiera ido de un banco luego de hacer un trámite. Gracias por todo y si te he visto no me acuerdo. Ella se queda sorprendida ante el cambio de mi actitud, pero por suerte no cambia de opinión ni me retiene. La saludo en la mejilla y con tres o cuatro bolsas llenas de cosas salgo a la calle.
Paro un taxi, me subo, le doy la indicación de mi casa. Viajo serio. Llego. Le digo a mi viaje que todo terminó para siempre con A. Me pregunta si ya comí. Le miento y le digo que si. Me meto en mi pieza y me duermo. Al otro día ya sabemos que sucede.

martes, 19 de agosto de 2014

Cadete XII

Los tiempos oscuros se abatían sobre mi aletargado ser. Estaba anímicamente aniquilado. No tenía nadie en quien confiar.
"¿Mis amigos donde estan? Hoy no vienen hacia mi ¿y por que?" cantaba Javier Martinez de Manal en el existencialista Todo el día me pregunto, y yo me preguntaba un montón de cosas todos los santos días de aquel período.
Yo sentía que mi psicólogo me confundía mas en vez de ayudarme. Yo estaba realmente en un estado de incomprensible animosidad, paranoia y confusión. Me refugié en lo peor que uno puede refugiarse en estos casos. El uso y abuso de cannabis del tipo fumable. Exacerbando todo tipo de síntomas, fumar porro fue la peor decisión en ese período bravo de mi vida.
Finalmente llegó el día de la partida de A. Fuímos ella, yo y sus padres a despedirla a Ezeiza. Ella me había dejado las llaves de su casa (la peor idea). En el remis de ida, era el atardecer, vi como una especie de haz de luz que bajaba proyectado una nube roja desde el cielo a la tierra. Como una especie de meteorito salvaje. Solo atiné a decir que parecía un avión cayendo. Todos reprobaron mi comentario poco feliz, pero creo que en el fondo deseaba que el avión de A cayera antes de llevarla a su destino en vistas de una posible aventura amorosa en el viejo continente. Al menos eso paniqueaba yo con mis mil revoluciones en mi cabeza.
Yo nunca había ido a Ezeiza. Me parecía todo horrible y de pesadilla. El día, el lugar, la situación. Algo se escapaba de mis manos y no sabía como detenerlo. Mejor dicho, sentía que ella se escapaba de mi, y no sabía como retenerla. Cuando nos despedimos nos dimos un pico medio lastimero. No parecía muy triste de irse y dejarme con una lágrima pendiente del parpado. Lo peor es la vuelta. Volví en silencio en el remis con los padres. A veces la madre me contaba de cuando ella viajó a Europa a principios de los 70s. Aquellos eran tiempos. Solo que si yo hubiera ido en su lugar, hubiera ido a ver a Zeppelin, no a trabajar ni estudiar.
Una vez en mi casa me sentí mejor. Siempre me siento un poco mejor cuando una situación dolorosa me atormenta y llego a casa.
Sin embargo al otro día fui a laburar y así empezó una lenta agonía. Comenzaba así una eterna cadena de mails respondidos y sin responder. "Llegué bien" "Estoy bien" "El clima está hermoso" "Me ví con mi amigo", "Ahora estoy en Lisboa" "Madrid" "Barcelona" "Praga" "Berlin", etc, etc.
Yo acá asentía y fumaba, fumaba y fumaba. Como a penas puedo recordar el orden de los sucesos acaecidos, voy a resumir y acortar diciendo que básicamente los problemas empezaron cuando ella llegó a Londres, donde pensaba pasar una semana, ir al festival de Glastonbury y verse con ese homosexual inglés de mierda de Neil. Todo mi patriotismo afloró en la peor de sus versiones y tuve ganas de tomarme el primer avión y partirle bien la cara a ese gringo de porquería.
Para colmo de males, encontré unas fotos de ella en su computadora, donde se sacaba fotos desnudas y sacando trompita. Me volví loco. Me imaginé que eran para mandarselas al imbécil pobre diablo ese de Neil. Le escribí pidiendo explicaciones. Me llamó, me dio una explicación extraña, pero no había caso. Me puse a llorar y berrinchear como un nenito. Luego me serené y me calmé un poco. Ella me juró y perjuró que era una tontería, etc. Le creí en principio pero no entré mas a su compu.
Luego un día vino un amigo que estaba mal por otras cuestiones y nos quedamos fumando porro y escuchando Pink Floyd un buen rato. Luego vinieron otros dos y vimos una peli de Wes Anderson y luego otro día, solo, me vi More, la peli de Schroeder con música de Floyd, donde un flaco se enamora de una junkie y tienen una relación turbulenta en la isla Ibiza, donde él drogadicto y ahora carcomido por los celos termina muriendo de sobredosis ante la indolencia de ella (que seguro era escorpiana).
Cuando empezó el Glastonbury, murió Michael Jackson e intenté llamarla, mandarle mensajes de textos, para contarle la noticia pero no había caso. No me respondía. No quería o no podía. Ya poco importa. Solo se que yo acá era una bola de nervios y paranoia de la peor calaña. Si hubiera aprendido a serenarme y a tener una actitud mas nihilista de no importa ya nada, no la hubiese pasado tan mal al pedo, mas sabiendo que ya estaba todo perdido.
Como conté antes, el uso indiscriminado de maconia en este caso, fue perjudicial para mi psique. Me pegaba de la peor manera exacerbando mis síntomas paranoides y activando mi locura de la peor manera.
Escuchaba el disco Ten de Pearl jam y lloraba de nervios e impotencia imaginando lo que ella estaría haciendo allá, miraba para el balcón, pensaba en tirarme y terminar con la agonía de una vez. Pensaba después en la consecuencias. No podía ser tan egoísta. Les amargaría la vida a mi viejos, a mi hermano y a alguna que otra persona. O quizás no, de todos modos me parecía extremadamente egocéntrico de mi parte suicidarme. Nunca se me ocurrió pensar que en realidad nada de eso tenía sentido. Le estaba dando demasiada importancia a una situación de fácil manejo. Demasiado melodramatismo. Nada era en tan terrible. (Muchos años después me enteraría que tengo la luna en Escorpio).
Cuestión. Me iba por la noches a caminar, cuando volvía de cadetear, y me sentaba en la oscuridad del Parque Rivadavia a llorar a moco tendido como un loco perdido. Un loco de corazón roto.
Ella me llamó, estaba preocupada por mi sanidad mental decía. Trató como pudo de darme calma y seguridad pero yo estaba enceguecido. Quería cortar, ella me pedía que esperara a que volviera. Hice de todo para que generarle culpa. Una culpa quizás irreal o no, pero quería dañarla lo mas posible. Para que le pesara un poco al menos haberse ido y dejarme como un muñeco de trapo abandonado que ya no le divierte ni le hace gracia.
El tiempo restante traté de calmarme y esperé como pude a que pasara un mes y ella volviera.
Cuando finalmente llegó el momento, me di cuenta que estaba todo mal. Antes de ir a buscarla me fumé un porro y me activé lo peor de mi otra vez. Llegué a lo de los padres y había un clima de nervios y mala onda impresionante. La madre se cayó del remis antes de terminar de subir y el remisero arrancó despiadadamente dejando jirones de la madre de A por el suelo de Caballito. Fue todo muy rápido y confuso. Yo estaba re loco y no entendía nada. Solo sabía que todo estaba saliendo mal. Todo era feo y horrible y en mi cabeza sonaba el tema Black de Pearl jam todo el tiempo y no podía detenerlo, era como un mar de pensamientos oscuros que me llevaban a un final incierto y doloroso de donde no había escapatoria. Cuando llegamos esperamos, esperamos y esperamos y el avión no llegaba. Finalmente apareció A con sus valijas, entre gente cansada y contenta, pero ella con cara de culo y me besó en la mejilla. Chau, pensé, todo terminó.

jueves, 14 de agosto de 2014

Cadete XI

Un mes antes de la partida de A hacia Europa, la cosa se empezó a pudrir cada vez de forma mas acelerada entre nosotros. Yo ya casi no iba a la facultad y ella no me decía nada, pero lo notaba en su cara, sabía que estaba dejando la carrera y sabía que la relación no funcionaba mas para ella. Si, ella lo sabía, estaba mentalizándose de a poco, pero yo todavía estaba muy metido en mi mismo para entender nada de lo que ocurría a mi alrededor. 
Un detonante. Una noche me pide mi celular para escribir un mensaje porque no tenía crédito o algo así. Se lo doy tranquilo y cuando entra a bandeja de entrada lee uno de Mercedes, una amiga mía que siempre amé en silencio pero que eso no tenía porque saberlo, que decía que me esperaba por su casa al día siguiente. Solíamos juntarnos ya que es vecina de mi barrio, a tomar mate, hablar y escuchar Spinetta, cosas que con A no podía hacer mucho. Me preguntó con cara de culo que significaba ese mensaje. Yo como un tarado no supe responder. Me obnubilé y me quede callado sin saber que decir y que no sonara como un ocultamiento. Esbocé alguna explicación pero me puse tan nervioso que me pise la cola sin motivo. La cosa quedó ahí, pero al poco tiempo empezaron los mensajes de texto a su celular que llegaban en horas disparatadas de la noche. Ella me contó que era "Neil", un amigo inglés de alguno de sus viajes anteriores a Inglaterra que le escribía preguntandole cuando iba a llegar, etc. Me empecé a molestar. 
Un día agarro su celular con la misma actitud atrevida que ella con el mío y leo uno de este tal "Neil" que decía en un pésimo castellano "¿como anda hermosa?". Me dieron ganas de vomitar. Ahora entendía todo. Ella malinterpretó mi mensaje y ahora se vengaba con ese infeliz con el que estaría próximamente, a kilometros de distancia y con la mas absoluta impunidad. Quizás todo venía de antes, difícil saberlo, la cuestión es que yo entonces empecé a entrar en una escalada de paranoia imposible de parar y que tardaría meses en irse. Mi peor ataque de celos se había activado y mi psicólogo me diría luego que rozó lo patológico. Palabras fuertes que se quedarían grabadas por siempre en mi memoria. 

Por otro lado el laburo empezó a convertirse en una molestia donde interfería en mi preocupación central que era mi relación con A. Nada del otro mundo, pero ya estaba cansado de ser el "che pibe" de todos. Que venniera cualquier salame, desde el dueño con su "mostro" insoportable hasta el mas novato vendedor, dándome ordenes y diciéndome que hacer y que llevar, etc. Empezaba a estar realmente podrido del trabajo. Mientras veía como mi relación mas duradera hasta el momento se iba por el inodoro y yo cada vez empeorando mas la situación. 
Un punto límite, pero sin Keanu Reeves de por medio, fue una discusión que tuve con ella en la que se puso testaruda respecto a algo. Creo que se quería ver con unos amigos antes de viajar, justo un día que nos íbamos a ver nosotros y ella priorizaba a sus amistades con la argucia de que a mi me veía siempre. Eso yo lo tomaba como un desprecio horrible hacia mi persona, pero sobre todo como una falta de amor y desdén. 
Entonces me enojé, ante una conversación que se perfilaba de sordos, donde ninguno de los dos quería ceder, y entonces agarré una silla, la levanté por los aires y la tiré contra el piso con toda mi fuerza. El estruendo me asustó a mi mismo. Ella se quedó pálida. Yo no terminaba de entender bien que es lo que acababa de hacer, pero en ese momento tuve miedo. Miedo de mi mismo. Miedo de entender que yo estaba realmente mal y no sabía que hacer. 

lunes, 11 de agosto de 2014

Cadete X

Lo que mas me gustaba de ser cadete era cierto nivel de libertad que ostentaba cada vez que mi "ruta de viaje" diaria ya era trazada y podía salir a la calle. Muchas veces estaba corto de tiempo y tenía que ir a las corridas de un lado a otro, pero en otras ocasiones podía disponer mejor de mis tiempos y me daba el lujo de desayunar como corresponde o almorzar en algún restorán medio bacán. Además también estaban las disquerías del centro y no faltaron ocasiones de comprarme películas, libros o discos. Eso me hacía un poco mas feliz. No estar supeditado a la supervisión general a la que uno es víctima en las oficinas me daba un changuí para poder hacer las cosas a mi modo.
Por ese entonces empecé a fumar y eso fue un detonante mas en mi deteriorada relación con A. Me descubrió un paquete de cigarrillos en mi morral una mañana que me iba a trabajar, cuando quiso ponerme una vianda y no tuve mejor idea que decirle que no eran míos sino de un compañero de trabajo. Obviamente no me lo creyó. Nadie lo hubiera creído. Se puso a llorar. Me dijo que me eligió en parte porque no fumaba... (?) y yo no supe que responder, me pareció un aspecto mas de la superficialidad de su persona.
Salir a la calle implicaba para mi abstraerme un poco de todo lo que me rodeaba y que empezara un sinfín de canciones en mi reproductor de mp3. Ir caminando o viajando por Buenos Aires al ritmo de los Beatles o Spinetta era un verdadero aliciente para paliar el tedio y la rutina laboral que ya me embargaban hace rato.
Al margen de todo eso, yo ya me había acostumbrado al trabajo. Prefería hacer eso a estar en la oficina hasta las seis de la tarde como el resto de mis compañeros.
La contadora me llamaba por teléfono a veces para apurarme o chicanearme respecto a que andaba haciendo. Le respondía por le general tranquilamente... "Lo que vos me pediste que haga..."
Sin embargo muchas veces la calle era un arma de doble filo. Si bien podía escapar del ambiente claustrofóbico de la oficina, afuera me esperaba muchas veces un ambiente hostil de enojo y malestar. Las personas que andan por el centro o transporte público de Buenos Aires andan siempre enojados con la vida y no me faltaron secuencias de peleas.
Una vez iba cruzando Av Córdoba y Rodriguez Peña y un tachero casi me atropella al doblar violentamente por Córdoba. Lo puteo de arriba abajo y el tipo detiene el auto y se baja. En ese momento perdí conciencia de mi y me fuí corriendo hacia él revoleando el brazo y amenazandolo con cagarlo a piñas. No me importaba nada y estaba dispuesto a romperle la cara. Un transeúnte con actitud mas zen me detuvo e intercedió en la disputa. Al final tachero y cadete seguimos cada uno por su lado y con su malestar y frustraciones a cuestas.
"Cada uno es su propio delator, su propio infierno individual" cantaba Cerati.

viernes, 8 de agosto de 2014

Cadete XIX

Santiago Elías Carminski... Lindo nombre.
Gracias.
Muy bíblico. Es como que tus padres quisieron quedar bien con el viejo y con el nuevo testamento.
La miré extrañado. Que comentario mas random que me hacía esta mina. Estaba haciendo un trámite en centro y ya ni sabía que hacía ni donde estaba. Me mojó la oreja un poco mas y luego me fuí rápido hacia el calor fétido de la Buenos Aires veraniega.
En la oficina Ferchu y Pocho me llamaban simplemente Carminski o "Minska", aunque a veces podían mecharlo con un Santi o un mas estrambótico aún "Chantoisa", siendo muchas veces una referencia hacía mi decir "Fue la Chantoisa o lo tenía que hacer la Chantoisa" haciendo clara alusión hacia mi persona.
Aquellos fueron buenos tiempos en líneas generales. Trabajaba seis horas, ganaba lo suficiente para darme los pequeños gustos burgueses que hacían a mi persona por aquel tiempo. Películas, cds, algo de ropa y salida violenta, cuando pintaba salida violenta.
Por aquel entonces estaba por venir Peter Gabriel y me pasé escuchando todos sus discos hasta que fuera el día del fatal encuentro en el estadio Vélez amargo Sarfield. A mi novia no le gustaba ni jota y contrarestaba el ataque con mucho Radiohead, que estaba por venir a la Argentina por primera vez... Fue un momento divertido donde todo se confundía y se mezclada en una obsoleta y aturdida bola de sonido. Del mejor sonido, pero que no dejaba de ser una bola al fin. Bola que bola sin bola, bola...
Se acercaba el momento crítico de mi relación con A, si lo sobrevolábamos, quizás íbamos a poder formar algo a futuro mas prolongado y con proyección, pero todo estaba por desmoronarse y yo lo veía venir, y entonces empecé a actuar en consecuencia, sin darme cuenta que embarraba todo cada día un poco mas.

jueves, 31 de julio de 2014

Cadete VIII

Ese año 2008 no fue muy productivo a nivel académico, mi relación con la carrera de Psicología empezaba a mostrar los primeros síntomas de un desgaste que venía arrastrado desde el 2004 cuando empecé el CBC o quizás desde antes, desde el secundario o primaria misma, para ser mas exactos. El deber de ir en un horario, sentarme en una butaca, hacer y estudiar lo que los profesores me decían que estudiara y que pusiera las cosas como a ellos les gustaba, pensar con el pensamiento de otros básicamente, no era lo mío y empezaba un malestar con la cultura estudiantil muy fuerte. Simplemente no me hallaba cómodo y sentía que la carrera que había elegido años atrás no era precisamente lo que yo esperaba y ni mucho menos mi vocación. Pero ¿cual era mi vocación? A ciencia cierta no lo tenía muy en claro aún, y eso a A le molestaba mucho. Ella tenía planes, tenía un proyecto, y empezaba a sentir que yo ya me estaba quedando afuera.
Empezaron las preguntas del tipo "pero ¿cuando te vas a recibir? ¿tenes una fecha? vos no te pones las pilas, etc, etc.
Una noche, de casualidad, escucho que le comenta a un amigo suyo que tiene planes para irse de viaje a Europa el año que viene. Escucho sin problemas. Cuando llegamos a casa, porque ya casi era mi casa también, aunque no lo fuera, le pregunto que es eso que no me había comentado. ¿Como es? ¿me tengo que enterar por otros? Surge una fuerte discusión en la que ella manifiesta que ella tiene ganas de viajar, que a ella es lo que mas le gusta hacer y que no puede esperarme. Ella me había dicho que le gustaría que fuéramos juntos pero yo le dije que con la plata que ganaba de cadete no me alcanzaba ni para cruzar la frontera, al menos por el momento, que me bancara y quizás en un año o dos, nos podríamos ir juntos. Pero no, ella me dice que no tiene tanto tiempo, que el tren de la vida se la pasa, que el reloj biológico le pasa factura y que tiene que definirse ya. Ella solo tiene un par de años mas que yo, pero pareciera que su vida ya está resuelta y que yo fuera un recién destetado. Quizás lo fuera, pero su neurosis le estaba jugando una mala pasada. El problema no eran los tiempos, la cuestión realmente importante era si ella me amaba o no.
Yo estuve muy chinchudo por ese tema casi todo el resto del año. Si embargo eso no impidió que viviéramos casi como una pareja normal, yendo a hacer las compras los fines de semana, saliendo a tomar algo por Plaza Serrano o yendo a bailar o pasear cuando pintara. También nos hicimos nuestros escapes a Villa General Belgrano, San Bernardo y Parque de la costa. Pero la cosa entre nosotros ya se había fisurado.
Mi cumpleaños lo festejé en su casa. Mis amigos no la querían a ella, sin embargo fueron y quedó demostrado lo desunido que estábamos todos como grupo de amigos, arrastrando viejas rencillas de las cuales nadie se acordaba bien a ciencia cierta como habían comenzado. Sin embargo hice cubanitos y fue un lindo cumpleaños. Por aquel entonces cumplía 25 años.
Fuimos a ver a Serrat, Bob Dylan, Los fabulosos cadillacs y antes The Police. El amor por la música nos unía por momentos. Yo le hacía escuchar las veleidades de Beach boys, Bowie, Neil Young y ella a mi Blur, Radiohead, Depeche mode, etc.
Pero con el tiempo quedaron mas en claro nuestras diferencias que nuestras concordancias. Ella amaba a Nick cave, yo lo detestaba, yo idolatraba a Spinetta, ella lo odiaba. Y así, todo era un fiel reflejo de un amor que se iba por el barranco de forma indefectible y sin escalas.
Cuando llegamos a fin de año, ninguno de los dos soportaba mucho mas la presencia del otro y en Navidad nos peleamos por teléfono porque sus padres estaban esperándome para que fueran a brindar con ellos, yo le dije que estaba con mi familia y que iría al rato, pero todo fue una excusa para terminar peleando después.
Finalmente tuve mis vacaciones en febrero y como ella no se las iba a tomar para poder irse a mitad de año a Europa, yo me fui solo al Bolsón, con mi mochila, mi carpa y un 25. Y la pasé muy bien casi dos semanas sin ella.

miércoles, 30 de julio de 2014

Cadete VII

Empecé terapia. Todo surgió como influencia de A, que no paraba de sugerirme que empezara a ir al psicólogo. Por a o por b, ella encontraba razones para que yo me analizara, pero al margen de su influencia desgastante y perturbadora, yo también consideraba que era tiempo de arrancar terapia.
Me comuniqué con un antiguo profesor mío de la Facultad y no hubo problemas para aceptarme. Luego de una primera entrevista, él se dio cuenta que había algo de tela para cortar y que yo necesitaba sincerarme con algunas cuestiones respecto de mi mismo. "A" fue solo un disparador, ella no sabría que después de seis años yo seguiría yendo al mismo psicólogo, cuando ella solo fuera un recuerdo de antaño. Pero esa no es la cuestión. Volviendo al relato, yo todavía sentía que tenía que aclararme ciertas cuestiones del pasado que todavía no había podido reelaborar del todo. Como la separación de mis viejos, acaecida dos años antes. También mi fútil relación con mis padres y mi hermano y claro, mi relación con "A".
Al principio mostré resistencias, me justificaba, me auto compadecía y me quejaba de mi bruta suerte ante esto o aquello. No faltó tiempo en el cual, mi vida laboral empezó a ganar terreno en las sesiones. De a poco, la balanza dejó de pesar en cuestiones como mi carrera universitaria y empezó caer con todo en mis aventuras y desventuras como cadete de Claro.
Esta claro que el problema mayor no era en sí la cosa en sí, o sea cadetear por las calles de Buenos Aires, sino mas bien mi difícil relación con mis compañeros de trabajo. Si bien, con mis compadres como el Ferchu Love o Pochito estaba todo bien, después debía lidiar con personajes como Marlene, la empleada de maestranza, from Bolivia to Buenos Aires y sus aires y delirios de grandeza, con Su, una cincuentona inoperante y con los jefes Gonzalo Fernandez o al revés y con el ya mencionado Leandro Díaz. Los típicos paparulos que se pelean y contradicen entre sí, dejando siempre a algún pobre empleado en el medio para limar sus propias rencillas personales.
Sin embargo, el verdadero problema no eran ninguno de ellos, ni siquiera el dueño dueño, un viejo canchero que aparecía cada muerto de obispo, te decía "Que haces mostro?!" y te daba una palmadita, pero después te forreaba de arriba abajo si un día te veía soltar una caja con mas liviandad. Amén de ser un viejo facho de mierda, gorila irredento, anti pueblo, piojo resucitado, resentido, etc, etc.
No. El verdadero cuco y problema para mi era la encantadora contadora. Ella tendría siete años mas que yo (ella de cuando comenzó la dictadura, yo de cuando finalizó), y era realmente un "Pain in the ass" como diría un yanqui pelotudo. No se cansaba de hacerme hacer mil cosas a la vez y exigirme que las termine en el lapso de tiempo que tenía, eso era lo de menos para mi, sino que le encataba hacerme sentir inferior, que ella era la contadora recibida y que yo era un pobre diablo, un pobre tipo, un simple cadete.

lunes, 28 de julio de 2014

Cadete VI

Se hacía llamar a si mismo el "Ferchu love", estaba su amigo, primo del jefe, el "Pocho", todos de Caballito, hinchas de Ferro, pibes de barrio, amantes del reggae y la electrónica. El apodo que me gané por esos años estuvo a la altura la "Chantoisa" o en su defecto "Carminska", en clara alusión a mi nombre y apellido. No me molestaba en lo mas mínimo. Nunca fue del tipo de persona al que se le pega un apodo. Muchos lo han intentado pero ninguno prosperó. Desde la primaria hasta hoy día tuve apodos tan ridículos y extraños como Jaime, Jason, Gonzo, Shaggy, etc, pero creo que recién los apodos de mi nuevo trabajo tenían un condimento de originalidad y sin malignidad que yo podía apreciar.
Al Pocho no lo veía mucho, porque al toque que empecé lo pasaron de la oficina a un punto de venta, pero Ferchu Love, que era el antiguo cadete, estaba ahí siempre, encargándose de hacer pedidos de equipos y otras cuestiones de logística pura. Me llevaba casi dos años, tenía muchos tatuajes y una gorra que guardaba unas mechas con prominentes canas. Nos llevamos bien casi de inmediato. Éramos los dos muy melómanos y cinéfilos y compartíamos largas charlas sobre directores, películas, actores, músicos, bandas de rock, y música en general. De él conocí muchas bandas de reggae, flamenco y mucho rock uruguayo. No era uruguayo, pero era uno de esos "yoruguas lover's" que andan pululando por el ambiente rockanrolero.
Nuestra relación consistía básicamente en que él, me avisara entre las nueve y las diez para que fuera o no al barrio de Paternal donde estaba el depósito de Claro, para ir a retirar un pedido de equipos y llevarlos a la oficina del centro. La operativa funcionó igual y sin contratiempos casi desde que ingresé a finales del 2007 hasta principios del 2012 que dejé de trabajar ahí. Pero no nos adelantemos. Pasó mucha agua bajo el puente antes de llegar a nuestro desatino final.
Con el barrio de la Paternal se me unieron grandes lazos, pasé casi cinco años viviendo todas mis mañanas por el barrio del carpo. Siempre con el 105 o 146, llegaba hasta el lugar escuchando música, ahora había dejado el discman y me había modernizado con un reproductor de mp3. La operación era simple, llegaba, me anunciaba con los de seguridad que venía de Comunicaciones del ..., y luego ellos avisaban a los pibes del depósito y esperaba a que me preparan el pedido. A veces me daba tiempo de salir y comprarme algo en el kiosco para desayunar, a veces me fumaba un pucho, a veces no había nada para retirar o era algo muy chiquito, por lo cual debía volverme en bondi, si el pedido era grande pedía un taxi a radio taxi aló. A veces tuve que esperar mas al taxi que al pedido. He llegado a esperar pedidos por tres a cuatro horas, pero por lo general entregaban los pedidos en un lapso de media a una hora.
Al principio sufría tener que ir para Paternal, pero luego, en determinado momento que no recuerdo bien cual fue, todas las mañanas fueron iguales, como decían Pappo, y me sumergí en un piloto automático.
De a poco empezaba el largo proceso de achatamiento y automatismo.

viernes, 25 de julio de 2014

Cadete V

Al poco tiempo de haber entrado a trabajar de cadete, me di cuenta que la cosa no era tan simple como parecía. Mi labor no solo consistía en la nimiedad nada deleznable de ir a pagar cuentas, llevar papeles o plata al abogado y al contador, o hacer interminables colas en el banco para cobrar cheques (todo eso siempre musicalizado con el mejor rock del condado), sino que de a poco me percataría que mi trabajo, sobre todo y mas que nada, consistía en llevar, transportar y proveer de aparatos celulares a clientes y a los puntos de venta Claro que la PYME en la que trabajaba regenteaba. Lo cual significa que en la mayoría de los casos tenía que viajar a puntos alejados. Al principio, lo mas lejos podía ser San Isidro, mas luego casi todo era en capital (Caballito, Palermo, Constitución, etc), pero no tardarían en cambiar sus puntos de venta y de a poco tendría que sumar viajes a San Fernando, Pacheco, Avellaneda, Sarandí, San Justo y Martinez.
Al principio trabajaba la irrisoria jornada de diez a tres de la tarde. A los pocos meses me sumaron una hora mas hasta las cuatro. Trabajaba solo seis horas, no tenía mucho de que quejarme. Me quedaba buena parte del día para ir a mi casa, a veces dormir una pequeña siesta, bañarme, merendar algo e irme a la facultad.
Todavía insistía en estudiar Psicología, una carrera que llegué mas por casualidad que por vocación. Siempre había querido hacer diseño gráfico, pero un acto de rebeldía en quinto año me hizo virar mi decisión para la carrera maldita. La que recibe mas alumnos per capita por año y tiene menos egresados a la vez en relación al alumnado recibido. La carrera que el vox populi local augura salida laboral. Un ambiente de un 70 % de mujeres ardorosas en busca de chongos intelectuales y donde casi no hay rivales ya que los hombes que cursan o son gays o son troskos, que es casi igual de poco atractivo. Había tenido clases de Psicología en la secundaria y me había ido bien, también me había ido siempre bien en Historia, Geografía, Literatura y Gimnasia, pero evidentemente decidí inclinarme por aquello que tenía tanto atractivo y tanta sexualidad explícita gracias al loco Freud y sus teorías rimbombantes sobre Edipo, castración, neurosis, sueños, etc.
En aquel tiempo me manejaba mucho entre dos hogares, el hogar materno y el nidito de amor que había ayudado a erigir a A. Claro, ella se mudó de la casa de los padres para vivir sola, pocos meses después de que yo empecé a trabajar de cadete, y fuí todo un sostén y apoyo el cual le ayudó a hacer el duro traspaso del abandono del nido, algo mas llevadero. Amén de que le ayude a instalar casi todos los muebles, mamposterías y demás conexiones, dignas de un hombre hecho y derecho.
Se me daba bien lo artesanal y el trabajo hogareño, aunque a veces A me acusaba de ser un poco hijo del rigor y vago. -Si yo no te digo, vos no haces nada. Podrías colaborar un poco mas en la casa no?
-Bueno, pero yo no vivo acá.
Y esa era mi chicana hacia ella. Dejame mudarme acá con vos y haré todo lo que digas, pera ella me miraba con desconfianza y miedo. No se animaba a jugarsela. Ella no sabía si apostar por mi o no. Tenía dudas. Ella necesitaba un hombre que estuviera a la par que ella. Que ya estuviera recibido, tuviera un mejor trabajo, ganara mejor, tuviera auto o la idea de tener uno, la posibilidad de buscar una casa mas grande, y después de todo eso, darle hijos rubios y hermosos. En lo posible nenas.
Yo estaba muy lejos de cumplir con su ideal de vida. La falta de un proyecto propio haría que empezaran rispideses entre ambos. De a poco la pasión y los juegos soft porn que solíamos hacer al principio, irían apagándose de a poco para dejar lugar a un sexo aburrido y costumbrista. Al menos para ella. Yo seguiría calentándome con su cuerpo esbelto y seguiría acabando como un campeón. Feliz. Sin pedirle nada mas a la vida, mas que disfrutar del momento.

jueves, 24 de julio de 2014

Cadete IV

-Escuchame pibe, a mi me dijeron que me traían dos Nokia 1200. Se equivocaron locos, falta uno!
Me dijo un hombre rústico de San Fernando.
Mirá loco, no sé, hablalo con Fernando, a mi me mandaron acá con esto.
Pibe, vos no te lavés las manos. Hacete cargo también.
Y yo porque? que tengo que ver? Vos arreglaste conmigo? Yo soy solo un cadete. Te crees que me importa esto? Cuanto te pensas que me pagan?
No se flaco, problema tuyo ese.
Ah si?
Si
Andá a cagar viejo puto.
Querés que te rompa la cara pendejo?
Para para, se mete el compañero de trabajo del viejo loco y lo para en seco. Se da cuenta que está pasado de rosca y lo manda a tomar un vaso de agua. Lo delira un poco. Ahí es cuando me doy cuenta que el otro es un pobre diablo que el posta es este que se mantuvo al margen mirando, durante toda la pelea que tuve con el otro.
Disculpalo flaco, es que no está teniendo un buen día.
El viejo se mete en cuartito y de vez en cuando se asoma para mirarme con cara de malo.
Tengo ganas reales de cagarme a piñas con ese cincuentón de mierda pero las condiciones no están dadas, su amigo intercedió y calmó las cosas. Me paga lo que me tiene que pagar, me firma los remitos y me vuelve a pedir disculpas por la locura innecesaria de su compañero.
Me voy re caliente. En el tren un gil de mierda me mira fijo. Mi nivel de ira me hace decidir ir a encararlo y cagarlo bien a piñas, pero justo cuando doy un primer paso, cambia la mirada y se pone a ver por la ventanilla, como si nunca me hubiera ni registrado. Trato de serenarme. Canto un mantra que cantaba cuando era chico, mi vieja. No funciona. Me pongo música, pero me acuerdo que esa mañana me quedé sin pilas.
Llego a Retiro. Bajo al subte, Linea C. Pasaje 1,20. Enero. 2008.
Salgo del trabajo, me voy a comprar discos. Y me siento un poco mejor.

miércoles, 23 de julio de 2014

Cadete III

Mi viejo fue cadete. Eso fue después que mi abuelo se fue de la casa y mi abuela necesitó una ayuda. Mi viejo decidió trabajar en vez de seguir la secundaria. Aquellos eran años de plomo. Años en que las facciones de derecha e izquierda se baleaban por las calles con verdadera pasión. Épocas en que discos como Machine head de Deep purple hacían melenear a jóvenes y saltar al grito "el que no salta el militar", o "Perón, acá tenés los pibes para la liberación", etc.
Mi viejo nunca se metió en política pero no podías ser ajeno a todo tampoco. Un día estaba trabajando y viajaba en taxi para llevar un papel de un lado a otro. Por la radio anunciaron la muerte del presidente, el General Juan Domingo Perón. Imposible no impactarse ante la caída del gran líder político argentino del siglo XX.
Pero todo transcurría muy rápido por esos años. Un día entraba a una gráfica y sonaba en la radio del lugar, La serpiente de Pescado rabioso y otro día lo mandaban a recitales de rock local para ver si músicos como León o Charly usaban las Flecha.
Con los años dejaría su simple y noble labor de mero cadete, y empezaría a interesarse por lo que sucedía ahí, en el estudio publicitario. Aquel oficio de diseñador gráfico que se aprendía de boca en boca, de oreja a oreja y de mano en mano. Luego vendrían los cursos, las especializaciones, los talleres, las tecnicaturas y finalmente las carreras universitarias.
Pero mi viejo fue de los últimos que aprendieron el oficio, por mas que luego, a principios de los 80s tendría que hacer una carrera en una privada.
Pero dejemos estas viejas historias setentistas atrás. En mis épocas de cadete ya no vivía Perón, ya no estaba en boga escuchar a Yes, Led Zeppelin o Invisible, (o quizás si), pero cierta lógica de la degradación del componente humano aún se daba, y de hecho era mas notorio. Notorious.
Mis primeras semanas como cadete estuvieron plagadas de confusión y alegría a la vez de ser un empleado con sueldo nuevamente, pero ese estado lamentable de autocomplacencia no duraría mucho por suerte.
No faltaría mucho para que mis diferencias con la contadora se hicieran cada vez mas grandes y su forma de pedir las cosas sumado a su falta evidente  de cultura, harían que de a poco empezara a odiar mi trabajo.
Pero todavía faltaba mucho para que realmente pudiera odiarlos a todos.

lunes, 21 de julio de 2014

Cadete II

Avenida Córdoba 1616, séptimo 28. 10 de la mañana.
Venía caminando por Córdoba y paso por una librería que se llama como un libro de Cortázar (que no es Rayuela). Miro un poco y sigo de largo.

-¿Tenés experiencia como cadete?
Me quedo pensando unos segundos. La respuesta es obvia, pero algún motivo ajeno a mi, no me sale la palabra adecuada.
-Si. Trabajé en una escribanía.
La mujer me miró seria.
Ah, claro... Sabes hacer depósitos? Pagos?

Si, claro. Le digo, pero parece que desconfía. Pongo mi mejor cara de póker. No me tendría que haber fumado ese charuto antes de ir. Mis caras de descubren. Tardo demasiados segundos en contestar. O al menos eso pienso. Ella sabe, se da cuenta. Pienso. Pero no pasa nada, es todo mas bien una persecuta paranoide mía, propia del vaho cannábico que me embarga.
Me vuelve a mirar. Yo la miro un poco y me digo, si, creo que le doy.

- Bueno, el puesto como ya te comentaron es para cadete. Basicamente es hacer trámites bancarios, hacer pagos y todo tipo de cosas que requieran hacer en la calle.
(Había una letra chica en esas palabras, que nunca pude imaginar hasta donde me llevarían)

-Ajam!

-Te interesaría? me pregunta un poco sonriente. (Debí sospechar algo en ese momento del contrato fáustico que estaba por cometer)

-Si, claro que si. Sonreímos y nos dimos la mano.
Me dijo que si estaba todo bien, tenía una entrevista mas con el jefe y listo.

Salí de ahí y pensé en ir a comprarme un helado. Me había agarrado un leve bajón de hambre.

Lejos de ser reiterativo, debo decir que aquella entrevista me dio ganas de garchar y esa misma noche, deje a mi novia muy feliz de mi empuje envalentonado.

Al día siguiente, me tomé un bondi para ir a tirar mas curriculum. Me llamaron al mediodía. Parece que estaba todo bien y que tenía que presentarme este lunes para entrevistarme con el jefe. Un tal Leandro díaz. Que nombre mas pelotudo, pensé. Leandro Díaz!!!

Cuando fuí a la entrevista con este susodicho sujeto, perdonenme las redundancias, pero el tipo era realmente extravagante. Luego de presentarme, preguntando por ese nombre soso, me recibió un sujeto que parecía mas salido de Division Miami que gerente y dueño de una empresa telefónica.
Un chabón de treinta y pico, jetón y sonriente, morocho de rulitos y ojos verdes. La oficina estaba descascarada y había olor a Poett de jasmín. Todo muy cutre. Todo me pareció muy trucho, como una fantochada sin sentido. Todo me remitía al puto de Kafka y sus mierdas del absurdo.
Me pudrí. Abrí la puerta. Le dije que se metiera su laburo por el culo y que no engañaran mas a pobres pibes como yo.
Debí pero no. Le dí la mano con una sonrisa de plástico y me dijo que me esperaba mañana a las 10 de la mañana.
Llamé a mi novia y le di la buena nueva con una falsa alegría. Ella me felicitó y se puso orgullosa de mí. Empezó mecánicamente a proyectar y tratar de pensar en cosas a futuro. Vacaciones. Mudanza. Plata. Viajes a Europa, etc. Al noche nos vimos y siguió con el mismo rollo, le dije que si y le baje la cabeza, a ver si así se callaba un poco. Yo estaba nervioso. Había algo en mi que me hacía desconfiar de todo el asunto.
Traté de relajarme, pero solo me olvidé cuando me sumergí entre sus piernas calientes.

Al otro día, me volví a entrevistar con la mina de la primera vez. La contadora que me ratoneaba. Me olvidé de mi desconfianza y firmé hasta contento un contrato que nunca leí. Empecé mi labor y hasta me sentía feliz. No sabía bien de que, pero estaba contento.