Cuando tomé ese té verde, lo último que pensé que podría
llegar a pasar era viajar (nuevamente) en el tiempo y esta vez, 50 años al
pasado.
Lo primero que hice fue buscarlos. Él andaría por San Telmo,
ella por Palermo. Eran la clásica pareja mixta porteña: Clase media baja, clase
media alta.
Curtían mambos escuchando discos de Pescado en la casa del
loco Luí. Chapaban un corte a la antigua. Eso de andar caminando por el Parque
Centenario era de jipones y firestones.
A primera vista los setentas me parecieron bastante
tranquilos. Claro, había menos gente en la ciudad, menos tránsito y menos
contaminación sonora y de todo tipo. El cielo, de alguna manera, parecía más
claro.
Un local esgrimía su derecho de cantar a todo trapo: Campos
verdes, en mi tierra natal, ya se han ido, nunca más volverán...
Pero ahí nomás apareció el loco Luí, o como le decían sus
contemporáneos; el Rulo, y su amigo el Percia...
-Che Rulo, este viernes toca Porchetto y Sui Generis en el
Atlantic. Hay que ir.
-Uhhh eso mata. Vamos a decirles a las muchachas ¿no?
El Percia puso cara de duda. Él no tenía interés en ir con
las chicas.
-Vos porque le tenes ganas a María Eugenia.
-¿A Juje? Nada que ver loco, estás delirando... cuando
maquinás esos rollos delirantes man...
-Andaaaa
Bueno, los dos flacos de pelo largo se perdieron entre la
multitud. Los seguí de cerca pero necesitaba ver el momento en que comenzaba el
romance entre mis padres, al son de Detrás de las paredes se aquel mítico
recital del cual me hablaron durante años y años.
DISCO ES CURTURA- ¿Qué onda curtís vos?
Esa era una de las tantas leyendas que se escribían en los
discos de vinilo en aquellos lejanos años setentas.
Una década en verdad pintoresca, quizás por lo rústico, por
la calidad musical y porque todo era bastante artesanal. Lamentablemente fue
una época que quedó signada por la violencia política y siempre que se habla de
los 70s todo el mundo piensa en guerrilla y dictadura. Es una pena que se
pierdan otras cosas que pasaban al margen de la lucha armada y todo ese
bolonqui.
Ojo, que no se me malentienda, no miro para otro lado, es
sólo que me parece injusto que sólo se hable del costado político y no del
resto. Es claro que la política de alguna manera marcó a toda la década en
Argentina porque fue muy fuerte todo. Una década que comenzó y terminó con
dictadura. Hecho único en nuestra historia. Con apenas una primavera
democrática más corta aún que la que vendría diez años después, en los
ochentas.
Sin embargo, pude merodear por las calles de Buenos Aires en
ese septiembre de 1973, a pocos días que saliera Artaud, el disco de rock
argentino más trascendental del siglo XX.
Y entonces pude seguirlos y los encontré allí donde estaba
el recital de Sui, y chaparon, curtieron y toda la mar en coche. Y así yo
nacería un tiempo después, pero no. ¿Qué digo? Si mis padres en realidad se
conocieron a finales de los setentas. Y yo nací en la previa de la otra
primavera democrática. No la Peronista sino la Radical.
¿Y qué hago yo aquí? Se preguntaba Polifemo.
El sueño del té verde finaliza y yo vuelvo a mis aposentos.
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