
Nirmanakaya se levanta de su sueño mítico eterno y con sus grandes piernas de roble marcha hacia el este. Con sus enormes brazos de sauce deja por el camino un regero de sangre, miseria y dolor. Avanza con paso demoledor y firme.
De la costa opuesta se aproxima kanishca con su amuleto vudú, su piel curtida y renegrida, con paso furtivo, con movimentos ágiles y selváticos. Sus ojos ahuecados y su boca de madriguera con aliento a caballo muerto.
Nirmanakaya baja de los Andes a paso adelantado y Kanishca se acerca por el mítico océano hacia el oeste llermo, marrón e imperecedero.
En la línea de división entre esas montañas macizas y marrones y ese océano azulado y profundo se encuentran estos dos colosos. Se miden, se escrutan y entran en singular combate.
La peléa puede ser para ambos. La fuerza del sol alimenta a Nirmanakaya durante el día y la fuerza de la luna alimenta a Kanishca por la noche, lo que hace que la batalla dure años, siglos, milenios, decenios y que el tiempo se consuma en el reloj de la vida eterna.
Un día llega un caballero de pelo amarillo y piel plateada, con una espada y una cruz en sus manos. Los doblega a los dos por separado por la fuerza y el engaño.
Nirmanakaya y Kanishca entiendieron tiempo después su error. Aquel precepto gauchesco e inmaculado de la unión se hace presente.
De la costa opuesta se aproxima kanishca con su amuleto vudú, su piel curtida y renegrida, con paso furtivo, con movimentos ágiles y selváticos. Sus ojos ahuecados y su boca de madriguera con aliento a caballo muerto.
Nirmanakaya baja de los Andes a paso adelantado y Kanishca se acerca por el mítico océano hacia el oeste llermo, marrón e imperecedero.
En la línea de división entre esas montañas macizas y marrones y ese océano azulado y profundo se encuentran estos dos colosos. Se miden, se escrutan y entran en singular combate.
La peléa puede ser para ambos. La fuerza del sol alimenta a Nirmanakaya durante el día y la fuerza de la luna alimenta a Kanishca por la noche, lo que hace que la batalla dure años, siglos, milenios, decenios y que el tiempo se consuma en el reloj de la vida eterna.
Un día llega un caballero de pelo amarillo y piel plateada, con una espada y una cruz en sus manos. Los doblega a los dos por separado por la fuerza y el engaño.
Nirmanakaya y Kanishca entiendieron tiempo después su error. Aquel precepto gauchesco e inmaculado de la unión se hace presente.
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