miércoles, 12 de marzo de 2008

Recuerdos de provincia

Haciendo acopio de la celebérrima frase del señor prócer (en buena o mala ley) Domingo Faustino Sarmiento, le doy título a éste querido recuerdo de provincia.
Cuando tenía sólo 6 años de edad, allá por el lejano año '90, sufría de un cierto asma leve, bronquitis o un catarro que no sé definir muy bien pero bue, la cuestión es que se me cerraba el pecho dejándome sin aire y que me hacía entonar un extraño silbido cuando respiraba. Creo que uno de los problemas era que no había aprendido bien a respirar por la napia a lo que se sumaba el hecho de ser alérgico, lo cual aún todavía soy.
Bueno la cosa es que probé de todo hasta que caí en un médico homeópata que me atendió desde esa edad hasta hace poquitos años. El tordo Broffman tenía la particularidad de que era una especie de psicólogo, yo no sé que onda la homeopatía pero la realidad es que siempre la pegó conmigo y cada cosa que me agarraba me la curó con esos globulitos chiquitos.
Entre otras cosas le recomendó a mis viejos que me hiciera un viaje a un clima mejor, lo mismo que tuviera una mascota, etc; (la mascota llegó 4 años después pero esa es otra historia).
Bueno resumiendo entonces, mis abuelos paternos (mi abuela y su señor marido que paz descanse) tenían una casa en Merlo, San Luis, y decidieron llevarme en las vacaciones de invierno. Primera ve que dejaba a mis viejos, y la verdad que fué lo mejor que pude hacer. Allá conocí otros chicos, jugué, me embarré, mi abuela me super abrigó, y yo iba por ahí jugando con estos pibes a los vaqueros con pistolitas de cebita. Creo que eso más el microclima que tiene (o tenía) Merlo, me terminé curando aunque uds no lo crean. Eso más los globulitos claro.
Recuerdo una historia en particular con estos chicos, que fué un par de años después que me volvieron a llevar pero esta vez en verano, en el '92. Lo que hicimos con estos chicos que hoy día levemente recuerdo sus nombres, Miguel, Daniel (que era el más amigo mío), Carlos, etc.
Jugábamos mucho a la pelota (yo de chico era medio pata dura igual reconozco) pero no teníamos mas que jugar en la calle, por la cual no pasaban muchos autos pero bue, mi abuelo no quería que jugáramos en su jardín por razones obvias. Entonces buscámos algún baldio que justamente había uno tras la casa de mi abuelo y pasamos a proceder a convertirlo en una cancha de Fútbol. Lo primero que hicimos fué despejar el campo, o sea, sacar todas las porquerías como bolsas, palos, y demás para luego pasar la cortadora y la bordadora.
Después de que despejamos un pedazo de terreno importante fuímos a buscar algunas cuadras abajo, al lado del cementerio, unos palos que nos sirvieran como arcos. Fuímos con hachas y procedimos a cortar los troncos de unas ramas ya caídas. Luego cargamos esos palos por todas las cuadras, a la mirada atónita de todos la gente del pueblo, para ponerlos en el campo. Empezamos a armar todo cuando nos vinieron a decir que ese terreno era de no sé quién y que no podíamos hacer nada ahí. Es más habíamos conseguido cal para pintar las líneas de la cancha. Bueno, la cosa es que volvimos a jugar en la calle y todo quedó ahí.
Yo después fuí un par de veces más, primero con mi familia en el '94 y en el '97 con mis abuelos de nuevo y mi hermano. A los chicos los vi hasta la vez que fuí con mi familia, pero luego no los vi más. La última ve que fuí para esos lares fué en el verano del 2003 con mi hermano, un amigo de mi hermano y un amigo mío. El terreno baldío seguía siempre igual, con pasto crecido, abandonado y con algún que otro palo que pudo haber sido algún travesaño nuestro. Los dueños, si alguna véz existieron, nunca pasaron a hacer usufructo del lugar.

3 comentarios:

Ana dijo...

Lo que podría haber sido una hermosa canchita, llena de gritos y niñez, fue un baldío sin alma.

Ana dijo...

hermoso relato

apolodoro dijo...

Querida, me alegra que te haya gustado la anécdota.. a mi también, me llenó de buenos recuerdos.. esos que tienen sabor a chocolatada, galletitas y dibujitos animados de media tarde.. a infancia bah..
la verdad, nosotros íbamos a hacer de una tierra de nadie algo que podia usar todo el barrio y no.. la maldita propiedad privada capitalista tiene eso, dueños que pueden usufrutuar lugares sin hacer uso de ellos..pero bue.. es así.. este es el mundo que vivimos..
beso grande