domingo, 30 de marzo de 2014
El hombre sensible del siglo XXI
Fuimos con "martaplens" al cine a ver Her, la última peli de Spike Jonze y nos resultó interesante. En dicha cinta podemos ver a Joaquin Phoenix haciendo de un hombre gris y melancólico, atormentado por los recuerdos de su viejo amor perdido.
Se dedica a escribir cartas para otros. Podríamos decir que es un letrista internauta. Escribe bella prosa para expresar como nadie los sentimientos humanos. Pero él está solo, no tiene a nadie a quien amar, excepto un vago recuerdo de lo que fue y ya no es y no podrá volver a ser.
El hombre se instala un programa (un sistema operativo de computadora) al que decide ponerle voz de mujer. Así empieza una extraña relación de computadora. Se charlan, se conocen, se difunden, se entienden, se comparten. ¿Se enamoran? Se enamoran.
Pero ella es una realidad virtual, como todo el resto en definitiva. Ella se independiza, conoce a otros, se enamora de otros tantos. Él vuelve a caer presa del dolor y la melancolía. Pero al final entiende que todas las relaciones no son mas que eso, una vaga ilusión del momento, que llena nuestra vida por un leve instante. A veces por mas tiempo que otras, pero poco al fin. En definitiva "ella" le dio lo que un ser humano no pudo darle. Un sentido.
La película es de una estética muy cuidada y bella. Los diálogos son profundos y las actuaciones creíbles. Una linda postal del amor moderno que vivimos, con un cierto dejo a sci fi moderado y lógico.
La pregunta que nos hacemos entonces es la siguiente ¿El hombre llegó a un punto donde ya no se reconoce como tal? ¿Hay una masculinidad arquetípica en crisis? ¿El hombre sensible esta destinado a la derrota ante mujeres cada vez mas libres y desgarradoras?
Porque parece que ahora los muchachos también lloran, también paniquean, también hacen escenitas de celos y se quejan de todo como histéricas. Las mujeres en cambio, ahora dejan, abandonan, no lloran, son valientes, corajudas y pendencieras.
Entonces estaríamos encadenados al ánima, así sin mas, según palabras de Jung. Lo femenino en el hombre finalmente salió a la luz ante mujeres que encontraron su ánimus o ocstado masculino en ellas, y ante esta nueva perspectiva, se estarían generando algunos conflictos de identidad en primer momento. Pero la lógica nos dice que como toda revolución mental y espiritual, se llegará a un equilibrio donde conviven los opuestos y no tan opuestos del ying y el yang.
Es un largo camino, de dolorosa frustración, pero hacia ya vamos todos a la larga.
sábado, 29 de marzo de 2014
poema nocturno
La noche esta calma.
Solo se escucha el leve chirrido del toldo que mueve suavemente el viento.
La gata me mira con cara graciosa desde su comodidad romana en el suelo.
Los gatos son sagrados para los egipcios.
Se cortó la luz durante cinco minutos y la oscuridad fue la eternidad.
Dependemos de la electricidad y a veces del sol.
Luminosos seres somos, no esta cruda materia.
No comprendo los enlaces, las soledades, los llantos.
Todo para mi remite a otra cosa que no sabemos calificar.
Los sábados a la noche a veces son desoladores, pero entretenemos nuestro espíritu con el silencio de las cosas.
Las cosas lo son todo, según Perec.
Todo es un todo infinito.
La calma subyace la venida indefectible de la tormenta.
Volaré como un ave al país de los sueños.
Mañana será otro día de descanso.
Día de cumpleaños.
Día de ver a mi sobrina.
Día de ver a mi hija.
Día de entender que toda calma es perenne.
Como un grano de arroz, de mostaza o de mi pierna tan blanca...
Amen todo por mi.
El poder en el viento me llama.
Solo se escucha el leve chirrido del toldo que mueve suavemente el viento.
La gata me mira con cara graciosa desde su comodidad romana en el suelo.
Los gatos son sagrados para los egipcios.
Se cortó la luz durante cinco minutos y la oscuridad fue la eternidad.
Dependemos de la electricidad y a veces del sol.
Luminosos seres somos, no esta cruda materia.
No comprendo los enlaces, las soledades, los llantos.
Todo para mi remite a otra cosa que no sabemos calificar.
Los sábados a la noche a veces son desoladores, pero entretenemos nuestro espíritu con el silencio de las cosas.
Las cosas lo son todo, según Perec.
Todo es un todo infinito.
La calma subyace la venida indefectible de la tormenta.
Volaré como un ave al país de los sueños.
Mañana será otro día de descanso.
Día de cumpleaños.
Día de ver a mi sobrina.
Día de ver a mi hija.
Día de entender que toda calma es perenne.
Como un grano de arroz, de mostaza o de mi pierna tan blanca...
Amen todo por mi.
El poder en el viento me llama.
viernes, 28 de marzo de 2014
Apendicitis con cuchillo y tenedor
Hace poco mas de ocho años tuve apendicitis aguda. Casi muero. De amor...
Porque en aquel entonces tuve mi primer amor fuerte. Mi primer enamoramiento. Mi primer ruptura dolorosa seria. No era mi primera novia, no era con quien perdí la virginidad ¿perder? No salimos años, apenas algunos meses. Un verdadero y literal amor de primavera.
Una tarde en la casa de sus abuelos nos pusimos a hablar de cosas varias. Preparó un café con leche. Comimos algunas galletitas. Me dijo que no quería seguir saliendo conmigo porque se volvía a Salta e iba a pasar todo el verano allá. No daba seguir algo a distancia. La lógica y mi propio criterio le daban la razón. Sin embargo en mis breves 22 años no lo quise ver así. No lo quise entender. Lloré. Ella no. Me fui triste a mi casa. Esa noche no cené. Me fui a la cama a dormir.
Al otro día era feriado. De esos que no queda otra alternativa que sufrirlos. Me levanté con un malestar en el estómago. A la tarde tenía que ir a trabajar a un cutre call center. Me acuerdo que me visitó mi abuela aquel día (que Dios la tenga en la gloria).
El dolor no era muy identificable pero se hacía mas agudo a cada momento. Sufría, pedía a gritos un calmante. Un aliciente que pudiera paliar mi dolor. Mi doble dolor. Físico y del alma.
Me llevaron al hospital. En la guarda hice cola para ser atendido, pero la mayoría eran skaters con leves raspones de sus torpes caídas en el Parque Centenario.
Hasta que se dieron cuenta pasaron los minutos mas infernales de mi vida. El dolor me doblaba literalmente de dolor. No podía pararme ya siquiera.
Me dejaron pasar. Un médico me revisó, le pedí ayuda. Dijo que era una grastroenteritis nomás. UN reliverán y un buscapina y chau. Cualquier cosa que vuelva.
Tomé todo lo que me dijo, pero para la tarde seguía hecho una piltrafa. Ya no podía pensar del dolor. Estaba suspendido en una especie de limbo. Había caído en alguno de los círculos del infierno. Seguro.
Me llevaron de nuevo. Esta ves con mas discernimiento y pujanza. Me hicieron pasar en un estado casi agónico y fui rápidamente abandonado en una camilla.
El diagnóstico había sido equivocado. Me mandaron a hacer radiografías, extracciones de sangre y exámenes de orina. No se como pude moverme. Creo que hacía varias horas que ya ni hablaba y me movía como un zombi ajeno al mundo circundante. Podrían haberme cercenado, castrado y mutilado que ya no sentía nada. Estaba embotado.
Finalmente me vió el cirujano, luego de haber quedado tendido por horas en una camilla como Renton en Trainspotting. Hizo la famosa técnica del soltado en la zona de complicación. Su diagnóstico? Apendicitis, un corazón roto y un mal diagnóstico.
Entonces se preparó todo para la operación de urgencia. La cosa era grave. Si no operaban ya, se podía infectar y terminar muriendo por necrosis interna. Ok, nunca me sentí tan cerca de la muerte.
Tenía miedo y a la vez una vaga excitación por entrar a un quirófano y ser operado por primera vez.
Pedí calmantes pero me los negaron. Luego me suministraron una inyección en la nalga blanca. Su pinchazo fue irrisorio en comparación al sufrimiento vivido.
Pasé a un cuarto donde me dijeron que me desnudara todo y me pusiera una especie de toga descartable y altamente transparente. Me daba verguenza. Pero todo dolor puede mas que todo pudor imbécil.
Una vez en la sala de operaciones me vi rodeado de médicos. Había uno que llevaba la posta. Tuve un leve temor. Me dijeron algunas palabras tranquilizadoras. Me sentí en buenas manos, no se porque, pero confié en ellos. ¿Tenía opción?
Me pusieron una mascarilla en la cara. El famoso anestésico total. Me dijeron que contara hasta diez. Me reí y empece a contar pensado que no pasaba nada. A los cuatro segundos se hizo el negro total.
...
No recuerdo ningún sueño de aquel apagón. Creo que me habían mandando mas profundo de lo que nunca había estado.
Cuando abrí los ojos por primera vez me vi siendo transportado en una camilla por pasillos y ascensores del hospitales, con algunas caras que no pude reconocer jamás. Volví a dormirme.
Cuando desperté de nuevo, estaba en un cuarto oscuro y mi padre estaba a mi lado. Me dijo algunas palabras suaves y me dormí de nuevo.
Al otro día desperté y tenía a mi familia conmigo. Me visitaron mis amigos, mi abuela, mi hermano, mi prima y hasta ella. Me sentí muy querido por todos. Y mas allá de aquel mal trago me sirvió para darme cuenta que aunque sean pocos, o me se hayan alejado de mí, aquellos que quiero me quieren y yo los quiero.
Luego pasaron muchas otras cosas, pero que son parte de otro capítulo de mi vida.
Estuve internado tres días y luego a casa. Me quedó una hermosa y roja cicatriz cerca de mi pelvis. La doctora me dijo que con el tiempo se iría, pero yo sabía que no era verdad. Esa marca me acompaña igual desde el primer día que la tengo. Esa marca es mi primer corte, es mi primera operación, es mi primer herida por amor y la llevo orgulloso hacia mi destino final.
martes, 25 de marzo de 2014
Houellebecq y la visión negra de un mundo en decadencia
Recomiendo como lector ávido y aprendiz de hechicero (librero), la lectura sin vueltas ni miramientos del corrosivo Michel Houellebecq.
Hace diez años leí, gracias a mi hermano, Ampliación del campo de batalla, su primera novela que data de 1994. Me acuerdo de un tal Tisserad, un gordo medio desagradable, empleado de una empresa de informática. Una especie de El extranjero de Camus, situado en el nihilismo plástico y superficial de los 90s.
Me gustó, pero sentía que no era nada que me hubiera volado la cabeza.
Luego de diez años, ya con treinta años, una hija, algunas canas y un poco menos de potencia sexual, abordé Las partículas elementales (1998), su segunda novela.
Este francés de aspecto siniestro y libidinoso nos habla de dos medio hermanos que nacieron un poco de casualidad de una madre de tendencia beatnik y libertina. Una mujer que decidió aferrarse a su juventud perdida, abandonarlos con sus abuelos y dedicarse a cojer con hippies, mientras los dos hermanos sufrían todo tipo de humillaciones y vejaciones en sus colegios.
La mirada pesimista del cultura occidental nunca fue mas contundente que en la visión materialista y desgarrada de este autor.
Nos destroza su visión de como la cultura tan sobrevalorada por todos (sobre todo por mí, toda mi vida), de los hippies, la liberación sexual, la new age, la cultura de la eterna juventud, etc, llevó a un colapso existencial a varias generaciones.
Vivir por un mero placer sensorial, con un misticismo superficial y barato, nos llevó al borde del abismo y el colapso de nuestras existencias sufrientes.
Nunca voy a poder mirar a la revolución cultural de los sesentas con los mismos ojos. En lo particular, este libro fue una bofetada contundente que me cambió muchas perspectivas. Solo igualado en su momento con lo que me generó la lectura de La genealogía de la moral de Nietzsche.
En definitiva, una mirada desgarradora de las relaciones humanas, a las que tanto nos aferramos y que nos muestra lo enfermo y pútrido de esta sociedad.
Si, estamos mal. No vamos por buen camino. Y a veces pienso que lo mejor que le podría pasar al mundo es que desaparezca la raza humana toda. Que es lo que propone el libro.
Pero, también pienso que es verdad que hay bondad y amor, y que siempre nos aferramos a la esperanza de un cambio que nos lleve a una cultura mas avanzada y moral.
Porque estamos mal y todo se esta yendo muy a la mierda.
Léanlo y después me cuentan que sabor les dejó. Un libro muy bravo, pero definitivamente necesario.
Un fragmento muy esclarecedor del libro...
"Nunca he entendido a las feministas... —dijo Christiane a media cuesta—. Se pasaban la vida hablando de fregar los platos y compartir las tareas; lo de fregar los platos las obsesionaba literalmente. A veces decían un par de frases sobre cocinar o pasar el aspirador; pero su gran tema de conversación eran los platos por fregar. En pocos años conseguían transformar a los tíos que tenían al lado en neuróticos impotentes y gruñones. Y en ese momento, era matemático, empezaban a tener nostalgia de la virilidad. Al final plantaban a sus hombres para que las follara un macho latino de lo más ridículo. Siempre me ha asombrado la atracción de las intelectuales por los hijos de puta, los brutos y los gilipollas. Así que se tiraban dos o tres, a veces más si la tía era muy follable, luego se quedaban preñadas y les daba por la repostería casera con las fichas de cocina de Marie–Claire. He visto el mismo guión repetirse docenas de veces"
miércoles, 26 de febrero de 2014
Mi pasión por los libros tiene raíces profundas
Mi primer recuerdo con los libros quizás sea el de manipularlos como si fueran un juguete mas. O como aquellos objetos mágicos que mis padres solían abrir para contarme historias increíbles.
También han sido los libros de mi padre, objeto de mi arte mas primigenio, lo que me valió algún que otro grito o chirlo leve.
Pero a medida que empecé a crecer, los libros empezaron a fascinarme de a poco, como esos objetos mágicos que sigo considerando como tales.
No recuerdo cual fue mi primer libro a ciencia cierta. Pero si recuerdo que mi primer historieta/libro fue Asterix y el caldero. No se porque esta historieta me impactó tanto. Es una Asterix mas de muchas, sin embargo para mi tenía algunas imágenes que me impresionaban mucho. Hoy en día la revisito y veo aquellas viñetas que me llamaban la atención y me retrotrae a aquella primera impresión.
Cuando estaba en primer grado, estaba en pleno proceso de aprender a leer, y teníamos que llevar un libro. Como esta historieta era mi preferida y única compañera, la llevé. Creo que a la maestra, que no era de sus alumnos preferidos precisamente, no le gustó mi elección, Sin embargo ahí estaba yo con mi Asterix, entre libros de fantasía, princesas, hadas y caballeros. Mis dos galos preferidos me hacían el aguante y lo seguirían haciendo hasta bien entrada mi adolescencia.
Recuerdo que después vino Tintin, El secreto del unicornio, y mas luego algunos librillos de cuentos. Entre ellos también estaban los del pajarito remendón y otros textos escolares.
Pero lo que mas disfrutaba eran las visitas a la feria del libro infantil, ahí al lado de Facultad de derecho. Y en esas tertulias entre otros niños, solían encariñarme con los logos como el de Larousse y la chica que sopla el panadero. Y también por aquel entonces empezaría mi pasión por oler libros. De todo tipo, tamaño y antiguedad. Los que tienen olor a nuevos, los que tienen olor a tinta fresca, a plástico, a papel de gráfica, a libro viejo o simplemente a libro. Olor a libro. Tapas lindas de libros. Libros que cortan los dedos, fascinan, enamoran y hasta generan el gusto y agrado de enamorarle a uno.
Hoy en día soy librero o intento aprender la profesión. Estoy contento porque siento que volví a uno de los lugares primigenios donde mas disfrutaba de chico.
martes, 18 de febrero de 2014
Saúl, el anarquista coronado
De acá a un tiempo, un sirio, heredero de aquel otro sirio romano, llegó a las mas altas esferas del poder sudamericano.
Llegó con un engaño, con un promesa de revolución productiva para luego hacer y deshacer mas de cien años de historia.
La historia es así.
Nacido en el norte, en una época en la que todos se acostaban con todos, como siempre y su madre fecundada por vaya a saber quien y por donde.
Eso decía Artaud de Heliogábalo.
Yo digo que Menem lo hizo. Lo seguimos y nos defraudó. Casi vuelve el Carlo por mas. Olvídalo y volverá por mas.
Diez años absolutos estuvo en el poder.
Modernizó el terruño a base de privatizaciones y despidos. La ascención de parte de la clase media y el declive y caía de la otra parte. La abundancia para la alta y la mas absoluta misera para la baja.
Pero Saúl vivía de fiesta en fiesta durante diez años. Orgías, putas, merca y golf en la Rosada.
El precio de la mas descarada corrupción política lo pagaría con la muerte de su primogénito y dos atentados hacia la colectividad judía, de los que no se sabe aún si no fué cómplice.
Un pueblo arrasado en Córdoba para ocultar la venta ilegal de armas al Ecuador y Europa del este.
Cerrar la ruta 3 para llegar a Mar del plata en Ferrari en un hora a mil por hora no es nada comparado con la venta de todos los recursos del estado, un empobrecimiento total de la educación y la desaparición de la clase media trabajadora que tendría que migrar a los suburbios mientras otros se pegaban el viajecito a Miami beach.
Pero el pequeño Saúl tenía mucha merca y orgía encima como para pensar en eso. Mierda, sangre, coca, semen, todo mezclado en la sopa del anarquista coronado.
Leer "Sócrates" al revés en una prisión de lujo, sería todo su castigo.
Olvídalo y volverá por mas.
Post sricptum:
El pequeño hombrecito del norte que acuñó todo el poder en su mano durante diez desaforados años de pizza con champagne, videomatch, corrupción y merca. Y aún así, otro mas poderoso que él, le dijo clarito una vez... el trono que usted ahora detenta es un puesto menor.
Y despareció dejando un estela de azufre por detrás.
domingo, 9 de febrero de 2014
El pibe que amaba el mar
Mi relación natural con el mar es casi como la de cualquier otro. Uno empieza amando zambullirse en sus aguas, a sus anchas y luego deviene cierto resquemor.
A mi particularmente me costó superar ese resquemor. Le temí al mar de muy temprano, pero amé siempre estar dentro suyo.
Siempre tuve problemas con las preliminares. Siempre me costó adaptarme. Y casi siempre tuve un proceso de aprendizaje mas lento que la media.
A mi vida las cosas llegaron tarde, un poco por suerte, otro poco por miedo y otro poco mas por decisión propia. Siempre esperé a último momento para tomar las decisiones mas fundamentales de mi vida.
¿Ansiedad? Si, un montón, pero siempre consideré que si uno sabe valorarla, la vida es larga como para querer quemar los cartuchos tan precozmente.
La sola idea de llegar a los cincuenta años y ya no tener nada para hacer me resulta simplemente desoladora. Por eso siempre choque con aquellos y sobre todo aquellas, que me demandaban mas celeridad, mas rapidez, para poder seguirles en el tren de apuro y locura que enferma a gran parte de la sociedad actual que vive en grados enfermizos de aceleración. Eso no es vivir para mi y siempre lo sentí. Aunque sea inconscientemente desde chico, pero lo sentí. Lo percibí y me sigue sucediendo lo mismo.
El mar tiene eso de inmanejable. Tiene ese don que inspira respeto. Cuando te sumergís en las aguas marinas no es lo mismo que una pileta o la bañera, o mismo un lago o río. Uno siente que de alguna manera pierde algún tipo de control. Y a nadie le gusta perder el control de su vida. Por eso el mar es un buen supresor del ego natural.
Me genera el mismo amor y odio que me puede generar vivir en una ciudad. Donde te da placer y comodidad pero en detrimento de cierto grado de neurosis y paranoia. Uno debe pagar el precio de la locura por vivir en lugares que te dan todo. O casi todo.
La relación con el mar, sin embargo, es mas benigna. Me genera cierto miedo y sobre todo frío, sin voy a mis queridas playas del atlántico sur. Pero también me genera un placer enorme. Estar al sol. Jugar con la arena, sin importarme nada lo sucio que esté. Y sobre todo jugar con el mar. Con las olas enormes. Patearlas. Sumergirme en ellas de cabeza, o de espaldas, o solo dejándome golpear por ellas y caerme sin sentido. Lo disfruto. Me río, juego solo. Cada vez que entro es como volver a esa infancia desprejuiciada.
Aunque de chico tuve problemas para poder lidiar con el frío que me generaba las aguas sureñas, y mi debilidad innata en los pulmones que me impedía contener la respiración y bucear o el hecho de no poder relajarme para flotar como un pedazo de telgopor y así dificultarme hasta hoy en día poder decir "sé nadar". El agua de mar es algo que amo. Amo las olas y las puestas o salidas de sol por el mar. Amo la arena y la sal marina que me chupo de mi piel quemada. Amo que el sol me deje hecho un camarón. Amo la playa, su sonido, sus gaviotas, el viento imperecedero. Lo amo todo. Por que amo este planeta y mi buen sino de haber nacido en el mejor lugar de esta inconmensurable galaxia.
lunes, 27 de enero de 2014
La resignificación del recuerdo triste
-No, pero quiero que el pasado no me rompa a mi.
-¿De que manera podría romperte?
-Y no se... Muchacha...
Entrevista a Spinetta. 1986.
Muchas veces sentimos que hay ciertos recuerdos de experiencias, momentos y personas ligados a determinadas canciones y hasta fragancias.
Se nos hace intolerable por momentos revivir esos momentos, mas si nos recuerdan algún amor perdido o momentos de la época de uno. Sobre todo si esos momentos fueron bellos momentos, porque sabemos que ya no los podemos recuperar y que viven en alguna parte de nuestra memoria. Incólumes e imposibles de revivir. Pero mas que nada mitificados.
Es imposible que no recuerde a V si escucho de pronto el disco Días y flores de Silvio Rodriguez, y aquel año único que fue para mi el 2005.
Imposible que no recuerde a A si escucho The universal de Blur y el 2008. Época en que sonaba mucho ese tema en nuestros momentos juntos.
Todas estas cuestiones nos pasan a todos los que amamos. Algunos las sobrellevan mejor y otros como yo o el flaco, no podemos evitar quebrarnos, aún así hayan pasado casi diez años.
Idealizamos por demás aquellas épocas y creemos que nunca viviremos tiempos así de felices. Sin embargo ese es nuestro error. Ahora mismo estamos viviendo tiempos increíbles, conociendo a personas maravillosas y escuchando otras canciones que, cuando tengamos cuarenta años, nos recordarán este momento que pensaremos, fue único y no supimos valorar.
Somos seres que nos encanta sufrir y llorar por el pasado, somos hombres sensibles con alma nostálgica de tangueros, rufianes melancólicos y nunca estaremos contentos con nuestro presente.
Por eso mismo caeremos víctimas de nuestro propio pasado.
A menos claro que, logremos resignificar todo aquello que está ligado a un recuerdo.
Y eso es lo que estoy haciendo, y eso es lo que esta generando que esas canciones o discos vedados, vuelvan a mi, ligados a otras personas y a otros momentos, que son parte de mi presente, que por ser eso, mi presente es mejor que cualquier recuerdo ficticio de un pasado estúpidamente idealizado.
Vivan el hoy. El pasado pasó y el futuro nunca llegará.
lunes, 13 de enero de 2014
Elogio de la ridiculez
Hay cosas en la vida que resultan ridículas. Muchas veces me acusaron de ser ridículo, pero creo que el summun de la ridiculez se encuentra en las cosas mas simples de la vida. Como la vida misma. Un sinfín de ridiculeces en cadena, una tras otra que se acumulan en un cúmulo infinito.
Camus decía que la vida es absurda. También lo decía el caballero de oro a Hyoga y lo dejaba congelado para siempre.
Ahora bien, si la vida es ridícula en sí, no tiene mucha importancia. La cuestión a tener en cuenta es que si es ridícula pero eficaz, entonces ya nada tenemos que preocuparnos por un futuro incierto.
Así desbaratamos todo rasgo de inmadurez y solemnidad que podamos darle a la nota y ponemos como siempre, un ejemplo clarificador.
En la película de Spielberg La terminal, el personal principal, Viktor Navorski, no puede salir de la terminal de Nueva York porque en su país de origen, Cracozcia (una especie de burla directa a los conflictos de los países de Europa del este), se vive un golpe de estado y por ende el país se disolvió. por lo tanto no tiene identidad. No es un absurdo, porque podría pasar algo así, aunque raramente. Pero toma la dimensión de ridículo, si pensamos que una persona podría ser retenida así en un aeropuerto internacional de tal renombre como el de NY y que nadie vele por sus derechos básicos.
A partir de ahí la película se toma la licencia mas que lícita de encadenar situaciones ridículas, una tras otra. como por ejemplo la vida que empieza a llevar Viktor en el aeropuerto. Primero llevando carritos y luego como obrero de la construcción. ¿Donde podría construirse en un aerpouerto por lo mas construído?
Su fin. Llevar un papelito a un músico de jazz que por la edad y la apariencia de la foto no podría estar nunca vivo. A menos que fuera una especie de Matusalén en potencia. Ridículo.
Su enamoramiento ridículo con una azafata que está enamorado de un hombre de familia que no llama nunca. Ridículo aunque muy factible.
Y luego las extravagancias de la fuente sin que nadie le diga nada. A todo esto el encargado del aeropuerto tiene una especie de rencor mal sano y odio incomprensible por aquel sujeto. Tiene la lógica del odio de aquel que detesta al otro prisionero que refleja su propia imposibilidad de salir de aquella prisión auto impuesta.
Además sus compañeros como el hindú, que no para de comportarse como un viejo estúpido y rencoroso que hace ridiculeces mientras Viktor cena con su imposible amor.
El desenlace por lo mas ridículo de la visa por un día que ella le otorga gracias a su amor y con el cual logra irse finalmente. O sea, donde esta el sacrificio si la mina amaba al tipo que le da el favor a Viktor. Ridículo.
Y el final con Viktor, cumpliendo con el deseo de su difunto padre. Se va en taxi. ¿Vuelve al aeropuerto? No importa. Todo fue una ridiculez desde el principio y poco importa ya que pueda hacer Viktor.
Entonces se nos presenta la sieguiente pregunta. ¿Es la película una verdadera, lisa y llana ridiculez sin sentido? ¿O es un fiel reflejo de un mundo que no para de sorprendernos con eventos que vistos desde lejos, no son mas que puras ridiculeces con un mínimo de sentido?
Spielberg es un maestro ingeniero del cine porque no solo nos engaña con sus mundos fantásticos sino porque también logra reflejar como muy pocos y con una película tan tonta, lo ridículo de la existencia y del comportamiento humano.
Celebramos las ridiculeces, porque de ellas nos alimentamos para seguir vivos, y continuar perpetrando este eterna cantinela del ridículo.
martes, 31 de diciembre de 2013
Chau 2013!
Llevate toda la escoria que trajiste. Llevate a toda la mala onda y a la gente innecesaria y poco feliz. Llevate a los amargos de espíritu. A los refutadores de leyendas. A los frígidos y a los solemnes que no pueden disfrutar un minuto de vida sin amargarse el día. Llevate toda la garufa y mala vibra.
Chau 2013.
https://www.youtube.com/watch?v=NKWCJTRTaJU
Hola 2014.
Chau 2013.
https://www.youtube.com/watch?v=NKWCJTRTaJU
Hola 2014.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Sagitarianas
Las bravas guerreras sagitarianas son como amazonas palpitantes. Me desvelan, me atrapan, me atacan.
Las sagitarianas son como valkirias queridas, feroces, pasionales, amantes.
¿Cuerdas? Un poco locas, un poco brujas. Sensibles. Dionisíacas. Místicas. Sensuales.
La conjunción precisa de nuestro segundo chakra nos hace pensar que fuego contra fuego se alimenta y que todo lo demás, sobra en un mundo donde, si los elementos no coinciden, se destruye el magma perpetuo.
No mas reptiles, ni animales fríos. Ni insectos, ni maremotos. Solo un grado certero de animales mitológicos o cuadrúpedos mamíferos, dignos del amor que se merece un animal de sangre caliente.
Flechazo entonces para este viejo León de Nemea.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Pibes y porqueterías
Era sábado a la tarde y tuve que dejar mis juegos para acudir al cumpleaños. La cita era a las cinco de la tarde en el edificio que estaba doblando la esquina. A las 20 horas era le horario fijado para que nuestros padres nos fueran a buscar.
Leandro festejaba sus primeros diez años de vida. Momento importantísimo para cualquier niño que tenga consciencia de su otredad.
Me di un baño y me perfume con medio frasco de perfume Pibes. Me puse una camisa cuadriculada y unas bermudas. Y zapatillas claro.
Cuando llegué estaban casi todos mis compañeritos del colegio, mas algún que otro familiar de Leandro y amigos de otro lado.
En principio nos juntamos en grupitos. Pero después, la hermana mayor de Lea puso música y un poco se nos incitó a bailar con las chicas.
A mi me gustaba Andrea. Una compañera de piel muy blanca y pelo largo, negro y ondulado. Era un poco sabelotodo, muy charlatana y tenía pequitas en su cara.
Alguien que no recuerdo propuso el juego de la botellita. Otro u otra, propuso algo de un semáforo. Yo no sabía que eran esas cosas. Parecían juegos. Claro, lo eran, pero implicaban besos con las chicas.
Parecía todo un desafío. Tendría o no mi primer beso? Al parecer mi madre me había contado que cuando estaba en el jardín, una compañerita, Celeste, siempre Celeste, nos curzó con su madre en un supermercado y que ahí nomás donde me vió, me estampó un beso con mucha convicción. Al parecer yo me quedé inmóvil y con la cara roja como un tomate. Pero la verdad es que no me acuerdo. Asi que no se si vale...
En esta ocasión, yo solo deseaba que me tocara con Andrea y ninguna mas. Ya ni recuerdo las reglas del juego. Solo se que en determinado momento tenías a merced a alguien y le dabas a elegir entre verde (en el cachete), amarillo (pico), rojo (beso intenso de mas de diez segundos) y para los mas osados ultravioleta (beso imposible de chupón). Nadie se animaba todavía a este último. Pocos años después, en séptimo grado, ya habría varios incursionando en "transar", pero por ahora lo mas osado era el rojo.
Un compañero mío, Ramiro, un verdadero gilipollas, le tocó con Andrea y aventuró con un ultravioleta, pero fue rechazado y Andrea quedó descalificada. A ese Ramiro quería romperle la cara. Bueno, siempre había querido rompérsela, pero ahora me daba mas motivos. Perdía así la posibilidad de besar a Andrea.
Sin embargo otra compañerita me detuvo y me pidió amarillo. Tatiana. Petisa, trigueña, linda. Abría ya un gusto por las petisas que duraría hasta hoy día. Sin embargo el pico pasó rápido y casi ni lo noté.
Algunos se pelearon, otros dejaron el juego. Pero volvimos a jugar y esta vez, Andrea volvía a las pistas. Tuve que tolerar que besara a otro cretino, pero pasó sin pena ni gloria. Para los dos fue indiferente. Dábamos vueltas y vueltas y parecía que nunca me iba a tocar con ella, sin embargo se dió la oportunidad y cuando ya parecía que todos estaban ya aburridos de este juego precoz, Andrea se plantó frente a mi.
En un acto de total osadía le pedí un rojo fuerte. Violento. Al principio no quería acceder, pero todos insistieron ante mi inmutabilidad. Ella finalmente aceptó y antes que pudiera siquiera reaccionar, me agarró de las ridículas solapas de mi camisita y me estampó un besos. Todos se pusieron a contar a nuestro alrededor los diez e interminables segundos. Abrí los ojos y vi que ella los tenía cerrados, y su cara estaba tan roja como un tomate maduro. Yo sentía que era el mejor momento de mi vida. Cuando llegaron a diez, todos vitorearon y ella inmediatamente me empujó y caí en la cama que estaba atrás mío. Salió corriendo del cuarto y a mi me daba vueltas la cabeza. Un par de compañeritos me felicitó y otros me dijeron "guacala, como pudiste besar a Andrea el loro".
Nunca supe si para Andrea fue importante o no. Nunca me animé a decirle que me gustaba. Terminamos la primaria y le perdí el rastro por mucho tiempo. Luego la crucé una vez por los pasillos de Filosofía y Letras, pero creo que no me reconoció.
Y así esa tarde, después que nos dieron la bolsita con los caramelos, me volví a mi casa con mis viejos. Con la cabeza dando mis vueltas, luego de haber vivido mi primer experiencia romántica de mi vida.
Y todo gracias al perfume Pibes.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Café con lex Luthor
Es el mediodía. En un rato parto hacia la librería. No comí nada ultimamente. De todos modos, de buena gana, me tomaría un rico y nutritivo café con leche. Un café "conlex", un café con léxico, un café con Lex Luthor. Simples mentes, porque Lex no puede soportar que un no humano, un ideal nietzscheano, representado en un alien en calzitas, le robe protagonismo en esa sociedad de hambruna que él mismo se encargó de crear. Porque somos como robots, directo al matadero. Ya no creo en los héroes ni salvadores.
Ya no creo poder seguir viviendo con instinto gregario. Para nosotros, la libertad. Para mi, el aislamiento y la soledad. Porque los burócratas anti héroes, los refutadores de leyendas como Luthor, coparon la parada, y ganaron hace rato. Ganó el aburrimiento y el hastío. Ganó la mediocridad y el nihilismo. Ganaron los tecnócratas. Ellos no tienen imaginación. Pragmáticos y burócratas, ellos ganan la pelea desde el comienzo de los tiempos terrícolas. Pero mas allá de todo este mejunje arbitrario de opiniones altamente cuestionables y subjetivas, mi pensamiento se resume a una sola cosa. Quiero tomarme un café con leche. Un café conlex..
miércoles, 4 de diciembre de 2013
La llamada de tu luz
Espanté las culpas de tu amor y todos los pormenores que me trajeron tus reclamos de plazos vencidos. La sintonía de amor se columpió como un mar abisinio de verdades desoladoras para el alma.
Pero la culpa de los desastres universales no tiene nada que ver con tu partida improvisada.
La división de mares rojos y soles grises, trajo como recompensa la fruta pasional del deseo caníbal primario.
Ahora ya nada puedo con tu laxitud extrema. Un día subiste a mi vida y otro día cualquiera te bajaste.
No siento nada. Ni dolor. Ni tristeza. Ni alegría. Ni soledad. Solo una tranquilidad parsimoniosa.
Un temporal se avecina en mi ciudad, pero en tu casa quedaron solo despojos de un amor disfrazado.
Tenga Dios piedad de mi alma pecadora, al intentar amar, con el corazón vacío.
Un día de brusca alegría me reencontré con tu fantasma le pedí disculpas.
El groove pormenorizó la velada.
Soy un gastronómico contento ahora.
Soy un periodista del New Yorker, con la primicia parada.
Soy el leonino irredento, que transforma dolor en placer.
Soy una bola germinal de fertilidad al por mayor.
Soy un Dios greco romano, sediento de sexo dionisíaco.
Soy un lustre para la sociedad conservadora y liberal.
Soy un peronista incorregible que lee a Borges y se pajea con Freud.
Destruyo toda sintomatología de la venganza mas pueril y te digo que tus poemas estériles ya no pueden afectarme. Serás una mala poeta, pero sos flor de puta. Eso te hace seguir en pie.
Mi pecado mayor es tener una lírica tan potente como mi fuerza vital. Y ya mi segundo chakra se funde con otros, para regocijarme en el hecho verídico de que ya no me importa nada de lo que piense o diga alguien que para mis ojos es tan esencial como lo invisible.
Pero la culpa de los desastres universales no tiene nada que ver con tu partida improvisada.
La división de mares rojos y soles grises, trajo como recompensa la fruta pasional del deseo caníbal primario.
Ahora ya nada puedo con tu laxitud extrema. Un día subiste a mi vida y otro día cualquiera te bajaste.
No siento nada. Ni dolor. Ni tristeza. Ni alegría. Ni soledad. Solo una tranquilidad parsimoniosa.
Un temporal se avecina en mi ciudad, pero en tu casa quedaron solo despojos de un amor disfrazado.
Tenga Dios piedad de mi alma pecadora, al intentar amar, con el corazón vacío.
Un día de brusca alegría me reencontré con tu fantasma le pedí disculpas.
El groove pormenorizó la velada.
Soy un gastronómico contento ahora.
Soy un periodista del New Yorker, con la primicia parada.
Soy el leonino irredento, que transforma dolor en placer.
Soy una bola germinal de fertilidad al por mayor.
Soy un Dios greco romano, sediento de sexo dionisíaco.
Soy un lustre para la sociedad conservadora y liberal.
Soy un peronista incorregible que lee a Borges y se pajea con Freud.
Destruyo toda sintomatología de la venganza mas pueril y te digo que tus poemas estériles ya no pueden afectarme. Serás una mala poeta, pero sos flor de puta. Eso te hace seguir en pie.
Mi pecado mayor es tener una lírica tan potente como mi fuerza vital. Y ya mi segundo chakra se funde con otros, para regocijarme en el hecho verídico de que ya no me importa nada de lo que piense o diga alguien que para mis ojos es tan esencial como lo invisible.
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