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Todo hermano mayor lo es en relación a la aparición de un segundo hermano. En el caso de Jona esto se dió cuando algunos meses después de su fortuita aparición en escena otros muchachos entraron al juego. Jona era la sensación total para chicas y chicos, todos lo adoraban. Pero Jona sentía que su talento era limitado y necesitaba de otros que le hicieran la segunda, para así aprender más y potenciar su capacidad. En este contexto es que una tarde de domingo, mientras hacía su función para un grupo de jóvenes pueblerinos, apareció el segundo hermano Juda. Un jovenzuelo que miraba a Jona desde el llano, con admiración por ese hermano mayor motivado e inspirador. Al finalizar su pequeño show Juda se acercó a Jona y se presentó dándole un apretón de mano. Le contó que él también hacía música en el jardín trasero de su casa. Juda había perdido a su madre hacía poco quien había sucumbido víctima de una misteriosa enfermedad. La madre María había ascendido a los cielos del todopoderoso pero era una guía en la vida del joven Juda quien demostró ser un joven extremadamente talentoso. Invitó a Jona a su casa y le mostró algunos trucos que había aprendido en su cítara. Jona no podía salir del asombro que este joven le generaba con su talento innato. Sin embargo Juda era todo lo opuesto a Jona. Era un hijo querido, deseado, amado y ponderado por su padre. Jona no tenía eso y un poco le molestaba que Juda fuera el elegido de Dios a diferencia suya que parecía abandonado a su completa suerte. De todos modos, Jona y Juda se hicieron grandes amigos y rápido comenzaron a trabajar juntos para complementar su talento. Jona aprendió tanto de música de Juda como Juda aprendió sobre carisma y actitud de parte de Jona, el hermano mayor. Juntos estaban destinados a cambiar al mundo. Aunque todavía no lo sabían.
A los pocos meses, junto con otros dos chicos formaron la primera agrupación del pueblo. Se llamaban Los dorados bardos por su estilo abiertamente juglaresco en el campo de la música popular de Las Tierras Medias. La agrupación comenzó a hacerse cada vez más popular ya que el carisma de Jona y el talento musical de Juda hicieron de aquella banda un conjunto muy carismático. Sobre todo para los jóvenes hijos de los granjeros tan desacostumbrados a todo lo que es novedad. En breve comenzaron a girar por los diferentes pueblitos de la zona para dar su show en plazoletas y parques. Pero cada vez que Jona volvía a su casa lo esperaba la severidad de su tío Arón que no solo no comprendía este nuevo estilo de vida sino que lo reprendía, recordándole que ahora que era grande debía aportar a la casa. Si no podía traer una moneda al hogar tendría que irse con el a trabajar a los campos. Por otro lado, el joven Juda tenía todo el apoyo de su padre que lo instaba a continuar dandole rienda suelta a su innato talento musical. Claro que el padre de Juda tenía eun mejor pasar económico siendo este un importante comerciante de la Villa. Pero además era un hombre de mente mucho más abierta, y se sentía cómplice con su querido Juda. Jona llegaba a los ensayos en la casa de Juda angustiado por la situación que vivía con su tío. Juda lo miraba sin comprender del todo pero aún así lo instaba a que siguieran creando nuevas melodías juntos. Uno estaba frustrado, angustiado, el otro en cambio estaba contento y motivado. Según Juda si continuaban por ese camino lograrían grandes cosas. Y en verdad no se equivocaban.
Para colmo de males Jona conoció a Esther, una joven pueblerina de su barrio y juntos hicieron el amor sin saber nada al respecto. Para Jona la poco atractiva Esther era una posibilidad de escapar de su casa y que su tío no lo volviera loco con su exigencias. Además era una forma de descargar su intensa energía sexual que venía acumulando desde su infancia. Pero aquello no salió como Jona hubiese querido. Esther pronto quedó encinta y cuando parecía que Los Dorados Bardos comenzaban realmente un camino parecido al éxito, las cosas se detuvieron. Jona no podía hacerse cargo del hijo que tendría con Esther y pensó en huir lejos, más allá del Reino, atravesando mares, rios y montañas. Pero Esther le convenció para quedarse a su lado. Ella apostaba al exito de Jona y pronto volvieron las buenas noticias. Sus presentaciones populares se hicieron famosas por todo el reino y se corrió la bola de boca en boca de que aquellos muchachos hacían vibrar a todos allí por donde pasaban. Pensaron en hacer una verdadera gira hasta llegar al centro del reino, la ciudad lejana del sur. Pero Jona y Juda se dieron cuenta que necesitaban más talentos para estar a la altura. Juda le habló a Jona de un chico muy talentoso que podía estirar las cuerdas de la cítara como nadie nunca había hecho jamás. Jona le dijo que estaba bien, que trajera a aquel gurrumín para ver si era cierto lo que el presumido de Juda decía. Una de aquellas tardes en que volvían de un pueblo todos abarrotados en una vieja carreta, Juda le presentó a Jona al joven talento. Se llamaba Sila y parecía un niño a ojos de Jona que lo miró con cierto desdén. Pero Juda instó al joven muchacho a que le mostrara lo que sabía al hermano mayor que andaba con su eterna cara de preocupación, pensando en como haría para mantener al hijo que venía en camino. El pequeño Sila destapó de un trapo viejo una citara desvencijada que parecía a punto de romperse. Sila era el más pobre de los tres, pero con su cabellera muy revuelta y una cara de absoluta confianza, comenzó a tocar unos punteos que dejaron a todos pasmados en la carreta. Jona quedó tan sorprendido que volvió a sonreir después de varios días de andar con cara de fantasma constipado. Tomó por el hombro al pequeño Sila y le dijo: Estás adentro.
Pocos meses después tocaban por toda la vieja isla y sus seguidores se multiplacan por montones. Un amigo de Jona, el primo Levi, se incorporó como su representante. Ahora estaban organizados y encaminados directo al éxito. Cambiaron su nombre al más escueto y adusto Los Bardos. Sin más vueltas ni vericuetos. Su estilo era directo, certero y hacía bailar a grandes y chicos allí por donde fuera que vayan. Hasta salieron del reino una vez, llevados en barco a las tierras de más allá. Al país de los viejos godos donde una turba infame de jovenes los esperaban ansiosos. Se presentaron en el primer pueblo que pisaron y fueron el éxito del primer fin de semana. Pero cuando se enteraron en aquel pueblo que el Sila era más chico de lo permitido los mandaron de regreso a casa. El pequeño hermano volvió llorando todo el camino de regreso, sintiéndose culpable. Juda estaba irritado por el contratiempo hacia el éxito, lo mismo que Jona que tenía mucho más que perder aún. Sin embargo, Jona tuvo un acto de piedad hacia el menor de los hermanos y se sentó al lado del pequeño Sila que no paraba de llorar. Jona puso su brazo encima de Sila y lo contuvo. Tranquilo, le dijo, ya vamos a volver. Luego lo miró y le dijo vos sos nuestro hermano menor. Siempre vamos a cuidar de vos. Sila dejó de llorar y abrazó con fuerza a su hermano Jona, el hermano mayor. Luego se quedaron mirando las olas del mar en aquel día frío y gris de otoño. Sonrieron porque sabían que no faltaba mucho para la batalla final.
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