martes, 10 de enero de 2017

País miopía


En el país miopía viven los que no pueden ver, los que aprietan los ojos, los que se esfuerzan por comprender las miradas por venir.
En el país Miopía vive María, la de los pelos largos, y vista de lince. La que mira sin ver, la que oye sin escuchar, la que baila sin comprender.
En el país miopía vivimos los ciegos, que vemos solo lo que nos gustaría que fuera, pero no entendemos que somos.
En el país miopía, los ciegos son los corderos, y el tuerto es rey.
Un mundo sin comprensión es un mundo sin animadversión. Destruimos nuestros cerebros buscando la palta que nos de algo para morder. Masticar sin saborear. Repetir sin elaborar.
Entonces, vivimos en el país miopía, que sin buscar, a tientas, busca regurgitar lo mansillado, para devolver lo procesado.
Somos tontos, estúpidos, necios, que rechazamos lo poco bueno que hay, por lo que digerimos en el cajón bobalicón de la estupidez abyecta. Y así somos lo que otros quieren seamos.
Miopes de alma y espíritu, siomes de corazón.
Dame algo con lo cual romper nuestra ceguera mortal que nos impide ver las cosas como son de verdad, para así cortar por lo sano con el absurdo meticuloso al cual nos tienen acostumbrados los rectores idiotas del mundo antiguo y desgranar toda la furia que tenemos dentro, para volcarla entonces en el mar coralino de la mediocre idiosincrasia conservadora.