miércoles, 4 de junio de 2014

Javito


Cuando tenía entre diez y doce años, vivía por mi antiguo barrio de La Boca un pibe al que le llamaban Javito. Javito era malo. Era el pibe malo del barrio, mezcla de pandillero de los suburbios y proyecto de matón y kapanga en un futuro.
Se sabía que Javito venía de los conventillos de La boca profunda y que robaba, y pegaba, y todos le teníamos un julepe bárbaro a este tal Javito. 
Nosotros vivíamos en Catalinas Sur, un barrio medio careta, donde una clase media seudo progre, se daba los lujos de una escuela, una iglesia, su propio destacamento de policía, playas para autos y hasta un grupo de teatro, tristemente célebres y progres... 
Entonces había noches en las que los morlocks bajaban de los morros y las favelas y hacían estragos entre la gente bien del barrio. Esas noches eran conocidas como las noches en las que invadían los bárbaros, y todos nos encerrábamos en nuestros edificios torres. 
Algunos valientes salían a merodear las calles con cadenas y palos y enfrentar los malones de la gente de escasos recursos, que venían a romper con el orden y la paz barrial y a traernos sus palabras de rencor y sus crímenes de odio. 
Javito era uno de siete hermanos, se comentaba, y era el mas bravo de todos, sin ser el mayor. Parece que Javito tenía a su padre en la cárcel y nunca había recibido afecto. La cuestión es que Javito se convirtió en un malandrín en poco tiempo a su corta edad. 
Yo me lo crucé en tres ocasiones muy claras. Su fama lo precedía, y aunque no iba al mismo colegio que yo, una vez me lo señalaron y me dijeron que aquel era el famoso y peligroso Javito. 
La primera vez fue en el quiosco del barrio, "Charly", yo estaba ahí con Emmanuel, comprando golosinas o gaseosas, cuando apareció Javito, peló una billetera forrada de guita y se compró no se que extravagancia o cigarrillos, porque él empezó a fumar mucho antes que nosotros supiéramos que carajo significaba fumar. 
Otra vez, el contacto fue mas directo. Yo había sufrido mi primer robo a manos de otro malviviente, cuando yendo por el barrio un día nublado, dos chorros me afanaron la pelota de fútbol que llevaba en mis brazos.
No importan aquellos pormenores, la cuestión es que ya estando sensibilizado por aquella secuencia, Javito se acercó a donde estábamos peloteando con mis amigos y me pidió imperativamente que le pasara la pelota. Dudé, pero consideré que era peor si me negara, como un acto de mala fe. Decidí confiar en mi suerte y le pasé la bocha. Total era mejor perder una pelota insignificante, (yo ni siquiera jugaba bien, ni tanto), que perder los dientes... o la vida. 
Javito despreocupado y sin muchos rodeos se puso a hacer jueguito con mi pelota por unos aproximados diez minutos, después la pateó a la mierda y se rió a carcajadas, y después se fue tranquilo. Suspiré. 
La tercera vez, el encuentro fue menos amistoso. Subimos con Emmanuel a unos cutre video juegos que había arriba de un supermercado chino y para nuestras desagradable sorpresa, Javito estaba ahí con un par de malandras haciendo de las suyas. El lugar era realmente piojozo y parecía una trampa mortal, eso y además que los juegos que tenían eran malísimos y la mayoría ni funcionaban. Decidimos irnos de inmediato, pero para nuestra mala fortuna, Javito se había apoltronado con otro rufián, en las escuetas escaleras del lugar y al momento de pasar sentimos miedo. Yo pasé justo al lado de él, y sin que medie palabra alguna, Javito me azotó una soberana patada en el trasero y a continuación rió a carcajadas con su amigo, como solía hacerlo. Me di vuelta y me miró y decidí dejar mi tano calentón de lado y bajar lo mas rápido posible del lugar. Nos fuímos corriendo. Todos le teníamos un miedo visceral a ese pequeño renacuajo de Dios. 
Me quedé enbroncado un tiempo, y aunque yo en esos tiempos, solía ligarme a piñas con mis contemporáneos mucho mas que ahora, un enfrentamiento con Javito era simplemente una locura. Nadie sabía muy bien si iba armado, pero se sospechaba que si y que de hecho afanaba a gente grande. Los niños como él era apenas un mero divertimento. Por eso no me afanó la pelota ni me cagó a piñas cuando pudo. 
Eramos simples niños y él ya era mayor, aunque tuviera un par de años menos que yo claro. 
Javito era tan famoso en el barrio que hasta se cantaban canciones de él. Como en las leyendas. La mas famosa quizás sea la versión de "feliz feliz en tu día" que se cantaba en los cumpleaños, luego de cantar el famoso cumpleaños feliz. 
La letra, no recuerdo bien, pero creo que era algo así... a ver... "feliz feliz en tu día, ojalá que te mueras de sida, te coja JAVITO en la vía, y te mueras de verdad..." Era realmente siniestra la inventiva de los niños en aquellos años locos de los noventas. Pero la cuestión es que Javito era famoso, quizás solo en el barrio y tal vez pocos lo recuerden hoy, pero así fue un tiempo y realmente nos perseguía en pesadillas. 
Después de un tiempo no se supo nada mas de Javito y algunos comentaron que obviamente estaba en la cárcel, porque el crimen no paga, etc, etc. El rumor mas famoso que corría en aquellos tiempos era que había violado a una nena en el tren que va a Mar del plata, o que se había colado, o una combinación de ambas cosas. La realidad es que nadie supo mas nada de él, ni de sus horrendos hermanos y secuaces. 
Luego de un tiempo se sospechó que de seguro habría muerto y pasó al olvido. 
Al manos para la mayoría de los vecinos que vivieron en La boca por aquellos mediados años 90s, sin embargo otros todavía recordamos el horror, el miedo, temor sin sentido de aquel niño, especie de Chuky y heredero directo del petiso orejudo, que azotaba a los nenes bien del barrio Catalinas Sur y a veces nos visita en sueños y nos manguea algo, o soñamos que le hacemos frente en una pelea y le ganamos o nos roba y nos clava una navaja en la panza y caemos al frío pavimento, al lado de las vías, con diez años de edad, en los olvidados y pasados años noventa. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

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