Cuando pensamos en boxeo, muchos son los nombres que se nos vienen a la cabeza: Muhammed Alí, Joe Louis, Mike Tyson, Sugar Ray, etc, etc, etc... también a nivel nacional tenemos lo propio: Ringo Bonavena, Carlos Monzón, Nicolino Locche, etc... Además de que también pensamos en sangre, sudor y lágrimas, ya que la vida de los boxeadores suele ser de lucha y sufrimiento, en muchos de los casos más resonados al menos.
No voy a plantear una historia del boxeo porque no es la idea y ni siquiera soy un gran aficionado a este deporte o disciplina de combate, como quien llamarle. Creo que es una disciplina más pero pocas son las veces en las que me junté con amigos para ver una pelea en Combate Space, los sábados a la medianoche. Tiene algo de vértigo, mística de juntada futbolera, pero creo que tambíen es en parte por la onda argentina que le ponemos a las reuniones con amigos. No importa tanto el qué, sino más el como. Y en relación a la identidad argentina y el box, creo que hay dos películas (excelentes y recomendables ambas), que vienen al caso para ilustrar un poco la idea que vengo teniendo.
Hace poco volví a ver Toro salvaje (Raging bull) de Martin Scorsese y Gatica, el mono de Leonardo Favio. Dos directores colosales desde mi punto de vista, con ópticas y miradas bien diferentes. Ideales para exponer el contrapunto que quiero desarrollar.
En un lado del cuadrilatero (sic) tenemos una película como Toro salvaje de 1980, dirigida por Scorsese, un joven director neoyorquino que ya había hecho grandes películas como Calles salvajes (1973) y Taxi driver (1976), esta última nominada al Oscar a mejor película. El hecho de que un peliculón como Taxi driver haya perdido con Rocky, parece menos una coincidencia de lo que parece. Creo que hasta ese momento, Taxi driver fue la mejor película de Scorsese y merecía ganar el premio de la Academia (aunque me guste Rocky) pero creo que la obra de Scorsese con De Niro es oscura, expositiva y visceral, una postal de la cruda sociedad de NY de los 70s. Un país en decadencia, donde la solución no está en los políticos falsos sino en una especie de héroes anónimos (un poco bastante exaltados). En cambio Rocky es una especie de cuento, de fábula. Es el molde de película Hollywoodense, donde un don nadie, de la noche a la mañana tiene su gran oportunidad, conoce el amor, y es buenudo. Rocky es adorable, nadie lo niega, grandote y tontolón. Todos lo queremos, pero es casi una fantasía, por lo general los boxeadores son gente oscura, marginal, con pasados y orígenes difíciles. No digo que todos sean así, pero los casos más resonados y famosos si. Rocky es menos una película de boxeo que una fábula de sueño Americano, que no tiene nada de malo en sí, pero nadie se la toma como una película realista. Es pura imaginación del bueno de Silvestre, que hizo su gran aporte con ello a la historia del Séptimo arte.
Volviendo a Toro salvaje, en 1980, Scorsese vuelve a las tablas con De Niro haciendo la vida de Jake L Motta, un boxeador que existió y que de hecho vivió hasta hace pocos años. El filme está lejos de la fabula tierna de Rocky. Nos ofrece la historia sórdida de un boxeador de NY, de origen humilde e italoamericano, igual que Rocky... pero completamente diferente. La Motta es un tipo agresivo, medio bruto y sobre todo, un posesivo del carajo. En la película se nos muestra como a su primer esposa la abandona, le grita o rompe cosas. Jake tiene a su hermano menor Joey (interpretado por el gran Joe Pesci), que lo acompaña, le hace de manager y a veces le pone fichas para que ponga en su lugar a su esposa. Luego Jake conoce a Vickie, una hermosa rubia del bronx, y comienza una nueva relación. La cosa marcha bien, en el medio Jake gana y pierde peleas. Siempre está cerca de conseguir el título de peso mediano y al final lo pierde por puntos. Jake se nos muestra como un tipo por momentos calmo, acepta las derrotas para luego desquitarse con absurdos ataques de celos hacia Vickie. El derrotero de la película continua con este drama, donde Jake se nos muestra por momentos como un verdadero imbécil y canalla, poseído por unos celos infernales que lo llevan a desconfiar de su hermano. En una escena donde lo faja y luego le pega a Vickie, cayendo en lo más bajo. Luego consigue el título y luego comienza la debacle. Empieza a engordar, se tira a chanta, diríamos y luego pierde el título. Tocó el cielo y luego no lo supo mantener. Todo el hampa de NY lo desprecia porque es un violento y no presenta sus respetos. Saben que en un celoso impredecible asi que de a poco Jake se va quedando cada vez más solo. Al final tiene su bar, el Jake La Motta´s club, donde se dedica a amenizar las noches. Hasta que lo meten en cana por dejar entrar a menores de edad. NO queda claro si hubo estupro o no, pero al final lo meten en cana por no poder pagar la fianza. Cuando sale, vemos que perdió el poco estatus que le quedaba y ahora cuenta chistes malos en un bar de mala muerte donde nadie lo respeta. La película termina y uno piensa y que habrá pasado con este tipo. La realidad es que la peli llega hasta 1960, y la peli es veinte años posterior a eso, y el tipo murió en 2017. Hierba mala nunca muere, dicen. Increíble que un tipo así haya vivido tantos años. Lo que me pasa es que en ningún momento me siento identificado con Jake, porque es un tipo despreciable en verdad. Nada de él me cae simpático. No tiene sentido del humor, aparte de que es un cerdo. Por lo cual, debe haber sido muy dificil interpretar a alguien así. De hecho de cae mucho mejor su hermano, o Vickie. Pero no, la peli muestra un mundo de poca o nula paz, alegría o amor. Allí todo es pelea, violencia y abuso. Entiendo que es el tono que Marty le quizo dar a su película, pero por dios... que tono mama mía. O sea, un drama drama, de boxeo si, pero dramón.
Ahora bien, del otro lado del cuadrilátero tenemos a Gatica, el mono (1993) de nuestro querido Leonardo Favio (que tantas veces he ponderado como mi director local preferido), y la cosa es bien distinta. Muchas veces se ha cometido la injusticia de decir que Gatica es una copia de Toro salvaje y la verdad es que nunca escuché una crítica más vagoneta y poco fundamentada. A ver, si, está claro que Favio debe haber visto Toro salvaje y hasta quizás lo inspiró para hacer algo así pero con un boxeador de acá, pero eso es tan solo una parte de todo el asunto. Nadie puede acusarlo de tomar inspiración en otra película, pero si las analizamos vemos que se tratan de películas bien diferentes, hasta antagónicas si se quiere. Antes, repasemos un poco a Favio. Su opera prima data de 1965 (Crónica de un niño solo) una hermosa (y cruel) película sobre infancias vulneradas. También podríamos hacer una comparativa con Los 400 golpes (1959) de Truffaut... inspiración o plagio? El caso es similar, la inspiración está, y quizás aquellas otra también se inspiraron en películas anteriores. El tema es si contas lo mismo de la misma manera o contas algo diferente de diferente forma (aunque haya similitudes en los tópicos). Gatica es su séptima película, y en el momento del estreno de Toro Salvaje, ambos contaban con seis largomentrajes.
Entonces, lo que podemos ver es que Gatica y Toro salvaje son dos propuestas bien distintas, desde lo argumental, pasando por lo estético y lo narrativo. Siempre comparar una película de EEUU (aunque esta sea de Scorsese que tiene un perfil más independiente), con una producción local, parece una comparación imposible. Por la producción, por la guita invertida, y a veces por lo actoral. Está claro que sobre todo en esto último, la de Scorsese le saca un par de puntos a la de Favio. No por nada la interpretación del nefasto La Motta le valió su primer Oscar a mejor actor al querido De Niro. En cambio, Edgardo Nieva hace un buen papel de Gatica, muy distinto. Por momentos mucho más bufonesco e histriónico que lo que representa De Niro. Pero me atrevo a decir algo que puede sonar a herejía, a veces le veo mas sentido a Nieva como Gatica que a De Niro como La Motta. No creo que sea una cuestión de capacidades, pero creo sí que hay algo ahí que tiene que ver con la identidad de cada pueblo. Porque por más italoamericanos que sean los Scorsese, De Niro y Pesci... creo que los Argentinos tenemos más mescolanza en nuestro ADN. No somos solo italianos en Argentina, somos indios, latinos, criollos, mulatos, españoles, judios, polacos, etc, etc... Entonces ahí lo tenemos a Gatica el tigre puntaño, un moreno venido de San Luis desde muy chico a Buenos Aires. Sus orígenes son bien latinoamericanos. No es un tipo de clase media baja como La Motta, es un tipo de abajo, bien de abajo. De esos que venian a Buenos Aires con lo puesto. Gatica solo tiene a su amigo el Rusito, seguro algún hijo de inmigrantes, que es su amigo fiel. El lo cuida, lo banca y es un poco la voz de su consciencia. No tiene la misma maldad aunque moderada como es el caso de Joey y Jake La Motta. Acá, el ruso es un amigo fiel, es como el Pepe Grillo, solo quiere el bien para Gatica. Que si, Gatica es mentiroso, fabuleroi, agrandado, medio traicionero y mujeriego. Un papelonero de ley, con ese aura de argentino agrandado. Puede gustar más o menos, pero por momentos es un tipo adorable, cuando esta cantando tango y se mea encima, o cuando habla de la gallina ponedora. Él sabe que es un bruto, pero es un tipo que también se da cuenta que se equivoca, y sufre y llora por su perro que atropellan. Es un personaje más complejo que La Motta, porque lo queres matar, a veces te cagas de risa, llorás con él. En fin, es un sinfin de emociones, como Argentina, el país por excelencia con altibajos.
La estética, ni que decir... Toro salvaje maneja una estética cuidada, en blanco y negro, con encuadres grandes y cámara lenta. No en los momentos de combate, sino en momentos más introspectivos, cuando menos lo esperás, como cuando están Jake y Vickie en el golfito. Es una estética que le debe más a la nouvelle vague y al cine independiente americano. Estéticas cuidadas, encuadres perfectos, retratos en sepia. Lo de Gatica podríamos decir que tiene algo de eso también pero además el neorrealismo italiano que siempre influenció a Favio, como un aporte fundamental. Si Crónica de un niño solo es la versión de Los 400 golpes, pero a la argentina, o sea pasada por el filtro del neorrealismo italiano, lo circense y la viveza criolla. Gatica es algo similar, siempre están los paneos, los pasajes, los planos largos. El travelling alrededor de la pelea. Los planos fuertes de rostros ensagrentados exageradamente, a todo color y con los golpes en cámara lenta. Todo bastante diametralmente opuesto a lo que buscó Scorsese. Además, que en la peli del oriundo de Nueva York, la música brilla por su ausencia, en la del Mendocino, la música es la pieza clave de su cine: Desde grandes orquestaciones dramáticas, hasta cumbias, cuartetos casi juglarescos, o unos cantos gregorianos tremendos, en medio de su sangrienta pelea con Alfredo Prada. Y es que, así como en Toro salvaje estaba el rival clásico de La Motta que era ni más ni menos que Sugar Ray Robinson. En Gatica el mono, esta Prada, el boxeador rosarino con el cual Gatica se daban con todo. Gatica era peso ligero, un poco menos que La Motta, pero se dice que cuanto menos peso, más duro se dan... y más largos los combates. En fin, si hay una herramienta que sí está utilizada de una forma similar, es el transcurso de peleas una atrás de otras con cartelitos donde pone el rival, como ganó y la fecha. Pero es que es un recurso super sencillo y sirve para que la historia avance, son como elipsis que en una película sobre un boxeador histórico queda perfecto. No hace falta cambiar lo que ya funciona bien y es útil. Luego, casi todas las decisiones estéticas, como dije, van por otro carril. En Gatica predomina el grotesco criollo, los gritos, la exageración, los llantos, el drama y la comedia. Intensidad 100% criolla. En cambio, en Toro salvaje, y para ser una película de italoamericanos, todos los actos son más medidos, las actuaciones mñas medidas, mas contenidas. Hay violencia, pelea y gritos, si, pero todo se siente bajo un control casi milimétrico, porque... dime en que país vives y te diré como es tu intensidad. No puedo dejar de mencionar justamente esto: la diferencia entre Toro salvaje y Gatica, el mono, estriba más allá de cuestiones tecnicas o estéticas, en el ADN de cada peli. Las dos son excelentes, y una tiene 8 puntos y la otra 7 y pico en IMDB. Pero eso no importa, ambas son valoradas, porque ambas muestran un poco la vida de dos boxeadores que vienen de abajo, dos brutos, dos héroes de barro. Dos tipos que son despreciables con sus mujeres, machistas y violentos. No hay héroes de fantasía acá como en Rocky. No digo que todos los boxeadores sean tipos violentos o despreciables como vemos a La Motta y Gatica, pero convengamos que históricamente han sido gente que viene muy del llano. Con poca educación y en ambientes hostiles y machistas. Pero lo que más me interesa en esta comparativa es el contexto de cada historia.
Ambas películas manejan casi los mismos tiempos históricos, comenzando el derrotero pugilistico en ambos casos a principios de los 40s y finalizando a mediados de los 50s. En eso son realmente (y es notable) historias paralelas. Pero mientras que Jake La Motta consiguó ser campeón en 1949 y retener el título dos años, Gatica no tuvo tanta suerte ya que nunca se coronó campeón, al margen de haber ganado muchísimas peleas. Lo que le dio el nombre de Rey sin corona o Campeón del pueblo. Porque Gatica era adorado popularmente por gran parte de los aficionados locales. Claro que tenía a Prada como representante de la contra, pero Gatica era el héroe popular de aquellos años. Años que coinciden con el Peronismo clásico 1946-1955, y si bien Gatica ya venía peleando de algunos años antes, durante el período Peronista, José María Gatica supo ser el héroe pugilistico del Peronismo. Y aquí es donde reside la gran diferencia entre Toro Salvaje y Gatica el mono, si sólo contenplamos sus vidas, son a decir de Plutarco (casi) vidas paralelas, por la época y por la subida y caída. En un caso un celoso violento imposible, en el otro un mujeriego, engañador y agrandado; ambos son queridos y despreciados. Ambos son víctimas de sus propias debilidades y lidian como pueden con su sonora caída. Pero quizás, la diferencia estriba en que mientras Toro salvaje es la historia de un boxeador polémico que tuvo su auge y caída, Gatica va un poco más allá de esa parte. Porque además, no cuenta la historia de un país, de un momento histórico clave de Argentina, que marcó un antes y un después que continúa hasta hoy en día. Porque ya sabemos que, al margen de que Favio fuera peronista, tampoco es un fanático condescendiente. Para cuando hizo Gatica (1993) ya habían pasado los 70s con su vorágine de violencia política, la sangrienta dictadura militar, el decepcionante gobierno alfonsinista y ahora, en pleno auge de un Menemismo vende patria, nadie podía ser ingenuo y optimista en ese momento, respecto al Peronismo. Sin embargo, Favio apostó a la vida de Gatica, para contar los orígenes del Peronismo. El auge popular, la fanfarria, la fiesta nacional y popular, el exceso, la mística y la mitología. Todo condensado en una película de dos horas de una manera perfecta. Porque si, el elemento político es lo que diferencia a Gatica de Toro salvaje. Mientras esta última es un retrato estilizado sobre un boxeador perturbado, la otra es un retrato de lo mismo pero además es también de una sociedad, de un pueblo y de un movimiento político popular que sigue movilizando (a veces más, a veces menos) las masas 80 años después. El auge de Gatica, con su pelea en el Madison Square Garden, la cantidad de minas, los trajes caros, los autos, todo un despilfarro de guita que el tipo no sabe cuidar, porque si, es un cabeza. Vive el día a día porque de chico no tuvo nada, y cuando lo tiene le saca todo el jugo. Y luego, empieza de a poco la debacle, porque no se cuida, porque no entrena, porque se entrega a los vicios. Y además, no tiene ningún problema en mostrarse junto a Perón y Evita, porque para él (como para muchos) pensaban que aquel momento histórico de grandeza popular iba a durar parea siempre, que los desplazados habían sido reivindicados y que no había vuelta atrás. Pero las fuerzas antipopulares nunca se rinden, siempre buscan destruir a los de abajo, para sentirse que ellos siguen estando arriba. Con la caída del Peronismo cae Gatica y cae toda esa fiesta de cultura popular. Y la caída de Gatica es más dramática que la de La Motta que cae preso por ignorante y sórdido. La caída de Gatica es sonora porque cae con las clases populares. Pierde a su familia, vuelve a la villa, es obligado a tomar trabajos denigrantes para su rival prada, donde es humillado en la entrada de un restorán diciendo: Buenas noches, buen provecho, a todo bicho que entra a morfar. Lo descansa un gordo. Karadajian, en una muestra de lucha, lo lastima con una toma de Catch y lo deja rengo. De a poco Gatica se descascara, se rompe, pero mantiene su altanería, sólo que ahora que está proscripto por el gobierno militar que hechó a Perón, lo dice en voz baja. El rusito aún lo acompaña, y sabe que lo que más le molesta a Gatica es que no lo respeten. Antes gritaba Gorilón, a mi se me repeta, o Para hablar con Gatica, se pide audiencia. Casi como si fuera un diplomático o un Rey sin corona. Estaba excatamente donde la gente lo había colocado. Y ahí se quedó, hasta que murió pocos años después de la caída de perón, en el 63. Por lo que ni siquiera pudo ver la vuelta del General en el 73. Pero cada vez que volvía humillado del restorán en la Boca, cruzando el Riachuelo a la Isla Maciel, Gatica susurraba... dejá nomás, deja... ya van a ver cuando vuelva el General. Como diciendo, ya volverá la justicia, y todos los que estamos ahora humillados y ofendidos por los militares, por la oligarquía y por los gorilones de siempre, seremos redimidos. Porque el Peronismo se convirtió desde su aparición en eso, en una posibilidad de que las clases trabajadoras fueran redimidas. Y por eso, siempre el pueblo Peronista está esperando el regreso, una vocación muy cristiana por cierto.
Así que bueno, esta es mi visión acerca de dos grandiosas películas, donde desde diferentes ópticas y para contar no siempre lo mismo, se ultiliza la vida de estos dos boxeadores, dos ídolos trágicos, uno norteamericano y el otro argentino, ambos con su auge y caída, pero son sus diferencias esenciales donde el norteamericano (aún con sus desgracias) sigue anclado en un sistema rígido de una sociedad estructurada y organizada. Mientras que el otro flota en los vaivenes políticos de un país que no logra consolidarse debido al tironeo entre dos modelos de país. Lo que los yanquis finiquitaron en su guerra de Secesión (1861-1865), nosotros seguimos tratando de resolver (pareciera) sin posibilidad de solución.


No hay comentarios:
Publicar un comentario