miércoles, 15 de junio de 2011

Fantasías animadas de ayer y hoy


Presentan...
Todo lo que usted siempre quiso saber sobre la desintegración intelectual y nunca se animó siquiera a mencionar...
Un buen día de estos, atravesado por la lógica contemporánea del consumo masivo, me decidí ir a vivir al bosque, a la vera de un río.
Me llevé mi notebook por si las moscas pero no tenía internet, así que me dediqué a la escritura. Escribí escribí y recontra escribí.
Saqué casi todo lo que tenía dentro y me estaba matando. Viejas confidencias, secretos, recuerdos, antiguas amistades y amores perdidos, sueños y deseos que nunca pudieron concretarse.
Luego pasé el invierno, fue duro, los inviernos suelen ser duros para mi. Me cuesta pasarlos.
Me generan mucha melancolía y desazón. En mi vida, todos los inviernos significan la pérdida de algo muy preciado para mi, por eso tomé la determinación de cortar todo yo en otoño, para que así después no sufra el síntoma de la estación aniquiladora de sueños.
Pero ese tipo de vida me desgastó, tirar todo por la borda antes del invierno siempre, es un acto por demás alienante.
Destruye mi capacidad de construir y reelaborar, es un falso aliciente y como todo placebo, su charada es descubierta finalmente por el propio inconsciente y deja de surtir su deseado efecto.
No podía escribir mas, por eso también me escapé a otra ciudad, a otro lugar, y conté todo lo que tenía que contar. Los árboles y las plantas, así como los animales, fueron mis testigos, mis oyentes, mis confidentes.
Nada malo brotó de todo aquello, pero finalmente tuve que tomar la decisión de volver con los míos, escaparse es bueno, pero sólo si uno sabe que no volverá.
Entonces atado a mi destino, tuve que cubrir las viejas heridas con un improvisado pancután y retomar la batalla de la supervivencia y el éxito.
Nada es fácil, nunca nadie dijo lo contrario, pero los viejos profetas de lo eterno, no siempre cuentan toda la verdad.
No hay que fiarse de los falsos ídolos, no hay que tomar como cierta la palabra de nadie, no hay que sacralizar lo que dicen los libros, pero tampoco podemos vivir de forma nihilista siempre.
Hay que madurar, hay que volver al mundo, yo volví y acá estoy, pero a la vez sigo allá, aunque este acá, por que puedo estar acá y allá al mismo tiempo. Es un don que los dioses pusieron en mi, el de bifurcarme en la consciencia de los demás. Estoy en todas partes donde alguien evoque mi recuerdo.
Vos también podes estar si querés, dijo David.

1 comentario:

Irene dijo...

Ja! me encantó.