martes, 18 de agosto de 2026

Moe Howard o como hacer de los tiranos un chiste viviente


¿Quién no se ha reído a carcajadas con Los 3 chiflados? ¿O con la pantomimas de Chaplin? ¿O la cara de póquer de Buster Keaton?

Todos estos humoristas clásicos tenían el chiste, lo histriónico, el slapstick a flor de piel. Peor además de hacernos reir, nos alertaban cuando un payaso con todas las letras se hacía del poder político en algún lugar perdido del planeta. Y no sólo eso, sino que ese payaso mediático tenía el poder de tener la vida de miles de personas en sus manos. Ya sea haciendo guerras, campos de concentración o matándonos de hambre. En fin, la historia...

Cuando era chico disfrutaba muchísimo de ver a Los tres chicflados, cuando los pasaban al mediodía por Canal 13. De adolescente no había perdido ese ímpetu y cuando estaba en primer año de la secundaria, iba a almorzar a lo de mi tía (donde me recibía mi abuela) y comer rapidito viendo los tres chifla, antes de tener que volver rajando al colegio (que era doble turno).

Ya sea mi abuela o tía, un poco me sentía sancionado por ver ese programa tan antiguo. Sobre todo porque era "violento". La verdad que no importaba en lo más mínimo. Sí, Moe se la pasaba repartiendo tortas a diestra y siniestra, y era tan violento como absurdo. Un humor medio payasesco. Tengo que confesar que ese humor tan simplón y básic siempre me hizo reir como un niño. Por lo sinsentido de todo el asunto... Las bofetadas de Moe, la tibieza y ternura de Larry, las locuras y berrinches de Curly. (El mejor trío de la serie, aunque los pasos que tiraba Shemp me mataban también). (De hecho acabo de ir a verlos otra vez)

En fin, enter tortazos (literales) y otras payasadas de sano humor, había veces en que se podían ver movimientos más jugados. Tres perdedores, tipos sin guita, con las medias rotas, roncando, intentando abrirse en un mundo cada vez más loco. ¿Y en el medio de todo eso? Aparece un personaje grotesco pero real, que comandaba un país y que llevó a la guerra a medio mundo. Con gritos desaforados, histrionismo copiado de Mussolini y un bigotito ridículo, aparece Hitler. En pleno auge de Los tres chiflados. Y es entonces cuando la ficción se ríe de lo absurdo de la realidad. Porque a veces, cuando la realidad supera a la ficción, la ficción tiene que hacer esfuerzos mayúsculos para no quedarse atrás. 

Hitler estaba en el centro de la discusión en 1940, con una guerra que comenzaba a arrastrar a media Europa al desastre y las huestes del mal del enano gritón parecían imparables. En ese contexto los Tres chiflados sacan chapa de pioneros, y poco antes de que saliera El gran dictador de Chaplin, que hace una burla satírica pero más profunda y de mensaje moralista, los Tres chiflados hacen LA PARODIA. 

El capítulo en cuestión se llama YOU NAZTY SPY! Y ahí por casualidad, los tres chiflados terminan adoptando una forma muy similar a la de los grandes jerarcas nazis: Hitler, Goebbels y Goering. El parecido de Moe con Hitler es apoteótico y más aún su interpretación. Puso en evidencia algo que todos sabían pero nadie decía. Hitler era un payaso. Un payaso peligroso, pero un payaso al fin. Ridículo, soberbio, con ínfulas de grandeza, con discursos absurdos pero cargados de odio. Si le sacabas a todas sus tropas y seguidores enfermos, quedaba un petiso con complejo de inferioridad que no podría ganarle una pelea mano a mano ni siquiera al Chavo del 8. 

Y hoy, lamentablemente, volvemos a ver personajes así. Que gobiernan países grandes, con millones de personas que dependen de que estos lunáticos payasos no se pasen de rosca para poder ver el día siguiente. Los payasos están bien para el circo o para la televisión. Pero cuando llegan a cargos públicos, el peligro es total. La tiranía producto de sus traumas de infancia, los llevan a ser personajes dañinos que no tienen empatía ni miden sus consecuencias. 

Ajalá, la gente comience a tomar dimensión de lo peligroso que es llevar al poder a payasos lunáticos, mediáticos y gente con problemas mentales. 


No hay comentarios: