miércoles, 8 de julio de 2026

Todos los caminos conducen a Roma


Roma invicta

A veces pienso que Roma es un símbolo que perdura hasta nuestros tiempos. 

Roma era la capital del Imperio Romano y en sus años de gloria, ser el centro del mundo de occidente generaba un evidente resquemor. 

Me puedo imaginar que cuando los romanos paseaban por las tierras conquistadas, cualquier bárbaro podía tener un evidente recelo hacia aquellos hombres en toga o uniforme de legionario. 

Un bárbaro podía acusar a un romano de ser un invasor, un pagano, un conquistador mal habido o simplemente una mala persona por el mero hecho de lo que representaba.

Todos los romanos son una merda... diría un galo, un bretón o un hispano. 

Pero el romano, a su vez, podría responder -Pero yo no soy romano, soy calabrés, napolitano o capuano. O lo que fuere. Pero para los bárbaros todo era lo mismo. Sin embargo, la bronca siempre recaía en el gentilicio romano. Un doble rechazo, el de los pueblos bárbaros conquistados y el de los itálicos que no se querían hacer cargo del mote de "romano" por ser de otra región de la gran península. 

Hoy, sobre todo con el mundial de por medio podemos ver algo parecido. 

Existen muchos anti argentinos en américa latina y en el mundo en general, que dicen que odian a los argentinos. Los argentinos son soberbios, los argentinos son racistas, los argentinos son tramposos y un largo etcétera. 

Que dicen algunos argentinos para salirse bien librados de aquella extraña discriminación, que no deja de ser una injusta generalización? 

-No, pero así son los porteños eh! Yo soy de Salta, o cordobés o patagónico. Es más... pueden respoderte que son marplatenses, o bonaerenses o hasta del conurbano. Los únicos villanos entonces son los porteños, aquellos que viven en una franja determinada, circunspecta a los límites del Riachuelo al sur y a la General Paz en el oeste y el norte y al Rio de la Plata en el este. Los que están ahí dentro, ellos son los malos. Nosotros no. 

Entonces en el porteño medio recaen todos los males que enuncian en el extranjero y en nuestro propio país. No pretendo con esto decir que somos víctimas de nada, pero que corremos con el rechazo de propios y ajenos es algo que se cae de maduro. 

Los que nacimos en la ciudad de Buenos Aires somos una especie de chivo expiatorio del chivo expiatorio. Nosotros, solo nosotros, somos los que se portan mal. Los que hacemos bullying, los que somos racistas, los que somos agrandados. El resto, lo que logra es correrse de ese lugar incómodo y quitarse cualquier tipo de responsabilidad al respecto. Porque nosotros somos la cara visible del país, porque estamos en la puerta o entrada del país y porque tenemos la única ciudad internacional del país. 

La verdad: Esto me parece una real canallada, porque si bien es cierto que hay muchos porteños que cumplen con esas características mencionadas, no es menos cierto que, cruzando la general Paz o el Riachuelo, las cosas cambien demasiado. O que en otras provincias no haya gente de mierda. O, ni hablar, de cruzando las fronteras como en países fronterizos, más lejanos o en otros continentes. 

Entonces, por qué no nos sacamos las caretas, dejamos de endilgarle todos los males a un determinado grupo gentilicio y somos más sinceros respecto a mierdas que atañen a la humanidad toda. Por qué nos tenemos que hacer cargo nosotros solos -los tres millones de boludos que nacimos en esta ciudad- y no miramos todo el planeta. Porque las guerras de odio existieron antes que nosotros. Y existen y parece que seguirán existiendo sin la maldad de los argentinos, o de los porteños particularmente.

A veces, el mundo es más grande de lo que queremos reconocer y las diferencias menos de lo que estamos dispuestos a aceptar. Después de todo, en el espejo de los males de la humanidad nos miramos todos. 


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