domingo, 7 de julio de 2024

Fuimos Scouts

Una vez Scout, Scout para siempre. Escuché esta frase de forma lateral y casi sin prestarle mucho atención en su momento. Con los años la volví a escuchar en relación a la Masonería. Es muy probable que Baden Powell (el fundador del Escultismo, no el guitarrista brasileño), haya sido Masón. 

Lo poco que sé respecto a este buen señor lo aprendó sin querer cuando estaba en los Scouts. Más específicamente en la rama de Lobatos. Lo primeros sábados que comencé a ir, notaba dos cosas que me llamaban la atención de nuestro "cubil": primero que nada, el intenso aroma a galletitas. Segundo, el cuadro de un viejo con sombrero de guardabosque y un pañuelote como corbata. Después claro, la inmensa cantidad de símbolos como la cruz, la cara del lobo y la bien ponderada Flor de Lys. 

En ese momento tenía nueve años y toda info que entraba por mis retinas tenía la fuerza de un impacto terrible en mi ser. La iconografía Scout es poderosa, y en el caso del grupo al que yo iba se sumaba a la ya tan conocida iconografía Cristiano-Católica. Muy impactante desde el punto de vista inmaterial. Había toda una simbología que funcionaba muy bien para un pibe con cierta sensibilidad. Todo aquello era un revoltijo de misterios que incluían Edad media, cristianismo, cruzadas, caballería, El libro de la selva de Kipling y un mundo interminable de conocimientos referidos a la naturaleza.

En ese otoño/invierno de 1993, una de las cosas que más recuerdo es estar sentado en un gran cuarto donde nos reuniamos todos los Lobatos y que uno de los dirigentes nos hiciera cantar El Oso de Moris, pero en la versión de su hijo de la flamante película Tango Feroz. Yo vivía en el bosque muy contento... caminaba, caminaba sin cesar... Bueno en fín, la canción es por todo el mundo conocida. La cuestión es que nos la hicieron cantar porque no sé... supongo que le veían algún tipo de relación con la iconografía propia de nuestra rama (Lobatos) ya que estaba inspirada (por decirlo de alguna manera) en los personajes de El libro de la selva de Rudyard Kipling. Uno de los personajes fundamentales era el oso Baloo o Balú, aquel que muchos conocíamos sobre todo por la película de Disney que veíamos en la tele. Ese oso bonachón y corpulento, medio bagabundo y ramplón, que pretende hacer de tutor del niño Mowgli, cuando el consejo de la Manada había dictaminado que volviera con los suyos. Sobre todo por el peligro que representaba Shere Khan, el tigre que se quería zampar al niño de un bocado sólo porque era humano. Si, Shere Khan representa de algún modo el instinto de supervivencia de Animalia frente a la voracidad cada vez mayor del Ser Humano. De alguna manera, el tigre protege a la Selva (el mundo salvaje) del hombre, que ya no pertenece a ese lugar. Es algo clave en este asunto, porque si bien existen diferencias entre la película (que es apenas una historia y media) y el libro de Kipling (otro masón), la idea central es la misma. La voz de la Manada es la voz de la democracia, ellos dictaminan lo que parece más justo. Ni la destrucción del niño (que más allá de ser humano no deja de ser un cachorro) pero tampoco la permanencia de él en los dominios de la naturaleza (lugar que le corresponde al reino de Animalia y que la humanidad hace milenios abandonó).

En los Scouts, los Lobatos eramos en conjunto la Manada, y Akela (nuestro dirigente) era quien nos llamaba para hacer (y ser) Siempre mejor. Todos formabamos parte de una micro comunidad dentro del Grupo Scout, donde nuestra primer rama era la de los más chicos y por ende los más coaccionados. Pero nosotros, los Lobatos, teníamos algo muy en claro. Si no obedecíamos los mandatos del consejo, el llamado de la Manada, nos convertiríamos en Bander Logs (los monos que vivían en los árboles y no se regían por ninguna ley). Clave en esta historia es la Ley de la Selva, no en el sentido de un "vale todo" como lo solemos pensar hoy en día, sino al contrario. La Ley de la Selva es aquello a lo que todo animal debe responder dentro del reino de Animalia. Una serie de preceptos que tienen que ver con saber responder a esas leyes ancestrales. Los monos (Bander logs) no obedecen ninguna tregua o pacto entre animales, viven en estado de anarquía total y envidian el soficticado ocio de los humanos. Pero no quieren hacer lo que hace falta para conseguirlo: trabajar. Solo quieren vivir de los resultados y por eso secuestran a Mowgli, para que les diga el secreto de ese rojo elemento (el fuego) ya que creen que saber aquello los convertirán en humanos. Pero Mowgli es un niño criados por lobos, no sabe ni siquiera lo que és el fuego. Mowgli representa a los niños inocentes, pero también es parte de la manada. Él debe aprender a los golpes que la infancia es juego y diversión hasta que llega el momento de crecer. Entonces es hora de armar las valijas y volver a casa, volver con los tuyos. Mowgli primero se quiere quedar en el mundo de los juegos eternos, pero el reino de Animalia con la Manada de Akela y la pantera negra Bagheera, lo empujan a volver con los suyos. El libro de la Selva, como Peter Pan, como Alicia en el país de las maravillas, y gran parte de las historias que Disney tomó de la literatura, son novelas de crecimiento y aprendizaje. No es solo aventura, es también crecer y dejar el nido, el mundo confortable de la infancia para adentrarse en una nueva etapa.

Ese año de 1993 no lo entendí claro, porque estaba en pleno proceso de crecer y me faltaba aún para dejar de ser un chico. Mi madre colaboraba con el grupo haciendo galletitas y tortas, o cocinando en las kermeses de fin de año para reunir fondos para el campamento de verano. Mi viejo aportó su talento de dibujante para hacer un mural dentro de nuestro propio cubil. Con Mowgli, Baloó, Bagheera, la manada con Akela arriba de la piedra, la boa Ka y otros animalitos de la historia. Después, unos muchachos de una rama superior se encargaron de pintar los dibujos que me padre había bocetado sobre la pared y durante muchos años, aquel mural persistió. Hoy los chicos quizás tengan otros rituales del paso de la infancia a la adolescencia. O tal vez carezcan de los mismos y estén condenados a vivir en un mundo sin rituales de crecimiento y eso pueda complicar un poco las cosas. No lo sé... En mis tiempos, haber sido Scout me ayudó pero también sufrí como todos el fin de una etapa y el comienzo de otra. Nadie tiene soliviantado nada al respecto para no zafar de las crisis de edad. Pero quizás, aferrarnos a cierta Ley a ciertas normas de conducta, nos ayude a ser un poco mejores y tener alguna brújula para no naufragar en la anarquía nihilista de los Bander Logs. Y no sé si una vez Scout, siempre Scout, pero algo siempre nos quedará de todo aquello.    

domingo, 30 de junio de 2024

Las botas Beatle



Ahora que dispongo de una nueva luz, esa luz me dice que puedo zapataear sobre el teclado con mayor facilidad y menor cantidad de error. Eso dice...

Pienso en el final, de lo que sea. Del mundo, de la vida, de este momento. Creo que todos estamos moviéndonos sin margen de error hacia el fin de algo. Y pienso bien...

Este junio que termina fue el mes de Los Beatles ¿Por qué? Pues porque se me antoja así. Homenajeados pues (una vez más) el cuarteto de Liverpool por traernos alegría a nuestras videas. Y porque sí...

Recuerdo noches de juventud con cierta añoranza, cierto dejo de nostalgia. Pero no es culpa mía, o sí. La verdad que leo mucho a Bradbury y Borges, escucho tango (Charly y Spinetta, que es el tango de mi época), y bueno... soy incurablemente porteño. 

Ahora ya no puedo pensar de manera razonable. Creo que esta especie de diario sincrónico y virtual mina toda posibilidad de reconectar con la matríz (conecta umbilical with the Pachamama) y hundirme más en mí mismo. Porque sí, porque escribo para mí, para sacar afuera mis pensamientos, para recordarme que (por ahora) existo. Existes. Existe Dios.

Ya no tengo miedo de lo que puede venir. Creo que quizás siempre supe que podía ser mejor, ser así, ser un loquito, ser un ser vivo, aislado y reconvexo. Cuando ya nada nos quede a nuestro alrededor, entonces podremos entender que tenía que ser así. Y ahí recién recordaremos las ridículas botitas de los Beatles. Esos cuatro bongoceros de Liverpool. Pero no olvido que por más que ahora pueda ver mejor las teclas donde apoyo mis cuarentones deditos, sé que esta estúpida y obsoleta plataforma de Blogger no tiene un maldito corrector que pueda marcarme algún error que se me pueda piantar en mi rápido teclear. In so por ta ble...

Ya no hay morsas, ni tortugas... sólo leones herbívoros, y de muy mala calidad.

Si Juan Domingo Lennon viera en que nos hemos convertido... bueno, en fin.


Pd: Yoteamobeatles

 

sábado, 29 de junio de 2024

La gente del futuro




Hay una canción de los ochentas que se llama La gente del futuro de Miguel Cantilo que hablaba de una generación nueva que trería esperanza y nuevas perspectivas de futuro.

Nuestros padres hippies la cantaban esperanzados pensando en sus hijos pero ¿hablaba de nosotros la canción? Yo creo que no, lo siento pero para mí hablaba de ellos mismos. 

Es difícil hacerse cargo de las espectativas de generaciones anteriores. Nosotros tenemos nuestros propios temas y es muy jodido depositar las esperanzas en nuestros hijos. Todo depende de nosotros mismos, nunca de nuestros hijos.

Lo siento si no cumplimos las espectativas de nuestros padres pero somos generaciones distintas. Nunca el futuro mejor puede estar en aquellos que vienen después. Somos nosotros los que debemos dar el puntapié y ser los generadores de cambio. Sino es muy cómodo y dañino todo. 

Espero que cada cada uno pueda hacerse cargo del cambio para bien que esperamos ver en nuestra sociedad. Los hijos tienen que tener sus propias antenas, sus propias canciones y su propio estilo generacional. 

Lo lamento padres pero ustedes todavía están vivos y aún pueden dar ese salto final para comprender que el cambio social depende todos y cada uno de nosotros para lograr ser una sociedad más justa, feliz y empática con nuestros congéneres.

Y así lograremos edificar un mañana total.



viernes, 28 de junio de 2024

Mi primer cuento (1990)



Saquen una hoja. 

Los alumnos proceden con obediencia. 

Escriban una historia que quieran contar para después contarlo en clase. 

En ese momento se me vinieron muchas imágenes a la cabeza. ¿Qué podría contar? Era la primera vez que me ponían ante aquel desafío. Crear algo, cualquier cosa que saliera de mi cabeza. La maestra era odiosa, sobre todo conmigo. No se cansaba de exponer mis errores ante el resto de mis compañeros. Pero aquella vez tomé coraje y dejé salir mi mundo interior, hasta ese momento solo aplicado a mis momentos de juego. Empecé con un título y de ahí se desprendió la historia. Con el tiempo me daría cuenta que ese modus operandi sería muy útil a veces para atacar la página en blanco. El lei motiv, un sombrero. ¿De quién? Pues del mejor, Indiana Jones. 


***

El sombrero de Indiana Jones

    Había una vez, en un planeta x, un chico flaquito que caminaba sólo por la calle. No conocía a nadie y no sabía de donde venía, ni a donde iba. Creía que el mundo era aquello que lo rodeaba y que sólo servía para jugar. Pero un día, el cielo se oscureció y toda la vida pareció marchitarse. La gente que pasaba por ahí se quedó de repente petrificada. Nadie hablaba, todos parecían como "estuatuas", ahora lo eran...

    El chico se sintió más solo que nunca y creyó que nada podría ya ser feliz... Entonces caminó y caminó por las calles, llenas de estuatuas y al ver que nadie vendría por él, se sentó en un rincón muy triste.

    De repente, un rayo de Sol se filtró entre las nubes y un sombreró llegó rodando hasta detenerse ante él. El chico tuvo miedo pero entendió que ese sombrero era un regalo. Lo tomó con miedo y pensó que nunca más se separaría de él. Cuando se lo puso frente a una vidriera de una gran juguetería, los fantasmas de las estuatuas volaban alrededor. Pero se sintió fuerte, valiente y tenía confianza. Ahora era un aventurero, un Indiana Jones. 

    Salió corriendo dando saltos y vueltas carnero, medialunas y piruetas. Llegó frente al castillo de los villanos y entró pateando la puerta principal. Los que viviían ahí eran monstruos de distintas formas y colores, como figuras cuadradas... Se rieron de él porque sólo era un niño con un sombrero que le quedaba grande. Pero el niño los enfrentó sin temor porque se sentía otra persona. Era poderoso y valiente y nadie podía pararlo. Los monstruos no sabían que hacer frente al niño que parecía invencible. Al final quedó un monstruo rojo tan feo que el chico de pronto tuvo miedo. El monstruo olvió su miedo y le sopló en la cabeza sacándole el sombrero que fue a parar lejos. El cuadrado rojo se hizo enorme y el niño muy chiquito. Lo podría aplastar con un sólo movimiento y eso pasó.

    El chico se dió cuenta que el monstruo no hacía nada, era algo sin sustancia ni cuerpo. El niño dijo que su sombrero estaba ahí con él, y el sombrero efectivamente estaba ahí con él. Entonces recobró coraje, se hizo grande como Indiana Jones y de un latigazo desintegró el diabólico cuadrado rojo. Toda la gente se recobró y dejaron de ser estuatuas. Nunca supieron que fué él quien los salvó, y al chico no le importaba. Pero notaban que algo había cambiado ahora que se paseaba por las calles con la frente en alto y el sombrero de Indiana Jones. 

***

El resto de mis compañeros aplaudieron la historia, aunque uno que siempre me estaba compitiendo dijo que así no era Indiana Jones. Su comentario me pareció de envidioso y me molestó su actitud. Pero para el resto la historia estuvo buena. La maestra me corrigió todos los errores adelante de todo el mundo, fiel a su costumbre, pero de todos modos estuvo bien. Sentí que había escrito una buena historia, sobre todo teniendo en cuenta que estaba en primer grado. Después, con el tiempo me volví un poco más chanta, pero nunca dejé de inventarme historias. Fantasear es mi gran privilegio, y castigo.

(Aunque la historia no es ni a palos la que escribí en aquel entonces ya que sólo recuerdo el título del cuento, bien vale el intento recreativo)

miércoles, 26 de junio de 2024

El (fino) arte de poner música




En verdad sería El fino arte de pasar música, pero considero que pasar es un concepto bolichero y pueril. Aquí la cuestión es que uno PONE música, porque si uno NO la pone, la música simplemente no suena. 
Es cierto. 
Y es fino, porque poner puede poner cualquier persona. El tema es que cualquiera pone cualquier música y no ponderamos el hecho de musicalizar la tarde en sí, aunque tenga su valor. Ponderamos el hecho de saber musicalizar bien, de Hacerlo bien. Esto implica (aunque no en el estricto orden que digo) tener buen gusto musical, saber sopesar el momento y el lugar (contexto) y el ámbito y gente que nos rodea. Además que, como todo buen melómano, hay que saber ser abierto para conocer cosas nuevas. 
Por favor, no se me malinterprete con eso último. Nuevas no tiene que significar necesariamente música popular contemporánea, sino en un sentido más amplio del término: todo aquello que no conozco, más allá de si es música del último mes o del último milenio. Poco interesa, lo importante es saber prestar tu oreja para una escucha lo más desprejuiciada (en lo posible). Muchas veces notaremos que hay música que con escucharla un o dos minutos ya me da una idea de como es, a donde apunta y como seguirá. Por lo general no pierdo mucho el tiempo con eso. A veces también hay que mantener limpios los oídos para que no se terminen contaminando de seudo música, música corrutpa, ritmos bobos y predescibles. 
Lo principal es esto de pasar música que contenga lo básico para ser llamada así, melodía, armonía y ritmo. Música que se pueda disfrutar y que de alguna manera sea lo bastante tolerable para un numero significativo de personas. Esto significa que músicas de índole experimental, asimétricas, antimelódicas, no serían del agrado de la mayoría. Lo mismo con estilos estridentes o de exagerada distorsión. Suelen ser molestos a los oídos de los demás. Entonces hay que apelar a lo que dije antes, tener el lugar el contexto y lugar. La gente que nos rodea si son jóvenes o no, si es gente que se nota estar difrutando de la música o gente que parece incómoda. En fin, toda una serie de cuestiones que van más allá del mero: tengo ganas de escuchar tal o cual cosa. Como decimos siempre en estos casos: bueno, para eso andá a escucharlo tranqui a tu casa. 
Por eso, creo que como hay que tener en cuenta muchos factores, además de un buen gusto y amplitud de conocimiento de artistas, discos, canciones, géneros, etc. Por ejemplo el saber moderar el volúmen, tratar de ser diversos e intentar no repetirse (en la medida de lo posible). Por supuesto que cada dj tiene sus límites y a veces uno olvida muchas cosas, algunas que ya no escuchamos más por x motivo. Pero hay que tener en cuenta las recomendaciones que nos hicieron en otros tiempos, porque así uno nutre su propia cultura musical. No seré yo quien diga que es lo que hay que escuchar o no, cada uno maneja su propio criterio al respecto. Pero está claro que si trabajás en una librería, esuchar jazz o progresivo va más que si pones cumbia o reggaeton. Lo mismo que si tenés un puesto de choris, al ecuación parece cobrar sentido si se la invierte. De todos modos, un panchería o hamburguesería que pasa King Crimson sería algo notable, aunque para comer creo que prefiero algo más tranqui... 
En fin, como dije antes, es un fino arte que no es para cualquiera. Es probable que si tenes buen gusto y lo demuestres la gente encuentre otra excusa más para odiarte. Porque sí, la gente es envidiosa por los motivos más absurdos y pedorros del mundo. La gente es mala y comenta... 

lunes, 24 de junio de 2024

Ser despiadado abre puertas a un camino sin retorno


A veces recuerdo a todas las personas que consiguieron posicionarse en algun lugar de privilegio y noto algo que comparten casi sin falta: la falta de escrúpulos. 

Muchas personas leen que para lograr algo, ascender en el estatus social, deben hacer una especie de pacto mefistofélico. Esto a veces consisiste en sacrificar algo de valor, un ser querido, un amistad, o un ideal. A veces todo eso junto. El problema de estas personas tan terrenales es que su exagerado pragmatismo los hace mostrarse como personas indolentes, crueles y dispuestas a venderse al mejor postor. 

Entiendo que no todo el mundo es un aventurero idealista que cree en los códigos y pone los afectos por encima del vil metal. Lo entiendo. O mejor dicho, sé que es así... porque la verdad, no quiero entenderlo. Vivir rodeado de gente que después de décadas de amistad resulta ser más falsa que billete del Monopoly da mucha tristeza. Y también me da una furia asesina, pero sobre todo me da pena. 

Pero bueno, existen entes racionales que creen que no llegaron a ningún lado siendo buenos, siendo honestos, amando sin concesiones, que al final nada valió la pena porque perdieron todo y se quedaron solos. En Pampa y la vía, más rotos de lo que estaban antes de amar. Y claro que duele. Entiendo esa sensación, y es una merda, lo sé. Pero no concibo la idea de que por eso nos entreguemos a las ideas más nefastas, más conservadoras. Que nos convirtamos en todo aquello que en nuestro momento de mayor lucidez nos parecía atroz. Que por el hecho de que las cosas no hayan salido como queríamos nos hagamos unos rancios fascistoides, unos misóginos, unos resentidos... Y para peor, además, en unos trepadores, falsos y lamebotas de la patronal. Que triste amigo, que triste... ¿que te pasó?

A mi me duele en lo profundo del alma ver como gente a la que quiero se va convirtiendo en lo peor de la sociedad. Gente sin principios, lin lealtad, con ideologías acomodaticias, discursos repetidos y comprados, poco criterio personal y nada de corazón. He visto las mejores mentes de mi generación ceder ante la alienación de venderse por un puñado de pesos. Ver gente que abraza los peores ideales, los anti ideales paa repetir discrusos prefabricados de nuestra niñez, en pos de que? De un conservadurismo que lo único que hace es darle la razón en el hecho de que los demás son malos, porque le rompieron el corazón. Pero no se puede ser tan infantil, necio e infantil. Una especie de Anakin Skywalker, que abrazando ideas oscuras anti derechos, por un problema personal cede antes las fuerzas oscuras que vienen disfrazadas de amigos. Esos Siths que con sonrisas falsas te vienen a ofrecer ser un esclavo, porque "es la mejor opción". Y si, pero "vas donde sonrisas te dan, esos encapuchados de un mundo viejo"... Cuanta credulidad hermano. O no, quizás siempre fuiste un sorete y ahora mostras tu verdadero yo. Como sea que sea, la verdad, que pena me das...

"Quizás no sea tan buen amigo"...

El pez por la boca muere.

domingo, 23 de junio de 2024

2020, el año que perdimos contacto



Está clarísimo que el 2020 fue un año parteaguas para todos. Algunos perdieron trabajos, otros a su pareja y muchos otros perdieron a un ser querido durante ese bieno que duró la pandemia. 

HOy, cuatro años después, puedo afirmar sin temor a equivocarme que aquello fue algo premeditado. Quizás todo comenzó como un error humano (errare humanum est), pero ya conocemos la famosa frase mafiosa: "que parezca un accidente..." Estoy convencido que se quizo generar un cisma para dejar defeinitivamente atrás al siglo xx y crear (a base de miedo y muerte) una nueva realidad. Algo parecido a lo que pasó con la Primera Guerra Mundial. 

Muchos de los que vivimos esta Pandemia de Covid (ese extraño virus mutante de murciélagos) creemos que todo lo que pasó antes de la cuarentena forzosa quedó muy atrás. Los vínculos, la gente, los recuerdos. Porque sí, en el 2020 perdimos contacto con toda nuestra vida anterior. Todo lo pre Covid quedó envuelto en un halo de niebla y olvido, o al menos de imagenes confusas. No sé bien por qué pasó esto. No entiendo o no conozco la explicación psicológica por lo cual noto este cisma o bisagra tan fuerte que, desde un punto completamente psicológico, nos afecta tanto. 

Tal vez de todo esto salga algo bueno aunque por el momento no parece estar sucediendo nada positivo, pero en fin, lo último que se pierde son las esperanzas. Lo que sí, si los vínculos ya estaban jodidos de antemano, pareciera que con la bendita pandemia todo se vino a joder aún más. Nadie cree ni espera nada del otro. Hoy estamos en el punto más bajo de las relaciones vinculares, todo es tan descartable y en tan poco tiempo que asusta. Nadie se banca la diferencia del otro, todos apuntan a encontrar alguien pasivo que sea excatamente como esperamos que sea. Y la verdad que eso no existe, mas temprano que tarde todo lleva a una decepción con el otro que no cumple nuestras expectativas y adiós, si te he visto no me acuerdo. Creo que esto no le hace bien a la sociedad. El hecho de sentirnos descartables, cosa que los trabajos en relación de dependencia ya nos venían haciendo sentir hace rato, es algo que destroza la psiquis y equilibrio mental de cualquiera. No, no somos todos iguales ni somos descartables como una curita. Todos valemos la pena de conocer, todos necesitamos que nos reconozcan y nos quieran. Basta de fingir que no es así porque aliena y la alienación nos lleva a cometer suicidios políticos como votar a un psicopata. Es una forma de suicidio en masa. No es casualidad que la gente prefiera a alguien que dice abiertamente los voy a destrozar, a alguien que diga lo contrario. ¿Prefieren honestidad? Puede ser, pero nunca la supuesta honestidad puede estar por encima de nuestro instinto de supervivencia. La gente quedó tan alienada que de alguna forma busca que la terminen de hacer mierda. Lo entiendo, es comprensible en alguna retorcida y mala manera, pero de todos modos no me resigno a que nos pongamos el bufoso en la cabeza. Creo que de toda esta destrucción y debacle, debemos salir mejores, por nosotros, por nuestros hijos y por los hijos de mis hijos. Amén. 

miércoles, 19 de junio de 2024

Reconocimiento por fuego



Las redes sociales y las plataformas digitales como Youtube o el mismo Blog donde escribo, tienen muchas cosas positivas. Pero también tienen su lado b o costado oscuro. Una de las cosas mas repudiables quizás sea la posibilidad de dejar comentarios agresivos escudándose en el anonimato que te otorga la plataforma. 

Hace una año escribí una nota acerca de lo difícil que parece poder publicar en una editorial, y que si no estás alineado con cierto pensamiento o sos amigo de un editor, parece cosa imposible. El tiempo no hizo más que darme la razón. En realidad no dije nada que nadie que esté en el rubro no sepa. Sin embargo, parece que ese simple posteo (como suele suceder en las redes en general) le molestó a alguien. Un pasajero anónimo de este blog, que no tuvo mejor idea que descalificarme en los comentarios. Simplemente porque sí, porque se le dió la gana, ya que podría haber dejado todo ahí si no estaba de acuerdo con lo que escribí. Pero como sabía que podía dejarme un comentario destructivo y no tener consecuencias, se entregó nomás a su crapulencia. ¿Que fué lo que puse que le mosqueó tanto? Imposible saberlo. La cuestión es que algo de lo que escribí le hizo picar la nariz. Quizás era un editor, o un escritor que pudo publicar con facilidad, o alguien que simplemente estaba aburrido en su casa. Mi respuesta fue de enojo total y quizás sobre reaccioné. Podría haber borrado el comentario y chau, pero decidí contestarle porque en verdad me molestó su comentario con mala leche, escudado en su anonimato. Escribí otra entrada cinco días después donde hablaba de otra cosa, aunque un poco relacionado con lo que había pasado con la entrada anterior. Cuestión que esta persona volvió desde su anonimato porque se quedó claramente pendiente de lo que le fuera a responder. Volvió a cargar las tintas y continuó con las provocaciones. Al parecer dijo ser una mujer o alguien que se autopercibe así (todo puede ser hoy en día). Me continuó la pelea verbal siempre sin develarme su identidad. Puedo entender que tuviera miedo. Entre otras cosas dijo que yo me ahogaba en mi rabia. Es cierto, estaba rabioso porque la gente que busca destruir desde las sombras me parece la gente más nefasta que existe en este mundo. De esas personas que abundan y que quizás estaría bueno deshacernos de ellas, tal vez mandándolos a vivir a la Luna, no sé. Pero creo que gran parte del mal generado por los humanos proviene de aquellos que estan en las sombras y no de las infames caras visibles que vociferan por las pantallas. Cuestión, que me marcaba un error de tipeo que tuve en mi primer entrada, en la que me quejaba de las editoriales autodenominadas "independientes". Su crítica me pareció una imbecilidad mala leche sin fundamento. A menos que te sientas tocado no da para que te tomes la molestia para bardear sin conocer al otro. Volví a escribir una tercer entrada donde hacía una especie de poema irónico acerca de aquel error de tipeo y me burlaba de aquella bardera anónima. Porque me sentía en desigualdad de condiciones. Ella podía poner lo que se le cantara las guindas en mi blog por "ser libre" y yo, con mi nombre, mi cara y nada... falta que diga mi dirección y ya está. La verdad me jodió, entonces, para defenderme, apelé (sin saberlo) a la consabida táctica militar conocida como "Reconocimiento por fuego". En mi verborrea ataqué a tontas y locas, suponiendo puntos débiles que podría llegar a tener mi animoso interlocutor escondido. Esperando así, entre tantas balas, pegarle una aunque sea y, como dice mi jefe, "no te la vas a llevar de arriba". La cuestión es que, como en la película Depredador, cuando los acosados soldados (con Arnoldo Schwarze a la cabeza) disparan hacia donde creen que está el que los está cazando desde los arboles, amparado en su sistema de invisibilidad, tuve una suerte similar. El Depredador no es aniquilado ni mucho menos, pero se come un balazo en un tobillo que lo deja a mal traer el resto de la película, haciéndolo huir despavorido. Acá pasó lo mismo. Entre mi balacera de bardeadas algo le llegó a esta aburrida muchacha que se fué tan dolorida que no pudo volver a contestarme pero... al día siguiente de aquella última entrada me apareció un insulto barato firmado por un tipo equis (probablemente su chongo o algo parecido). Pensé contestarle pero preferí simplemente borrar su pueril comentario y dar por finiquitado el asunto. La batalla estaba ganada. Ante la cobardía del anonimato, munición gruesa, siempre...

domingo, 2 de junio de 2024

Los fabulosos cuatro hermanos: El final de la familia felíz



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    Largo, negro y sedoso como el mar en invierno era el cabello de la exótica Mushka. Una belleza atípica, como venida de otro tiempo y otra galaxia. Jona estaba tan enamorado que a partir del momento que se unieron por primera vez, ambos se reconocieron como almas gemelas y ya no podía separarse por mucho tiempo. Esta nueva situación generó malestar en el seno del grupo de Los Bardos ya que la presencia de Mushka comenzó de ser la simple visita eventual de una novia, a una presencia permanente y constante, que además imponía sus gustos y expresaba sus opiniones. La personalidad fuerte de Mushka tenía a Jona completamente agarrado de los quinotos, y no había nada que se pudiera hacer para sustraerlo un segundo de ese estado de absoluta fascinación. Y, como era de esperarse, el liderazgo (antes tan indiscutido) de Jona, comenzó a mermar hasta ser absolutamente abandonado por este. En la línea de sucesión venía sin lugar a dudas el segundo hermano, Juda, que secretamente siempre había ambicionado el poder. Y si bien al principio Juda tomó el mando sin mayores problemas, no pasaría mucho tiempo para darse cuenta de que había sido un error. Estaba claro que Juda era muy talentoso en lo que atañe a lo musical, quizás el mayor compositor del grupo, sin embargo Juda era un mal líder. Jona no le prestaba mayor atención o se sometía sin interés. Por otra parte Sila no le tenía mayor aprecio a Juda porque sentía que lo limitaba y no le dejaba crecer. Sila sólo respetaba a su hermano mayor, pero no al hermano intermedio. Rufo se llevaba bien con todos y sólo quería que sus amigos se pusieran de acuerdo para así poder volver a salir más y pasarla bien. Todos querían a Rufo. 

    Cuando todos se habían mudado al Otro lado (las lejanas Tierras imperecederas), Los Bardos estaban en el Olimpo de los artistas más importantes de todos los tiempos. Pero necesitaban ensayar, perfeccionarse, autodescrubirse. Hicieron viajes por el lejano oriente, más allá del Oceáno de Dunas, del Mar de los Sargazos, del Tiempo, de los Agujeros y los Monstruos. Fueron aconsejados y atendidos por un antiguo Druida venido de tiempos idos (y del cual Sila se haría un acérrimo devoto) y, por momentos, Los Bardos lograron reconectarse con su esencia. Pero una vez vueltos al hogar, los problemas que los esperaban los avasallaban y terminaban peleando a los gritos o incluso a puñetazo limpio. Cada vez que alguna de estas discusiones de dirección afectaban al grupo Juda huía llorando o Jona dando golpes en la pared, o Sila desapareciendo durante días sin saberse nada de él. Rufo siempre se quedaba sentado, teniendo paciencia con el resto. A medida que estos percances afectaban a la Familia, los cuatro hermanos comenzaban a distanciarse cada vez más. La ausencia del primo Levi había dejado la fractura expuesta de la desunión fraternal y todo parecía indicar un final próximo. 

    Rufo desapareció durante un par de meses y los tres hermanos quedaron pasmados. Ninguno esperaba que fuera Rufo el primero en irse. Esa inesperada partida de su más entrañable compañero de banda hizo que tanto Jona, como Juda y Sila se unieran para buscar a su amigo. Recorrieron toda la Isla flotante de las Tierras Imperecederas, pero se dieron cuenta que su percusionista había abandonado las alturas y no tuvieron mas remedio que bajar a su viejo Isla, allí donde el Reino volvía a una nueva época de gloria gracias al nuevo recurso cultural que había implicado la explosión de Los Bardos y de todos los grupos que vinieron detrás. Cuando se dieron cuenta que Rufo había vuelto a las cantinas del viejo terruño para cantar a capella con algunos pobres borrachos del lugar, Los Bardos tuvieron un insight de que habían perdido de vista el eje primal y directo que siempre había caracterizado al grupo. Finalmente lograron convencer, no sin cierta dificultad, a Rufo para que volviera al ruedo con ellos. Hicoeron promesas vanas acerca de no pelear más entre sí, y todo un rosario de máximas y sentencias de buenas intenciones. Pero Al poco tiempo, al llegar el verano y cuando volvieron para volver a sus raíces musicales, no psarían muchos días para que las rencillas comenzaran a aflorar de nuevo. Jona estaba completamente ido, perdido entre el conflicto con su ex Esther, su idilio amoroso con Mushka y tener que lidiar con el nuevo liderazgo obtuso de Juda que no daba pie con bola. Pero lo intentaba. Su liderazgo era torpe, forzado y en vez de alentar lo mejor de cada uno, Juda quería que todos hicieran lo que él decía que había que hacerse. Pero entonces tendrían que ser Los Judas, o Juda y sus Cometas, o algo así. Juda parecía direccionar a la banda hacia un proyecto solista, algo que algunos años después haría un tal Rolando con la famosa banda Perfume Rosa, pero eso ahora no viene al caso. Juda increpaba mal a Sila que intentaba meter algunas creaciones suyas al impenetrable legado de Jona-Juda, pero no había caso. Juda le cuestionaba todo a Sila, desde sus canciones que consideraba verdes, hasta su forma de tocar el sitar. Jona se quedaba a un costado, casi sin opinar, tratando de no pelearse con Juda para no empeorar las, ya de por sí, deterioradas relaciones entre ambos. Sila buscaba apoyo de su hermano mayor, lo buscaba con la mirada, como aquella vez que Jona lo abrazó para darle apoyo emocional. Pero ahora el hermano mayor estaba lejos de todo eso. Rufo miraba serio a los tres hermanos que cada vez estaban más tensos. Por dentro pensaba que había sido un error volver con ellos, que lo habían engañado, que todo seguía igual de mal, o peor aún... Pero antes que pudiera hacer su jugada, Sila se le adelantó ya harto de tanto ninguneo, dio un portazo y dejó Los Bardos. 

    Sila era el hermano menor, el que nadie esperaba que creciera y se hiciera grande por cuenta propia. Pero el niño creció, hizo sus canciones, cobró notoriedad y finalmente se casó con Salomé, la princesa mas bella de toda la vieja Isla. Sus hermanos mayores le tenían cierta inquina y celos por todo esto pero nunca se animaban a confesarlo. Jona finalmente, decidió charlar seriamente con Juda al respecto. 

Jona: Bueno hermanito, creo que todo se fué al carajo, y también creo que es nuestra responsabilidad. No supimos manejar esta situación y ambos sabíamos que se veía venir. 

Juda: Si, si, lo sé. Lo que pasa es que no ha sido fácil para mí tener que tomar la batuta. Ser esta especie de líder de recambio en la que me dejaste. Y yo sé que nadie me banca, pero hago lo que pienso que es lo mejor para el cuarteto. 

Jona: Ya lo sé, pero bueno... Hemos dejado que esto pasara. Y yo tendría que haberte detenido...

Juda: Sí, pero no lo hiciste...

Jona: No puedo, o sea... me cuesta. Estoy con otras cuestiones. Y por otro lado, nuestros egos hacen imposible admitir que Sila merece más reconocimiento, más lugar. 

Juda: Si, ya lo sé. Pero pienso que quizás es un montón. Demasiado para un grupo así, siento que a todos nos queda chico. ¿No te parece?

Jona: No lo sé. Pero tenemos que resolver esto. Vos sos el líder ahora, tratá de estar a la altura. 

Juda: Yo hago lo que puedo, pero ser tu sustituto no es tarea fácil, hace casi dos años que trato de seguir manteniendo a flote a nuestra familia. Pero vos no me ayudás... No puedo solo. 

Jona: Ok, ya veremos como sacamos esto adelante hermanito. 

    Pero las cosas no salieron como esperaban. Al principio, lo mismo que con Rufo, fueron los tres, hablaron con el exiliado, trataron de convencerlo a toda costa que volviera con ellos. Sila regresó, pudieron volver al ruedo por un tiempo, pero finalmente todo aquel malestar que estaba muy en el fondo terminó por separar las aguas para siempre. Los Bardos dieron un último concierto arriba de la vieja colina de la Villa en Cabeza del Indo. Como fue algo improvisado, no fueron muchos los espectadores. Luego cada uno seguiría su camino artístico por separado. Rufo volvería a cantar en las cantinas y a hacer viajes esporádicos a la capital del reino. Sila podría dar cauce a todo su mundo interior, sin tener nadie que le negara nada. Tendría un éxito moderado, y un reconocimiento más bien póstumo. Juda se convirtiría en el compositor más prolífico y popular de los últimos sesenta años en el Reino y de todo el Mundo Libre. y Jona, bueno... Jona seguiría haciendo algunas presentaciones, siempre junto a Mushka, su amada. Recoererían todo el mundo y finalmente vivirían el el Nuevo Mundo. Se recluirían para tener un hijo, el pequeño Junishki. Con el tiempo Junishki se conocería con Jonita y serían grandes amigos. Jona nunca llegaría a verlo. 

    Cuando Jona dejó Los Bardos, descabezó al grupo y nadie más quiso seguir. Juda sabía que el alma de la banda era Jona y que nunca podría dirigir a los otros dos, sin la asistencia de su hermano mayor. Pero al fracturar al grupo bardo más afamado de todos los tiempos, muchos son los que se sintieron defraudados por esto. Y cuando hacía sólo diez años que Los Bardos ya no existían, un campesino llamado Abrám, esperó a Jona en la puerta de su casa una noche de invierno. Jona no lo vió y cuando estaba por entrar siguiendo los pasos de Mushka, Abrám salió de la oscuridad y lo apuñaló por la espalda. Jona apenas pudo murmuar algunas palabras para luego caer muerto al suelo. Según el propio Abrám las palabras de Jona fueron "Madre... ¿por qué?" De inmediato la Guardia Pretoriana que se encontraba de guardia a pocos metros lo apresó. Jona moría así a la fatídica edad de 40 años, cuando comenzaba a sentirse un hombre. Abrám sería condenado algunos meses después con cargo agrabado por Magnicidio. Como se trataba de un hombre loco nunca pudieron saber bien por qué había matado al que (en sus propias palabras) consideraba su héroe. Algunos elucubraron la teoría de que se trataba de un viejo ajuste de cuentas por parte de los Reyes, otrora burlados en su cara por el jóven iconoclasta de provincias. Otros decían que Juda lo había mandado a matar por celos y los más fantasiosos hasta aseguran que fue la propia Mushka la que mandó un alienado para dejarle todo el tesoro de su marido. Nunca se supo nada porque Abrám murió en la horca y se llevó su secreto al Más Allá. Por su parte, Jona se convirtió en una leyenda y con el paso de los siglos, en todo un mito. Hoy en día su estampa es menor a la de un Dios, pero mayor a la de cualquier hombre, como una especie de semidiós, superhombre o mesías. Aunque en realidad, el que estudió algo de historia sabe que Jona era sólo un muchacho, o quizás ese Hermano mayor que a veces nos protege contra todos los males del mundo...

    Un bardo llamado "Rob el Bob" del Rey Carmesí, posterior a la época de Los Bardos, escribió este poema que transcribimos de forma digital a continuación llamado "La Familia Feliz", en homenaje al afamado conjunto de la Villa de la Isla. 

Familia feliz, (un aplauso), 
cuatro pasaron y no volverion.
Hermano Juda, el fresno y el saco, 
se tragó un afrodisíaco.
Rufo, Sila, y Jona también cantó: 
"Vamos a volar nuestras propias canoas"
Metió un dedo en el zoo, perforando todo el jaleo

Azotando el mundo y contra el reloj, 
terminó con su parte de las acciones.
Rollos de plata de oro, 
sacudida por un toc, toc, toc.
Familia feliz, le ahonda esa sonrisa, 
lo que da la vuelta sin duda debe girar;
Pastel de queso, ratonera, Grip-Pipe-Thynne gritó: 
"No vamos a Rin Tin Tin".

Al viejo Rufo le creció la nariz y tiró su ropa de circo
El niño Sila se dejó la barba y sacó otra botella de rarezas
Al desagradable Jona le creció una esposa 
y Juda sacó su cuchillo de poda.
Familia feliz (un aplauso), 
cuatro fueron pero ninguno regresó

Familia feliz, aplauso pálido, 
cada uno a su puerta giratoria.
Buscador Sila, Rufo limpio, Jona cáustico, tan dulce Juda.
Deje que toque su espejo el sargento 
si perdemos la victoria de los peluqueros;
Familia feliz (un aplauso), 
cuatro fueron en pero ninguno regresó.

miércoles, 29 de mayo de 2024

Los fabulosos cuatro hermanos: Nuevos horizontes, retiro y meditación

 



5


    Atrás habían quedado los días en la Villa, con el tío Arón, Esther y todo aquellos malos recuerdos. Jona había encontrado la forma de poder desligarse de todo eso, y aunque mandaba una ayuda para ambos, lo que menos pretendía era volver. Aunque todo lo que empieza, finalmente termina, y cuando Los Bardos habían recorrido todos los ríncones del mundo, tuvieron que hace un parate y volver a sus casas. Al menos por un breve lapso. Jona sabía que tenía que resolver algunos asuntos pendientes que no podía evitar. Fué a conocer a su hijo y pretendió estar allí, pero no pudo soportarlo por mucho tiempo. Él era el hermano mayor de todo el imberbe campesinado unido del mundo. O al menos eso creía... Jona pretendió que todo seguía igual pero le pidió a Esther un tiempo para poder poner en orden sus ideas. Para ello se fué de viaje por el lejano oriente donde, dando saltitos por la Gran Valla descubrió el que sería su gran amor. Una princesa de oriente llamada Mushka cautivó su atención cuando la vió dando un espectáculo de luces y sombras. Como ella le llamaba a su show, "un fragmento imperecedero del fatal teatro mágico". Jona sintió, durante un segundo, la mirada punzante de Mushka que lo invitaba a conocerla. Entonces, como él no era lento, esperó a que terminara su número y le preguntó por qué creía que podía andar encantando a la gente. Mushka lo miró con cierta perplejidad y un cierto aire de rechazo. Le explicó que nada tenía que hacer él allí, en todo caso era un asunto entre las almas. Jona quedó congelado ante esta afirmación. Nuestros cuerpos no son necesarios... Jona se rió a carcajadas pero Mushka no se inmutó y en cambio asintió en gesto de silenciosa aprobación. Después caminaron juntos un rato sin hablarse. Jona fue entendiéndola de a poco, sus silencios, su diferente forma de comunicarse. Era una mujer misteriosa pero de fuerte personalidad, algo que no podía encontrar en Esther. Jona cayó perdidamente enamorado de Mushka y de a poco Mushka fue entendiendo a ese joven tan desesperado.  

    A todo esto, Juda conoció a una chica de su barrio llamada Dalila y comenzaron una relación. Sin embargo, a diferencia de Jona, Juda siguió componiendo nuevas canciones, porque su verdadera pasión era la música. En cambio para Jona era de vital importancia el vínculo, el cara a cara, piel de piel. Rufo se la pasaba andando a caballo, tomando cerveza y saliendo con muchas mujeres. Y el pequeño Sila también conoció a una chica, la bella Salomé y juntos vivieron un apasionado romance que se llevó las miradas de todos los mayores del pueblo que al mirarlos recordaban con nostalgia su juventud. Sila continuó su proceso de aprendizaje y de invención de nuevas canciones porque siempre esperaba poder tener la aprobación de Jona y Juda, pero sobre todo del hermano mayor. Jona continuava extraviado de amor, bebiendo del néctar de su amada Mushka. Juntos vagaron por un tiempo por el viejo continente hasta finalmente regresar a la Isla. Jona se dirigió junto a Mushka a la casa de Esther y le comentó como quien menciona el tiempo, que había decidido cambiar de pareja porque ahora amaba a Mushka. Se dió la vuelta y se fué ante la mirada atónita de la pobre Esther. El pequeño Jonita le pateó una pelota de trapo a su joven padre y éste siguió de largo sin mirarlo. Ese desdén el pequeño Jonita jamás lo olvidaría. 

    Cuando Los Bardos dejaron de lado sus vacaciones y volvieron a reunirse la cosa comenzó a marchar. Jona trajo nuevas canciones, Juda trajo más y Sila mostró algunas que estuvieron bien. Rufo estuvo de acuerdo en todo y hasta se animó a cantar una canción que compusieron pensando en él y en su sonrisa. De a poco la cosa tomaba otro color. Las canciones eran más elaboradas y maduras. Con nuevos instrumentos como el Siku que Jona trajo del oriente, la versatilidad sonora de Juda y el mayor compromiso de Sila con el proyecto. Con el tiempo fueron dejando de hacer presentaciones en vivo y comenzaron a juntarse sólo ellos para ensayar. Ahí fue donde Jona daría quizás su última directiva. Todos debían irse de la Villa para vivir en el Otro Lado, un lugar sólo accesible para aquellos que tienen algo realmente importante para mostrar. Como siempre al principio sus palabras sonaron como sus clásicos chistes irónicos, pero pronto entendieron que hablaba en serio y que no era una mala idea. Pronto todos quisieron saber si podrían llevar a sus novias. Jona asintió diciendo que por supuesto, era impensable ir sin ellas. Luego Juda se acercó a Jona y le preguntó si iría con Esther y el pequeño Jonita, pero esto molestó a su hermano mayor que le respondió seco: nunca me la vuelvas a mencionar a esa. Mi única mujer es Mushka. Juda se retiró contrariado, como quien se escabulle humillado al ser reprendido por alguna falta cometida.

    Los preparativos fueron veloces y todos estaban listos para partir cuando se enteraron de la terrible noticia. Habían encontrado al primo Levi muerto en su casa. Al parecer suicidado por la sociedad, con una tajada que iba de oreja a oreja a través de su morrocotudo cuello. Cuando los cuatro hermanos se enteraron hicieron paco, seguirían adelante con sus planes y tratarían de manejarse de acuerdo a lo que el primo Levi les habría indicado, pero en el fondo sabían que ya nada volvería a ser igual.  

martes, 28 de mayo de 2024

Los fabulosos cuatro hermanos: Éxito, rivales y controversias

 

4

    Una vez frente a los Reyes de la Isla, Los Bardos comenzaron su presentación a todo trapo. No hubo lugar para sutilezas, el grupo arrasó con sus mejores canciones en un estado de total éxtasis. La plebe vitoreaba enfebrecida y todo el espactáculo se brindó con tal intensidad que era difícil no catalogar el acontecimiento como una especie de orgía grupal. Visto y considerando el ánimo general, Jona sintió deseos de decir algo lo suficientemente provocador, porque tocar frente al poder le generaba una contradicción. Toda su vida había odiado la crianza dictatorial de su tío Aroon y tener a aquellos reyezuelos que nunca asomaban sus narices ante sus siervos era una oportunidad que no podía desperdiciar. 

-Los chicos y chicas del fondo pueden cantar, saltar aplaudir y gritar cuanto quieran... Los nobles del palco pueden hacer sonar sus alhajas. Gracias!- Dicho esto, Jona sonrió como un niño que acaba de decir una picardía.

    Es imposible describir el atronador aplauso de la gleba. Todo el palacio pareció venirse abajo por los gritos ensordecedores, sobre todo de las muchachitas que ya amaban para siempre a ese grupito de jóvenes desrgabados de provincias. Los Bardos habían hecho historia para siempre. Por su parte, Juda se agarró la cara y negaba completamente avergonzado por el exabrupto de su hermano mayor. ¿Qué necesidad tenía Jona de provocar así a las autoridades? Para Juda era algo innecesario que ponía en riesgo a todo el proyecto del flamante grupo de bardos locales. Pero por suerte para ellos se equivocó. Nadie del palco le prestó mayor atención a Jona porque tenían demasiada estima por sí mismos como para considerar aquello como un agravio. Por otra parte, poco importaba lo que un pobre plebeyo tuviera para decir de ellos. En definitiva ellos gobernaban el reino y lo seguirían haciendo por más Jonas que hubiera en el mundo. Pero para la plebe, ese pequeño acto de rebeldía un poco iconoclasta fue lo suficiente mente significativo como para tomarlo a partir de allí como un acto de liberación total. Todo lo que se continúa de aquel suceso se precipitó de forma tan rápida que los cuatros bardos nunca terminarían de comprenderlo del todo a lo largo del resto de sus vidas.

    La fama de los cuatro hermanos, ahora los "fabulosos" cuatro hermanos vale decir, creció a lo largo y ancho de todo el reino. Sus presentaciones no les dieron respiro a lo largo de casi todo un año entero, tocando en los lugares más recónditos de la Isla. Y cuando esto ya no era suficiente, volvieron a cruzar el charco para presentarse (nuevamente) en el Gran Continente. Esta vez nadie los mandó a casa por el hecho de que el pequeño Sila fuera muy pequeño. El éxito fue arrollador y comenzaron a girar por todo el mundo. La clave del éxito de Los Bardos eran las canciones de la dupla Jona-Juda, la capacidad armónica del conjunto y la paciencia para mantener al grupo unido por parte del primo Levi. Quizás Levi necesitaria un capítulo enter para sí mismo, pero al ser mayor que los cuatro muchachitos, el primo de Jona tenía experiencia en grupos de mineros que solía dirigir desde su temprana juventud. Trabajar en lugares tan arduos le habían forjado el carácter lo suficiente para soportar grandes momentos de presión y su liderazgo era respetado por su capacidad para mantener la unidad en medianos y pequeños grupos de gente diversa. Aquí el reto era menor. Para Levi era pan comido mantener en línea a esos precoces muchachitos de pueblo. Jona era el líder nato del grupo pero Levi era quien mantenía las cosas en orden y mientras uno direccionaba al grupo, el otro impedía cualquier tipo de resquemor de parte del resto hacia su primo.  

    No había tiempo de más, era todo ahora, todo ya. Los Bardos crecieron de tal manera que de pronto el viejo mundo les empezaba a parecer pequeño. Fue entonces que Jona les propuso a sus hermanos menores dejar todo atrás y comenzar una vida nueva en las Tierras lejanas, esas que se encontraban cruzando el gran oceáno. La propuesta al principio fue tomada como una de las típicas bromas ácidas de su hermano mayor. Pero al ver que tanto Jona como el primo Levi no sonreían y que la cosa iba en serio, fueron presas del pánico. Juda no quería someterse a todos los caprichos de Jona porque él se sentía tanto o más capacitado para dirigir al grupo como él. Pero todavía no se animaba a confrontar al hermano mayor. Su forma de contrariarlo fue darle donde más le dolía, en su punto débil. ¿Y que vas a hacer con Esther y tu hijo? Jona se puso pálido y no pudo dar una respuesta rápida. Levi salió en su ayuda y dijo que por el momento no era conveniente que ninguno dijera que tenía pareja porque eso alejaría a nuevos fans, sobre todo a las chicas más guapas y lanzadas. Juda quizo protestar aduciendo que sólo Jona tenía una pareja estable, pero Levi dijo que no era justo decir que unos podían y otro no. Juda no tuvo el coraje para confrontar aquello pero la semilla del resentimiento entre los dos hermanos compositores comenzaba a crecer poco a poco, y era algo irrefrenable. 

    Cuando Los Bardos desembocaron en el Nuevo Mundo, la cosa fué aún más impresionante que en su pequeña Isla. El nuevo mundo era mucho más vasto, más hermoso y más lleno de gente y fans. Quizás nadie los conocía bien, pero las noticias volaban y cuando llegaron causaron tanto revuelo que el viejo Rey del Lugar (casualmente de nombre Arón I) tuvo que inclinarse ante el talento de los hermanos isleños. Para Jona y compañía, el Nuevo Reino era un paraíso sin límites, todo se quintuplicó y las posibilidades se mostraron infinitas. Nunca un grupo de artistas había tenido tanta trascendencia a nivel cultural. Lo de Los Bardos fue algo fuera de toda lógica, tendieron puentes allí donde no los había, y por medio de la música (algo hasta ese momento secundario) lograron conectar al mundo entero. 

    Pronto aparecieron por todo el viejo terruño, como también el nuevo continente, grupos de chicos que querían lograr lo que Los Bardos. Miles de muchachos comenzaron a aprender las veleidades de la música, afinando viejas cítaras, mandolinas o banjos. Ajustando parches y djembés que en su vida hubieran agarrado sino fuera por los pueblerinos de la pequeña Villa isleña. Algunos comenzaron a seguir el camino trazado los cuatro hermanos y lograron cierto subidos al éxito de cola que dejaban Los Bardos. Quizás los más conocidos seán los cinco primos conocidos como Los Rocas Vivas. Estos se vendieron como un grupito de rufianes malechores que tocaban en las cantinas del viejo reino y su aspecto de malandras les confirió cierta fama, por oposición a los cuatro chicos de pueblo. Otros destacables con Los Pájaros, Los Robles, Los Medanos, Los Quizás, etc, etc.  

    A todo esto, el pequeño Sila comenzó a componer sus primerar canciones, mientras el grupo avanzaba de pueblo en pueblo. Al principio esto fué alentado por sus sus hermanos mayores ya que les parecía simpático que el chiquitín hiciera lo suyo. A Rufo, con tal de pasarla bien lo mismo le daba componer o no, era un tipo sin mayores problemas. Con marcar el ritmo era un tipo feliz. Pero pronto, las canciones de Sila pasaron de ser malas, a mediocres, y de ahí a pasables. No faltaría mucho para que pasaran a ser buenas y de buenas a muy buenas. Entonces aquello ya no resultaría simpático para la dupla Jona-Juda.  

lunes, 20 de mayo de 2024

Los fabulosos cuatro hermanos: Sila trae a Rufo y se cierra el círculo.

 3

    Cuando Sila comprendió que era tan importante como para que Jona lo abrazara y tuviera en cuenta, comenzó a involucrarse y de a poco participar más. Sobre todo en opinar. A Juda esto no le hacía mucha gracia porque consideraba que Sila iba demasiado rápido con sus pretenciones. Después de todo era él quien lo había traído al grupo y si no fuera por su intercesión, Jona jamás se habría fijado en él. Este era un tema de candente conflicto entre el hermano del medio y el hermano menor. Tendrían que pasar muchos años para que pudieran resolver aquellas asperezas. Pero no importaba, lo que realmente era de máxima importancia era el avance como grupo humano y aquel amigo de Jona les consiguió una prueba de sonido con el paje del Rey. Ahora era a todo a nada. Se la recontra jugaban y necesitaban tener todo su escueto repertorio bien aceitado. Lo lograron a costa de un sacrificio casi inhumano de ensayo diario, de sol a sol. Pero quedaba un enigma ¿quien los contrataría? La respuesta fue rápida y se presentó sola. 


    Jorgelina, hija del Rey Ricardo, se apersonó para ver en directo a Los Bardos de los que toda la juventud de la isla estaba hablando. Jona andaba nervioso por todo el asunto de su próxima paternidad, Juda quería que todo saliera perfecto y no paraba de dar indicaciones, Sila, muy tímido se mantenía callado y obediente y Enoc, el percusionista de la primera época de Jona, no pegaba pie con bola. La audición fue mediocre y cuando terminaron Jona dijo en tono jocoso que "en nombre del grupo esparaba que les hubiese gustado y ojalá hubieran pasado la audición". Nadie se rió. Un viento helado y celeste perfumó el momento incómodo de los cuatro juglates ahí parados frente a la flamante representante del rey quien sin decir palabra abandonó el lugar muy seria. Los cuatro hermanos se quedaron angustiados, todo indicaba que no les había ido bien y Jona de pronto sintió un irrefrenable deseo de mandar todo al diablo. Quizás entregarse a la simple vida de granjero con su tio no estaba del todo mal. Pero el destino les tenía guardado un as de manga guardado para ellos. 

    Pasaron los días, que se convirtieron en semanas. Todos estaban de acuerdo en que no había muchas chances y la agrupación comenzaba a disgregarse. Sila pasó a visitar a Jona a su casa y lo enocntró fregando los pisos, maldiciendo a diestra y siniestra. Sila tuvo miedo y salió a todo trapo de allí. Buscó a su otro hermano, a Juda, que se encontraba obnubilado en el jardín de atrás tocando la sitara. Sila se acercó y le preguntó si creía que todavía existian chances. Juda lo miró con odio. En eso escucharon golpes en la puerta y ambos fueron corriendo a ver quien era. Un mensajero real huía veloz a caballo rumbo al sur. En la puerta de la casa de Juda vieron un rollo con el sello real. Lo abrieron con manos temblorosas y Sila leyó lo mismo que su hermano Juda. Dentro de dos lunas el Rey los espera en el palacio real para una ceremonia de gala. Hagan bien en traer sus instrumentos y por favor, cambien a su inexperto percusionista. Atte: Princesa Jorgelina. Sila y Juda se miraron con asombro y saltaron de alegría. Fueron a todo galope hasta la casa de Jona que se encontraba fumando pipa en la puerta de su casa. Sin poder mediar palabras le entregaron el pergamino abierto y esperaron las palabras de su hermano mayor. Jona, que todavía se encontraba de mal humor, agarró con bronca el rollo y comenzó a leer. Su expresión cambió en segundos pero se hizo rogar. Cuando parecía a punto de entregarse a la alegría general terció su rostro con una morisqueta de enfado. ¿Y que hacemos con Enoc? Es mi amigo. Juda no dudó un segundo, le dijo que Enoc no tenía experiencia y que por más amistad que los uniera, no valía la pena a cambio de la gran oportunidad que se presentaba frente a sus narices. Era ahora o nunca. Jona lo sabía pero también sabía que Juda tenía cierta inquina con Enoc por ser el que se llevaba más miradas de la platea femenina. ¿Vos que pensás Sila? El pequeño hermano menor entro en profunda meditación para sopesar con la mayor justicia posible sus palabras. Luego disparó: Me parece injusto para el bueno de Enoc que nos bancó en todas hasta ahora. Juda no pudo evitar largar un resoplido de impaciencia. Sin embargo, continuó tranquilo Sila, pienso que es nuestra gran oportunidad para salir del pueblo. Cruzar la frontera de lo posible e ir más allá de todo límite. Jona sonrió ante la sinceridad y humanidad del pequeño Sila que podía ser muy sabio y elocuente cuando quería. Entonces queridos hermanos, preparen todo que nos vamos. Aún queda encontrar el reemplazo de Enoc, dijo Juda. Sila les confesó que conocía a un percusionista que tocaba en un grupo que los imitaba y que le parecía mucho más musical que Enoc. Está decidido entonces, vos Sila andá a buscar a ese muchacho ¿Como se llama? Rufo, respondió meditabundo Sila. Bien, te encargo que lo consigas para nosotros. Tenemos solo dos meses para perfeccionarnos. Aún tenemos fallas sensibles en nuestro repertorio. Vos Juda, si podés anda pensando cambios en nuestras canciones para que queden mejor. Juda asintió porque aunque quisiera mandar se sometía gustoso cuando su hermano mayor agarraba la batuta. Por mi parte, sentenció Jona, iré a hablar con Enoc. Tendrá que entender...

    Enoc, es claro, no lo entendió. Discutieron y terminaron ligandose a puñetazos. Finalmente, ambos con las narices ensagrentadas se fueron cada uno para su casa y no se vieron nunca más las caras. A las pocas semanas, Rufo ya se encontraba tocando con Los Bardos como flamante nuevo percusionista. Rufo era bajito, narigón y le gustaba hacer chistes a toda hora. Rápidamente les cayó bien a todos. Tenía algunos meses más que Jona, sin embargo Jona seguía siendo el hermano mayor. Porque más allá de la edad, todo era una cuestión de liderazgo. Los Bardos mejoraron su set a base de ensayo y error, Juda aportó nuevas ideas para los temas y junto a Jona compusieron algunas canciones mejores de las que ya tenían. Además tocaron casi todos los fines de semana en la cueva más cercana al pueblo debido a una mejor acústica, con el lugar a tope de sus fanáticos. La cosa se encaminaba de a poco y todos lo sabían. 

    Cuando llegó el gran día, los cuatro Bardos fueron en la carreta del padre de Juda a todo trapo y en menos de un día llegaron a destino. Los esperaba un representante del Rey que los ubicó en una gran habitación del Castillo real. Todos estaban concentrados en su setlist. Sila vivoreaba sobre las cuerdas de su sitara, Juda afinaba su banjo, Rufo no paraba de hacer ritmos sobre cualquier superficie mientras que Jona miraba por la ventana la luna llena. La suerte estaba echada. 


domingo, 19 de mayo de 2024

Los fabulosos cuatro hermanos: La llegada del hermano Juda

 2


    Todo hermano mayor lo es en relación a la aparición de un segundo hermano. En el caso de Jona esto se dió cuando algunos meses después de su fortuita aparición en escena otros muchachos entraron al juego. Jona era la sensación total para chicas y chicos, todos lo adoraban. Pero Jona sentía que su talento era limitado y necesitaba de otros que le hicieran la segunda, para así aprender más y potenciar su capacidad. En este contexto es que una tarde de domingo, mientras hacía su función para un grupo de jóvenes pueblerinos, apareció el segundo hermano Juda. Un jovenzuelo que miraba a Jona desde el llano, con admiración por ese hermano mayor motivado e inspirador. Al finalizar su pequeño show Juda se acercó a Jona y se presentó dándole un apretón de mano. Le contó que él también hacía música en el jardín trasero de su casa. Juda había perdido a su madre hacía poco quien había sucumbido víctima de una misteriosa enfermedad. La madre María había ascendido a los cielos del todopoderoso pero era una guía en la vida del joven Juda quien demostró ser un joven extremadamente talentoso. Invitó a Jona a su casa y le mostró algunos trucos que había aprendido en su cítara. Jona no podía salir del asombro que este joven le generaba con su talento innato. Sin embargo Juda era todo lo opuesto a Jona. Era un hijo querido, deseado, amado y ponderado por su padre. Jona no tenía eso y un poco le molestaba que Juda fuera el elegido de Dios a diferencia suya que parecía abandonado a su completa suerte. De todos modos, Jona y Juda se hicieron grandes amigos y rápido comenzaron a trabajar juntos para complementar su talento. Jona aprendió tanto de música de Juda como Juda aprendió sobre carisma y actitud de parte de Jona, el hermano mayor. Juntos estaban destinados a cambiar al mundo. Aunque todavía no lo sabían. 

    A los pocos meses, junto con otros dos chicos formaron la primera agrupación del pueblo. Se llamaban Los dorados bardos por su estilo abiertamente juglaresco en el campo de la música popular de Las Tierras Medias. La agrupación comenzó a hacerse cada vez más popular ya que el carisma de Jona y el talento musical de Juda hicieron de aquella banda un conjunto muy carismático. Sobre todo para los jóvenes hijos de los granjeros tan desacostumbrados a todo lo que es novedad. En breve comenzaron a girar por los diferentes pueblitos de la zona para dar su show en plazoletas y parques. Pero cada vez que Jona volvía a su casa lo esperaba la severidad de su tío Arón que no solo no comprendía este nuevo estilo de vida sino que lo reprendía, recordándole que ahora que era grande debía aportar a la casa. Si no podía traer una moneda al hogar tendría que irse con el a trabajar a los campos. Por otro lado, el joven Juda tenía todo el apoyo de su padre que lo instaba a continuar dandole rienda suelta a su innato talento musical. Claro que el padre de Juda tenía eun mejor pasar económico siendo este un importante comerciante de la Villa. Pero además era un hombre de mente mucho más abierta, y se sentía cómplice con su querido Juda. Jona llegaba a los ensayos en la casa de Juda angustiado por la situación que vivía con su tío. Juda lo miraba sin comprender del todo pero aún así lo instaba a que siguieran creando nuevas melodías juntos. Uno estaba frustrado, angustiado, el otro en cambio estaba contento y motivado. Según Juda si continuaban por ese camino lograrían grandes cosas. Y en verdad no se equivocaban. 

    Para colmo de males Jona conoció a Esther, una joven pueblerina de su barrio y juntos hicieron el amor sin saber nada al respecto. Para Jona la poco atractiva Esther era una posibilidad de escapar de su casa y que su tío no lo volviera loco con su exigencias. Además era una forma de descargar su intensa energía sexual que venía acumulando desde su infancia. Pero aquello no salió como Jona hubiese querido. Esther pronto quedó encinta y cuando parecía que Los Dorados Bardos comenzaban realmente un camino parecido al éxito, las cosas se detuvieron. Jona no podía hacerse cargo del hijo que tendría con Esther y pensó en huir lejos, más allá del Reino, atravesando mares, rios y montañas. Pero Esther le convenció para quedarse a su lado. Ella apostaba al exito de Jona y pronto volvieron las buenas noticias. Sus presentaciones populares se hicieron famosas por todo el reino y se corrió la bola de boca en boca de que aquellos muchachos hacían vibrar a todos allí por donde pasaban. Pensaron en hacer una verdadera gira hasta llegar al centro del reino, la ciudad lejana del sur. Pero Jona y Juda se dieron cuenta que necesitaban más talentos para estar a la altura. Juda le habló a Jona de un chico muy talentoso que podía estirar las cuerdas de la cítara como nadie nunca había hecho jamás. Jona le dijo que estaba bien, que trajera a aquel gurrumín para ver si era cierto lo que el presumido de Juda decía. Una de aquellas tardes en que volvían de un pueblo todos abarrotados en una vieja carreta, Juda le presentó a Jona al joven talento. Se llamaba Sila y parecía un niño a ojos de Jona que lo miró con cierto desdén. Pero Juda instó al joven muchacho a que le mostrara lo que sabía al hermano mayor que andaba con su eterna cara de preocupación, pensando en como haría para mantener al hijo que venía en camino. El pequeño Sila destapó de un trapo viejo una citara desvencijada que parecía a punto de romperse. Sila era el más pobre de los tres, pero con su cabellera muy revuelta y una cara de absoluta confianza, comenzó a tocar unos punteos que dejaron a todos pasmados en la carreta. Jona quedó tan sorprendido que volvió a sonreir después de varios días de andar con cara de fantasma constipado. Tomó por el hombro al pequeño Sila y le dijo: Estás adentro. 

    Pocos meses después tocaban por toda la vieja isla y sus seguidores se multiplacan por montones. Un amigo de Jona, el primo Levi, se incorporó como su representante. Ahora estaban organizados y encaminados directo al éxito. Cambiaron su nombre al más escueto y adusto Los Bardos. Sin más vueltas ni vericuetos. Su estilo era directo, certero y hacía bailar a grandes y chicos allí por donde fuera que vayan. Hasta salieron del reino una vez, llevados en barco a las tierras de más allá. Al país de los viejos godos donde una turba infame de jovenes los esperaban ansiosos. Se presentaron en el primer pueblo que pisaron y fueron el éxito del primer fin de semana. Pero cuando se enteraron en aquel pueblo que el Sila era más chico de lo permitido los mandaron de regreso a casa. El pequeño hermano volvió llorando todo el camino de regreso, sintiéndose culpable. Juda estaba irritado por el contratiempo hacia el éxito, lo mismo que Jona que tenía mucho más que perder aún. Sin embargo, Jona tuvo un acto de piedad hacia el menor de los hermanos y se sentó al lado del pequeño Sila que no paraba de llorar. Jona puso su brazo encima de Sila y lo contuvo. Tranquilo, le dijo, ya vamos a volver. Luego lo miró y le dijo vos sos nuestro hermano menor. Siempre vamos a cuidar de vos. Sila dejó de llorar y abrazó con fuerza a su hermano Jona, el hermano mayor. Luego se quedaron mirando las olas del mar en aquel día frío y gris de otoño. Sonrieron porque sabían que no faltaba mucho para la batalla final. 

sábado, 18 de mayo de 2024

Los fabulosos cuatro hermanos: La leyenda de Jona


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    Hubo una época en la que todo parecía lejano, por demás ajeno a nuestra concepción de humanidad. En ese tiempo fuera del tiempo, en un lugar indeterminado del mundo, había humanos deseantes. Lo que parecía una comunidad arcaica y tranquila, en realidad era un portentoso semillero de novedad y expectativas. Algo en el aire que hacía vibrar las hojas de los árboles parecía murmurar épocas de cambios importantes. La sociedad frugal y agraria corría indefectiblemente a un cambio de época. Como en todo momento bisagra y clave, son a veces los hombres anónimos y corrientes los que llevan la marca que propiciaran la nueva era. Como anónimos, son ellos los pioneros, aquellos personajes históricos que parecen destinados a agitar el avispero y transformar la sociedad para siempre. 

    Nuestra historia comienza con Jonás, primogénito de una familia cualquiera de campesinos. Situados en una aldea-isla tan alejada del centro del reino como se podría esperar. La periferia de la periferia. Y nadie es ajeno al hecho evidente de que nada se esperaría de allí. Pero Jonás nació distinto. Quizás porque su padre abandonó su hogar cuando era muy pequeño y su madre, imposibilitada ante tremenda carga, perdió su norte. A Jonás lo terminaría educando su tío Arón. Lejos de todo vínculo familiar afectivo, Jonás creció con carencias afectivas que le fueron conformando un determinado carácter. Rudo, áspero, caustico e irónico. Jona pensaba todas las noches en la ausencia de sus padres y a veces lloraba en la oscuridad, tratando de entender aquel cruel abandono. Pero cuando su tío lo encontró una vez llorando desconsoladamente en el jardín y le recordó que "los muchachitos no lloran", Jona tuvo que empezar a tragarse en silencio todo su dolor. Porque si algo no quería era contradecir a su terrible tío que podía azotarlo por solo apoyar mal la azucarera. Ni hablar de conterstarle o mirarlo mal. Pero el tío, hermano de su madre, hizo lo que pudo. Jona tuvo que aprender a contentarse con el hecho de que al menos alguien se había encargado de él. Sin embargo, por eso mismo se había determinado con toda la fuerza de su voluntad de que haría todo lo in-humanamente posible por torcer su destino y salir de allí. Lo que necesitaba era un motivo que le permitiera encontrar un nuevo camino que lo sacara del destino predeterminado de ser un granjero más de la pequeña comarca. 

    Los sábados a la noche, su tío bajaba la guardia, abría su barril de cerveza y empinaba el codo que daba calambre. Jona se había criado viendo las "sanas" costumbres de aquel cerdo puritano, como él le decía en su mente. Pero una noche en que su tío se encontraba más borracho que de costumbre, Jona se sorprendió al escuchar que el viejo Aróon comenzó a tararear una especie de letanía desde el interior de su infierno personal. La melodía monótona no tenía mucho sentido y era algo así como una melopea infame y monocorde. Pero aún así Jona se quedó atento mirando fijo a su tío, como si algo nuevo, algo inaudito estuviera pasando ya que nunca había esuchado a alguien "cantar". Ni para bien ni para mal. Ese momento en que su tío se conectó con algo más allá de las palabras imperativas de órdenes o palabras secas y mostro su limitado pero fragil mundo interior, cambió para siempre la perspectiva de Jona. El tío cesó en breve con su cántico, miró desafiante a su sobrino y solo atinó a eructar. Acto seguido cayó presa de un sueño profundo y su cuerpo se descompuso en un instante, cayendo la jarra de su mano al piso y comenzando a roncar de forma estruendosa. 

    Ahora Jona tenía algo mejor que llorar en silencio por las noches: cantar. De a poco comenzó con la ardua tarea de comprender que era una melodía y al principio intentaba replicar lo que había escuchado de su obnubilado tío. Pero cuando las conexiones cósmicas comienzan con su cadena de coincidencias ya es imposible detener el tren del destino. Jona se encontraba arando con los bueyes de su tío cuando escuchó una voz que cantaba a lo lejos una melodía mucho más elaborada que la de su rústico familiar. A Jona se le detuvo el corazón y bajo el ardiente sol de verano vio pasar por sobre la colina a un hombre delgado como un fideo, que cantaba y caminaba dando saltitos en un forma que parecía transmitir una nueva sensación, una nueva emoción para Jona, la alegría.  

    Jona comenzó a prestarle atención a toda la sonoridad del campo. El soplar del viento, el tintineo de la lluvia, el trinar de los pájaros. Y ahora Jona tenia una nueva motivación en su vida, crear nuevas armonías y melodías que hicieran felices a otras personas. Necesitaba poder crear aquello para suplir una ausencia que no podía terminar de explicarse. Entonces fue que pensó que necesitaba algo para acompañar su canto y entonces comenzó a confeccionarse una especie de caja para hacer percusión. Eso lo motivó por demás ya que con unas maderas, un viejo cuero de vaca y unas cuerdas pudo darle forma a lo que sería una especie de precario tambor. Y así comenzó el baile. Jona experimentaba dando golpecitos seguidos, luego pausados. Más fuerte. Más despacito. Fué descubriendo nuevas y diferentes sonoridades. Y de a poco sumando su voz, diciendo palabras que de pronto podían rimarse con otras. Una musicalidad inédita que descubrió probando y experimentando, logrando de a poco alejarse de la tristeza constante a breves pero intensos momentos de alegría. Jona había descubierto para sí el amor a la Música, una de las diosas más increíbles y misteriosas del mundo. 

    Una tarde de aquellas en que Jona se encontraba paseando por los alrededores de su casa, tamborileando y tarareando nuevas melodías, se encontró de sopetón con su tío. Al principio pensó que aquel viejo desquiciado le pegaría o le rompería su tamborsito de cuero, pero no. El tío estaba más cansado, quizás más viejo, y por otro lado Jona estaba hecho casi un hombre. El tío se impresionó por la capacidad de su sobrino de crear nuevas melodías. Se volvió sobre sus pasos y salió corriendo hacia la casa. Jona pensó que aquel era su final. Seguro volvería con una lanza o algún puñal, antigua reliquia familiar. Pero no, el tío volvió casi emocionado hasta las lágrimas. En sus manos traía un extraño objeto cubierto por una tela roja. El tío no dijo palabra pero le indicó con la mirada que lo descubriera. Jona dudó pero la curiosidad pudo más que el temor y sacó la tela. Sobre las grotescas manos de trabajador de su tío reposaba una especie de madera tallada, con extrañas curvas y unos hilos metálicos que lo atravesaban. Tan tirantes que parecía que pudiera cortarte la mano. Jona tuvo miedo pero el extraño objeto no parecía creado para hacer daño. Sin embargo era extraño, detentaba una forma estridente y caprichosa. Pero el tío seguía indicandole con la mirada aquel objeto. Jona lo agarró y de una forma intuitiva que nunca podría explicarse lo tomó de la forma correcta y rasgueó aquellas cuerdas de metal. El sonido fué diáfano y nunca lo olvidaría en su vida. El tío dejó escapar una lágrima. Era de tu madre, le dijo.

    Jona sintió sincera y profunda alegría. Algo de su pasado, perteneciente a su madre, venía a mostrarle ese camino que venía buscando desde niño. Entonces Jona comenzó esa misma tarde una larga peregrinación por todo el pueblito, tocando, equivocándose, descubriendo. Los sonidos vibraban y contagiaban a todos los pueblerinos que felices comenzaban a bailar mientras seguían a aquel joven y alegre jilguero. Sobre todo los jóvenes como él, que veían en Jona la representación mítica del Hermano Mayor. Guía y conductor de las huestes juveniles. 


Continuará...