miércoles, 9 de junio de 2021

Le Bateleur (Los Tullidos)

Je suis le bateleur, je suis le magicien, je suis nisman...

Cuando nos damos cuenta que somos unos pobres tullidos del alma, cuando nos cae la ficha que somos discapacitados en lo emocional, entonces entra el juego nuestro amigo el ego. 

Él nos dice que en realidad, los demás son los que están mal. "Si el mundo te da la espalda, lo que tienes que hacer es darle la espalda". Hasta que vemos que todos nos damos la espalda. Que no hay empatía, que no existe la solidaridad y la idea de comunidad. Y lo peor de todo es que somos parte del problema. 

Sufrimos, agobiados por un sistema excluyente del cual todos los partidos políticos forman parte. Y entonces caemos en una espiral sin fondo. ¿La solución? No existen las soluciones mágicas. Solo ser parte integral de la sociedad, comprometernos a mejorar, a mirar al que tenemos al lado. Animarnos a tender una mano para que todos estemos mejor. Hacerle un lugarsito a Jack en la balsa (teléfono para Rose).

Ser un tullido, hoy, no implica algún problema de movilidad, sino más bien un problema de falta de consciencia respecto a las problemáticas de nuestros congéneres. Sean éstos seres queridos, cercanos o perfectos desconocidos. 

Ahora, si me permiten una intromisión, quiero decir que el mago del Tarot tarda en accionar, pero a la larga vendrán lluvias suaves, la siembra rendirá sus frutos, las cosechas serán beneficiosas. Pero de momento, ahora hay que capear la tormenta. 

Es un mensaje de Protección al corazón, Seguridad vidal y Los socios del desierto. 


viernes, 4 de junio de 2021

GAMALEIA


Zvyozdni Gorodok o "Ciudad de las estrellas". URSS.

Centro Gagarin de entrenamiento de Cosmonautas (CGEC).

1º de julio de mil novecientos ochenta y...

Laszlo Kovacs salió del ascensor y una vez afuera de la enorme mole gris de granito y hormigón, buscó refugio del fuerte Sol que azotaba a la Ciudad de las estrellas. Antes de llegar al alerón del edificio donde tenía su residencia, pasó por la gran efigie icónica del lugar. Un Cosmonauta atravesando un aro de fuego, o atravesando el espacio conocido, el universo, saliendo de la galaxia o entrando a un agujero negro. 

Que importaba... la figura alegórica le trasmitía paz y tranquilidad. Sentía que estaba en el momento y lugar indicado. Que ser un cosmonauta soviético era el mayor honor que podía tener. 

Un hombre soviético, de la Tierra a las estrellas, por el pueblo. Ya llegaría el día de alcanzar la gloria en nombre de todos, como antes lo había hecho el gran Yuri Gagarin. 

Pero el verano soviético llegaba a su fin y no quedaba nadie con quien conversar en toda la ciudad. Laszlo se sintió apesadumbrado, desolado, perdido. Porque quizás ser un soltero empedernido era algo ideal para un hombre espacial, pero a veces sentía flaquear, sentía que su parte débil, la más humana de las partes, le susurraba que añoraba el deseo, que añoraba lo que otros tenían, que debía buscarse un amor. Pero Kovacs descartaba de cuajo estos cuestionamientos que surgían de sí. Los tildaba de burgueses, de "occidentales". "Siempre añorando tener, obtener, poseer". Ese es el pensamiento que lleva a la ruina al mundo occidental, a los capitalistas, a los adoradores de la materia.

El calor hizo tambalear a Kovacs y después de horas bajo el entrenamiento acuático, su cabeza daba mil vueltas. Necesitaba descansar y no pegaba el ojo desde hacía casi un día. Eran las tres de la tarde y estaba por perder el conocimiento. Se sujetó del soberbio monumento para no derrumbarse al piso ardiente. Elevó la mirada hacia la cara del cosmonauta, rodeado de una especie de halo en la cabeza. Después de todo, los cosmonautas son una especie de ángeles, pero más humanos, más imperfectos, más mortales...

Pero ahora el piso estaba mojada, era otoño (si es que existe el otoño), y la URSS ya no es la URSS, sino la Federación Rusa, la heroica bandera roja con la hoz y el martillo ha sido reemplazada por una bandera convencional de tres colores, blanca, azul y roja. El país ha perdido territorio en el oeste, y nos gobierna un extraño sujeto con super poderes, un ex KGB. Somos amigos de los chinos y los argentinos. Extrañas alianzas... pensó Kovacs. La humanidad está atacada de un mal, una pandemia global azota y aniquila a miles de personas. Rusia es una de las pocas naciones que encontró la cura, o más bien, la vacuna para prevenir este gran mal. EEUU es un gigante en decadencia, hundiéndose en su propia miseria de egoísmos y odio racial. 

Una palabra resuena en su cabeza. Gamaleia, gamaleia, gamaleya, gama, leia...

Es un mensaje de Yuri Gagarin desde el más allá. El final del mundo conocido está cerca, pero gamaleia traerá la solución, vodka y solidaridad para todo el mundo, de Rusia con amor...

Kovacs comprende su función de allí a cuarenta años en el futuro. Una pieza clave en el descubrimiento del compuesto que revolucionará todo y hará, después de la dura caída en diez años, a nuestro pueblo grande y orgulloso otra vez. 

Laszlo abre los ojos y ve la cara del cosmonauta de granito con esa mirada perdida en el infinito y más allá. Y ese halo angelical que ornamenta su cabeza. El sol por detrás. El golpe de calor lo hizo desmayarse. Por allí pasa una de las jóvenes estudiantes de cosmonáutica, joven promesa soviética del futuro. Lo ayuda a levantarse y Laszlo no repara en ella hasta que se da cuenta que la joven, con su delantal blanco lo reconoce. Kovacs es uno de los grandes cosmonautas de la URSS. Ella no puede creer estar parada frente a él. Entonces es cuando Laszlo la mira a esos ojos marrones, esa cabellera negra como el espacio, ese brillo estelar interior que deslumbra. Kovacs se pone incómodo, nervioso, sus palabras se traban y no quieren salir de su boca. Hace un intento de presentación torpe pero ella ya lo reconoció. Ahí es cuando él se anima a preguntarle tartamudeando como se llama. Ella sonríe y le contesta acercándose a su oído, como si fuera una infidencia juvenil

-Gamaleia...

martes, 1 de junio de 2021

El Supermercado como Fin

Benjamín entro al supermercado y me doy cuenta que no traigo la lista de las compras. Pero piensa que de todos modos va a comprar todo lo que vea y piensa que necesito. Soy Benja, amigo de los amigos que ya no están a mi lado. Aquellos que lo dejaron solo y se fueron a construir sus hogares al Sol. Yo estoy solo, por eso Benja se dirige a la góndola de las verduras. Mens sana in corpore sana, pienso que piensa yo. 

Algunas hortalizas para variar. Tomates verdes, para fritar el domingo al mediodía, cuando piensa que debería estar con su señora e hijos preparando un almuerzo en familia. Pero yo no necesito todo eso. Ellos no le necesitan, y no lo quiero. Está bien solo, bien me lamo. NO necesito gente a mi alrededor que me digan que hacer, como vestir, ni como vivir. Porque puede vivir su vida Benjamín, sin que nadie le razón de ser a su existencia. Además, para que tenemos las cosas? Las palabras (que dicto Benjamín ahora) y las cosas. Las cosas que hablan por sí mismas, porque somos esclavos de lo que nos posee y creemos poseer.

Pienso en el final de todo esto, que Benjamín presume que se acabará pronto. Quizás un infarto agudo del miocardio, un accidente en la calle no tan casual, una noche de excesos y barbitúricos... quien sabe. Pero el final se acerca, indefectiblemente, como lluvia discordante o melodía marchita, diría el George. 

Luego pasar al importantísimo consumo de carne. Carne vacuna en todos sus formatos, cassette, cd, vinilo, pasta, dvd, pendrive, o en memoria ram. Carne on demand? Carne digital, carne carne carne. Nunca olvidar al viejo tío Julius que me gritaba de niño frente a todos COMÉ LA CARNE!!! Ahora como toda la carne que quiero viejo de mierda, y a vos te comen los gusanos eh. A mí también, algún día, espero que no muy pronto. Porque el Benjamón no quiere morir. Se hace el romanticista decimonónico que no soporta la vida, no soporta la ausencia de amor, no soporta su pesada existencia carente de sentido. Y sí no soporto que pasa? Cual es el problema? Diría Ben...

Paso al sector de harinas: Pastas en todas sus formas y cortes. Merca, base, merluza, la fafafa, la ricarda, la refinada, la pura, la blanca, el polvo de Dios. Galletas al por mayor. Otras drogas; té, yerba, yuyito del diablo, maría, marimba, fasuli fiesta pop, oeo... Benjamín se quiere sentir un niño otra vez. Por eso...

Se compra juguetes el nene. Discos (de música vieja que nadie escucha), libros (que quizás nunca llegue a leer), telescopios (para no espiar a nadie), carpas (para no ir a ningún lugar), ropajes (para no estrenar nunca porque la verdad es que vivo encerrado, sólo, perdido en mí, ahogado en mi nihilismo narcisista), y pienso que el mundo es una mierda. Me odio y me quiero matar, cantaba Kurco... no? Y lo bien que hizo, el mundo que se venía era una verdadera porquería. Con ese faloperillo de Seattle se murió el rock, y todavía seguimos velando el cajón, no Charly? Bailando en las sombras y el eco de una fiesta que terminó hace más de veinte años. 

Otras adicciones: Chocolates, helados, cigarrillos, cerveza, vino, tartas, chauchas y palitos, osos de peluche, putas bien conchudas que gimen como profesionales, que Benjamín abraza al borde del llanto, porque se siente agónico, falto de amor, perdido, sólo e inmensamente infeliz. 

Pero para que carajo están el dinero? Para que mierda están las cosas si no es para hacernos felices? Para rellenar esos vacíos angustiantes que Benja, ni yo, ni nadie logra tapar ni con quince años de psicoanálisis encima. Porque acaso no son el verde y el amarillo los colores opuestos a la muerte? El verde para la resurrección, y el amarillo para la descomposición y decadencia... dijo Antonin.

Tengo un carrito de supermercado lleno a tope. Yogurts, frascos y frascos de cosas deliciosas, bolsas de manjares únicos, delicias pasteleras y todas las cosas dulces, amargas, ácidas (LSD inclusive), y saladitas habidas y por haber. Aparatos, chucherías tecnológicas, ropa, y todo lo que se puede conseguir en un hiper mega archi supermercado. El dinero no es problema. Tengo de sobra. La frase "tirar manteca al techo" no significa nada para mí, Benja está contento con su mega compra. Nos esperan meses de encierro, disfrutando de todas las cosas. Películas en pantalla gigante, porno y viajes espaciales al por mayor. Pero esto se acaba aquí. Perdón David, que no sea hoy tu estrella la que ilumina.

Cuando salgo de Monstruo mercado me siento realizado, satisfecho. Siento que compré todo lo que quería, lo que necesitaba, lo que no necesitaba pero quería igual, porque soy un pendejo caprichoso y materialista del orto, No Benjamín?? Y entonces encaramos hacia nuestro auto. Una mujer parada al lado de mi coche, arrulla a un recién nacido. Me causa gracia y le dice Benja, pobresito, no sabes la que te espera... Entonces, como si lo hubiera escuchado, el bebé prorrumpe en un llanto agónico, lastimero, y de inmediato, la mujer saca una teta blanca y joven, con un pezón un tanto mordido pero hermoso. Su halo es grande y la tetita está llena de leche tibia. El pibe se prende como si se le fuera la vida en eso. Se calma al instante. Yo miro mi carrito que está lleno de cosas hasta casi mi altura y luego miro a la madre con su vástago. Benjamín se pregunta después porque vivimos una vida de angustia constante. El caso está cerrado, todo está más que claro. Y yo me siento vacío otra vez, toda esa compra inútil la tiraría por un barranco. Necesito llegar a casa y tomar la pastilla porque me hundo. Intento poner la llave para abrir el coche pero es imposible, una catarata nubla la visión de Benjamín. 

lunes, 17 de mayo de 2021

Lo que viene de allá, lejos


Me desperté llorando y empapado en transpiración. El cuarto estaba muy oscuro, ella se movió en la cama a mi lado. Me preguntó medio dormida que pasaba. Le dije que nada, que había tenido una pesadilla en la que soñaba con el día en que nos conocimos; pero entonces había una invasión alienígena donde caían como bolas de fuego y ella moría fulminada en mis brazos. Y después de eso tuve un sueño dentro del sueño, donde era chico y caminaba con mi papá por mi viejo barrio, y recordaba como unos misteriosos rayos caían del cielo y mi viejo moría paralizado por uno de estos extraños lásers. Entonces fue que me agarró una tremenda angustia y desperté así.

Ella se quedó callada, no sé si porque se quedó dormida o pensando.

—Bueno amor, fue una pesadilla nomás, volvé a dormir. O tomate un vasito de agua— Me dijo compasiva.

La miré en la oscuridad, y la noté más mayor, despeinada y cansada. Me acordé del sueño, y de esa imagen de ella, cuando teníamos veintipico de años. En ese entonces teníamos mucha más sensualidad y onda para vestirnos.

La besé en la frente y me levanté a mirar por la ventana. Era una noche sin luna, pero el cielo estrellado del campo es algo difícil de superar. Miles y miles de estrellas, galaxias apenas perceptibles, y los planetas más cercanos hacían del cielo un verdadero ballet cósmico.

Salí de la casa, para poder ver mejor el cielo estrellado. Por suerte todo había sido un sueño. Quizás el estrés del trabajo me afectó más de lo que pensaba. Pero estas vacaciones en la casa de campo de sus padres, en las afueras de 9 de julio, eran propicias para calmarse y descansar.

Me encontraba absorto cuando vi un fulgor extraño en el cielo y, de repente, una de las estrellas del cielo se movía, haciéndose cada vez más grande. Apenas tuve tiempo de agacharme por mero reflejo, y BUM! cayó un meteorito muy cerca de la casa. Fue todo un flash de un segundo, pero mientras me agachaba y cerraba los ojos, sentí una leve vibración en el suelo, un clamor como si se tratara de una bomba de estruendo.

Entré a la casa a ver si ella estaba bien. Me preguntó que pasaba, y le dije que algo había caído cerca de la casa.

—Quizás en el bosque del fondo que está pasando la cerca de la casa.

—Bueno, volvamos a dormir, me dijo.

Pero yo estaba determinado a inspeccionar el suceso. Nunca había visto un meteorito recién caído. Agarré la linterna del cajón de mi mesita de luz, me puse unas zapatillas y salí a investigar el inusual suceso.

Cuando estaba cruzando el jardín rumbo al bosque, sentí la voz de ella que me llamaba, mientras se acercaba hacia mí. Se aferró a mi brazo derecho y me dijo que tenía miedo de quedarse sola en la casa. Hacía mucho que no se aferraba así a mí, porque en verdad, no veníamos muy bien que digamos.

Por mi parte, yo apenas podía creer que algo hubiese caído del cielo, a poco de soñar con cosas similares. Ella me rogó que volviéramos a la casa, pero algo en mí necesitaba ver. Era mi única chance de tener algo de aventura en mis aburridas vacaciones campestres.

De repente, empezamos a encontrar árboles caídos, rotos o semi quemados. Había olor a madera quemada y a pelo chamuscado.

Llegamos hasta el hoyo. Era de cinco metros por siete, aproximado. En el interior del cráter, encontramos una refulgente piedra ambarina. Emanaba una luz latente y difícil de definir. Me acerqué a ver, pero ella me agarró de la manga y me dijo que me acordara del cuento “Ese”. Que ni me acercara a ese fulgor o me pudriría en vida. Recordé la referencia y me agarró tal julepe, que decidí darle la razón.

Dimos media vuelta y encaramos rápido hacia la casa. Mientras caminábamos por el bosque, me di vuelta para ver el cráter, algo me llamó la atención de ahí, y no pude dejar de mirar.

Mientras trataba de no caerme al suelo, el fulgor del cráter se iba apagando. Y antes de perderlo de vista por completo… no sé si fue mi imaginación que ve cosas en la oscuridad… me pareció ver una sombra que emergía de allí, una sombra que se movía rápido por el bosque.

No quise decirle nada a ella, que es muy asustadiza, y creo que por ver muchas películas de terror. Sin embargo, la agarré de la mano porque la necesitaba y empecé a correr como endemoniado hacia la casa. Ella no paraba de preguntarme que pasaba, que había visto, le dije que nada, pero que había que rajar de ahí lo antes posible.

Al fin llegamos a la puerta de atrás. Quise abrir y no pude, parecía cerrada. Creo que me estaba por hacer pis encima. Ella a mi lado no paraba de insistir nerviosa, preguntándome que era lo que pasaba. Entonces, en medio de ese forcejeo, pude abrir la maldita puerta y nos metimos. Cerré con llave, y le pedí que hiciera lo mismo. Como no cooperaba e insistía en preguntarme sobre lo que pasaba, le dije que básicamente me había parecido ver una sombra que se movía en el bosque, y de forma muy rápida. Ella se puso más blanca de lo que ya es, y se quedó paralizada. Di un pequeño grito y le dije que se moviera, ¡vamos! Entonces reaccionó y se puso a cerrar puertas y ventanas.

Luego, nos quedamos mirando desde adentro, por todas las ventanas, a ver si aparecía algo ahí afuera. Ella casi no podía hablar. Me acerqué para abrazarla, pero estaba en tal estado de shock que disparaba chispas de la tensión. Quizás la había asustado inútilmente. Quizás había sido mi imaginación, mis inconfesables ganas de haber visto algo que se movía. Se lo dije, se lo expliqué. Le dije que tratara de calmarse. Entonces se dio vuelta, mi miró con esos ojos hermosos, celestes y nostálgicos como el mar que la vieron nacer, y entonces la besé sin más.

Me acordé del sueño, de la terraza, nuestro primer beso, y recordé que la amaba, a pesar de los años que hacía que estábamos juntos, y de que a veces uno se acostumbra al otro, y entonces entra en una rutina, de a poco se pierde el deseo. Pero más allá de todo eso, yo aún la amaba.

Le dije que volviéramos a la cama, que todo había sido un susto nomás. Pero ella todavía tenía miedo. Sugirió llamar a la policía, pero le dije que no era delito que cayeran meteoritos en el campo. Era de lo más habitual y común. Además nadie se iba a molestar en venir hasta ahí por tan poca cosa. Ella me dijo que quería volver a Buenos Aires. Que extrañamente se sentía más segura allá, en medio de ese loquero, que en la soledad del campo. Aunque yo me quería quedar, le dije que tenía razón y que mañana al mediodía nos volvíamos.

Nos acostamos, y de a poco nos fuimos quedando dormidos mientras hablábamos cada vez de cosas menos importantes. Mientras la abracé haciendo “cucharas” me relajé y mis ojos se fueron apagando de a poco. En esos parpadeos, lo veo al Gris, parado afuera de la ventana. Mirándonos con esos ojos negros como botones, brillantes y ovalados. Sin expresión. Sin rencor. Simplemente, un ser curioso observándonos. Y pienso que siempre estuvo ahí, observando, desde mi infancia, ese ser incomprensible y gris.

Al final me dormí. Pensado en ella. Pensando en su nombre, pensando… ¿su nombre? ¿Cuál era?

 


Escrito en febrero de 2017.

martes, 11 de mayo de 2021

El cerebro de Brocua

Brocua Pablo, (o "Paul", "Pablito", "Pablex", "Pablada", "Paddelwatch", y un largo etcétera dependiendo de la persona que lo trate), sintió que esa mojarrita se le escapaba de la mano en aquella fría madrugada de domingo por la rambla de los pescadores de Costanera norte. 

Los bagres milenarios del río antiguo, serpenteaban por el barro marmolado del Plata, desde tiempos inmemoriales. El registro de la pesca con mosca, mojarrita o gusanos y demases, quedó impregnado en sus pequeños cerebros. Pero esto Pablo no lo sabía e insistió con el viejo truco. Se encargó de secarse bien las manos y hacer bien las cosas desde el principio. ¿Acaso se dejaría vencer por un ictiandro de un río barroso? No lo podía permitir. 

Mientras preparaba la carnada, algunos bagres saltaron frente a él, como burlándose de su desconcierto. Sin ton ni son, Pablada pensó que lo mejor sería armarse uno con el alba, que ya despuntaba solemne allí por el este y así calmar su ansiedad típica de porteño impaciente, neurótico, precoz. 

Las primeras secas a su "tempranillo" lo dejaron de tal manera colocado que de repente sintió que se elevaba junto con el astro frente suyo. Aquella estrella mediana a la cual nadie le pidió que apareciera pero aún así ella insiste en su nombre masculino y en hacernos creer que le debemos la vida, o al menos eso pensaba Pablín mientras miraba encandilado como el Sol asomaba por sobre el chocolatoso Río de barro y sedimentos. Acto seguido, procedió a tirar la tuca al río diciendo en voz alta:

"Pa' los duendes... o pa' las nereidas... o pa' lo que sea que haya en ese caldo, si es que hay algo..." y luego escupió un sonoro y despreciativo gorgojo de moco mañanero que cayó girando hasta hacer "plop".   

Pensaba en volver a su casa a dormir cuando un sonido que venía de allí abajo le detuvo, como si fuera un PLOP-PLOP, húmedo y asfixiado. Exactamente como un pez fuera del agua. Pablada se asomó intrigado y ahí lo vio como salido de una película clase b. Estaba recostado sobre un tablón flotante. Parecía muerto. Sus escamas encandilaron sus ojos por el reflejo de los inminentes rayos del Sol naciente. 

Paul buscó una manera de llegar allí y la encontró. Descubrió una pequeña escalerita de piedra del lado del río que bajaba de forma tímida hacia el caldo de cultivo amazónico. Y haciendo uso de su larga caña pudo ensartar al extraño ser brillante y traerlo hacia sí. 

Pablada nunca había visto nada como eso. Buscó la forma de subirlo pero el hombre, o el pez, o lo que fuera que fuese, parecía no querer alejarse de su elemento. Solo hacía un desagradable y molesto sonido de sopapa con la boca. Lo que se conoce como una "boqueada de pez". Los ojos eran redondos y estaban casi ubicados en lo que sería la sien de una persona. Ojos marrones, orejas branquiales, branquias por detrás de las orejas, escamas en todo el cuerpo aceitoso y marrón. Unos bigotes típicos de bagre y una mirada profunda que le pedía compasión a un Pablex a cada momento más confundido y desorientado. 

Paddlewatch buscó ayuda con la mirada pero no había nadie, toda la costanera estaba desierta y ahora había llegado a uno de esos momentos de la vida donde no quedaría otra que tomar un decisión importante, una decisión que acarrearía consecuencias para terceros, decidiera lo que decidiese. Y no había escapatoria ni vuelta atrás. ¿Las opciones? O dejarlo allí a la deriva y adjudicar todo el asunto a la psicodélica mañana porteña, o avisar a las autoridades de que había un ser imposible, un anfibio, el eslabón perdido entre los peces y los humanos. El hombre-pez, o mejor dicho, "El Hombre Bagre". ¿Sería el famoso rey Bagarto? ¿Quien podía saberlo? Claramente Pablo Brocua no. Él apenas sabía para qué había venido a este mundo y a cada cumpleaños que pasaba se sentía más perdido que nunca. ¿Pero ahora que hacer? Porque la situación moral exigía una acción de parte suya. Él, que no se sentía un hombre de acción. Odiaba eso... y ahora entonces...

El hombre bagre lo agarró del cuello y lo miró fijo. Pablo se perdió en la profundidad de esos ojos marrones, ojos milenarios, ojos que habían visto seres monstruosos en las profundidades más abisales del Río de la Plata, esos ojos que habían divisado la llegada de las primeras carabelas españolas fondeando frágiles la inmensidad que se los tragaría para siempre. Esa inmensidad que los españoles no supieron manejar y que al final fue su ruina. Esos ojos que observaron la llegada de las flotas inglesas y francesas y como fueron detenidos por los criollos con cadenas. Esos ojos que vieron submarinos nazis entrar y ya no volver a salir nunca más. El río se los tragó a todos ellos. Porque los bagres rigen estas aguas desde tiempos prehistóricos y llegó la hora de que recuperen su reino. 

Eso es lo que al final comprendió Brocua en su último respiro. La mente de Pablo voló, pero el cerebro de Brocua quedó en su lugar. Lo último que vió fue su figura, soltándolo en el río mientras se retiraba y subía los escalones de piedra con una mirada perdida pero profunda. Mientras a él, las aguas marrones lo engullían para siempre. 

sábado, 1 de mayo de 2021

A Rodolfo García, batero de Almendra

Rodolfo García nació en Buenos Aires en 1946. A lo largo de su fructífera carrera ha sido batero de Almendra, La Nebbia's Band, Aquelarre, Tantor y también de bandas como Los Larkings, donde por su intermediación fue incorporado un pre adolescente Spinetta para cantar en algunos temas. Luego, formarían junto a otros dos chicos del barrio y del colegio (Belgrano, el colegio San Román), una de las bandas más icónicas y cuasi fundacionales del rock argentino. 

Almendra fue la primera banda que me llamó la atención de todas las que tuvo Luis. Corrían los inicios del año 1997, y yo estaba en primer año de la secundaria. Esos primeros años formativos en cuanto a gustos personales que irán definiendo tu personalidad, gustos y forma de ser para el resto de tu vida. "La educación sentimental" vino en casa de la mano de los discos de mi viejo y mi hermano mayor. Pero una tarde de ese año en que todos decíamos escuchar tal o cual cosa, una canción resonó en mi cabeza. Fermín. Entonces le pregunté a mi vieja de quien era ese tema que decía algo de "las manos de Fermín". Ella sin vacilar me dijo está en el disco de Almendra ese que tiene un tipo con una sopapa en la cabeza. Listo! Busqué el disco y escuché en principio el tema ese. Pero luego me dio por escuchar todo el disco y me voló la peluca. En breve, Almendra se constituyó, junto a The Beatles que ya me gustaban de pibe, en mi banda cabecera. Y yo sin saber la relación intrínseca que hay entre ambas bandas. 

Un día, ahorrando plata con la que iba al colegio, me compré el cd, porque era importante para mí tener mi propio disco, por más que en casa estuviera el vinilo. Este cd lo podía escuchar en mi pieza cuando se me cantara. Y bueno, en mi caso, mis primeros años formativos estuvieron muy influenciados por los discos que ya había en casa. Pero como yo estaba en pleno formato cd, la compra de muchos discos que en casa estaban en vinilo se justificaban aunque más no sea por un tema de formatos, pero también de apropiarme de toda esa música que en definitiva no tenía que ser la música de mis viejos o hermano. Yo sentía que podía hacerla mía sin deberle nada a nadie. Porque la música no es de nadie y es de todos. 

Cuando llevé el cd al colegio porque me lo acababa de comprar, uno de mis compañeros, que había tomado al punk como modelo musical de vida, me dijo mirando la foto de la contratapa donde se los veía de espaldas a los Almendra tocando en un escenario bastante precario en 1969 o 1970, "me gusta la onda del batero, que tiene una batería con los cuerpos mínimos". En definitiva, mi compañero punkie, que suelen odiar a todo lo que no fuera punky, elogiaba la onda sobria y casi económica del baterista de Almendra. Claro que musicalmente no le gustaba, pero me alegró que ponderara al querido Rodolfo García, que para mí era un capo. Sólo por ser el batero de mi banda preferida. 

Ese mismo año y yo casi sin saberlo, Spinetta tocaba en Miami, dando el concierto para la MTV Unplugged. El recital saldría en un cd llamado Estrelicia. Allí, el flaco desempolva un viejo tema inédito del viejo Almendra, La miel en tu ventana. Una hermosa canción de amor, y que me atrevo a decir es más bella que la icónica Muchacha Ojos de Papel. Para tocar este tema invita a "una persona derecha como pocos, y que siempre me va a guiar, alguien a quien amo, Rodolfo García, batero de Almendra". Así lo presenta a su ex compañero de banda, quien en esta ocasión toca el acordeón. 

https://www.youtube.com/watch?v=_WHAl02ksq4

Pasó el tiempo y yo fuí descubriendo muchas otras bandas, de Spinetta y de otros varios, y Almendra fue quedando un poco atrás, pero nunca me dejó de gustar ni la dejé de escuchar. Cuestión, que en el año 2005, había unas muestras de percusión que organizaba el gobierno de la ciudad (porque hubo vida antes de que el Pro se apropiara de la ciudad) que estaban muy copadas. Al parecer, Rodolfo García ocupaba un cargo en el sector de cultura de la ciudad en ese momento y resultó que cuando llegamos (yo estaba con mi hermano y sus amigos), García estaba allí, en la entrada del lugar (que ya no recuerdo donde fue... ¿habrá sido en el Ecunhi?)

Lo veo ahí parado, bajito, con su larga cabellera ya canosa. Lo codeo a mi hermano y le señalo muy emocionado que ahí está Rodolfo García. Le menciono, no sé por qué, a mi hermano que Rodolfo leía a J Krishnamurti, siendo que de seguro lo habría leído en algún libro o revista sobre Spinetta. Entonces me acerco al baterista y le tiendo la mano, diciéndole "Hola maestro, capo, genio", no recuerdo. El me saludó sorprendido pero afable. Mi hermano se acercó por su parte y lo saludó, mientras le dijo descaradamente, "¿Cómo anda capo? ¿Sigue leyendo a Krishnamurti?". Rodolfo se quedó obnubilado ante esta extraña pregunta y le respondió a mi hermano "Je, si, a veces..."

Luego nos fuimos hacia los eventos y no lo vimos más. No podía creer que mi hermano le preguntara algo tan raro a Rodolfo García, pero el tipo siempre tranquilo y buena onda. 

En el 2009 lo vi en el concierto de las bandas eternas, en la reunión de Almendra y los amé, a los cuatro. Deseo adolescente cumplido. Zackkkkkkkkk!

Finalmente, el 23 de enero del 2020, cuando se cumplían 70 años del nacimiento del flaco, se hizo un recital en el Konex. Allí lo ví por última vez, y me sorprendió lo bien que seguía dándole a los parches siendo que tenía setenta y pico de años y la batería es uno de los instrumentos (si no el más) exigido en cuanto a lo físico. Lo noté un poco gordito y cansado, pero contento de estar en la batería. Menciono los detalles porque ese día me fui tempranito y quedé posicionado bastante cerca del escenario. Me gustó y disfruté mucho verlo tocar "Toma el tren hacia el sur", canción que casi nunca habían tocado en vivo.  

Para mi, un Señor Batero como pocos, con mucho groove e icónico, maestro de nuestro querido rock argentino, y en ese sentido, un verdadero prócer de nuestra música y cultura. Un gran abrazo maestro, hasta siempre!!

miércoles, 14 de abril de 2021

Las coronas son las nuevas vainas

Si, creo que todo este asunto del Covid es algo pensado por una (o varias) mentes Maquiavélicas. Aunque tengo dos teorías, no descarto un tercer factor que siempre puede ser. 

Porque así como el Sida fue un virus de laboratorio creado por los yankis y liberado en África, acá se me ocurre algo similar. El Covid pienso que en parte es de laboratorio, pero también es una zoonosis, un disparo del destino, un mal chiste de la casualidad. 

Todo el asunto de los murciélagos no hace más que "vampirizar" todo el asunto, dándole ribetes tragicómicos y hasta novelescos. Donde pareciera que todos seremos víctimas de este virus tarde o temprano. 

Pero por un lado tenemos a China, el gigante de oriente, que desde hace décadas viene amenazando convertirse en la nueva potencia mundial. Y de pronto aparece este virus que estalla allí. Se desparrama por todo el resto del mundo haciendo estragos, matando a personas como moscas y sobre todo debastando las economías regionales. Sin embargo, China es el primer contagiado y por ende es el primer recuperado. Al poco tiempo se alza como la potencia económica más grande del planeta, desplazando a EEUU. ¿Casualidad? como diría mi pobre angelito I don't think so...

Por otro lado, tenemos a la nefasta Christine Lagardé que hace unos años habló de que los viejos vivían mucho, que eran demasiado costosos y como el pez por la boca muere, podría empezar por matarse ella pienso yo. No sé hasta que punto todo este Covid business no tiene que ver con un plan de los poderosos para desangrar a la población mundial, sobre todo a aquella que ya no está en edad de trabajar, porque los empresarios la quieren hacer de taquito. Que todo sea ganancia y beneficio para ellos y no invertir un carajo. Tenemos una de las clases empresariales a nivel mundial históricamente más parasitaria y gusana que se haya visto jamás. Un verdadero asco. 

Ya los veo a todos esos hijos del capitalismo neoliberal muriéndose de risa al ver como el populacho va cayendo como moscas. Después de todo, uno de sus sueños es el de regular la mortalidad. El de la natalidad ya lo consiguieron con las leyes a favor del aborto. Y todos caímos. 

Ahora se vendrán tiempos cruciales y dependerá de que nosotros despertemos de este sueño en el que nos tienen sumidos. Si salimos a dar batalla contra aquellos que nos anestesian, que nos quieren sumisos, yo por mi parte me cansé de todos los que se llenan la boca hablando gansadas. Tenemos que desaburguesarnos y convertirnos en verdaderos agentes del cambio, tomar las riendas de nuestro destino y de nuestras naciones. Sólo así que dará un poco de esperanza para un futuro que se presenta desolador y muy negro. 

Así que más allá de sean los chinos, los del FMI, o los extraterrestres, la realidad es que debemos combatir a aquellos que nos quieren convertir en numeritos en su debe para pasar a su haber.

jueves, 8 de abril de 2021

Somos los leprosos del siglo 21

Desde que me contagié del Covid, el proceso de transformación fue lento pero constante. Es un proceso doloroso donde se le obliga a nuestro organismo a cambiar, a mutar, a devenir otro. No hay retorno. 

Es algo así como La invasión de los usurpadores de cuerpo, un microorganismo de dudosa procedencia y bastante dañino va cooptando de a poco a todos los humanos del planeta. De una mas o menos lenta pero constante. El contagio masivo es un hecho. 

¿Es mejor no contagiarse y resistir? O deberíamos a una nueva realidad que es un hecho indefectible, una nueva normalidad que llegó para quedarse. Y a veces resistir la ola es contraproducente, lo mejor es dejarse llevar por la marea hacia nuevos horizontes. 

Lo que me recuerda la historia de Soy Leyenda, donde el protagonista es un superviviente a una gran pandemia (de vampirismo) que se resiste a ser parte de la nueva normalidad. Se aferra a un mundo que ya no existe y, al final, paga el precio de no querer ser parte de un nuevo mundo. 

Y ahora que yo estoy en pleno proceso de cambio de piel, como la serpiente, entiendo que una vez haya atravesado esta situación, seré otro. Pero los que aún no se contagiaron no lo pueden entender, porque por ahora son la mayoría, por ahora...

Este 2021 tuvo muchos más contagiados que el 2020 que fue el año 1 del inicio de la pandemia. El año 0 fue el 2019 (de ahí su nombre), que es cuando fue aislado el virus y conocido de formar internacional. 

Nada nos dice que el 2022 no vaya a ser un año igual de terrible y con una gran cantidad de contagios. El problema son las muertes que ocasiona. Y los laboratorios que no dan a basto. 

¿Y mientras tanto? 

Los que estamos contagiados sufrimos de una especie de condena social muy lógica en estos casos. Somos los leprosos del siglo 21. Cuando alguien te compra comida te la dejan a cierta distancia, te hablan de más lejos y guau que salgas de tu casa para tirar la basura. Contagiado! Contagiado! Contagiado!

Debo decir a nuestro favor y contra nuestros detractores, que al menos no somos una imagen tan chocante como podían ser los leprosos en la antigüedad. Viendo Ben Hur (1959) el otro día, me sentí igual. 

Esperemos que cuando uds se conviertan en nosotros sean más empáticos y comprendan que un nuevo mundo se configura y no hay nada que nos pueda detener. 

Por que quizás si nos implanten un chip, pero no en la vacuna, quizás el mismo virus sea el chip. Chip, el del ojo verde. ¿Y entonces que haremos, oh, raza de Salomón? Pues fenecer y esperar el día de juicio final. 

También están aquellos que no necesitan que les implanten ningún chip, porque ya tienen la mente mutilada. 

viernes, 2 de abril de 2021

La plaza Malvinas

Catalinas Sur es un pequeño barrio dentro de otro barrio más grande y más famoso que es La Boca.  

Catalinas Sur es un conglomerado de edificios de diferentes colores, con su escuela, su iglesia, su supermercado chino, su panadería, su kiosco (Charly) y su propio destacamento de policía. Pero no es un barrio cerrado, es abierto a quien quiera que pase por allí. 

El barrio se encuentra, viniendo por San Telmo o por Barracas, por avenida Almirante Brown, atrás del gran hospital dr Cosme Argerich. 

Catalinas Sur es un barrio que se construyó en la década de los 60s cuando el país todavía no había sido devastado por la políticas anti industriales de Onganía y de Videla después. 

Catalinas Sur se llama en realidad Barrio Alfredo Palacios. Un afamado profesor socialista de principios del siglo XX. De ahí el origen y fama de barrio "progresista". 

Catalinas Sur tiene su colegio primario público, fundado por el tano Carlos Della Penna. Y su colegio privado, dependiente de la iglesia Nuestra Señora madre de los Emigrantes. Donde los laicos, eventualmente, tomábamos la comunión. Iglesia que tenía su propio grupo Scout del mismo nombre. 

Catalinas Sur tiene muchas micro plazitas en su interior, porque al ser un barrio interno de veredas, tiene muchos mini bosquesitos, y lugares de descanso o esparcimiento, pero La plaza de Catalinas Sur es la afamada Plaza Malvinas. 

La plaza Malvinas es la nuclea en mayor o menor medida a todos los chicos del barrio, incluyendo a los chicos "chetos" del predio de edificios que está entre Catalinas Sur y la autopista al sur, conocido como el barrio de Prefectura. 

La Plaza Malvinas, para los que nos criamos en el barrio entre la década de los 80 y los 90, tiene una impronta más importante de la que tiene una mera plaza de juegos. Por esos años los vestigios de la dictadura que había pasado había dejado marcas y una de las más fuertes fue la de la Guerra de MALVINAS.

La plaza Malvinas se pasó a llamar así en honor a los caídos en el conflicto del Atlántico sur de 1982. Y en ese entonces pusieron un cartel gigante frente a la plaza, usando de soporte la estructura del viejo frigorífico Pampa que estaba frente a la Plaza. 

La plaza colinda con Catalinas Sur por el oeste, con Prefectura por el norte, con la autopista a La Plata en el este y con el frigorífico mencionado por el sur. 

Todos los que vivimos por esos años nuestras tardes de juegos en aquella plaza, nunca pudimos olvidar ese cartel ya bastante deteriorado por las inclemencias del clima. 

La imagen que me queda de chico, cuando de repente salía de mi mundo de juegos, y miraba esa pared gigante con el mapa de las islas y la frase Las Malvinas Son Argentinas, era de una sensación muy fuerte. Como lidiar con los vestigios de un pasado que no vivimos pero que tenía tan pocos años aún que sin saber bien porqué nos dolía. Aunque casi nunca hablábamos de aquello. La sensación estaba implícita en nosotros. Un sentimiento de que algo malo había pasado. Una derrota terrible, un reclamo más que justo, la pérdida de vidas humanas en tierras frías y lejanas, de vidas jóvenes, vidas que tenían muchas historias por delante. 

Nunca supe porque pero son sobre todos los días grises y fríos en que siento que nos llega un aire desde allá, desde el sudeste. Un aire gélido de mares lejanos del sur. Y cuando salía con mis amigos de chico, a caminar por el barrio, a principios de los noventas, tenía esa sensación. La sensación de que la guerra había sido hacía poco, que era un tema casi tabú. El dolor se reflejaba en los adultos, el dolor de una herida que como sociedad nunca se pudo re-elaborar. Al menos en cierta generación. Y nosotros estábamos ahí, jugando a la guerra en la Plaza Malvinas. Y estar ahí, en esa plaza, con ese cartel, ese recordatorio, ese barrio perdido al sur de la ciudad de Bs As, y sobre todo en esos días fríos, grises, nos hacía sentir que estábamos más cerca de todo el asunto Malvinas. 

Mi generación que se crió jugando en la Plaza Malvinas del barrio Catalinas Sur, difícilmente podamos olvidar aquella guerra que nos precedió algunos pocos años. Crecimos entre los escombros de una guerra dolorosa, como se podría crecer entre los escombros de una ciudad pos-apocalíptica. La imagen era muy similar, el sentimiento también. 

martes, 16 de marzo de 2021

domingo, 28 de febrero de 2021

The Water Magician


"Yo soy el hombre, yo soy el mago de agua...

Yo soy el mago, yo soy el hombre que ama

Vivo y no sabes, en que sueño está mi dolor, o si lo puedo hacer canción.

Yo soy el hombre, yo soy el mago...

Vivo en los muebles, vivo en todas las casas

Yo soy el mago, yo soy el hombre de agua...

Vivo y no sabes bajo que sueño está mi dolor o si lo puedo hacer canción.

Yo soy el hombre, yo soy el mago

Yo soy el mago, yo soy el mago de agua

Vivo en los muebles, vivo en todas las casas..."

Mago de agua. L.A.Spinetta

Canción compuesta en 1970 para la inconclusa ópera rock El señor de las latas. 

La historia trata acerca del viaje astral de un mago (El mago de agua) en busca de conocimiento, en busca de la verdad y de un sentido. En el periplo se cruza con varios personajes (los 6 trovadores) que van enriqueciendo con sus diferentes miradas sobre el mundo la visión del mago.

Primer trovador: Litto Nebbia

Segundo: Moris

Tercero: Tanguito

Cuarto: Javier Martinez

Quinto: Roque Narvaja

Sexto: Miguel Abuelo

El mago de agua no es otro que el propio Spinetta, uno de los músicos acuarianos más importantes de la música. 

sábado, 13 de febrero de 2021

Mosquitos: El origen mitológico de les Vampires

Nos feratu, Des vampire... Un vampiro! Pero, ¿que demonios es un maldito vampiro?

Definitivamente es algo maldito, maligno, algo maldecido. Y quienes son los seres más maldecidos del planeta? (Sacando a la raza humana claro), pues sí, has adivinao', los mosquitos. 

Está más que claro que nadie se los banca. Son molestos, pican, transmiten enfermedades horrendas para las cuales casi no existe cura, y lo peor de todo, pueden encontrar una satisfacción casi sádica en revolotear sobre tu oreja toda la noche. Prendes la luz al instante y nada... desapareció el bicho asqueroso. Pero apenas volves a apagar la luz, el maldito reaparece como por arte de magia, y justo encima de tu oreja, para impedirte que puedas dormir. Y después encima va y te vacuna. Lo que sucede es que uno finalmente tiene que matar si o si a la bestia pestilente. No queda otra que hacerlos boleta. 

Y ahí donde entra el origen de los vampires. Cuales son sus características fundamentales? Chupan sangre, vuelan, a veces cuando te pican te transformás en un muerto viviente, por lo general aparecen con la caída del Sol, se crían y propician en lugares húmedos y oscuros, se los auyenta con olores fuertes (como el ajo). Todas características que comparten con los mosquitos. 

Lo único que es pura ficción es la parte de la aversión a Cristo, Dios, cruces y todo eso, que tiene que ver más con la idea de que a lo maligno se lo combate con un poder superior. Que a la sombra le opones la luz, que al mal, el bien, etc.

Pero entonces ¿por que transformaron al mosquito en un murciélago?

La respuesta es tan simple que me hace reír las costillas. Era evidente que una leyenda acerca de esos bichitos voladores, tan indefensos contra la palma de nuestras manos, no asustaría a nadie. Entonces se buscaron otro bicho volador, nocturno, muy feo (parece una rata deforme con alas), que es negro como la noche y que genera aversión (aunque en los hechos, un murciélago es menos peligroso que el mosquito que es vector de enfermedades). La realidad es que los murciélagos no muerden a los humanos, ni les chupan la sangre, ni nada de eso. A lo sumo pueden contagiarte la rabia si los andas toqueteando. Pero eso es todo. En los hechos, el Dengue es más peligroso e incurable que la Hidrofobia.

Por eso tiene lógica que hayan encontrado en los murciélagos al sustito ideal de una serie de condiciones horripilantes que caracteriza a los malditos mosquitos. 

Ahora hay una especie de gran plaga de mosquito en la ciudad de Buenos Aires. Mosquitos por doquier, y en medio de una pandemia de Covid y rebrotes del Dengue, la cosa se pone fea. 

Esperemos que los Van Hellsing de mosquitos salgan a hacer su trabajo de forma inmediata. 

En realidad si existe un tipo de murciélago (más que nada en el campo o zonas salvajes) que se alimenta de chuparle la sangre al ganado vacuno entre otros. Y el concepto de "vampirizar" tiene que ver con la idea de vivir a costa del otro, ya sea por su sangre, o sus atributos sean cuales fueren estos. 

Pero, más allá de todo esto, sé que el verdadero culpable de vampirizar a todos los animales del planeta, sobre todo a los mamíferos, con los mosquitos. Y con especial apetencia por los humanos, ya que somos casi los únicos animales que ofrecemos una gran campo cutáneo carente casi por completo de vello que impida la ingesta desmesurada de sangre hasta el hartazgo. 

Espero que alguna vez se encuentra la forma de aniquilar a un bicho que dudo mucho nadie vaya a extrañar. 

Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz 


jueves, 11 de febrero de 2021

En estado de alerta

Es importante estar alerta, en estado de alerta como el gato, diría una pasada de revoluciones Marge Bouvier. Es ahora, en estos tiempos difíciles de vacas flacas y virus gordos, cuando re pensamos la idea de tener que ser conscientes de nuestra realidad y entorno. 

Es tiempo de resucitar, en tiempo de blues, es tiempo de regurgitar, como hacen los gatos con sus bolas de pelo estomacales. Hay que sacar afuera toda la merda, de una manera que no caiga sobre la cabeza de nadie, pero es necesario sacar afuera todo el veneno (poison ivy) y así, después de una buena purga estomacal, poder llegar a pensar en la posibilidad de vislumbrar un futuro un poco menos desolador y una tanto más prometedor. 

Ahora bien, ¿que podemos hacer al respecto? En el mientras tanto me urge pensar en que pensé que se trataba de cieguitos. Y en gratitos veganos...

La cosa se está poniendo negra, el cielo plomizo se cae por su propio peso sobre estas viejas tierras plateadas del sur. No hay manera de escurrir el bulto. 

Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser. 

Cuida la vida. Choose life.

Wake me up, before you go go...

Despertame antes de irte irte.

Eras, el vestigio del futuro.

Hace siglos no hacía esta bola de catársis verborrágica y lamarencoche.

Toda la ternura de tu acuario. 

Cuando bajas un par de kilos te sentis emponderado. 

Afuera se avecina un temporal austral y se va al diablo mi plan de salir a pedalear con rumbo norte.

El clima de Buenos Aires es caprichoso y molesto. Algún día me iré de esta maldita maldita ciudad ciudad. 

Con un cassette cassette de Durán Durán, Hospital Hospital. 

A más merda, más música y más lírica. 

Ultima declaración de principios.

ciao.

martes, 9 de febrero de 2021

¿Que hacer cuando no hacemos nada?

Mentiría si dijera que no hago nada. Eso no es cierto. Pero por otro lado, no puedo dejar de preguntarme acerca de si lo que estoy haciendo está bien, terminará en buen puerto o que catzo...

El 2021, hasta ahora y para mí, sigue siendo un coletazo espantoso del 2020. Son como un combo, un dos por uno fatal, bienio del mal (2020-2021). Espero que todo esto pase lo más pronto posible y así poder terminar con esta larga mala racha. 

Si bien ya la venía pasando mal, los dos años anteriores al 20-21 tampoco fueron muy memorables, pero tenía algunas lianas más de donde agarrarme. Ahora en cambio, no tengo un salva vidas a mano. Y si está, no logro verlo por el movimiento brusco de las olas, producto de un mar embravecido a nivel mundial.

¿Nos debería tranquilizar el hecho de que todo el planeta esté en crisis? En realidad no, puede servir al principio para no sentirse un miserable en el cual recae toda la culpa con la que se regocija torturarte el superyó. Pero en verdad, cuando pasa ese primer nivel, se da cuenta que por más que el barco se hunda para todos, no deja de ser menos cierto que uno se está por ahogar y que no quiera ese desenlace para sí. 

Es que así, el instinto de supervivencia es completamente egoísta y no piensa en nada más que en la perpetuación del ser, y sobre todo del yo, que siente que lo que menos merece es morir, ¿por que? NO sé...

Ahora vamos a los hechos. Me encuentro en una situación crítica. No dispongo de ninguno de los elementos esenciales para ser medianamente "feliz". Ni dinero, ni salud, ni amor. Pongamos por caso que el último item es lo menos urgente, aunque a largo plazo es lo único que importa, prefiero no pensar en eso, o al menos pensar lo menos posible. Las cuestiones del amor van y vienen, hay buenas y malas rachas, y no por eso uno se anda atormentando. Pero las demás si son cuestiones de urgencia. 

Porque se necesita dinero en este mundo para sobrevivir, sin ser una carga para otro, sin tener que estar arrastrando a otro que tiene salvavida al fondo del mar, o persistiendo ambos a durísimas penas. Y la salud, que te digo... si te pasa algo y no tenes planes de salud, plata y forma de costear un tratamiento estas librado a la suerte que por lo general recae en el saturado sistema público que no desdeño y al que he utilizado durante largos años desde mi adolescencia hasta hace no muchos años atrás. Pero sigue siendo todo bastante tortuoso. Y encima todo en medio de un pandemia que no ayuda en ninguno de los items mencionados. Lo cual me hacer replantearme la necesidad de mi existencia. ¿Es muy necesaria? Quizás sea uno de aquellos que sobran para el sistema, y en ese caso ¿que le queda a uno como individuo? Pareciera que traería menos molestias a todos si diera un paso al costado y dejara de joder. En eso caso no tendría que ser una maldita piedra en el zapato de nadie. 

De momento lo voy a analizar y ya daré algún tipo de veredicto al respecto. Porque estoy cansado de luchar contra corriente, intentando cambiar una realidad que me supera, me avasalla y que, básicamente, me pasa por encima y me deja pata pa' arriba.