jueves, 4 de febrero de 2021

¿Cuanto ayudan los libros de autoayuda? Segunda parte: Los libros de ficción


Ahora llegamos a la segunda parte del posteo anterior, que por fuerza mayor tuve que dividir en dos partes. Por un lado, porque estaba quedando un texto demasiado largo, por otro, porque tenía hambre y se me había hecho tarde para cenar.

Pero ahora sí, damas y caballeros, el cierre de este mini "ensayo" acerca del género de Autoayuda. Pero esta vez más centrados en aquellos libros que no necesariamente fueron pensados para ser libros de autoayuda. Algunas son meras novelas sobre temáticas "trascendentales", pongamos por caso. Otras sí, son libros con una clara connotación autoayudesca, pero sólo que en vez de encarar una narrativa de manual o seudo ensayo, son escritos a modos de fábulas o hasta en formato novela. 

Sin más preámbulos, iniciemos el recorrido por esta increíble literatura de la superación personal.

1_ La luz de Asia (1879) de Edwin Arnold. Esta es una novela tan olvidada como recomendable. El acercamiento de Arnold a la vida de Buda es en verdad pródigo y novedoso en la literatura occidental. Un gran antecedente del Siddhartha de Hesse, y hay hasta quien podría decir que la novela de Arnold es aún mejor que la del escritor alemán. 

2_ Siddhartha (1922) de Hermann Hesse. Poco más de cuarenta años después de la novela del poeta ingles, el alemán hace un uso un poco menos convencional de personaje. Hesse tiene un poco más de oficio narrador, mientras que Arnold hacía una especie de biografía novelada del personaje histórico. El alemán, lejos de contentarse con repetir esa fórmula, mezcla una historia de éxitos y fracasos, de búsqueda, de caída y elevación final. El personaje, aunque se trate del mismísimo Buda Gautama, no deja de ser un típico personaje Hesseano, con sus incertidumbres, sus dudas, sus miserias, lo que humaniza a un personaje que por lo general se tiene a idealizar al punto de una deificación innecesaria y en definitiva, alejada del concepto mismo del Buda.  

3_ El profeta (1923) de Gibrán Jalil Gibrán. Un año después del seminal Siddhartha de Hesse, aparece esta obra entre parabólica y poética. Una rara avis total en este listado, pero absolutamente una obra literaria por su propio peso. El autor libanés nos cuenta la historia de un profeta y sus increíbles diálogos con los mercachifles del pueblo. Algo deudor de cierto aire Nietzscheano o Zarathustrano, mejor dicho. Pero aún así, sería como una obra emparentada a la gran obra filosófica de Nietzsche. 

4_ El principito (1943) de Antoine de Saint-Exupery. Sí, aunque usted no lo crea, este clásico infantil tiene muchas diferentes lecturas. Una de ellas y no la menos conocida, es la de un libro de superación personal, porque en definitiva cuales son los mensajes de este libro que no es tan para chicos. La valoración de la amistad, de la inocencia de la infancia que se pierde en la adultez, la conexión con nuestros sueños y con el cosmos. El amor desinteresado. Los temores. Los miserables mundos materialistas y sin sentido de los adultos. Un niño que frente a todos aquellos mediocres se mantiene leal y fiel como un verdadero príncipe. ¿Acaso existe frase más motivacional que "Lo esencial es invisible a los ojos"? 

5_ Las enseñanzas de Don Juan (1968) de Carlos Castaneda. Es difícil catalogar como literatura de autoayuda a este libro, sin embargo, mis colegas no cejan en su esfuerzo por ponerlo al lado de los libros de Stephen Covey, Eckhart Tolle y todos los demás. Pero más allá de que éste y los ocho libros que le siguen son novelas de ficción. Quizás sobre temas como chamanismo, brujería, poderes ancestrales, viajes lisérgicos, fuerzas de la naturaleza y todo lo que quieren los pibes. Se parece mucho a un sistema filosófico bien pensado que podríamos denominar como "el camino del guerrero". En verdad, al menos los primeros cuatro libros acerca del chamán don Juan, son una verdadera maravilla. Para tirarse en una hamaca paraguaya y disfrutarlos en una interminable tarde de verano. 

6_ El vendedor más grande del mundo (1968) de Og Mandino. Este es un libro que podría haber estado en la primera parte de esta lista, pero por una cuestión narrativa y de relación con el estilo, la adjunté con estas obras. El vendedor es una correcta historia donde se cuenta una especie de leyenda en tono de fábula acerca de un hombre que es muy pobre y luego van consiguiendo el ascenso en la medida que va aprendiendo nuevas cosas. De alguna manera es un antecedente directo de la historia que veinte años después narraría Coelho con su afamado El Alquimista. 

7_ Juan Salvador Gaviota (1970) de Richard Bach. Bach también escribió un libro que se llama Ilusiones, muy lindo y que no recuerdo si lo mencioné en la primera parte de este texto partido al medio. Ahora bien, Juan Salvador Gaviota está un poco en la línea de El Principito porque es una especie de fábula para chicos, que al final termina teniendo un sub texto dirigido a un público adulto. Lecciones de vuelo que se puede aplicar a la vida, Juan Salvador es un hermoso texto que en su momento fue un éxito de ventas total y que hoy en día ya no es tan recordado, por más que se siga editando. Recomendable.

8_ Yo visité Ganímedes (1972) de Yosip Ibrahim. Este es un libro extraño y en realidad tendría que haber estado en la primera parte del post porque es más un seudo ensayo que otra cosa. Sin embargo, cuando lo arrancás a leer sentís (durante los dos primeros capítulos) que estás leyendo una novela de ciencia ficción. Y no solo eso, sino que te atrapa y queres saber como sigue. Sin embargo, y esto para mí es la gran falla del libro, el autor no se cansa de repetirnos que lo que nos cuenta es verdad. Y empieza bárbaro con abducciones, luces extrañas del cielo que alumbran la casa, platillos que aterrizan en el jardín de atrás... Pero todo se pierde cuando este autor peruano comienza a detallar los modos de vida de Ganímedes y su relación con Dios y las religiones convencionales. Ahí, para mí, el libro se pierde. Igual entiendo que el tipo quiso levantar la polémica en su momento hablando de todo el asunto OVNI que tan en boga esta para principios de los setentas. Sigo pensando que como novela podría haber funcionado mejor que como seudo ensayo serio de algo que encima, veinte años después, desmintió (como si hubiese sido necesario). Creo que el escritor chileno Enrique Barrios se inspiró bastante en esta obra para su clásico de los ochentas Ami, el niño de las estrellas (1986). 

9_ El guerrero pacífico (1980) de Dan Millman. Bueno, hasta acá fueron todas obras que de alguna manera podían estar como no, ya que no era necesariamente obras consideradas como parte del género. Con el guerrero pacífico y el inicio de la década de los ochentas ya no quedan dudas de la que la literatura new age llegó para comercializar el concepto de Superación personal. Millman era un ex atleta de alto rendimiento y campeón del mundo. Su historia es acerca de la aceptación, el fracaso y la voluntad. Existe un personaje ficticio (Sócrates) que oficia de su propio don Juan, con toda una serie de enseñanzas de vida, un poco forzadas pero positivas. Existe una película del 2006 que está bastante bien y donde Sócrates es interpretado por el inoxidable actor Nick Nolte. 

10_ El caballero de la armadura oxidada (1987) de Robert Fisher. Hablando de lo inoxidable, a continuación este libro que en verdad es un clásico inoxidable de la literatura de superación personal. Quizás el más paradigmático de todos ya que cuenta por medio de una leyenda de un caballero que, después de no sacarse su brillante armadura ni para dormir, un día se da cuenta que no se la puede sacar y que quedó atrapado allí, cosa bastante poco práctica digamos. Entonces aparece la figura arquetípica de Merlin que siempre que se necesite un mago poderoso para aconsejar a un guerrero ahí estará él. Una idea que tomará Chopra en un libro que mencionaremos más adelante. El "Caballero" está bien, es un libro cortito y simpático, lleno de enseñanzas que hoy nos parecen de lo más cliché, pero como tiene una historia entretenida va de mil maravillas. La historia tiene una o dos secuelas mucho menos conocidas. 

11_ El Alquimista (1988) de Paulo Coelho. El escritor brasilero escribió esta historia también casi en tono de fábula filosófica, tomando elementos del escritor argentino Jorge Luis Borges, con un poco de Og Mandino y un poco de lo propio, escribiendo uno de los superventas más grandes de todos los tiempos. El libro tiene una historia amena acerca de un buscador en el desierto, con uno de esos finales con giro de manual, la novela se deja leer y atrapa. Hay que conceder eso, pero más allá de algunos capítulos y escenas memorables, no aporta mucho más. Como diría mi viejo "re comercial"...

12_ Las voces del desierto (1991) de Marlo Morgan. Esta novela acerca de una señora perdiéndose en los desiertos de Australia e internándose en las tribus originarias tiene mucho más del espíritu del peruano Carlos Castaneda que El guerrero pacífico que pretende crearse un don Juan de la nada y sin nigún tipo de experiencia real. O quizás si, en todo caso, el libro de Morgan me sabe mucho más honesto, aunque Morgan allá sido un mero señuelo de la industria de vender libros que en los noventas revolucionaría las bateas con el género de auto-ayuda en todos sus estilos. 

13_ La novena revelación (1993) de James Redfield. Hablando de imitadores de Castaneda, el caso de Redfield es paradigmático. Escribió ésta y varias continuaciones de una extraña saga de personajes "neo hippies" de los noventas que andan recorriendo el mundo en busca de mensajes y pergaminos. Desde Perú hasta Estados Unidos y otras partes del mundo. Acá directamente, lo new age se pasa de exagerado. Reconozco que cuando leí está novela la disfruté, pero ya había leído Las enseñanzas de Don Juan y no pude evitar que me pareciera una imitación superficial y comercial, en comparación. Pero está bien. Ahora es notable como me olvidé de casi toda la trama y hoy día casi no se vende, en comparación con el libro de Castaneda que todavía genera imágenes en mi cabeza y que aún se mantiene relativamente vigente.

14_ El sendero del mago (1995) de Deepak Chopra. Este hindú es el mayor superventas de la India y creo que uno de los más férreos defensores del género en sí, ya que siempre aparece opinando de obras parecidas o similares a las suyas. Ahora bien, me parece perfecto que así sea ya que entre sacerdotes no vamos a andar pisándonos la sotana... El sendero del mago es un libro, que como anticipé antes, tiene una dinámica muy similar a la del "Caballero oxidado", sólo que en vez de un tipo que no puede salir de la armadura está el mismísimo rey Arturo, que en este caso es un aprendiz que pide consejo al gran mago celta. Me pasa que el libro de Chopra y el de Fisher los leí casi por la misma época, por ende me cuesta diferenciarlos, pero bueno, en fin...

15_ ¿Quién se ha llevado mi queso? (1998) de Spence Johnson. Para finalizar, un libro que en su momento fue un verdadero boom de ventas y hasta se repartía en varias empresas a sus empleados como regalo de fin de año. Porque claro, el libro es una especie de fábula muy sencilla sobre un ratón y la búsqueda de su alimento por excelencia. La editorial que lo publicó en castellano se llama Empresa Activa, lo cual nos deja bastante claro como viene la mano. Un libro funcional al sistema que busca encajarte donde mejor quepas. Porque en definitiva, no hay que creerle nada a nadie, si siquiera a los libros que leés, sean de quien sean, Spencer Johnson, Michel Foucault o Mark Fisher. La verdad no está en ningún lado concreto, es sólo lo que vos decidís creer, todo lo demás son lecturas que hacemos para sentirnos mejor consigo mismos, buscando respuestas o simplemente pasar el rato , y en la medida de los posible abrir nuestro universo de perspectivas. Es todo. O mejor dicho, ni más ni menos. 

Bueno gente, eso fue todo. Cuenten en la caja de comentarios sus experiencias con libros de ficción de superación personal, mencionados en este post o no. Adiós!

domingo, 31 de enero de 2021

¿Cuanto ayudan los libros de autoayuda? Primera parte: Los textos canónicos

Como en muchas ocasiones, China ha logrado posicionarse a la vanguardia de diversos descubrimientos. Uno de ellos (bastante poco conocido) es el de los manuales de autoayuda, y es que en la antigüedad (siglo V, A.C.) un consejero militar del emperador, llamado Sun Tzú, escribió sin saberlo, el primer manual de autoayuda de la historia: El arte de la guerra.
Pensado como un libro de estrategias militares, este texto comenzó a circular en la edad media por Europa y fue gran referente de otros como Nicolás Maquiavelo y Napoleón Bonaparte, haciendo suyo este antiguo texto chino. 
Pero además, el texto fue mutando, convirtiéndose de un mero manual sobre estrategias bélicas a una guía para la vida. Y es que libro acepta varias lecturas e interpretaciones. En ese sentido, el libro funciona hasta hoy día y es mucho más accesible que otros textos de la China clásica como el Tao Te King o el I ching.
Para el inicio de nuestra era, un poeta del Imperio Romano llamado Ovidio, escribió otra obra seminal del género de autoayuda; El arte de amar. (No confundir con el texto de Erich Fromm).
Ovidio, nos regala un texto por demás curioso: consejos para el amante, como por ejemplo, donde conseguir mujeres, como comportarse con ellas, como ser eficaz en la conquista, etc. 
Claro que este tipo de texto sería repudiable hoy en día, por lo misógino del tema, pero para la época fue un verdadero hit y algo realmente novedoso. Se impone aquí ele ejemplo de libro donde alguien (en este caso Ovidio) nos cuenta su experiencia en el asunto para que nosotros (los lectores) podamos seguir paso a paso con las reglas que nos conducirán al éxito. 
Un verdadero pionero!
Pero antes de continuar, ¿En qué consiste exactamente el género de Autoayuda?
Básicamente, es el género literario que consta en lo mencionado antes. Alguien tuvo una experiencia, o trabajó durante años un sistema que le resultó infalible, o investigó sobre una temática al respecto, o simplemente se iluminó, entonces en base a sus conocimientos, le transmite a sus lectores su experiencia y da una serie de consejos o prolegómenos para que el ávido lector pueda alcanzar la iluminación o el éxito de una forma (relativamente) sencilla. 
Aunque esto suene a timo, la realidad es que a veces, este tipo de libros puede lograr que la gente se entusiasme aunque más no sea en el intento de cambiar y ser mejores personas. Es algo...
Pero creo que fundamentalmente, la clave del género está en el mismo nombre, AUTOAYUDA o Superación Personal. La gran clave de estos textos es que ellos te pueden señalar una forma, un método o hasta un sendero posible de vida, pero que en definitiva es uno mismo quien debe transitarlo. Lo cual no deja de ser cierta. Está más que claro que nadie va a bajar, tocarnos con la varita de la alegría y la realización. Somos nosotros quienes debemos ponernos en acción para conseguir cambios positivos en nuestras vidas. 
De alguna manera, este tipo de libros son la alternativa a dos cosas: por un lado a la terapia (de la escuela que sea, pero sobre todo al psicoanálisis) y a las religiones, que por lo general nos hablan de que vamos a sufrir en la Tierra pero que si somos buenos tendremos una recompensa al final del camino.
El problema de la mayoría de las religiones es que no le hablan al individuo sino a los feligreses (el rebaño). Por eso pierden adeptos, entre otras cosas. Porque no son capaces de contemplar los problemas personales de la gente. Todos creemos en Dios en momento de reflexión cósmica, en momentos difíciles o cuando estamos por morir, pero la realidad es que la mayoría duda de que realmente haya un Dios que nos pueda ayudar con nuestros problemas. 
Por otro lado, las terapias convencionales son por lo general largas, tediosas, caras y a veces uno siente que entra en un bucle neurótico donde sabe todos los lugares donde una falla, pero no puede hacer nada al respecto, solo saber que se es un pobre diablo condenado al sufrimiento y odiar a aquellos que creemos que sí son felices o que todo les sale bien. 
Bueno, pero no. Sentimos que las terapias no nos dan herramientas para enfrentar y transformar nuestra realidad. Y si lo hacen es a costa de una gran cantidad de dinero y no todo el mundo tiene la posibilidad o la paciencia para seguir aquello que ni siquiera tiene garantías de éxito. 
Y acá volvemos al meollo de la cuestión. ¿Quien nos da garantías de éxito de cambio y mejoras?
Bueno, acá es donde entran los libros de autoayuda. Porque básicamente, nos ofrecen un montón de soluciones obvias (como diría Lisa Simpson) por una pequeña cantidad de dinero, y después nos patean la pelota de regreso, lo que significa que el libro avisa que no será efectivo a menos que vos te comprometas a cambiar. En definitiva todo siempre dependió y dependerá de vos. Lo cual, no deja de ser cierto. De alguna manera, siempre, todo lo que nos pasa tiene que ver con lo que nosotros hagamos de nuestra vida. Lo comprometidos que estemos para transformar la realidad. Y en esa línea, hasta la felicidad es una decisión personal. El tema es que a veces, no todos los seres tenemos la capacidad de convencernos que merecemos ser felices. Y ahí es donde los libros de autoayuda miran para otro lado, porque en definitiva, estamos atravesados por la mirada de los otros, y también por nuestro ego y nuestra propia autoindulgencia y auto sentido crítico, lo cual hace que seamos todos bastante ineptos para lograr cambiar un ápice nuestra realidad, por más conscientes que seamos de nuestros errores y problemas relacionales con el resto del mundo. 
A continuación, una lista de títulos que tienen la fama pero ¿tienen el poder?:
1_ Como ganar amigos e influir sobre las personas de Dale Carnegie. Este libro publicado en 1936, es de los libros pioneros del género en la modernidad. Luego de los antecedentes mencionados antes, tenemos este manual de consejos para las relaciones interpersonales y laborales. Todos los consejos del libro son interesantes y hasta de alguna manera aplicables (hasta cierto punto), pero debo decir que es imposible que un libro así te cambie la vida. Primero, porque muchas veces, por más atento y bien intencionado que uno sea, y hasta sumiso, los demás están en otra frecuencia y pueden ponerte en situaciones en las que no quede otra opción que defenderte, por lo que los consejos relacionales del libro hacen agua. Por otro lado, son el resultado de una idea y concepto capitalista del mundo que quiere más a personas sumisas al sistema de explotación que vivimos todos los días. 
2_ Tus zonas erróneas (1976) de Wayne Dyer. Debo reconocer que de todos los libros del género que leí este es el que me pareció más serio y completo. De alguna manera, este psicólogo estadounidense logra compilar a lo largo de sus capítulos, los temas que más dolores y problemas nos suelen acarrear. Su manera de abordarlos, siempre con ejemplos, me parece bien lograda y amena, pero tiene el mismo problema que los demás: nos plantea una serie de soluciones que muy difícilmente uno pueda mantener a lo largo del tiempo. De todos modos, Carnegie y Dyer nos recomiendan que sus libros deben ser leídos y releídos para poder mantener algún tipo de posibilidad latente. Pero pienso que todos sus consejos se pierden en la cotidianeidad, porque en definitiva es casi imposible retener sus ideas en el día a día. 
3_ El hombre en busca de sentido (1946) de Viktor Frankl. He notado que en casi todas las listas de libros más importantes de la autoayuda se pone este librito del logoterapeuta austríaco. Puede ser que lo sea, aunque lo más interesante del libro es su historia de vida ya que fue un superviviente de Auschwitz. Pero toda su idea central apunta que lo que mantiene viva a una persona es su razón de ser. Es darle un sentido a su vida, es pensar, tengo que seguir adelante porque todavía no logré tal o cual cosa. Entonces la intencionalidad, sería la que nos vendría a salvar. El tema es que pienso que a veces sabemos lo que queremos y aún así no podemos avanzar. O queremos muchas cosas diferentes. 
4_ Zen en el arte del tiro con arco (1948) de Eugen Herrigel. Este es un libro increíble, que no sé bien por qué decidí ponerlo en esta lista ya que considero que es de esos libros que de verdad ayudan sin pretender hacerlo. Acerca de la concentración, la meditación, el equilibrio y la respiración. O sea, sobre el Zen. Algo difícil de lograr, más no imposible. 
5_ La libertad primera y última (1954) de Jiddu Krishnamurti. Si alguien no merece estar en esta lista de autoayuda, ese es Jiddu. Pero lo pongo por la única razón de que vale la pena mencionarlo. Quizás se moriría de espanto si viera que lo adosamos a otros autores de tan poca monta en la cuestionable género de autoayuda, pero debo decir con mucho pesar que he trabajado de librero varios años y es en ese lugar donde se suelen colocar sus libros. Quizás en un apartado de orientalismo, pero no muy lejos de los libros de bestsellers autoayudescos. La libertad primera y última es otro libro de seminal importancia, porque en el mismo nos cuenta su idea sobre temas como el conocimiento de uno mismo, el deseo, las creencias, la sociedad, el nacionalismo, etc. Krishnamurti era el elegido de niño como el supuesto gurú que llevaría a una nueva era de conocimiento, según la Sociedad Teosófica. Pero al final, él rompió con esa idea de sentido manifiesto de su propia vida, corriéndose de ese lugar y convirtiéndose en un férreo defensor de que no se necesitan gurús o maestros que iluminen nuestros camino. Otra vez, todo está y depende de nosotros mismos. Ni más ni menos. Con un estilo un poco oscuro y pesimista, Jiddu realmente pertenece a otra categoría, pero no quería dejar de mencionarlo. 
6_ La sabiduría de la inseguridad (1951) de Alan Watts. Siguiendo en la línea de Krishnamurti, este es otro personaje que merece ser mencionado, pero para bien. Watts es un autor británico que nos habla acerca de la idea de amigarse con la sensación de inseguridad que embarga a todos los seres humanos. Desde un punto de vista cercano al budismo zen, Watts nos propone una serie de ideas que resultan importantes a la hora de pensarnos como individuos y de la idea casi central de toda la autoayuda que vendría después que es el hecho de ser conscientes del momento y vivir el presente, el aquí y el ahora. 
7_ El poder del ahora (1997) de Ekhart Tolle. Este escritor alemán, fue y es uno de los más grandes gurúes del género de autoayuda de los últimos treinta años. Este es su libro más famoso y mencionado. El poder del ahora, como se desprende de su libro, gira en torno a eso que parece tan simple pero que no lo es. El ser conscientes del momento, de vivir en el presente y no padeciendo por un futuro inaccesible o un pasado que ya no podemos cambiar. Eso es, según el autor, el modo más efectivo para ser "feliz". Aunque el presente puede ser un lugar terrible para habitar, es cierto que no tenemos otra cosa más que el presente, en concreto, por ende en lo único que podemos manejarnos. En el ahora está la posibilidad de acción. Una idea que ya habían prefigurado los dos autores antes mencionados. 
8_ Usted puede sanar su vida (1984) de Louise Hay. Esta mujer de vida convulsionada, escribió una serie de libros sobre metafísica donde relaciona los males corporales con ciertas emociones dañinas. Por ejemplo, grasa en los brazos, falta de amor propio, por ejemplo. Es un libro interesante y de alguna manera arroja cierto grado de energía positiva sobre nuestras vidas. Pero más allá de hacer conscientes ciertos malestares crónicos con falencias o carencias afectivas, no aporta mucho más. Esta bueno verse reflejado en cierta actitudes y tratar de sanar tu vida con pensamientos positivos, pero otra vez, todo ese esfuerzo por tener una mente clara y despejada de malos pensamientos es casi como querer alcanzar el Nirvana. 
9_ Emociones de Osho. Confieso que solo he leído este libro salido en el 2000. Pero Osho había fallecido diez años antes. No me quiero centrar en la polémica respecto a la figura del controvertido gurú hindú que realmente se convirtió en el más poderoso de su tiempo. Atrás quedaban las figuras de Krishnamurti o Yogananda. Osho los había vencido a todos a base de una comunión entre sus enseñanzas que son un mix de budismo, hinduísmo, Yoga, Tao, Zen, Tarot, Tantra y demás cosas que pegaron muy fuerte a la generación del hippismo. En Emociones, se habla exactamente de eso mismo. El poder de las emociones, para bien, o para mal. Es difícil saber si este libro post morten fue en verdad escrito por Bhagwan.
10_ El monje que vendió su Ferrari (1996) de Robin Sharma. Este es otro caso (como Tolle) donde un ex empresario occidental tiene una crisis y queda al borde de la muerte. Entonces tienen una revelación. Se van en busca de "la verdad", en busca de maestros, en busca de la iluminación. Y al parecer, la encuentran. Sharma nos propone todo un sistema a imitar de meditación por las mañanas para encarar nuestros días de otra manera. No descarto las buenas intenciones y hasta que quizás, el método rinda sus beneficios, pero por otro lado me resulta incomprobable por no decir costoso de un grado extremo de voluntad diara que no siempre suele estar o acompañar. 
11_ Los cuatro acuerdos (1997) de Miguel Ángel Ruiz. Este es un libro extraño. Por un lado me parece que tiene un mensaje claro y positivo respecto a cuatro actitudes a tomar en la cotidianeidad que me parecen muy favorables. Por otro lado, Ruiz es una especie de chamán mexicano que parece haber procesado los primeros libros de Castaneda en este pequeño manual de "sabiduría Tolteca". Sea como fuere, para aquellos ya familiarizados con la idea del Camino del guerrero o El hombre de conocimiento, este libro sirve como complemente. Es como si Ruiz hubiera sintetizado a Castaneda en un libro de autoayuda para todo el mundo. 
12_ Psicomagia (1995) de Alejandro Jodorowski. Es llamativo que la década de los 90s haya parido la mayoría de los clásicos del género. Aunque tiene mucho sentido. Luego de la caída del mundo y el nuevo orden mundial neoliberal, la caída de los ideales, de las luchas y las utopías, los humanos quedamos perdidos, desorientados, sin una guía y la crisis existencial se abatió sobre todos. Pero en tiempos de comidas rápidas y teletrabajo, la gente necesitaba ayudas rápidas, no largas terapias. Algo que se pudiera vender y compactar y a seguir camino. Jodorowski se ríe de todo esto. Entiende el absurdo de la existencia y juega creando una terapia que mezcla lo teatral con lo poético y lo mágico. Uno puede enfrentar ciertas trabas o malestares de maneras originales y casi absurdas. Por que en definitiva no importa lo que hagas, sino la convicción y deseo que pongas de manifiesto para cambiar las cosas. 
13_ Los pies en el suelo y la cabeza en las estrellas (1997), de Lair Ribeiro. Ahora estamos con los autores latinos, porque también acá podemos dar conferencias para que la gente se sienta mejor, aunque tengamos problemas endémicos de pobreza, desigualdad y falta de oportunidades. Este cardiólogo brasilero es el verdadero Brad Goodman (El que tiene un doctorado en dolor). Todas las formas de bienestar y autovaloración más trilladas habidas y por haber están en este libro que leí cuando tenía veinte años y del cual no recuerdo nada. 
14_ Historias de diván (2007) de Gabriel Rolón. Existen otros del estilo de Ribeiro en Argentina, timadores de baja estofa que le sacan plata a la gente con ideas robadas a otros, o con pensamientos que son mero sentido común, como por ejemplo Jorge Bucay (que desapareció luego que se supo que copió y pegó todo un libro) y Bernardo Stamateas, un evangelista que no hace más que hablar de lo tóxico de las relaciones, la gente y la mar en coche. Lo que nos hacen pensar que quizás él y sus ideas estigmatizantes sean las únicas cosas tóxicas en el horizonte. Pero Gabriel Rolón es otra de las excepciones, porque aquí vemos a un psicoanalista bien intencionado, haciendo algo que es más viejo que Freud, como hablar de casos (cambiando los nombres), para servir por el ejemplo acerca de un montón de trampas y vicios relacionales en las que solemos caer la mayoría de los mortales. Es una buena manera de entrar a una terapia aunque más no sea por mera intriga. 
15_ Free play (1990) de Stephen Nachmanovich. Este es al menos, un trabajo honesto desde el punto de vista de un violinista, que nos habla de la relación entre la improvisación en la vida y en el arte. Con un montón de citas de filósofos y psicólogos, el libro es más una puerta de entrada para profundizar en nuestra relación con lo elevado que en este caso puede ser el arte. El arte que cada uno pueda producir en en definitiva una de las terapias más efectivas que puede conocer. No la idea de convertirse en un Dalí o un Mozart, sino solo producir lo que a uno le guste. Entiendo que a gente sin motivaciones o inclinaciones artísticas, esto le pueda parecer algo tan inútil como cualquier otro libro de autoayuda, pero valoro el esfuerzo y la intención de aportar desde otro enfoque, el arte. 
De alguna manera, es un libro que se puede homologar y complementar con otro llamado El camino del artista (1992) de Julia Cameron, escritora y guionista. Otro libro con el enfoque puesto en la creatividad y la necesidad de encontrarse con el ser creativo de cada uno en lo que mejor se sienta. Si bien el libro apunta más a escritores, también puede ser para amplia gama de disciplinas. Es un libro que trae ejercicios diarios y semanales que quizás no sea 100% efectivos, pero que según lo que te entusiasme y el grado de tu compromiso, pueden llegar a ayudar a destapar un bloqueo creativo. Doy fe de eso. 
Bonus tracks:
Manual de iluminación para holgazanes (1971) de Thaddeus Golas. Este es un libro raro, casi inclasificable, porque es una especie de ensayo teológico, a la vez que es fruto de la experiencia con las drogas psicotrópicas por parte del autor durante la década de los sesentas. Por ende, esa experiencia lo puso en sintonía y comunión del gran todo. Un libro bello, muy producto de la contracultura que de a poco empezaba a encarar la retirada. Un libro bien de su época que recomiendo.  
Otro libro muy recomendado es La magia del orden (2010) de Marie Kondo, para la gente desordenada y despelotada. También es de aquellos que tienen una intención concreta pero que sus reglas pueden ampliarse a todos los diferentes parámetros de la existencia, más allá de como guardemos las medias en el cajón, o los libros que decidamos conservar o no (cosa que entiendo el punto pero no comparto).
Para finalizar, quiero mencionar que existen otros libros que no he leído como Padre rico, padre pobre de Kiyosaki, El secreto de Byrne o La inteligencia emocional de Goleman, que no reseñaré por eso mismo. 
Hasta que llegamos, ya que quedó un texto muy largo. La segunda parte tratará de aquellos libros que en vez de darnos una serie de consejos o tareas para mejorar, nos cuentan una historia o fábula para que pensemos por nosotros mismos el mensaje implícito. Pero esto será hasta la próxima entrada. Por ahora, adiós!

lunes, 25 de enero de 2021

La literatura y la naturaleza (Un canto "americano")

Existe una parte de la literatura que es ampliamente leída por todos nosotros pero que no es encasillada en ninguna parte de la estantería bibliotecaria en particular, y eso quizás se debe a que suele pensarse en estas obras por su género formal, ya sea poesía, ensayo, novela, etc. 

Las obras a las que me refiero son libros que están fuertemente inspirados en la relación del hombre con la madre naturaleza, y de esta relación tan hétero-erótica han salido algunas de las cosas más hermosas de la historia de la literatura toda, y para empezar con la más clásica y representativa, a saber:

*Naturaleza (1836) de Ralph Waldo Emerson, piedra fundamental del género ya que en ella se describen los paseos del escritor por los bosques y el esbozo de la necesidad que tiene el ser humano de volver a conectar con todo aquello para reencontrarse con sus raíces. Gran influencia para el siguiente autor. 

*Walden: La vida en los bosques (1854) de Henry David Thoreau. Este sujeto, que también escribió un texto más cortito pero igual de importante y complementario con Walden, que es Del Caminar. Que decir de Walden que no se haya dicho. El hombre, en un acto de rebelión y de necesidad interna de cortar con la sociedad, se interna a vivir por un periodo de dos años en una cabaña del bosque aledaño al lago Walden, Massachusetts. Allí experimenta la soledad, la introspección, la lectura y la necesidad de sobrevivir por sus propios medios en un ambiente aislado del resto de los humanos. 

*Hojas de Hierba (1855), de Walt Whitman, y sí... no podía faltar este enorme libro de poemas del gran poeta norteamericano del siglo XIX. Hojas de hierba es un libro seminal, fundacional, imprescindible para todo aquel amante no solo de la buena poesía sino de la naturaleza, de la vida y el amor. Whitman es el gran vitalista de la poesía, vitalista por su postura proyectiva de la vida y naturista por su gran amor a la naturaleza. 

*Mi primer verano en la sierra (1869) de John Muir. Este es un relato más narrativo aún que Walden, donde John Muir, a diferencia del pionero Thoreau, se interna en los bosques aledaños a Yosemite (hoy parque nacional de California). O sea, sería una versión del oeste, veinti pico de años después de Thoreau que era la costa este. La diferencia de Muir es que este muchacho, pasó solo un verano allí, de ahí el título, pero se mantuvo más en movimiento, por lo cual su descripciones de la naturaleza virgen del lugar son un documento único de una época perdida para siempre. Un texto en verdad hermoso. 

En definitiva, estos libros mencionados hasta el momento son los pilares de la literatura naturista (no confundir con el naturalismo). Es casual, o no tanto, que estos sean textos de una Norteamérica temprana, joven y que se perfilaba para liderar el mundo, pero aún estaba verde y en ella se podían oír voces disidentes, de anarquistas, aventureros u homosexuales, sin grandes problemas. Sin embargo, luego de la guerra civil (1860-1865), y esto es una mera suposición, al diagramarse el destino final del país, el conservadurismo iría tomando cada vez más el control del poder. Atrás quedarían los tiempos revolucionarios y sus luchas contra el colonialismo inglés. 

*La llamada de lo salvaje (1903) de Jack London, un novela increíble sobre la vida de un perro (Buck) que pasa de ser casi un perro domestico a convertirse en un perro salvaje que le aúlla a la luna, perdido en los bosques fríos de Alaska. Algo similar a lo que después sería la novela Bailando con lobos (1986) de Michael Blake, donde un "civilizado" hombre blanco, se contacta con una tribu de Sioux para descubrir que esa conexión con la naturaleza (perdida en el mundo de los blancos) lo hace sentirse más conectado, más humano. Ambas novelas podrían decirse que cuentan las mismas historia, pero una desde un animal y otra desde un hombre. 

*En el camino (1957) de Jack Kerouac, aunque esto parezca increíble, no sería hasta esta novela del autor de la generación beat por antonomasia que se volvería a recuperar de alguna manera esa visión entre Emersoniana, Thoreana y Londoniana, solo que en el medio pasaron las guerras, la generación perdida y otros autores como Thomas Wolfe. Lo que hace Kerouac tiene más valor por esa recuperación que en sí por algo de su prosa que quizás tenga el encanto de ser veloz como un BeBop, lo cual moderniza la visión decimonónica de la tradición Naturista. El libro es harto conocido, su alter ego (si es que podemos llamarle así) recorre Estados Unidos a dedo, en tren, a pie, en auto con amigos, en micro y de todas las formas posibles impliquen recorrerlo y no ir de un punto a otro como uno haría hoy en día. Si bien, creo que la conexión con la naturaleza está aún más presente en su novela Los vagabundos del Dharma, bueno esta sería la novela que puso todo aquello en marcha otra vez. 

*El solitario del desierto (1968), de Edward Abbey, es una rara avis dentro del género, ya que su autor nos habla desde uno de los lugares más hostiles de la naturaleza en Norteamérica, el desierto de Utah. Acá ya no hablamos de bosques naturales o hermosas praderas. "En el desierto ves la verdad" cantaba Luis Alberto Spinetta, y es así. El desierto es ese territorio cruel que no perdona a quienes pasan por él. El calor es agobiante, la escasez de agua desesperante, y las noches igualmente crueles de lo frías. Pero lo que transmite el autor es que él es de ahí y de que ama con pasión su cacho reseco de tierra y que no lo cambiaría por ningún otro lugar por más paradisíaco que sea. Abbey encuentra la belleza de un lugar que pocos pueden tolerar y lo hace prosa. Siendo otro de los padres perdidos del movimiento hippie, su postura ecologista ha echo escuela. Porque... como una rosa del desierto, Abbey te enamora.

*Hacia rutas salvajes (1996), de Jon Krakauer, este libro es una especie de ensayo periodístico de investigación, donde el autor (un famoso montañista) sigue los pasos del recordado Chris Mc Candless, quien fuera un joven norteamericano que a principios de los 90s se disparó solo en un viaje hacia rutas salvajes, como dice el título. El muchacho, siguiendo la tradición de todos los mencionados anteriormente, sale en busca de su destino final que parece ser Alaska (algo muy entre Keroaucaiano y Londoniano) con algo de esa filosofía anarco del gran Thoreau. Romper ataduras con la familia, no tener ataduras de ningún tipo durante su viaje y encontrar su final, perdido en la inmensidad devoradora de la naturaleza. Chris fue uno de los últimos aventureros románticos en ese sentido y marcó a generaciones desde los noventas hasta acá, pero sobre todo por la hermosa película de Sean Penn de 2007.

*Un paseo por el bosque (1997) de Bill Bryson, es casi un libro paródico, pero de alguna manera, este libro de Bryson (autor de diversa índole temática), logra colarse en esta lista por propio mérito. Es interesante que aquello como la idea de salir en busca de lo salvaje, el reencuentro con la naturaleza y de la conexión última con lo supremo, sea representada acá por dos (casi) ancianos que sienten que tienen que todavía se deben una "vuelta por el bosque" para demostrarse a si mismos que la vida aún no les pasó por encima. Casi logran su Quijotesco intento de recorrer el sendero de los Apalaches de 3500 km. No lo consiguen pero el haberlo intentando les resulta por demás reconfortante. Un simpática historia con su respectiva película  del 2015.

*Salvaje (2012), de Cheryl Strayed. Aquí finalmente podemos dar cierre a una tradición de casi doscientos años en la literatura norteamericana donde el autor, por lo general de una forma autobiográfica, nos relata ese escape tan necesario hacia lo desconocido, hacia los territorios donde los hombres (o mujeres) no tienen ningún tipo de control o garantía de seguridad, donde un paso en falso puede resultar el final abrupto de tu vida, pero que si se avanza, la recompensa es infinita y te dura para toda la vida. En este relato, la autora hace un viaje en busca de la cicatrización de su alma por los errores del pasado, por sus perdidas y demás miserias. El destino elegido es el otro gran sendero de EEUU, el Sendero Macizo del Pacífico, en este caso en la costa Oeste. Funciona como un anverso perfecto de la historia de Bill Bryson en el Este y también cuenta con su pertinente película llamada Wild (2014).

Así como Mi primer verano en la sierra era algo así como el Walden del Oeste, o El solitario del desierto lo mismo, pero en el desierto, con esto cumplimos con una lista de diez libros impresicindibles para conectar con la naturaleza. Se podrían mencionar muchas mas obras como el cuento casi fundacional de la literatura estadounidense "Rip Van Winkle" de Wasshington Irving de (1819), Nathaniel Hawthorne y sus Cuentos dos veces contados, o el propio Ambrose Bierce, William Faulkner, etc, pero vamos a cerrar acá. Hay mucha literatura para descubrir y redescubrir, así que ea ea! Avanti.

Otro día podría subir el equivalente de la literatura naturista pero de Argentina, donde está menos clara la tradición, pero no por eso menos presente. Salúd!

miércoles, 20 de enero de 2021

La ciencia ficción y el humor

Existen diferentes tipos de ciencia ficción: dura, blanda, cyberpunk, steampunk, hay utopías, distopías, ucronías, y podemos seguir con una larga lista. Pero más allá de géneros y subgéneros, estilos y abordajes temáticos, hay un tema que no suele abundar en el género y sobre todo que no se lo suele mencionar mucho y este es el humor. 

A lo largo de la historia de la ciencia ficción, que podríamos decir que es un género (casi) tan antiguo como la literatura misma ya que deviene de aquellas historias fantásticas que ya existían en la antigüedad. Desde La Odisea de Homero, pasando por las Historias verdaderas de Luciano de Samósata, hasta el siglo XVII con el Somnium de Johannes Kepler.  

Pero sería con el poeta francés Cyrano de Bergerac, pocos años después de aquel delirio lunar del astrónomo Kepler, que la narrativa de viajes espaciales tomaría "vuelo" y sobre todo, un sello propio, caracterizado por un uso satírico del relato. En los "Viajes a la Luna y al Sol", Cyrano narra viajes imposibles en globo hacia los astros, con un fuerte condimento, el humor. Cyrano no se toma en serio, todo es absurdo y en base a eso juega con las locuras de sus personajes. 

Medio siglo después, sería un escritor irlandés quien incurriría en el estilo de la fantasía satírica con su afamado Viajes de Gulliver. Ya sabemos como es el humor satírico inglés, bueno, a eso habría que agregarle el humor irlandés, elevado a la décima potencia. 

Luego pasaría un buen tiempo hasta que el humor y la ciencia ficción se cruzaran ya que en el siglo XIX la cosa era más solemne. Los autores estaban más cerca de las teorías evolucionistas y nadie quería quedarse atrás y menos, haciendo de eso una parodia. 

Pero en el siglo XX, la ciencia ficción ya se llamaba ciencia ficción, y el humor volvería a ser tenido en cuenta, sobre en la segunda mitad del siglo, una vez superados los horrores de la Segunda Guerra. 

Uno de los autores del que menos se esperaba que retomara el tono satírico dentro del género era un polaco que había escrito unas novelas de ciencia ficción (casi) dura, a principios de los años 50. Sería con su Diarios de las estrellas (1957) que Stanislaw Lem se convertiría en leyenda. Las historias espaciales de Ijon Tichy por el universo. Donde las historias tienen un claro tono paródico ya que al personaje le pasan cosas hilarantes y ridículas. Muy similares a algunas de las aventuras del serial Rick y Morty, por mencionar un ejemplo. 

Marciano vete a casa (Martians go home) de Fredric Brown es una novela de 1955, que ya desde el título nos adelanta de alguna manera el tono paródico de la misma. En un mundo occidental invadido por la paranoía anticomunista que personajes como Edgar Hoover o Joseph McCarthy (y avalados por el presidente Eisenhower), se daban el lujo de fomentar en una sociedad norteamericana que no paraba de consumir y hundirse cada vez más en la superficialidad de su propia mentira que era la American way of life en los años cincuenta, que a la vez se encargaban de bajar como modelo para que el resto de los países del mundo alineados (como nosotros, su patio trasero). Pero en medio de todo este embrollo y en plena guerra fría, autores como Fredric Brown escriben novelas donde se ríen de todos. En Marciano vete a casa, un escritor de ciencia ficción está bloqueado (un clásico tópico de autores bloqueados), y de repente la Tierra es invadida por unos seres verdes y chiquitos, sobre todo etéreos, que se la pasan invadiendo nuestra privacidad a toda hora y en cada momento. Esta novela es un clásico de la ciencia ficción satírica y es en verdad desopilante e imperdible. 

Poquito después vendrían novelas de Kurt Vonnegut como Las sirenas de Titán, Cuna de gato, Matadero Cinco, Desayuno de Campeones, Payasadas y demás, que se van alejando de la ciencia ficción para ser directamente paródicas.  

Finalmente, sería el inglés Douglas Adams y su saga de novelas del Autoestopista galáctico (1979), quien terminaría de afianzar la comunión de humor y ciencia ficción para siempre, con novelas cómicas, hilarantes, deudoras de lo mejor de la unión de estos géneros. Aunque el humor mas que un género sería un tono, pero bueno, se entiende...

También podrían mencionarse series y películas como Volver al futuro, Hombres de negro, Dr Who, Futurama, el mencionado Rick y Morty y muchos otros, pero de momento solo me interesaba recordar la unión literaria de la ciencia ficción con el tono humorístico. Ya que no solo hay que recordar la parte solemne y seria del género y recordar que también hablar del espacio, los viajes espaciales, viajes en el tiempo, robots que hablan, alienígenas espiando nuestras tonterías, etc, es bastante ridículo de por sí, y si bien son cosas que le interesan a la humanidad de los, al menos, últimos dos mil años pero que también es entretenimiento, aventuras, tiro lío y cosha golda! 

viernes, 15 de enero de 2021

La verdad de la milanesa




¿Cuál es la verdad de la milanesa?

Hay algo con las milanesas que pareciera ser más una especie de arquetipo cultural en Argentina y sobre todo en su ciudad capital Buenos Aires, que un mero platillo al paso. 

Muchos dirán que el origen (como siempre sucede en estos casos) se pierde en la noche de los tiempos. Y claro, ¿quien puede adjudicarse la creación de una comida tan popular y antigua? Por que todos saldrán a decir que es algo tan popular que trasciende fronteras y que, al menos, es de casi toda la región (Sudamérica) y hasta de toda América latina. Y sí, tendrían razón, pero... 

Pero, hay algo de la "milanesa" que es muy representativo de Argentina y sobre todo, un platillo muy, pero muy popular en Buenos Aires (CABA y AMBA). Esto va más allá del plato en sí, que solo consiste en algo tan simple como un corte de carne, por lo general fileteado, rebozado con pan rallado (o rebozador). 

Podemos ponernos rigurosos en cuanto a qué es una milanesa: ¿Carne vacuna?, ¿ternera?, ¿Bola de lomo?, ¿Tapa de nalga?, ¿pechuga de pollo? (llamada 'suprema de pollo'), ¿filet de merluza?, ¿soja?, ¿berenjena? y demás aberraciones vegetarianas.

El arquetipo de milanesa clásico es de carne de vaca. Puede ser a la napolitana (con salsa de tomate y queso fundido arriba), a caballo (un huevo estrellado encima), sanguche de milanesa, etc. 

Lo más clásico es acompañar la mila con una guarnición de papas fritas, puré de papa (y/o calabaza) o en su defecto, ensalada de lechuga y tomate (y la-mar-en-coche). 

Se la puede aderezar con limón (el clásico), pero también con mayonesa, mostaza y ketchup (hay de todo en la viña del señor). 

No hay mucho misterio en su elaboración, y presentación. Es un plato popular, no tan fast food como las hamburguesas, pero tampoco requiere una gran preparación como un asado, que para muchos argentinos es el plato popular más mítico de la cultura criolla, pero que en definitiva NO es un plato popular en el sentido de que el asado, para que sea digno de serlo, requiere de unos tiempos que hacen que sea algo para ciertas ocasiones, más lo caro de los cortes de carne y el espacio que se requiere para su preparación. No se hacen asados todos los días en Argentina, y a lo sumo, en tiempos de bonanza económica, es algo que sucede más los fines de semana. 

Pero las milanesas, en cambio, forman parte de un platillo casi semanal en Buenos Aires. De hecho, muchos restaurantes o bodegas al paso, ofrecen esta comida en alguna de sus variantes más populares como milanesa de ternera, suprema de pollo y filet de merluza, en lo que se conocen como "minutas", o sea, platos de relativa rápida preparación y que se comen en no menos tiempo. Así, las milanesas, son ese plato (no tan caro) que sale relativamente rápido y que es rico y llena y gusta en términos generales a casi todo el mundo. 

Respecto a la diferencia de Argentina con otros países de la región, está claro que si bien el platillo existe en casi todo el continente, en ninguno es tan popular como en el Argento (incluyendo al vecino Uruguay, aunque ellos tienen su famoso sanguche de chivito del cual se sienten muy orgullosos). 

Brasil: He estado en el gigante de Sudamérica y debo decir que la milanesa es casi inexistente a como se la conoce acá en Argentina. Sobre todo en la costa, se comen muchos empanados fritos pero estos consisten (por razones obvias) en mariscos o todo tipo de pescados. ¿La mila de ternera? Bien gracias, o más bien, obrigado.  

Otros de los países que menciona Wkipedia son:

Chile: En verdad aún no he visitado el país trasandino así que no sé a ciencia cierta cuan popular son las milanesas allá. Pero tengo una experiencia que puede servir para ilustrar que es evidente que no es un corte muy popular. En principio por obvias razones; en Chile no tienen grandes tierras donde poner vacas a pastar y engordar. Si tienen en cambio un vasto oceáno Pacífico frente a ellos y la pesca es la gran protagonista. 

Mi anécdota es que allá por el año 2003 iba a la casa de un profe de guitarra que aún vivía con sus padres (chilenos que se habían exiliado en los 70s) y después de la clase me invitaban a cenar. Los platillos siempre tenían que ver con una variedad de frutos del mar, verduras y arroz. Yo era aún un poco limitado en cuanto a mi joven e inexperto paladar y para mi esos platos no significaban una explosión de sabor. Una noche, en que la madre intuyó por mi cara que no mostraba una gran devoción ante sus platillos, me preguntó que me gustaba comer. Rápido y sin dudar respondí: Y... milanesas! Su rostro y la respuesta que me dio dejaría zanjado este asunto. "Y claro, como a todos los argentinos, es lo único que comen". Bueno, yo diría que también comemos asado (cuando podemos), empanadas, pastas, pizza y a veces ensalada. Pero sí, nos encanta la milanesa.

Bolivia: Estuve en Bolivia y de verdad, la milanesa no es un plato tan popular como acá. Tienen otras cosas más al paso como la Salchipapa (salchichas con papas...) y las milanesas son de carne de llama, más dura y magra que un zapato viejo. 

México: No tengo idea si comen o no milanesas en México, pero con sus tacos y comidas picantes, dudo mucho que sea una prioridad para el paladar popular mexicano. Sobre todo la milanesa "a la argentina". 

Perú: Según la Wiki "En Perú, se popularizó a través de la influencia argentina"

No más preguntas señor juez...


En la cultura popular:

Sin embargo, en la cultura popular, sus implicancias tienen raíces profundas. Por que la milanesa no es solo un plato, sino una forma de hacer referencias culturales y simbólicas de todo tipo. 

A continuación, algunos casos populares. 

La expresión: "La verdad de la milanesa" Es una expresión típica de Argentina que se usa para dar el ejemplo de que se sabe la posta, o el origen y razón de ser de algo en sí inexplicable. 

En un tango de los años 40's de Osvaldo Pugliese llamado "Un baile a beneficio" se menciona de forma jocosa que había un tipo que al bailar siempre le pisaban el "juanete" (una protuberancia molesta en los pies, sobre todo al costado del dedo gordo). El cantante dice "también si el tipo tenía un juanete que parecía una milanesa..." 

Otro caso es el del mítico rockero porteño Pappo, quien en un programa de televisión estaba dando su visión del rock local y dijo que todo el mal provenía de dos boluditos con flautita (por Sui Géneris) que, supuestamente, habrían "hablandado la milanesa", como una forma de decir que habían bajado los deciveles del rock que se hacía en ese momento. 

Otras expresiones también pueden ser "te cagan la milanesa" como variante de "te escupen el asado" o de que te están cagando, "milonga", "milanga" y otras deformaciones que sirven para decir que alguien está manija con algo, que está duro, etc...

En fin, la Milanesa, tiene raigambre fuerte en Argentina y sobre todo en Buenos Aires, donde sigue siendo uno de los platos más populares al paso para gente que trabaja en la urbe. Tanto es así que hasta hay cadenas de casa de milanesas como El rey de la milanesa, El club de la milanesa, El palacio de la milanesa, que pretenden vender el corte popular como si de una comida gourmet se tratara, pero mi recomendación es que si venís de otro país, anda y comete una milanesa en algún bodegón del microcentro como corresponde, con el mozo viejo que a la Pepsi le dice "Pesi" y tienen los mismos servilleteros desde finales de los 80's.

Para cerrar quiero decir que sí, me parece que la milanesa es una de las piedras fundamentales de la alimentación argentina y uno de los cinco platos más populares. Esto es algo casi obvio dado que es un país productor de mucha carne y la "milanga" es una de las variantes más amenas de comer carne. 

Bueno, eso fue todo. Hasta la próxima! Y no dejen de dejar su opinión sobre este u otros temas en la caja de comentarios de aquí abajo. Adiós milaneseros! 

lunes, 11 de enero de 2021

Fin

Ya nadie lee blogs, y menos este. 

¿Vale la pena continuar?

Creo que no. 

Adiós.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

La pareja de teatro

 


¿Qué somos cuando no podemos ser lo que somos?

Hace meses que por cuestiones de público conocimiento no puedo salir a hacer mis pesquisas. Soy lo que vulgarmente se conoce como detective privado. Aunque en realidad soy un “detective de señoras”. ¡Un verdadero oprobio!!

Ya tengo cuarenta años y me cansé de ir tras mujeres ricachonas aburridas que se acuestan con sus personal trainers porque sus maridos se la pasan viajando por el mundo, las engañan, vuelven y después todavía se hacen los sorprendidos.

Yo soy nocturno como mi gata y dado que ya me leí todos los libros que tengo, me aboco a inspeccionar la vida privada de las personas por las redes sociales. No es que antes no lo hiciera, pero ahora tengo exceso de tiempo libre.

He descubierto que hay ciertas personas muy pendientes de las cosas que publican, esperando respuesta. Por lo general es gente poco interesante que necesita llamar la atención. Después hay otros, los raritos, que suben cosas que solo les gustan o entienden ellos. Y luego, gente que ni siquiera se sabe de su existencia porque, o abandonaron el barco hace tiempo, o no tienen interés. En cambio, una pareja de conocidos llamó mi atención.

Hace años, después de una ruptura, decidí tomar clases de improvisación teatral, para ganar más dinamismo y explorar diferentes facetas en mí. Las clases las daba esta pareja. Ella era una pelirroja muy atrevida que me llamaba por mi apellido de forma provocadora. Él un muchacho alto, barbudo, de nariz ganchuda y rulitos. Bastante bien para ser hombre. Al principio no congeniamos, pero al fin la cosa fluyó. La experiencia duró un año. Luego pasaron a quedar en esa especie de libreta virtual que son las redes, donde la gente que conociste alguna vez, se transforma en una fotito y en algunas publicaciones abstractas.

Le tomé cariño a ambos. Eran buena pareja. De hecho, un par de años después de haberlos conocido, vi por las redes que se habían casado y la Colo estaba esperando. Me alegró aún más. Claro, la vida siguió transcurriendo para todos, en el medio me pasaron mil cosas, y cada año trae sus vicisitudes para todos. Ellos no fueron la excepción. Vi que llegó el bebé. Un bebé gordo y colorado. El tiempo pasó y el bebé se convirtió en un niñito y luego en un niño más grande y todo parecía ir viento en popa en esa familia de actores hasta que las cosas cambiaron.

No sé en qué momento me di cuenta que pasaba algo raro —yo tengo olfato para estas cosas— pero el narigón y la Colo parecían haberse separado. Él subió un video de una publicidad donde salió en la tele. Su gente lo felicitaba pero él se mostraba evasivo, daba respuestas apagadas. También publicó una vez algo así como se sentía una porquería, la vida era una mierda, etc. La busqué a ella y nada. Solo fotos con su hijo. Pero algo no me cerraba. Ya no daban juntos el taller.

Al poco tiempo ella empezó una comedia de stand up donde hacía de una estrella rockera que abusaba de los excesos, en fin, la parodia clásica del rock star. Lo sentí como una necesidad de reafirmación de su yo egocéntrico. Todo me latía a que ellos ya no estaban juntos, pero no podía entender el porqué.

Esa pareja de artistas tan linda y copada, con un hijo en común ¿Qué había pasado? Estaba intrigado.

Una noche, ella subió un video cantando una canción bastante sugerente a las redes. El tema de Smokey Robinson & The Miracles “Ooo baby baby”. Traduje como pude lo que decía la letra. “Te hice mal, mi corazón quiso jugar pero salió mal y en eso te perdí. Ahora debo pagar ese precio y estoy llorando. He cometido muchos errores, pero soy humano. Tú también cometiste algunos y ahora estoy llorando.” En fin, una letra desoladora que me puso muy triste y yo no soy de andar lamentando las rupturas ajenas… ¿o sí?

Al año… o dos… él ya estaba con otra mujer, de la cual decía estar enamorado. La Colo en cambio parece estar sola pero más contenta, rodeada de amigas, su hijo, etc.

Mi conclusión del caso es la siguiente:

Ella lo engañó, quizás sin quererlo, él no pudo perdonarla (¿o al revés?). Ambos se quieren demasiado para perdonar algo así. Quizás hubo competencia de ambas partes, al ser los dos actores en proceso de abrirse camino. Más la llegada de un hijo. Trastocó un poco las emociones de estos jóvenes artistas. Puedo haber pifiado algunos detalles, pero esta es mi resolución acerca del caso de “La pareja de teatro”, como la llamo en mi archivo imaginario para no aburrirme en estos días aciagos.

martes, 15 de diciembre de 2020

Numerología Maradoniana



 El 10 es un misterio. Es el jugador estrella, central, vital. El centro del equipo. El capitán. 

Diego era el jugador número 10. "Diego 10"

Diego nació el 30 - 10 - 60

Diego en el '70 ,a los 10 años, dijo que su sueño era jugar con la selección y ser campeón.

Diego jugó a los 30 el mundial del '90.

Diego encontró el abismo en el '00, y volvió.

Diego fue técnico de la selección en 2010.

Diego finalmente murió a los 60 años.

En el fatídico año 2020.

Diego Maradona es el 10.

Diego es el number one. 


Increíble todas estas fechas y edades redondas que cruzaron la vida de este enorme astro del fútbol y de la vida, tan redondas como las pelotas con las que jugaba y nos regalaba alegrías infinitas. 

AD10S Diego, hasta siempre. 

domingo, 13 de diciembre de 2020

Siempre te amaré o La incondicionalidad en el amor

En ocasiones sentimos que amamos a alguien y lo amaremos por siempre. Otras veces, nos gusta alguien, pero sabemos que es solo eso. Llamémoslo deseo, obsesión, excitación, atracción, etc. Todo eso es muy bonito y divertido pero como todo lo que es intenso tiende a la entropía... lo que empieza como una explosión de supernova, acaba en una triste enana blanca. Nada dura para siempre.

Sin embargo, el amor es otra cosa. El amor perdura, sobrevive a las relaciones y creo que cuando hacemos el amor, queda algo en los dos para siempre, una energía compartida entre esos dos seres. Uno puede no llevarse bien en el plano mental y hasta físico, pero si hay amor, algo queda... Es entonces así que uno puede volver a enamorarse, muchas veces, ilimitadas. Pero todas las personas con las que quedamos resonando quedan en un lugar de privilegio en nuestros corazones. 

Por ejemplo, también pasa con los seres que ya no están. A mi abuela la amaba ¿y que? ¿Eso significa que no la amo más porque murió? No, ya no podré manifestarle mi amor en este plano físico, pero la sigo amando y la amaré hasta que yo me vaya. Lo mismo sucede con las mujeres que amé. Quizás tuvimos diferencias, peleas, discusiones terribles, pero hoy ya pasó todo eso y a quienes en verdad amé, sigo amando y amaré por siempre. 

Eso no significa que el amor sea incondicional a una persona. De hecho amamos a padres, hijos, hermanos, tíos, parientes, amigos, parejas, mascotas, y hasta a muchos de nuestros héroes. El amor no es algo incondicional. A todos, nos sobra y rebosa el corazón. Todos tenemos amor sin límites para dar, y en un mundo utópico, nos deberíamos amar entre todos, y aún así no seguiría sobrando amor. 

Con esto no intento hacer una apología del poliamor o del amor libre. Porque en las relaciones de pareja entiendo que si uno realmente ama al otro, no existe la necesidad de buscar otras relaciones románticas, pero también es importante entender que es imposible exigir amor incondicional, porque siempre amaremos a muchas personas, más allá de nuestras parejas. 

Y las personas que ya no forman parte de nuestra vida, pero que fueron lo suficientemente importantes para haber dejado una huella indeleble, con las que vivimos momentos que nunca olvidaremos, seguirán vibrando y siendo amadas hasta el fin de los tiempos. 


sábado, 28 de noviembre de 2020

Maradona y yo

 


Corría el año 1996, y Diego estaba jugando en Boca de nuevo. No recuerdo el mes pero calculo que fue a mediados de año. No importa, yo estaba en séptimo grado, me había ido de campamento con los Scouts (sí, Boy scout) a un predio en Ezeiza, que si mal no recuerdo era el del SEC (Sindicato de Empleados de Comercio), gremio del cual después sería parte durante tantos años. En fin, Diego se encontraba en el predio aledaño, entrenando con Boca Juniors. Se corrió la bola y todos salimos corriendo hacia donde estaba, cruzamos un alambrado e invadimos la cancha como un grupo de pendejos enajenados. Yo no sabía bien que pasaba pero seguí al resto, hasta que veo que todos rodeaban a algunos jugadores, ahí, entrenando con su ropa deportiva, con sus caras de culo. Recuerdo que había varios jugadores importantes, entre ellos, la brujita Verón… A mí solo me interesaba Diego que era, por lejos, el más rodeado de todos. No recuerdo si le pedí el autógrafo a otro jugador, pero la realidad es que a mí, en ese momento, con trece años y siendo hincha de San Lorenzo, solo me interesaba el autógrafo del Diez, ese jugador que era una especie de semi dios como los de la antigua Grecia, algo así como un Hércules o Aquiles, un guerrero que estaba por encima del resto de los mortales y sobre todo que trascendía la limitada visión de los cuadros de fútbol. Maradona era el jugador nacional y albiceleste por antonomasia. Así lo veía entonces y así lo sigo viendo ahora, fuera de todo fanatismo, es lo que pienso. Pero bueno, como todo ídolo o semi dios greco latino, Maradona también era humano y se hinchaba las pelotas. Un tipo que en ese año, cumplía veinte años de carrera profesional, por ende no me quiero imaginar la cantidad de autógrafos que habrá firmado en su vida. La cuestión es que el Diego estaba con cara de orto, contrariado, podrido, roto los huevos, y ante la algarabía y emoción de todos nosotros, pendejos gritones extasiados ante su presencia nos tiró una frase que se me quedó grabada en la cabeza para toda la vida:

“Bueno, tranquilitos eh, tranquilitos o no les firmo nada”.

Por dentro me reí por esa manera espontánea de contestar, mostrándose como era, como estaba en ese momento, era una mañana y de seguro ya estaba harto de todo eso. Me firmó un papelito, con el famoso Diego (10), creo que ni me miró, nos firmaba y pasaba al otro y así… para mí fue un momento increíble. En breve, todo se cortó y nos vinieron a sacar. Todo fue muy breve, pero la experiencia está ahí. Lamentablemente he perdido en ese mismo campamento, el papel con la firma de Diego. Sé que es algo imperdonable. Quizás por eso no cuento mucho la anécdota, porque Diego estaba medio cabreado, mi ídolo futbolístico absoluto desde los seis años hasta la fecha. Y porque yo perdí esa firma. Eso fue todo. Sé que mucha gente tiene historias mucho mejores para contar, pero esa fue mi experiencia y si bien no me quedó registro, llevo en mi recuerdo como único testigo aquel momento mágico frente a mi héroe, frente a ese héroe mundial, entre divino y completamente terrenal. Lo amo por eso. Me consuela entre tanto dolor por la pérdida que Diego nunca dejó de ser mi ídolo. Quizás después vendrían otros argentinos a quienes también amo y admiro muchísimo como Charly, el flaco Spinetta o Favio, pero lamentablemente nunca pude conocerlos (ya no creo que llegue a conocer a Charly), pero a Diego que fue uno de mis primeros héroes, si no es que fue el primero, siempre lo banqué, siempre, aunque el tipo se mostrara así, como era, a veces con un carácter brutal, pero fiel a sus sentimientos, lo menos careta que vi en mi vida, y quizás sea esa forma de ser de aquel petiso escorpiano loco lo que también me marcó para siempre, esa forma de ser directa, sin chupamedismos, frontal hasta la médula, hasta cuando hay que ser un poco más “diplomático”. Él era así y siempre me pareció perfecto. Claro que también viví momentos de amor-odio con el astro pero era esa condición de ser imperfecto la que lo redime por completo. Bah, en realidad, él no necesita que nada ni nadie lo redima, menos yo que soy pelusa de ombligo al lado suyo. Pero en este momento tengo que parar. Porque ya dije todo y a la vez podría seguir de forma interminable. Chau Diego, ojalá te reencuentre en otro plano.

                Creo en D10s, en el Diego jugador todo terreno, que le puso el pecho y la garra a cada enfrentamiento que se tomó con la seriedad que solo los grandes se toman, todo a vida o muerte. Maradona no era Dios, no era Él dios de la tradición judeo cristiana, no era Ese dios, Maradona era un Dios más terrenal, más humano, mal falible, como los dioses griegos del Olimpo, era como una especie de Zeus, dios patriarca, padre de muchos hijos extramatrimoniales, con sus enojos, enconos y falencias, pero definitivamente un Dios popular, un Dios humano, un ser increíble y único en la historia de la Humanidad, así, con mayúscula. ¡Te amo Diego Armando Maradona, hasta siempre!

martes, 24 de noviembre de 2020

Beth

Beth I hear you calling

But I can't come home right now

Me and the boys are playing
And we just can't find the sound
Just a few more hours
And I'll be right home to you
I think I hear them calling
Oh Beth what can I do
Beth what can I do
You say you feel so empty
That our house just ain't our home
I'm always somewhere else
And you're always there alone
Beth I know you're lonely
And I hope you'll be alright
'Cause me and the boys will be playing all night

Canción dedicada a Beth N, que todas las noches, desde Nueva York y sin conocernos, me juega al SongPop2, una aplicación o jueguito que realmente me ha servido para sortear este 2020 de cuarentena. En el mismo, aparecen una serie de listas musicales, por géneros, bandas o épocas donde suenan canciones y uno debe adivinar tema o artista alternativamente. Beth es una usuaria más de tantas, que al parecer reside en NY. Pero a la vez no es otra más. Es una chica especial. Jugamos hace muchos meses y hace rato le saque la ficha. Ella tiene un modus operandi bastante particular. Ella, a diferencia del resto no busca ganar sino solo demostrarte que es mejor y más rápida que voz, por ende que sabe más de música. Porque en ocasiones elige mal los temas o artistas cuando en otras ya los había marcado y a gran velocidad! Pero apenas empiezo a perder, ella se vuelve a dejar ganar. Me parece muy divertido lo que hace. He querido preguntarle porque lo hace, pero es uno de los pocos usuarios que no tiene habilitado el chat. Quizás no sea verdadera y sea una especie de robot del jueguito o algo así como un troll de juegos. La verdad no lo sé. Intenté buscarla por las redes pero es tan imposible como buscar a cualquier persona en este vasto planeta. Por ende, solo le dedicaré esta canción de Kiss, y que le garúe finito allí donde sea que esté o exista, si es que existe. 

jueves, 5 de noviembre de 2020

Iba acabándose el vino

 

Iba acabándose el vino, cuando Pedro entendió que había llegado el final. ¿De qué? No lo tenía muy claro. Pero sentía en su interior que comenzaba a elaborarse un duelo. El reloj había dado las seis, pero esta vez era de verdad el fin de algo. Ya no quedaba casi ninguno de los comensales. La comedia había salido mal. Todos habían disparado hacia sus casas con malas caras.

Carlos había ido a encerrarse a su cuarto y desde allí se oían unas suaves notas en el piano, bastante melancólicas. Su ex novia Rosi, se había ido hacía un cuarto de hora con su mejor amigo. Esta noche a Carlos le tocó perder. Pedro se sintió culpable de haber organizado la fiesta y sin querer, colocar las cartas sobre la mesa para que sucediera cualquier cosa. Pero no hubo animosidad. Solo el dolor de saber que este grupo de amigos no se juntaría nunca más a comer, a tomar, a charlar, a bailar o a ver una película. Era el fin de la infancia. Para todos.

Con Pedro solo quedaba Raúl el santafesino, el cual no solía involucrarse en los dramas emocionales de sus amigos porteños a los que consideraba muy llorones. Seguía en la mesa como si todos estuvieran aún allí. Se bajaba sin parar la última botella de vino. Raúl era un personaje pintoresco, de esos que le sacan solemnidad a cualquier cosa que pueda prescindir de ella. Antes de tomarse un vaso de vino, saludaba con una inclinación de cabeza y levantando el vaso decía “salud a la compañía” o “salud paisano”, “la sangre de Cristo”, etc, etc. Mientras, Pedro, se encontraba en la nada envidiable tarea de limpiar la casa. Levantar los platos y vasos. Llevarlos a la bacha de la cocina. Tirar toda la basura al gran tacho. Tirar botellas de vino, latas. Y por último, fregar el piso que era un pegote a punto de cobrar vida para así engullir a los sobrevivientes de la debacle.

La luz del alba empezaba a despuntar por el este, cubriendo de a poco el cielo nocturno con un leve resplandor celeste que se iba desperezando lenta pero inexorablemente. Pedro le pidió a Raúl que levantara los pies para fregar bajo de sus nuevas botas texanas traídas de Estados Unidos. El santafesino accedió a esta petición y antes de vaciar el último trago sentenció “por la última curda con los amigos”. Pedro lo miró comprendiendo que el robusto santafesino sabía todo lo que pasaba a su alrededor, pero su estilo era el campero: no mostrar sus sentimientos, porque esa es la trampa en la que para él, caen los hombres de la ciudad. Para después terminar con problemas en la mente o adictos a drogas foráneas, o se hacerse gays. Pero Pedro entendía que Raúl tenía una educación distinta, quizás un poco rústica y conservadora. De todos modos lo quería.

Raúl lo miraba con una mirada comprensiva y amistosa. Le dijo a Pedro que trajera las guitarras porque algún día tendrían cuarenta años y se acordarían de la última noche con el grupo como lo conocían desde niños. Pedro se lo pensó un poco y decidió dejar de limpiar la casa. Ya habría tiempo para eso. Fue a buscar su guitarra y la de su amigo Carlos. Se la pasó a Raúl que se había prendido un cigarrillo mientras. Afinaron concentrados. Luego Pedro se prendió un cigarrillo y lo miró a Raúl. Comenzó un arreglo de arpegio en si bemol. Raúl se limpió la grasa de las manos en su jean e intentó acoplarse a la melodía propuesta por su amigo. Sin mediar palabra, los dos amigos comenzaron a tocar sin pensar en el mañana. Era un diálogo musical en el cual intentaban ahogar esa pena que ambos compartían, mientras el sol se elevaba como una plegaria de despedida. 

viernes, 23 de octubre de 2020

Queremos tanto a Charly

Hoy es el cumpleaños número 69 del astro musical argentino Charly Garcia, una de las más grandes luminarias del rock local y uno de las pocas que quedan en pié. También podemos decir que es uno de los músicos más importantes que ha dado el siglo veinte. Un verdadero genio musical al nivel de todos los grandes rockeros a nivel internacional que se les ocurra mencionar. 

Al margen de todo esto, Charly es un tipo muy querido, porque es (como en otros casos) una especie de chico grande. Charly nunca dejó de ser un chico, simplemente trascendió cualquier barrera de tiempo y edad y (como todo un genio Nietzscheano) Charly evolucionó de camello a león, y de león a niño (de las 3 transformaciones). Por eso siempre parece que anda haciendo una fechoría o dando contestaciones de una liviandad y humor poco frecuente en los hombres "adultos". 

Desde su aparición en la escena musical argentina, allá por principios del año 1972, su entrada dio que hablar. El disco "Vida" de su banda Sui Generis, le dio un nuevo aire al movimiento rockero local que era demasiado rockero, hippie y serio. Sui Generis tomó la delicadeza que había Almendra había dejado vacante desde su separación en 1970 y le infundió nuevos bríos, con un piano a la "Elton John". Y las letras... ¿que decir de las letras? Charly, principal compositor de la banda, hablaba desde un lugar cercano a la gente. Directo, sincero, de cosas simples. El amor, la soledad, la muerte, el sufrir en estas tierras alejadas del mundo. Y la pegada con un público adolescente que ya comenzaba a abrir su mente y sus orejas a la música de rock local. El encantamiento fue instantáneo y el éxito vino tan veloz que parecía imposible. Algo que no había sucedido hasta ese momento. Canción para mi muerte fue un hit tan pero tan grande que superó en ventas a los hits anteriores de rock hasta ese momento: La balsa, Presente, Jugo de tomate, Muchacha ojos de papel. Y entonces Sui Generis comenzó a sonar en todas las radios de una Argentina que transitaba su paso por la modernidad de una manera poco agradable para la juventud. En medio de marchas, manifestaciones, bombas y estallidos sociales, y en medio de todo ese quilombo entre movimientos radicales de izquierda y la mano derecha y bruta de un estado militar, sonaba Natalio Ruiz y simplemente nos conquistó. Tan es así, que el efecto de llegada adolescente de Sui Generis tuvo significancia desde su aparición a principios de los setentas hasta principios del año 2000, por lo menos, época en que (quien escribe) transitaba su dolorida adolescencia.

Además, esa forma tan porteña, tan de acá de expresarse en cuestiones como amar. Sólo basta escuchar Cuando ya me empiece a quedar solo. Se te caen las lágrimas. Tremendo, genial, sublime. Y adoro esa faceta sensible de García que tiempo después intentó ocultar tras una máscara de agresividad, pero que en realidad si mirás bien, Charly siempre fue ese flaco alto y desgarbado que en verdad era inseguro, y necesitaba ser amado, mucho, siempre. 

Después de Sui, que decir... vino La máquina (prog rock argento de luxe), después la super banda Serú Giran (quizás la banda más grande de las primeras dos décadas del rock local), antes de Soda o Los redondos... En fín, Charly García continuó de forma solista su derrotero de genialidad con una década de los ochentas que ya con tanta competencia fue suya, solo suya. En los noventas vendría el debacle y decadencia, pero ¿quien puede eternizarse en la genialidad? Veinte años de música excelente es mucho más de lo que la mayoría de los grandes del rock en el mundo pueden jactarse. Él ya había demostrado todo, ya había hecho todo y, junto con Luis Alberto Spinetta, estaba en el pináculo de los grandes genios del rock argentino y, por que no, de todo el rock de habla hispana... mínimo. 

Entonces, más allá de sus subidas y bajadas, su paso por el cielo y el infierno, sus momentos de esplendor u oscuridad, Charly nos viene acompañando en este viaje que es la vida desde hace varias décadas. Solo podemos agradecer poder haber compartido un poco de nuestra vida con este tipo, otra que héroe romántico, héroe trágico, semi dios épico, y vecino querido de barrio norte. ¿Quien puede no querer a Charly? Es el tipo más querido y adorable que hay. Sé que nunca podré conocerlo, pero desde acá le mando las mejores vibras de amor y sólo decirle !GRACIAS flaco! y !Feliz cumpleaños! Te amamos!! 

lunes, 14 de septiembre de 2020

Lobuelita

"Cuida a tu hermano, Juli". Eso fue lo último que me encomendó. Después se volvió y nos dejó solos en el andén. Sebas se puso triste, lo sentí en su inusual silencio. Una vez en el tren traté por todos los medios de que se entretuviera de la mejor manera. Jugamos a las cartas, hablamos de San Lorenzo, le hice escuchar el primer disco de Van Halen y, mi hermanito que tiene ocho años, ya bien puede empezar a apreciar la buena música. Cuando llegamos a la estación no me sorprendió para nada que nuestros abuelos no hubieran venido a buscarnos. De todos modos estábamos cerca, o eso pensé, y arrancamos a caminar hacia la vieja casa de Parque Luro. Sebas estuvo quejón, y me enerva su carácter caprichoso. Se nota que es el niño consentido de la casa. Con los menores siempre son más tolerantes, en cambio, a los primogénitos siempre nos exigen más.

Después de caminar varias cuadras, con el frío marítimo de julio calando hasta los huesos, llegamos a esa antigua casa lúgubre, cubierta de enredaderas y musgo. La casa es linda, pero siniestra y yo ya superé mi etapa de adolescente dark. Después de un rato nos vino a abrir la puerta mi abuelo. Un hombre serio, de pocas palabras, cocina muy bien y escucha tango en una radio del siglo pasado. Me cae bien. Pero en cambio, mi abuela, es una mujer extraña. Siempre que vinimos con madre, la abu se pasa todo el verano encerrada en su cuarto de costura. No sé qué es lo que cose. Pero ahí está toda la tarde, dándole a la maquinita. Por la mañana duerme como un tronco. Por la noche no. Porque me dijo mi abuelo que es noctámbula. Sale a merodear con los ojos cerrados por la casa, y es como si pudiera ver porque no se tropieza con nada. Será memoria espacial, calculo. Estas vacaciones de invierno no prometían muchos cambios. Salir a hacer la compra cada dos o tres días, leer El señor de los anillos al lado del fuego del hogar y ver la tele con los abuelos después de cenar. Sebas se las arregla jugando con sus muñecos y también viendo los dibujitos a la tarde. Pero ya me empezaba a aburrir. Ya estoy grande. Quería salir a la noche, ir a un bar, un recital, ir al cine, lo que sea. Clavada en medio de Las dos torres y la verdad, Frodo y Sam me tenían harta. Quería ver chicos y chicas de mi edad. Todavía faltaban algunos días para volver a casa. El sábado a la noche decidí intentar una fuga.

Me escabullí sigilosa por el pasillo que lleva al jardín de atrás. De chica le llamaba el jardín secreto porque era demasiado espeso, con maleza alta sin cortar y unos árboles que dan la sensación de estar en medio de un bosque. Abrí la puerta con cuidado y asomé la nariz. Un frío húmedo y mortal, típico de las zonas cercanas al mar. Me prometí que haría una escapadita corta y volvería antes de la una. Al menos para fumarme un cigarrillo, cerca de la casa es imposible ya que mi abuela tiene un olfato tremendo. Eran casi las doce de la noche. Mi hermano dormía y mis abuelos roncaban. Me adentré en el bosque camino a la pared del fondo que da a un terreno baldío. De ahí tengo salida a la calle de atrás y luego un par de cuadras hasta la avenida. Pero mientras atravesaba la espesura del jardín de atrás, escuché una ramita quebrarse a mis espaldas. Miré y nada. Seguí. El cielo estaba despejado y una luna llena emitía una luz pálida y fantasmal. Me acercaba a la pared del fondo, cuando escuché algo correr atrás mío. Sonó como un gato, pero la sombra que vi era enorme. Tuve miedo y pensé que podía ser un ladrón. Quedé paralizada. De entre los árboles se acercó una sombra que parecía ser un perro negro. Pero la poca luz me impedía ver su forma real. Los abuelos no tenían perro. Quizás sería de algún vecino pensé. Pero el animal se paró en sus dos patas traseras. No podía dar crédito a lo que veía. Aunque era solo una silueta, se acercó de a poco hacia mí. Y con voz ronca me preguntó si tenía hambre. Si quería tomar algo calentito para poder conciliar el sueño. Me tomó firme del brazo y volvimos juntas a la casa, mientras sentí como sus garras se retraían.