miércoles, 19 de febrero de 2020

Posesivo - 7

3) 2005, el año que hicimos contacto

Claro, después del episodio con Melimelum, quedé varios años sufriendo el coletazo de aquel amor frustrado. Pero en 2004 ya estaba listo para un nuevo amor, como cantaba Moura. Sin embargo, el destino tenía otros planes para mí. Aquel, fue un año de sequía afectiva y frustración pedagógica.
Pero como ninguna hambruna dura para siempre, a principios del 2005 conocí en un viaje a una muchacha punk. Tuvimos un breve romance de unos pocos meses hasta que la cosa explotó por diferencias irreconciliables, las cuales ella me detalló por teléfono con sabiduría. Yo me enojé y corté el teléfono de golpazo. Me agarró una breve rabieta que no supe controlar. Después me fui a buscarla al teatro Colón (donde estudiaba), pero ya estaba haciendo frío. El verano había terminado y mientras la esperaba acovachado en un resquicio del inmenso teatro, pensé que todo aquello que estaba haciendo era ridículo, porque hay batallas que de perdidas ni valen la pena liberarlas.
Volví a casa como soldado vencido, pensando que soldado que huye sirve para... no sé. Algo.
Después me di cuenta que ella tenía razón, no nos amábamos. Era una relación de conocidos con derecho a roce como me dijo por teléfono y aunque, con el tiempo, ese tipo de relación no tiene nada de malo y hasta es algo más que común en la vida adulta, a esos primigenios veinte años parecía algo poco agradable. Ambos todavía queríamos enamorarnos de alguien y no se ella, pero a mi me pasó al poco tiempo.
Cuando algunos meses después ya ni pensaba en ella, ni en Melimelum ni en ninguna chica, la conocí. Porque las cosas se dan así, aparecen cuando menos las buscas. Por eso, cuando me anoté en unas clases de guión por San Telmo no pensé que conocería a Vane. Nuestro flechazo fue inmediato. no quiero aburrir al lector con los pormenores de este romance que duró años, solo decir que al poco tiempo de conocernos nos dimos cuenta que compartíamos muchas cosas y que nos gustábamos y eso es todo. Empezamos a vernos por fuera del taller. Ella tocaba la guitarra de forma increíble. Lectora voraz, nos pasamos libros e impresiones. A los pocos meses de estar saliendo nos fuimos un finde a Mar del plata. Para mi fue el paraíso. Mi querida ciudad costera se convertía en mi primer viaje solo con una chica. Quizás para ella que tenía mas experiencia no era tan importante, pero para mí lo fue.
Yo estaba enamorado hasta la médula ósea de Vane. Yo a ella le gustaba, pero tranqui.
Todo el viaje en tren lo hicimos escuchando Ommadawn de Mike Oldfield en un viejo discman mío, a lo que ella me dijo en un momento "¿Porqué tenemos que escuchar a este chabón?" Muy gracioso.

Todo terminó a finales de año, cuando después de pasar "2001: Una odisea espacial" en un ciclo de cine que había organizado en el lugar del taller, nos estábamos por ir y otro flaco se quiso sumar a nuestra partida. Yo me puse rabioso por la intromisión del muchacho, que sentía que buscaba protagonismo o robarme a Vane. Lo traté mal adelante de todos y nos fuimos. Después, Vane se enojó mucho conmigo, me dijo lo mal que había estado tratando así al pibe. Yo le reconocí que por ahí se me había ido un poco la mano, pero también que me parecía insoportable el flaco, que se auto invitara fue algo por demás provocador. Así lo vi, como una intromisión total en una noche que tendría que haber sido solo de nosotros dos. Pero me puse celoso y posesivo. Vane olió todo el asunto y una semana después me cortó, aduciendo que se iba a ir varios meses a su provincia norteña de origen y no sabía cuando volvería. Que no tenía sentido mantener la relación a distancia. Esto me lo comunicó café de por medio. Yo me puse fatal. Lloré como niño chiquito que le sacan su juguete favorito. Ella se puso mal pero no cedió. Amenacé suicidarme (aunque no era en serio), pero ella respondió que yo era los bastante grande como para saber lo que hacía. Su madurez me hizo sentir un verdadero idiota. Más idiota de lo que ya me venía sintiendo hacía un tiempo.
Para colmo de males, al otro día me agarró una apendicitis del carajo que me doblaba por la mitad. Esa misma noche me internaron y operaron. Ella se enteró y me vino a visitar al hospital. Todo fue medio de película. Pero por más que me pasó lo que me pasó, no se ablandó y sostuvo la separación de manera estoica. Yo lo interpreté (como siempre lo haría de ahí en más) que si no me quería es porque había alguien más de seguro. Pero no todo siempre es tan simple. Claro, en pocos meses le había demostrado a Vane que yo podía ser celoso, de mal carácter, posesivo y manipulador. Claramente un mal partido para (casi) cualquiera. Por ende, tuve que reconocer mi derrota y dejarla ir también.
El verano del 2006, me fui con mis amigos al norte ¿casualidad? y obviamente nos vimos en su ciudad natal. Pasamos una tarde linda caminando por allí, mientras mis amigos se fueron para otro lado. La llevé a mi hostel e intenté besarla pero se tiró para atrás. Me sentí dolido, pero después acepté que todo había terminado (por el momento) y la acompañé hasta su casa. Nos despedimos con un fuerte abrazo y eso fue todo (por el momento). 

lunes, 17 de febrero de 2020

Posesivo - 6

2) Del planeta Melmac

Poco más de cuatro años después de Rosarito Vega, conocí a Melisa (Melimelum), en una extraña noche con amigos. No recuerdo bien como apareció, ni quien la trajo, peri ahí estábamos una noche en el barrio, cuando apareció con su amiga (Gabriela Sabatini).
Un narigón de la bandita que frecuentaba dijo "que buen culo" (por Melo) y entonces fue que me fijé en ella, que llevaba unos jeans ajustados. Muy bien, pensé, a esta si le hablo y le hable. Cosa poco usual porque nunca fui del tipo hablador con las mujeres, porque siempre primero y ante todo, temerles a muerte y sobretodo si me gustan.
La Melu fue cortés pero esa noche estaba apagada (después me enteraría que había tenido una discusión con su novio que no quería que saliera y con justa razón, porque esa noche me conoció a mí). El novio, hoy es un reconocido poeta y personaje del under porteño (si es que existe algo así), pero en aquel momento era solo un pibe con ciertos aires de pretensión literarias, mientras todos los demás solo pensábamos en el rock, las chicas (algunos el fútbol) y las cervezas, que se iban cimentando como bebida moderadamente acostumbrada.
Nosotros teníamos dieciséis años y la vida, a principios del siglo XXI parecía una continuada bosta de finales del siglo que acababa de terminar. Los cambios, aún no habían aparecido. Como mote del recuerdo puedo decir que en el año 2000 empecé a usar internet de manera mas o menos cotidiana. Una de las primeras cosas que recuerdo haberme anoticiado por allí fue que iban a hacer las versiones cinematográficas del Señor de los anillos.
Pero volviendo al asunto; con Meli, esa noche pegamos onda pero moderadamente. Sin embargo, lo suficiente para que el amigo que la había invitado al barrio me dijera de organizar otras juntadas en lo que quedaba del primer año del nuevo milenio. Y así fué...
Empezamos a vernos más seguido y la incipiente onda entre nosotros se convirtió en una (casi) verdadera púber tensión sexual irresuelta. Y digo "irresuelta" porque en verdad, nunca se resolvió. Con MeliMelum siempre nos gustamos, pero nunca hicimos nada al respecto.
De hecho en el 2001, una cuestión burocrática como la falta de cupo en Bachiller, hizo que me decantara por cambiar de colegio y el de Meli fue mi primera opción. Al margen de que ella iba un año menos que yo y faltaba bastante, pero bueno... Eso no lo sabía.
Todo el famoso año de 2001 estuve sufriendo por este amor correspondido pero que no se concretaba.

Factores que impedían la concreción eran los siguientes:
1- Ella tenía novio.
2- Lo conocía y no me caía mal. (Por ende me daba culpa que lo cagara conmigo)
3- Mi miedo a dar cualquier paso en falso.
4- Ella tampoco parecía muy dispuesta a dejarlo.
5- Yo quería que ella fuera mi novia, pero no estaba seguro de que fuera una gran idea.

De hecho fue ella quien, en un recreo, me sentó a su lado y me dijo que gustaba de mí blablabla, pero que no podía porque el novio blablabla. Después (muchos AÑOS después) comprendí que ella dio el primer paso de poner en palabras lo que sentíamos y que todos nuestros amigos y entorno ya se daban cuenta. Pero luego, dejo el espacio para que yo diera la siguiente jugada. Pero yo solo atinaba a decirle que la esperaba, que si ella lo dejaba a "Pipa", yo estaría ahí para ella. Pero me parece que esperaba ser rescatada, extraída de ese lugar. Sin embargo, yo no tenía ni la claridad ni experiencia como para ese tipo de acciones. Simplemente me quedé cerca de ella, observándola. Deseándola. Pero nunca tomándola. Como era de esperar, empezó a engañar a su novio con otros y yo seguía esperando que resolviera su situación, pero ella tenía menos clara las cosas que yo. En el mientras tanto, cualquier chica que se me acercara era rechazada por mí, ya que estaba enamorado de Melimelum. Nadie podía entender ese metejón mío, ni mis amigos ni nadie. Era realmente incomprensible que en plena ebullición hormonal adolescente yo me aferrara tanto a alguien cuasi imposible, como si fuera una quimera. Pero no hubo caso. Durante todo ese año y buena parte del siguiente (2002) me dediqué a sufrir por ella, a verla ir de un lado a otro frente a mis narices y mirarme con cierta pena y nostalgia, casi como pidiéndome que la rescatara. De hecho, en una se esas escaramuzas novelescas ella beso en un boliche ya extinto de Puerto Madero, a un pibito mirándome mientras lo hacía. Yo lo se saqué al pibito de encima y luego huí. Ella también, todo fue una confusión. Después la ignoré por mucho tiempo. Ella me escribió una extensa carta pidiéndome perdón y diciendo que no sabía porque había besado a ese borrego, también que esperaba que yo le sacara al pibe de encima, que lo rogaba, en parte que la tomara. Ahhh, la adolescencia. Que intenso es todo allí.
Hoy en día aún guardo esa carta porque es un recuerdo de una época maravillosa, fuerte y única de nuestras vidas que nunca volverá. Como un documento inalterable de una época que hoy me parece casi ridícula, pero que en su momento era tan terrible como la vida y la muerte, como las desventuras del jóven Werther. Hoy no me arrepiento de todo lo vivido. Es muy fácil decir yo hubiera hecho tal cosa o tal otra, pero bueno. Las cosas se dieron así.
Un par de años después que bajó toda la intensidad del asunto nos reencontramos en otra noche con amigos y nos dimos unos buenos besos apasionados como para tener y archivar. Fue un sacarse las ganas. Pero después, de eso la cosa no dio para seguirla o llevarla a terrenos mas "adultos". Después, casi que nos hicimos buenos amigos. Y aunque no nos veíamos mucho, siempre quedó buena onda entre nosotros, siendo uno de los pocos casos donde podría decirse eso. Si, es uno de los pocos romances que sigo manteniendo en mis redes sociales, quizás por haber sido tan intenso todo, tan teenager, creo que los dos nos guardamos un cariño especial.


viernes, 14 de febrero de 2020

Posesivo - 5

ALGUNOS CASOS DE RIGOR:

1) Rosario siempre estuvo cerca

Todas las cosas tienen un origen o, al menos, podemos tratar de jugar a dilucidarlo. Las cosas tienen un origen, también tiene movimiento y las actitudes lo mismo.
Cuando a mediados del '96 apareció Rosarito Vera pensé que había sido amor a primera vista. Una noche en un baile del colegio, se acercó y yo a ella. Pensamos que era una buena idea ser novios o, como se decía en aquella época ¿querés salir conmigo?
Con Rosarito nos dimos los primeros besos. Ella tenía un año menos que yo e iba al turno tarde. Me gustaba porque era de carácter fuerte. Era de aquellas chicas que van al frente y no se quedan esperando que uno de el primer paso. Por suerte para mí, que soy todo lo tímido que puedo llegar a ser.
Con Rosarito éramos como el día y la noche. Ella petisa, de rulos negros y piel achocolatada, vital. Yo, un poco mas alto, esquelético y blanco como la nieve de finales de invierno. Moribunda. Taciturno.
Después de besarnos con pasión en el baile del colegio, seguimos a lo largo de ese invierno dándonos besos en la casa de un amigo. Hablando por teléfono casi todos los días. Mis padres sospechaban algo, mi hermano no se interesaba. Pero yo vivía el romance, cada día que pasaba, con más pasión.
Fuimos buenos amigos mientras todo duró, pero yo no sabía como ser un novio. Había días que no la llamaba, simplemente porque no me surgía hacerlo. Además de que siempre odié hablar por teléfono, para mi Rosarito era como cualquier amigo. Nos veíamos cuando los astros se alineaban. Para mi estaba bien que así fuera, pero para ella quizás no era suficiente. Además del hecho nada despreciable de que vivíamos a dos barrios de distancia, no podíamos tenernos a cualquier momento. Ahora que lo pienso era algo así como el romance de Milhouse con la niña nueva Samantha (aquella de frenos o aparatos en los dientes), solo que en mi caso nosotros no éramos compañeros de aula.
Entonces, un buen día de aquellos, viviendo en mi relajo, noté distancia entre nosotros. Nos besábamos poco o nada. Ya casi no me llamaba. La cosa estaba rara y yo sospechaba que algo malo pasaba. Decidí ir a visitarla a su barrio de sorpresa y en un intento desesperado por reconquistarla le compré en un kiosquito una caja de caramelos con forma de corazón pero, yendo a su domicilio la ví de lejos caminando con un chico del barrio. Corrí en dirección contraria a toda velocidad y cuando pasé por un tacho de basura tiré la caja de caramelos dentro. Después, derrotado me tomé el colectivo a casa. Cuando llegué, me encerré en mi cuarto, y aprovechando que mi hermano estaba ausente, me largué en llanto inconsolable.
No recuerdo si mis padres me dijeron algo, pero creo que no y dejaron que me desahogara con total libertad. Después me dormí sin cenar y mi interior se calmó.
Al día siguiente, todo lo vivido el día anterior parecía una extraña y lejana pesadilla de la cual no quería acordarme.
Claro que poco tiempo después, Rosarito me llamó para vernos y me dijo que estaba saliendo con Fulano de tal. Yo me hice el duro y le dije que no me importaba un comino. Ella se molestó por mi contestación y se alejó llorando de mí. Pensé en seguirla. Pensé que como en las películas, podía agarrarla de un brazo y darle un beso. Pero no lo hice. Me chocaba por primera vez en la vida, con la necesidad de recuperar a alguien y decirle que era mía; sin embargo esa vez, preferí dejarla ir y ya. Comprendí, con mis doce años, que las cosas no eran tan fáciles como en las películas. En esa ocasión me tocó perder y lo comprendí con toda su dolorosa potencia.

jueves, 13 de febrero de 2020

Posesivo - 4

¿Tu papa? Tu no puedes poseer una papa, maestra...
Es una de las criaturas de la madre naturaleza, beerp!!

Estas sabias palabras de Homero Simpson son la punta de lanza del siguiente análisis sociológico que leerán a continuación:

El concepto de poseer es tan antiguo como el concepto de propiedad privada. Habría que remontarse a los perdidos orígenes de las primeras civilizaciones humanas como para rastrear todo aquello.
Lo que sí está claro es que la idea de poseer objetos quizás no preceda tanto a la idea de poseer personas. Allí tenemos la esclavitud, tan antigua como la humanidad. Rastrear las primeras civilizaciones nos hace encontrarnos que los humanos se esclavizan unos a otros desde tiempos inmemoriales. Por supuesto, la construcción de una gran civilización, casi siempre, acarrea la necesidad de subyugar otros pueblos. Lo hicieron los Babilonios, los egipcios, los griegos, los romanos, los chinos y mongoles, los cruzados, los musulmanes, los aztecas, los incas, los europeos en América, los ingleses, los japoneses, los alemanes, los norteamericanos y podríamos seguir dando muchos ejemplos más. Siempre, desde que el humano es lo que es, vemos que guerrea con otros, subyuga, y a fin de cuentas, termina poseyendo al otro.
Pensemos en la esclavitud que hubo en nuestro continente. Siglos de esclavizar a los pueblos originarios de América, hasta el punto de la casi extinción de los mismos. La esclavitud de muchos pueblos africanos, desarraigados, explotados al punto de la denigración más abyecta. Pocas veces, el ser humano fue tan brutalmente tratado como los originarios americanos y los africanos. Y así, mil ejemplos más.
El punto es que con el paso del modelo esclavista al modelo capitalista, los seres humanos nunca dejaron de poseer cosas (sino todo lo contrario), y no dejaron de poseerse a sí mismo. Solo que las cadenas de hierro se convirtieron en cadenas simbólicas, cadenas emocionales afectivas.
Hoy la posesión del otro no es un sistema de acarreo con fines mercantiles. Nuestros esclavos no se cotizan en el plaza central del pueblo, sino que cotizan dentro nuestro. Son prisioneros de un corazón que necesita, a toda costa, amar y ser amado. Quizás lo que el otro necesite no siempre sea una prioridad. A veces (o siempre), el posesivo solo piensa en sí mismo. Pero no lo hace de malo. Todos poseemos un montón de cosas que cuidamos y celamos con verdadero cuidado. Desde discos libros, ropa, pinturas, herramientas, automóviles, casas o departamentos, pero también animales domésticos, familiares, amistades y relaciones amorosas. Todo lo que amamos nos pertenece. No lo decimos, porque no suena bien. Pero todos lo pensamos, en parte lo pensamos y sentimos con el corazón. Pero muchos sienten que deben ocultar esos sentimientos porque no forma parte del ser evolucionados. Pero todos tenemos esa herencia posesiva que acarreamos irremediablemente desde tiempos remotos. Todos los escoceses del mundo lo hacemos, diría Willy el escocés. Por ende...
Si no puedo poseerte, tampoco pretendas vos poseer una papa. Todo es de todos y nada es de nadie. Si empezamos a comprender eso, vamos a dejar de señalar con el dedo al prójimo, endilgándole los errores que no le perdonamos por no ser lo que queremos que sea, o peor, por devolvernos un reflejo de lo que en realidad somos y detestamos de nosotros al punto de ocultarlo a toda costa. Por eso esa guerra descarnada y sin tregua con aquellos que consideramos en las antípodas de nuestro pensamiento. Quizás haya algo que resolver allí. No lo sé. Pero, el mayor mal que aqueja la humanidad, además de la avaricia o el desinterés, es la hipocresía y ese es un mal que todos padecen y nadie quiere reconocer.


miércoles, 12 de febrero de 2020

Posesivo - 3

¿Posesivo o poseído?

Un posesivo es también un poseído. Porque poseer es un acto de locura, en parte. Va en contra de lo normal, de lo moralmente instituido como correcto, como bueno, estable y saludable.
Al querer poseer al otro debemos estar en una situación desesperada porque, cuando vuelve la cordura (que siempre vuelve en algún momento), nos damos cuenta que no está tan piola tener al otro a nuestra entera disposición. A veces, sabemos que hacer con el otro. El otro nos aburre, nos harta. Hasta podemos tener ganas de no verlo más y estar solos. Por eso digo que para querer poseer al otro tenemos que estar poseídos, por el ansia de solo tener al otro atado a nuestro morral de inmundicias. Colgado como un perro faldero, atento para darle murra cuando sea nuestro deseo.
De ahí la cercanía etimológica de las palabras posesivo y poseído. Muchas veces actuamos en relación al otro en un acto total de posesión. Nos perdemos en nuestro deseo desesperado de sumir al otro en el grado más bajo, de sodomizarlo hasta no el cansancio (el nuestro, claro).
Quizás podríamos explicar el origen de la posesión como algo que ya viene inherente en los hombres. La necesidad intrínseca de controlar al otro. De tenerlo a nuestra disposición siempre. No nos interesa otra cosa. Y está bien, así es como debe ser el buen posesivo.

Etimología


Un posesivo es una palabra o construcción gramatical que indica una relación de pertenencia, en sentido amplio. Un término relacionado es el del caso genitivo. La mayoría de los idiomas europeos tienen palabras posesivas asociadas a los pronombres personales. Allí tenemos una definición de manual de lo que es un posesivo en la lengua. Mío, mía, tuyo, tuya, suyo, suya, nuestro, nuestra, vuestro, vuestra, suyos, suyas... etc. La cuestión es que está clarísimo lo que significa ser posesivo. Para algunos de nosotros es toda una forma de vida. Algunos de los que han sido nuestros nos han pedido que les recordemos que son nuestros, cosa que nosotros siempre consideramos innecesario porque siempre lo tenemos más que claro. Pero, a veces, para darles el gusto en su placer sumiso, se los susurramos al oído para que tengan un orgasmo de placer, también. Pero no siempre. Debe quedar súper claro que nosotros somos los que decidimos cuando se dicen ciertas cosas y cuando el otro puede sentir placer en algo. El deseo es suyo, no podemos cambiar eso en la medida que si están con nosotros su deseo ya nos pertenece. Pero su placer; si están con nosotros, es nuestro y solo nosotros podemos administrárselo. Si no sabemos dosificar su placer en pequeñas dosis de vez en cuando, entonces somos unos inútiles y no podemos poseer a nadie. Ni lo merecemos. Ser poseedor es todo un arte, solo apto para gente que sabe manejar su poder de dominación. 
¿Existe el posesivo pasivo? Por supuesto. Es aquel que necesita que lo posean y a la vez tiene poseído al otro. La necesidad es mutua. Pero a la vez es una redundancia. Si bien, el pasivo suele quejarse de su rol y criticar al activo de ser un maldito posesivo, la realidad es que nunca hay pasivo sin activo y viceversa. Por ende, los dos son las caras necesarias de la misma moneda. Los dos son altamente posesivos y súper tóxicos en esa relación de posesividad que si no se administra con sabiduría puede matar a alguno de los dos o quizás a ambos.  

El origen psicológico de la posesividad

Algunos dicen que todo se remonta a la más tierna infancia. Al parecer una falencia por parte de uno de los padres. El niño crece con mucha inseguridad, por eso necesita, a medida que va creciendo, de asegurarse el afecto del otro de una manera desmedida (para el vulgo), y a veces de una forma desaforada. Solo subyugar al otro puede darle cierto nivel de seguridad, para no sentir que lo pierde todo. Si el otro acepta ese juego, entonces está todo bien. Si el otro se rebela, entonces viene la condena social. Pero esto no deja de ser una psicologización de todo el asunto y lo desarrollaremos mejor más adelante.


martes, 11 de febrero de 2020

Posesivo - 2

Decálogo básico del buen posesivo:

1- Un buen posesivo que se digne de serlo, debe sobre todo y más que nada, celar a su objeto de deseo.

2- Un buen posesivo no debe dejar al otro ni un ápice de libertad.

3- El otro debe estar siempre disponible para nosotros.

4- Uno debe hacer sentir al otro que sin nosotros no pueden vivir. Hacerlos dependientes nuestros.

5- No permitir que el otro conozca a otras personas y vínculos. Hay que reducir su espacio vincular solo a nosotros. (Los de afuera son de palo. Y peligrosos)

6- Hay que impedir que el otro se interese en muchas actividades. Solo nosotros somos su único divertimento.

7- El otro es nuestro ahora y siempre. Ni siquiera su familia más cercana tiene derechos.

8- Cuando el otro empieza a demostrar actitudes de independencia hay que atormentarlo con la vieja y querida CULPA.

9- Al otro no hay que darle respiro. No hay que dejar de vigilarlo nunca y celar todos sus movimientos.

10- Al otro hay que sofocarlo hasta el fin. Hasta que no aguante más y se harte de nosotros. Nosotros podemos ser ellos, pero ellos, nunca ser nosotros.



lunes, 10 de febrero de 2020

Posesivo - 1

(Una novela polémica o un Alegato contra la corrección política y/o afectiva)



Prólogo

Una nueva novela de blog se cierne sobre nosotros, o "blogonovela", o como carajos se diga. Es menester sacar las cosas decía un amigo querido, asi que aquí estoy. Quizás por última vez, para abrir la bolsa de los recuerdos, la gorra de las cosas locas, el sombrero de magia fraternal.
Somos conscientes que casi nadie lee este blog. Nadie se toma el trabajo de hacerlo y no nos importa. Hablo en plural porque somos muchos los que escribimos acá, por más que firme uno solo. No soy esquizofrénico, solo tengo culpa. Tengo que extirpar algunos tumores que quedaron mal diseccionados. Nadie está obligado a leer lo que sigue. Hoy todo el mundo es escritor, sobre todo en Facebook, lugar en el cual me sigo negando a publicar. Nací domador de serpientes y así moriré, diría un Moe con los dedos vendados. Yo nací bloguero y así seguiré al menos un tiempito. Es probable que éste sea el último año que escriba por acá. Siempre digo lo mismo y nunca cumplo, pero la realidad es que me es muy cómodo hacerlo. Es un formato donde escribo y sale como pedo por la reja. Volando, directo a primera plana. O no... Pero me gusta esa posibilidad de escritura veloz y explosiva que te da. Ya sé que es todo lo contrario a lo que se entiende como buena escritura. Sé también que todo lo escrito en el blog ( en el mío al menos) es prácticamente in-publicable en una editorial seria que se precie de serlo. Pero la verdad es que no me interesa. Ya está todo saturado por todos lados. El mundo está lleno de gente imaginativa, creativa, escritores veloces y prolijos, con gran capacidad y técnica para escribir bien y rápido. Yo no tengo ese don, lo sé. Ahora (y siempre) sigo escribiendo para mí. Cada vez que intento mostrar mis cosas al mundo, no le interesa a casi nadie, en los talleres me critican duramente por desprolijo, por "errores" de forma y contenido o por imperfecciones de las tramas. Ok. Yo sé que tengo un serio problema para escribir y no me gusta mucho corregir. Necesito escribir, corregir no es una necesidad, pero si queres ser escritor tenés que corregir dicen todos. Puede ser... Hace casi veinte años que "escribo". Los primeros cinco años, solo poesía, y después seguí con los cuentos y en los últimos siete años escribí tres novelas. Nada de lo que hice en estos casi veinte años se publicó. ¿Por que? Quizás no sea bueno lo que escribo. Quizás no sea lo que los lectores medios quieren leer. Quizás en estos casi 20 años no pude terminar de perfeccionar del todo el arte de escribir y siga tropezando con los mismos problemas una y otra vez. Quizás sea demasiado vago para terminar de ser bueno y publicable. Pero en fin, maldita sea, Blogger es una plataforma semi muerta pero no me exige nada.
Vaya pues lo que sigue para quien quiera leer. Y el que no, que no lo haga. No pretendo más intentar encajar en el mundo de los escritores. Me declaro un outsider absoluto. Y para demostrarlo, a continuación, voy a redactar una novela más bien incómoda, un verdadero sincericidio literario. Salida desde el más vulgar "yo", con la que pienso destruir cualquier intento de caretaje y prenderme fuego como un bonzo. Vaya pues, la siguiente historia por entregas, que de tan real, es irreal-mente verídica. Una historia triste y enfermiza sobre las relaciones, la toxicidad y la incapacidad para manejar las relaciones interpersonales de forma sana y equilibrada con casi todo el mundo.

martes, 21 de enero de 2020

Sobre la Licantropía



Una bala de plata para usted:

Como todos saben, en mis años mozos, yo fui un hombre lobo. La primer luna llena después de haber cumplido los dieciocho años fue el comienzo de todo. El pelo en abundancia, los caninos filosos, la necesidad de aullar, el deseo de la carne sanguinolenta fluyendo de mi boca, como libertino festín.
Pero un día llego el hombre. El curita Pancho, lo llamaban en mi pueblo. Todos sospechaban de mí, porque si; era el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón. Bautizado o no, para mi alma no había salvación posible. Pero a mí no me importaba, porque ya había probado la carne humana y no podía esperar a probar mi siguiente bocado.
La siguiente luna llena, me encontré vagando por las calles de Solano, pero todos habían tomado la precaución de atrincherarse en sus casas. Peor para ellos. Voy a aprovechar y comerme a sus gallinas y animales domésticos. Y si me quedo manija, les mato a los caballos, de paso cañazo, pensé.
Pero no había comido más de trece gallinas y para mí era el plato de entrada, cuando apareció Panchito. Un hombre sereno y amable que me era absolutamente indiferente. No me apetecía matarlo, pero tampoco quería que me interrumpiera. Cuando escuché sus pasos detrás mío, pude sentir el olor asqueroso de iglesia de su sotana. Se me erizaron los pelos de la espalda y me di vuelta gruñendo, rabiando a morir. Si se me acercaba más, lo degollaba ahí mismo de un zarpazo y después me comía, no sé... su cara. Así la gente empezaría a respetarme y temerme y me dejaría ofrendas todas las lunas llenas. Sin embargo, algo raro pasó. El curita me miraba fijo, sosteniendo una cruz plateada en su mano firme. Y su rostro, no tenía ni una pizca de miedo. Me saludó por mi nombre cristiano. Me dijo que yo pagaba con licantropía debido a los pecados terribles de mis ancestros. Y empezó una larga perorata acerca de mis tatarabuelos que habían vendido su alma al maligno a cambio de tierras fértiles y buena bonanza. Sin embargo mi familia era pobre y bien lo sabía el curita eso. Pero solo atiné a gruñir. Como si hubiera entendido, me dijo que claro; mi familia era pobre porque el maligno nunca concede favores aunque eso parezca al principio, solo nos engaña. Pero el mal ya está hecho, dijo. Cuando pensé que se iba a callar y me aprestaba a saltar encima de suyo y destrozarlo, cuando el curita, con cara de inocente, sacó un revolver con su otra mano. A una velocidad que sólo le conocía a los bandoleros más aceitados. Pero el tipo ahí nomás me apunto con un arma que brillaba en la oscuridad. Y me dijo muy calmo.
-Tengo una bala de plata para usted. Disparo y chau, se terminó el chiste.
Gruñí, pero no tanto de rabia como consternación por haber sido atrapado tan estúpidamente por un asqueroso cura de campo.
-Vos pensás que porque soy un mero curita no te puedo disparar. Pero no creo que a dios le importe lo que te suceda. Tu alma ya está condenada, oh si, bien condenada hermanito.
Miré la Luna y le aullé bien fuerte. Otros lobos me contestaron a lo lejos. El curita sonrió. Me dijo que me ofrecía un trato. Mi alma podría ser salvada si me arrodillaba frente a él y le pedía perdón a dios por todo mi mal y el mal de mi familia. Pero lo hacía sintiéndolo, de corazón. Que le besara la mano, se corrigió, que se la lamiera. Yo estaba cada vez más confundido. Empecé a tenerle miedo de verdad. Me parecía un ser revulsivo, manipulador, un chantajista de la más baja estofa.
Le gruñí con desprecio y comprendió. Dijo no no no no, lo lamento por tu almita condenada y amartilló su revolver apuntándome con certero deseo de lastimarme. Yo esperé el fogonazo, pero antes me dijo que si no lo complacía, a mi familia la iban a perseguir, encerrar, le iban a endosar mis crímenes, iban a quemar nuestra casa con o sin gente, etc. Que un ejercito venía en camino, con rifles de plata y me acribillarían en un segundo. No se me movió ni un pelo del bigote. Entonces amenazó con que matarían a todos los perros del pueblo, luego haría una campaña para matar a todos los perros callejeros de la zona, la provincia, el país... el mundo!
Mis ojos relucieron un brillo rojo y lancé el último aullido antes que la bala me atravesara el gaznate. Después, lo que siguió fue un poco confuso. De dos saltos, salté hacia él y le desgarré el pecho de dos zarpazos mortales. El curita cayó al suelo y le desgarré la ropa, le arranqué su corazón latiendo. Después se me nubló la visión, sentí perder mucha sangre y caí. Antes de perder el conocimiento, vi como apareció toda una manada de lobos salvajes que barrió con el curita en un segundo, del cual apenas si quedaron sus huesos ensangrentados desparramados por allí. Me recobré en una especie de cueva. Estaba rodeado de adolescentes en cuclillas que me observaban. Ya era de día. La voz de una chica que me mostró unos ojos verdes refulgentes me maravilló. Yo estaba tendido, agonizando con mi débil piel humana a cuestas.
-Tranquilo. Ya cumpliste con el todo... tu deuda está saldada con él.
Me dijo la chica, y quise preguntarle de carajo hablaba, pero me desmayé. Morí.

Esa noche morí como Hombre Lobo. Perdí mis poderes lobunos.
Desperté en un hospital. Me convertí en un hombre normal.
Nunca más pude correr desnudo por el valle, aullándole a la luna. Nunca más.
Comprendí que en esta ocasión, algo hice mal.
Porque alguien me perdonó la vida por algo que lo benefició.
Y el Otro, me castigó, quintándome mis poderes para siempre. Sigo sin entender bien el quid de la cuestión, pero los hombres lobos somos así. Un poco torpes e impulsivos, pero de gran corazón.
O quizás debería decir, los ex hombres lobos somos así.

domingo, 19 de enero de 2020

Viaje Extracorpóreo

Singularidad. El vuelo se hace en el aire, pero el movimiento resurge como bálsamo incongruente hacia las veleidades del Cosmos.
Cosmos. Maravilla inter espacial del microsentido ultraterreno de todo aquello que viaja pero no está. Porque viajando encontramos el sentido último de nuestro ser.
Maravillas intrauterinas de lo manifiesto. Inconmensurable agonía utópica del fracaso laboral que todos sentimos cuando perdemos la batalla insaciable de lo cotidiano.
Muñecos impávidos, buscando arrebujarse como musarañas perdidas dentro de los últimos recovecos de la falsa algarabía que da Maya, la diosa de la ilusión constante.
¿Cómo fenecer en un mundo que nos da todo, pero nos quita lo más esencial de ser humanos? ¿Que es ser un humano? Nada. Un concepto vacío, con etiquetas caducas de sentido.
Los viajantes no comprenden el final del camino, porque todo lo retienen sin comprender que allí en la inmensidad del espacio, nada puede recobrar nuestra perdida cordura ancestral.
Solo hay vacío.
Pero el vacío carece de códigos. Y entonces comprendemos que al volar, al desplazarnos a la imposible velocidad de la luz, todo carece de la intención primigenia.
Estamos perdidos en el espacio. Como los Robinson. Perdidos en la isla eterna que nos cobija, flotando en un espacio infinito. Padeciendo a cada momento de ser los únicos insectos en este gran palacio lleno de nada.
Porque es la vacuidad insostenible de nuestras almas perdidas, ansias de comprensión, seres a la deriva en el gran todo que es la nada misma, la que nos hace odiarnos entre nosotros, Siempre.
Desde tiempos perdidos en la foto sepia que es nuestro recuerdo más austero de nosotros mismos. Nuestra historia sin fin. Nuestro deleite de ser una especie de cosmonautas angustiados, que sin entender la película, vivimos en la agonía constante de vivir.
El largo día de amar, la (aún) más larga noche de morir.
Comprenderemos que somos el atolón ridículo de nuestra galaxia, cuando dejemos de buscar nuevos mundos allí donde no los hay.
Recargaremos un collar infinito de perlas olvidadas en el rincón más inesperado de una búsqueda que se hace eterna y no por eso, menos tragicómica.
¿Habrá un futuro incierto? ¿Un destino manifiesto?
Solo tenemos arroz, para comer en nuestras cápsulas de cotidiana inconformidad y desasosiego.
Un último adiós al viajero incansable del tornado, torpedeado por nuestro afán de comprenderlo todo y finalmente, confundirlo con nuestra total incomprensión final.

jueves, 16 de enero de 2020

Los Orgones



Estábamos todos cubiertos de musgo. Teníamos sueño. Esa noche la habíamos pasado parados de cabeza esperando el milagro de que nos pasaran a buscar, pero no sucedió. Hace meses esperamos el relevo. Nada. Pareciera que todos se olvidaron de nosotros. Ser un colono espacial tiene sus contras. Ya no soñamos con la Tierra. Todo lo relativo a nuestro planeta se convirtió en un sueño imposible del pasado, una quimera. Estamos agotados de la flora Copernicana. Somos viajeros destruidos por los vaivenes del tiempo y el espacio. Por eso, aquella mañana comprendimos que nuestro error como colonos voluntarios había sido un error garrafal. Ahora, perdidos en la inmensidad de Copernicus 4, nos resultaba algo tedioso e insoportable. Varios de nosotros ya tenemos signos de locura extra planetaria. Cuando decidimos salir a hacer nuestra ronda de reconocimiento habitual, descubrimos que nuestra idea de que no había señales de vida inteligente era un error de cálculo. Al llegar a una especie de laguna verde, de su interior empezaron a emerger varias burbujas plateadas. Una mujer semi desnuda parecía bañarse allí. Nos llamaba con cierta angustia en su voz y aunque no comprendíamos sus palabras, era claro que algo andaba mal. Asustados, decidimos alejarnos de aquel lugar pero la operación fue imposible. Su canto era como el llamado de las sirenas a Ulises. Una especie de melopea o canto monótono y monocorde que nos engatusaba, nos hipnotizaba de una manera que nunca imaginamos. Nos acercamos sin quererlo, hacia donde estaba. La extraña mujer nos hablaba directamente al cerebro. Nos contaba acerca de su raza extinta varios eones atrás, debido a un cambio climático bastante crítico. Su presencia era el resultado de la energía de los orgones, aquellas células míticas que un viejo científico loco había esbozado en el viejo siglo veinte y por la cual había sido arrestado y destruido todo su trabajo. Nosotros no comprendimos al instante lo que nos quería decir, pero nos pedía que nos acercáramos más para poder explicarnos mejor. Entonces pasó lo más inexplicable. Mis dos compañeros de exploración se desnudaron sin más y acometieron la bizarra tarea de inmiscuirse carnalmente con la extraña aparición. Yo no daba crédito a lo que mis ojos veían. Era una escena por demás surrealista y extravagante. Yo no me sentí tentado por la visión porque nunca me gustaron mucho las mujeres en sí. Pero ellos, increíble, se entregaron con extrema devoción a los apetitos sexuales de aquel ser antiguo y alucinado. Seguí inmóvil sin poder tomar ninguna decisión y cuando había recobrado un poco mis funciones cerebrales y encaraba el escape, percibí que mis compañeros cobraban una forma cada vez más evanescente, a la vez que la misteriosa mujer cobraba más brillo y vigor. Era como si toda la materialidad de mis compañeros pasara a la de aquella extraña presencia. Mis amigo cayeron exhaustos al suelo, liquidados. Ella me miró con una sonrisa venenosa. Salí corriendo a toda velocidad de aquel sitio, con el corazón fuera de mi boca. Al llegar al campamento les conté todo a mis superiores y ante su incrédulo silencio comprendí que era tomado por loco. Ahora estoy en una cápsula de máxima seguridad, para los alienados del espacio, rumbo a la Tierra. Quizás me haya vuelto loco, no lo sé. Pero al menos, para nosotros, existe la solución rápida de ser apartados del resto de los no videntes.

martes, 14 de enero de 2020

El abuelo postizo



Cuando lo conocí, no supe que decirle. Me parecía extraño tener un nuevo abuelo. El otro, el original, nunca lo había visto. Murió antes que naciera. Entonces, mi abuela un día apareció con este. Yo tenía cinco o seis años. El sujeto era grandote (casi dos metros). Tenía brazos fornidos y le pregunté si era luchador. Negó con la cabeza. Me dijo que trabajaba en el ferrocarril. Entonces, le pregunté si su trabajo consistía en cambiar vías con sus brazos. Estaba seguro que el hombre hacía un trabajo de fuerza extrema. De hecho, recuerdo que sus manos eran enormes. Mi abuela se mató de risa, pero yo no le encontré la gracia. De chico, que la gente grande no se tomara en serio mis observaciones, me hacía enojar, mucho. Y de hecho, mi enojo, hacía reír más todavía a los adultos. Yo sufría por no ser tomado en serio. En fin, la cuestión es que el viejo me dijo que contaba plata en la ventanilla. Cortaba boletos, etc. Eso era todo. Mi abuela dijo que contar billetes le habían dado esa musculatura. Pero para mi no tenía sentido. El tipo tenía los brazos de un viejo leñador experimentado. No podía ser tan musculoso solo por cortar boletos o contar billetes. Le pregunté a mi abuela si era un gaucho, porque me lo imaginaba domando caballos en medio del campo, tras una tranquera enorme. Mi abuela me dijo que un poco si, porque venía del campo de San Luis, pero que gaucho lo que se dice gaucho, con bombachas y espuelas, no. Di por terminada la conversación y me fui a jugar por ahí.
Otro día, vino una amiga de mi abuela que tenía los ojos bizcos. Yo no entendía nada de diplomacia y le pregunté sin más porque tenía un ojo mirando para un lado y el otro para el otro. El abuelo estalló en risas estruendosas. Mi abuela se santiguó y le pidió perdón a su amiga que se sintió avergonzada. A partir de eso, mi abuelo me adoptó como su nieto preferido. Aunque con el tiempo, las cosas no seguirían así. A mi me gustaba que me contara cosas de su pasado. ¿Se había casado? ¿Tenía hijos o nietos propios? Porque vos no sos mi abuelo, le dije un día muy cruel. Él se quedó mirándome  con cierta tristeza. Y no... dijo el pobre viejo. Vos sos mi abuelo postizo. Entonces sus ojos se iluminaron y hasta lagrimearon, acto seguido, estalló en otra de sus grandes carcajadas. Porque él no se reía tímido, o poquito. Cuando reía, lo hacía con todo su cuerpo, de forma atronadora y gigante. Mi abuela me corrigió diciendo que no se decía así. Postizo... Que no era un diente. ¿Y como se dice? Le pregunté, otra vez ofendido porque se reían de mí. No sé... pero postizo no, me respondió ella. Pero la realidad es que no sabían como decirle. Para mi era mi abuelo postizo. El otro se había ido y ahora, llegaba él para reemplazarlo. Entonces... para mí era mi abuelo postizo.
Después, un día me llevaron a La Rural (la única vez que fui). Me aburrí un montón y hacía mucho calor. También vino mi hermano mayor. Mis abuelos llevaron empanadas de carne en un tupper. Estaban riquísimas, pero en esa época era mañoso con ciertas cosas. No me gustaba el repulgue. Entonces las devoraba por el medio, evitando comer el repulgue. Mi abuelo postizo me miró serio, y luego se mató de risa como solía hacerlo. Mi abuela me corregía con dulzura y mi hermano no entendía nada, pero también se reía. Yo, como siempre que pasaban esas cosas, me ponía en modo pitufo gruñón. Sentía que todos se divertían a costa mía. Yo no le veía nada gracioso al asunto. Pero más de grande comprendí que debía ser de lo más hilarante. Mis respuestas inocentes y luego mis enojos de un nenito que de seguro se ponía rojo de forma ridícula. Ahora si me viera también reiría.
Esos fueron los años con el abuelo postizo. Un hombre que parecía enorme, un coloso. Y yo era muy chiquito a su lado. Pero él cuidaba de mí y yo a él, le hacía reír. Así que nos hacíamos bien el uno al otro. Nunca tuve otro abuelo postizo como él. 

viernes, 10 de enero de 2020

Loving the Alien's (Bowie y Spinetta: Dos posibles agentes del espacio exterior)

Son muchas las casualidades que unen a estos (en apariencia inofensivos) artistas pop. Por ejemplo, los dos nacieron, muy sospechosamente, en enero. Uno el 9, el otro el 23, con solo tres años de diferencia. Son de dos puntos antagónicos del globo terráqueo. Los dos son famosos músicos de rock en sus países. Inglaterra y Argentina. Dos países con una larga trayectoria de guerras entre sí. (Cosa extraña ya que ambos países están como dijimos muy alejados y casi no comparten nada). Es probable que ellos mismos fueran rivales y hayan traído su contienda a nuestro querido planeta. (Lo que podría explicar quizás el Conflicto del Atlántico Sur de 1982). Ninguno habló nunca mal del otro, pero tampoco bien. Se evitaban con cuidadoso recelo. Se medían. Se ninguneaban. Competían por el trono de la genialidad. Pero todo en una silenciosa guerra fría que recién ahora sale a la luz. 
Los dos eran artistas estrafalarios. Uno, tenía ojos de diferente color. El otro, una cara más alargada de lo normal. Ambos pasan por seres humanos excéntricos y si bien, los dos son reconocidos como dos ejemplos de músicos bastante originales y únicos, (cada uno en su estilo), son bastante diferentes y tampoco son los mejores del planeta. Aunque ese es un tema de discusión. El asunto es que hay otros terráqueos de gran talento y de sospechosos comportamientos como Frank Zappa, Bob Dylan, John Lennon o Charly Garcia. Pero hasta ahora no se pudo comprobar que estos sean extra-terráqueos. En cambio, el caso de Bowie y Spinetta es emblemático. Raro es que no hayan sido desenmascarados antes. Los dos jugaron con la idea de ser alienígenas. Ambos tienen demasiadas canciones de temática espacial o apocalíptica. Géneros de predilección que suele tomar la Ciencia Ficción para sus historias o guiones.
¿Más? Los dos murieron en extrañas circunstancias. Cáncer en ambos casos. Sus cuerpos desaparecieron bajo el hermetismo de sus familias, con un sentido de extremo cuidado respecto de sus vidas privadas. Sobre todo en sus últimos años. Ambos se despidieron como en una especie de CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA. El británico; con un disco que es casi un auto réquiem. El sudamericano; con un gran concierto revisitando toda su obra, desde finales de los 60's hasta la fecha (cosa insospechada en él que siempre renegó de volver a tocar cosas de su pasado). Los dos fueron cremados. ¿Coincidencia?
Los dos eran, como se suele decir, "hombres renacentistas", debido a la versatilidad y facilidad que tenían con casi todo el arte en general. La pintura y el dibujo, la actuación, el diseño, la poesía, la composición musical, la instrumentación variada y hasta la gastronomía. Son todas artes manejadas por ellos, de manera casi natural.
Ahora bien, ¿cual es la función de ambos seres en nuestro planeta? Todavía no pudimos develar sus siniestras intenciones. Pero que las hay, las hay. Son dos seres imposibles de nuestro planetas. Su verdadero aspecto físico sea quizás las fotos adjuntadas, aunque pueden ser falsas. No importa, no descansaremos hasta decirle a toda la humanidad que (al menos estos dos) eran unos repugnantes reptiles del espacio (diría Homero Simpson, un gran desenmascarador de fraudes intergalácticos).

jueves, 9 de enero de 2020

La conspiración del ácido



Algunos dicen que todo comenzó en la década del setenta, cuando un grupito reducido de jóvenes aficionados al rock progresivo fue a un recital de Emerson, Lake & Palmer. ¿El año? 1973 ¿El show? La presentación de Brain salad surgery. ¿La consecuencia? Un cambio total en sus sistema de pensamiento. ¿El por qué? La combinación del uso desmedido de LSD, pscilocybe mexicana y otros psicotrópicos del estilo. Más los sonidos consecutivos de contundentes sintetizadores, moog y mini moog. ¿El resultado? Un grupo de hombres que salieron completamente transformados en su interior, con ganas de cambiar el mundo en el que vivían. ¿Cómo? Básicamente, revolucionando el mundo de las computadoras y dando paso al concepto de lo digital.
Sus nombres fueron borrados. Convirtiéndose en conceptos. En las sombras, detrás del cambio de paradigma que revolucionaría al mundo a finales del siglo veinte. A partir de entonces, la historia es ya conocida. Vivimos insertados en pleno auge de la era digital. NO hay escapatoria. Hasta los vínculos humanos, desde lo laboral, familiar o romántico, pasan por las redes sociales, las cuales son un resultado lógico de la revolución digital iniciada a mediados de los setentas. Lo que pasa es que ya nadie recuerda los orígenes. Como en toda mitología, el origen se va difuminando con el paso de los años, los cambios generacionales, la perdida de memoria, el olvido intrínseco en cualquiera de estos casos de construcción de posverdad. No hay manera de recuperar el origen en un mundo que nunca pudo recuperar su origen más primigenio.
Ahora ya está todo en marcha. El poder de los "nerds" de la computadora es absoluto. Algunos de ellos, quizás las caras mas conocidas, le recomiendan a los políticos que los más adinerados son los que deben pagar impuestos más elevados. Pero todo eso, no es más que una pantomima. Un fraude, un espejismo para que nadie apunte sus cañones hacia donde están ellos, que son los verdaderos operadores de un cambio radical que cada vez más nos catapulta hacia la robotización del ser humano, hacia una debacle mundial por la lucha mezquina de recursos naturales y por la incapacidad política de apostar a recursos renovables que no sigan destruyendo el planeta. Aunque, están los que dicen que, llegado el caso, éstos hombres de la oscuridad escaparán en naves que ya tienen preparadas hace años. ¿El destino? Puede ser Marte, pero puede ser otro lugar que ni imaginamos. La información acerca del espacio siempre fue limitada en cuanto a lo que se le comparte al público. Es mejor que todos crean que no hay destino donde escapar. Porque ellos si saben. Pero todo esto no son más que meras elucubraciones y hasta quizás, meros disparates de un viejo blogger paranoico. Como saber si no me estoy convirtiendo en un conspiranoide, como los mismos terraplanistas, que en medio de todo este quilombo, vienen para confundir más a ya demasiado confundido homo sapiens sapiens pos modernus relativistus.
Mientras escribo este cable en las redes para alertar a la población mundial acerca de todos aquellos nerds, hackers, relativistas y seudo cientificistas que están detrás de todo el infortunio de la humanidad de los últimos cuarenta años, mi computadora se tilda, la página de blog me alerta de un error en el sistema. Internet se cae... Todo era mentira. Pero los ñoños desplazados del ayer, son el verdadero poder actual. Es un hecho. La vanguardia de la era digital llegó para quedarse y decirle a los ganadores del ayer, que ellos vencieron, que ellos, son los triunfadores del hoy. Y del mañana...

Este es el problema cuando se cruzan los desplazados nerds de la computación con los consumos contraculturales, y se mezclan conceptos de ciencia ficción y tecnología factible. Un combo explosivo y detonante para la humanidad. Y a la vez, maravilloso.

miércoles, 8 de enero de 2020

Pongo Das Mortes



En la India existen diversas castas sociales. La más elevada es la casta Brahamánica. Vendrían a ser una especie de nobleza un poco extraña, mezcla de sacerdotes y maestros, le siguen los políticos y soldados, luego los comerciantes y por último los siervos y el campesinado en general. Fuera de este triángulo del mal, podríamos decir que están los intocables; seres tan despreciados como si fueran perros callejeros. Y hasta existen los Invisibles. Seres que solo pueden salir de noche.
El sistema de castas de la India es una abominación absoluta. Un insulto a los derechos humanos. Un espanto aborrecible que tiene miles de años de existencia. Algo tan despreciable no debería existir. Yo mismo me considero un desclasado. Un ser angustiado, que camina por sobre las brasas ardientes del auto engaño y la mentira diaria. Todo mi ser, atraviesa el sistema de castas Hindú. ¿Por que? Porque tengo algún tipo de elevación y contacto con lo espiritual, de conocimiento extraño, de buscador de lo desconocido. Podría haber nacido en una casta de brahamanes y no tener problemas con eso. Pero, también, tengo consciencia política, pensamiento hiper crítico, posicionamiento ideológico fuerte y marcado. Tengo un alma guerrera que desespera por entrar en combate por una justa causa. Tengo toda mi propia ética del guerrero y creo en ella como en lo más elevado y superior. Sin embargo, también soy un laburante, un trabajador, un comerciante de libros y cultura al por mayor. Y también soy una persona que si tiene que sobrevivir puede trabajar como un asalariado en condiciones casi infrahumanas o de semi esclavitud. Porque a mi, si hay algo que no se me caen, son los anillos. Y por último sí, soy un intocable. Para muchos, mismo en la cultura occidental donde me crié, lo soy. Para mucha gente de elevado nivel social, soy una lacra, una cucaracha, un don nadie, tan vergonzoso e imposible como cualquier otro. Sería imposible para mí tener una pareja de origen noble, patricio, o hasta pequeño burguesa o de origen "nuevos ricos". Y también soy invisible para aquellos que prefieren ignorarme, pueden ser nobles o compañeros de trabajo, porque es mejor ningunear que arriesgarse a que esa persona nos pueda llegar a opacar un ápice. Aún en detrimento del propio beneficio o del bien común. Claro, porque ahí es donde uno se siente parte del todo. Sentir que atravieso a lo largo y ancho del esquema de castas de la India. Un país, donde sería todo y nada a la vez. Porque todos tenemos algo de príncipes y mendigos. En occidente al menos. Todos podemos ser todo y nada a la vez. Por eso, yo digo, de pronto y me parece que... La muerte es la gran reguladora de igualdad universal. La muerte barre con las castas, con las clases sociales, con cualquier diferencia étnica, racial, de género, etc. Ahora la antena de las viejas conexiones cósmicas nos avisa que en breve, todos nos reuniremos en la gran cosmografía universal que nos espera a la puerta de nuestro planeta.