martes, 21 de enero de 2020
Sobre la Licantropía
Una bala de plata para usted:
Como todos saben, en mis años mozos, yo fui un hombre lobo. La primer luna llena después de haber cumplido los dieciocho años fue el comienzo de todo. El pelo en abundancia, los caninos filosos, la necesidad de aullar, el deseo de la carne sanguinolenta fluyendo de mi boca, como libertino festín.
Pero un día llego el hombre. El curita Pancho, lo llamaban en mi pueblo. Todos sospechaban de mí, porque si; era el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón. Bautizado o no, para mi alma no había salvación posible. Pero a mí no me importaba, porque ya había probado la carne humana y no podía esperar a probar mi siguiente bocado.
La siguiente luna llena, me encontré vagando por las calles de Solano, pero todos habían tomado la precaución de atrincherarse en sus casas. Peor para ellos. Voy a aprovechar y comerme a sus gallinas y animales domésticos. Y si me quedo manija, les mato a los caballos, de paso cañazo, pensé.
Pero no había comido más de trece gallinas y para mí era el plato de entrada, cuando apareció Panchito. Un hombre sereno y amable que me era absolutamente indiferente. No me apetecía matarlo, pero tampoco quería que me interrumpiera. Cuando escuché sus pasos detrás mío, pude sentir el olor asqueroso de iglesia de su sotana. Se me erizaron los pelos de la espalda y me di vuelta gruñendo, rabiando a morir. Si se me acercaba más, lo degollaba ahí mismo de un zarpazo y después me comía, no sé... su cara. Así la gente empezaría a respetarme y temerme y me dejaría ofrendas todas las lunas llenas. Sin embargo, algo raro pasó. El curita me miraba fijo, sosteniendo una cruz plateada en su mano firme. Y su rostro, no tenía ni una pizca de miedo. Me saludó por mi nombre cristiano. Me dijo que yo pagaba con licantropía debido a los pecados terribles de mis ancestros. Y empezó una larga perorata acerca de mis tatarabuelos que habían vendido su alma al maligno a cambio de tierras fértiles y buena bonanza. Sin embargo mi familia era pobre y bien lo sabía el curita eso. Pero solo atiné a gruñir. Como si hubiera entendido, me dijo que claro; mi familia era pobre porque el maligno nunca concede favores aunque eso parezca al principio, solo nos engaña. Pero el mal ya está hecho, dijo. Cuando pensé que se iba a callar y me aprestaba a saltar encima de suyo y destrozarlo, cuando el curita, con cara de inocente, sacó un revolver con su otra mano. A una velocidad que sólo le conocía a los bandoleros más aceitados. Pero el tipo ahí nomás me apunto con un arma que brillaba en la oscuridad. Y me dijo muy calmo.
-Tengo una bala de plata para usted. Disparo y chau, se terminó el chiste.
Gruñí, pero no tanto de rabia como consternación por haber sido atrapado tan estúpidamente por un asqueroso cura de campo.
-Vos pensás que porque soy un mero curita no te puedo disparar. Pero no creo que a dios le importe lo que te suceda. Tu alma ya está condenada, oh si, bien condenada hermanito.
Miré la Luna y le aullé bien fuerte. Otros lobos me contestaron a lo lejos. El curita sonrió. Me dijo que me ofrecía un trato. Mi alma podría ser salvada si me arrodillaba frente a él y le pedía perdón a dios por todo mi mal y el mal de mi familia. Pero lo hacía sintiéndolo, de corazón. Que le besara la mano, se corrigió, que se la lamiera. Yo estaba cada vez más confundido. Empecé a tenerle miedo de verdad. Me parecía un ser revulsivo, manipulador, un chantajista de la más baja estofa.
Le gruñí con desprecio y comprendió. Dijo no no no no, lo lamento por tu almita condenada y amartilló su revolver apuntándome con certero deseo de lastimarme. Yo esperé el fogonazo, pero antes me dijo que si no lo complacía, a mi familia la iban a perseguir, encerrar, le iban a endosar mis crímenes, iban a quemar nuestra casa con o sin gente, etc. Que un ejercito venía en camino, con rifles de plata y me acribillarían en un segundo. No se me movió ni un pelo del bigote. Entonces amenazó con que matarían a todos los perros del pueblo, luego haría una campaña para matar a todos los perros callejeros de la zona, la provincia, el país... el mundo!
Mis ojos relucieron un brillo rojo y lancé el último aullido antes que la bala me atravesara el gaznate. Después, lo que siguió fue un poco confuso. De dos saltos, salté hacia él y le desgarré el pecho de dos zarpazos mortales. El curita cayó al suelo y le desgarré la ropa, le arranqué su corazón latiendo. Después se me nubló la visión, sentí perder mucha sangre y caí. Antes de perder el conocimiento, vi como apareció toda una manada de lobos salvajes que barrió con el curita en un segundo, del cual apenas si quedaron sus huesos ensangrentados desparramados por allí. Me recobré en una especie de cueva. Estaba rodeado de adolescentes en cuclillas que me observaban. Ya era de día. La voz de una chica que me mostró unos ojos verdes refulgentes me maravilló. Yo estaba tendido, agonizando con mi débil piel humana a cuestas.
-Tranquilo. Ya cumpliste con el todo... tu deuda está saldada con él.
Me dijo la chica, y quise preguntarle de carajo hablaba, pero me desmayé. Morí.
Esa noche morí como Hombre Lobo. Perdí mis poderes lobunos.
Desperté en un hospital. Me convertí en un hombre normal.
Nunca más pude correr desnudo por el valle, aullándole a la luna. Nunca más.
Comprendí que en esta ocasión, algo hice mal.
Porque alguien me perdonó la vida por algo que lo benefició.
Y el Otro, me castigó, quintándome mis poderes para siempre. Sigo sin entender bien el quid de la cuestión, pero los hombres lobos somos así. Un poco torpes e impulsivos, pero de gran corazón.
O quizás debería decir, los ex hombres lobos somos así.
domingo, 19 de enero de 2020
Viaje Extracorpóreo
Singularidad. El vuelo se hace en el aire, pero el movimiento resurge como bálsamo incongruente hacia las veleidades del Cosmos.
Cosmos. Maravilla inter espacial del microsentido ultraterreno de todo aquello que viaja pero no está. Porque viajando encontramos el sentido último de nuestro ser.
Maravillas intrauterinas de lo manifiesto. Inconmensurable agonía utópica del fracaso laboral que todos sentimos cuando perdemos la batalla insaciable de lo cotidiano.
Muñecos impávidos, buscando arrebujarse como musarañas perdidas dentro de los últimos recovecos de la falsa algarabía que da Maya, la diosa de la ilusión constante.
¿Cómo fenecer en un mundo que nos da todo, pero nos quita lo más esencial de ser humanos? ¿Que es ser un humano? Nada. Un concepto vacío, con etiquetas caducas de sentido.
Los viajantes no comprenden el final del camino, porque todo lo retienen sin comprender que allí en la inmensidad del espacio, nada puede recobrar nuestra perdida cordura ancestral.
Solo hay vacío.
Pero el vacío carece de códigos. Y entonces comprendemos que al volar, al desplazarnos a la imposible velocidad de la luz, todo carece de la intención primigenia.
Estamos perdidos en el espacio. Como los Robinson. Perdidos en la isla eterna que nos cobija, flotando en un espacio infinito. Padeciendo a cada momento de ser los únicos insectos en este gran palacio lleno de nada.
Porque es la vacuidad insostenible de nuestras almas perdidas, ansias de comprensión, seres a la deriva en el gran todo que es la nada misma, la que nos hace odiarnos entre nosotros, Siempre.
Desde tiempos perdidos en la foto sepia que es nuestro recuerdo más austero de nosotros mismos. Nuestra historia sin fin. Nuestro deleite de ser una especie de cosmonautas angustiados, que sin entender la película, vivimos en la agonía constante de vivir.
El largo día de amar, la (aún) más larga noche de morir.
Comprenderemos que somos el atolón ridículo de nuestra galaxia, cuando dejemos de buscar nuevos mundos allí donde no los hay.
Recargaremos un collar infinito de perlas olvidadas en el rincón más inesperado de una búsqueda que se hace eterna y no por eso, menos tragicómica.
¿Habrá un futuro incierto? ¿Un destino manifiesto?
Solo tenemos arroz, para comer en nuestras cápsulas de cotidiana inconformidad y desasosiego.
Un último adiós al viajero incansable del tornado, torpedeado por nuestro afán de comprenderlo todo y finalmente, confundirlo con nuestra total incomprensión final.
Cosmos. Maravilla inter espacial del microsentido ultraterreno de todo aquello que viaja pero no está. Porque viajando encontramos el sentido último de nuestro ser.
Maravillas intrauterinas de lo manifiesto. Inconmensurable agonía utópica del fracaso laboral que todos sentimos cuando perdemos la batalla insaciable de lo cotidiano.
Muñecos impávidos, buscando arrebujarse como musarañas perdidas dentro de los últimos recovecos de la falsa algarabía que da Maya, la diosa de la ilusión constante.
¿Cómo fenecer en un mundo que nos da todo, pero nos quita lo más esencial de ser humanos? ¿Que es ser un humano? Nada. Un concepto vacío, con etiquetas caducas de sentido.
Los viajantes no comprenden el final del camino, porque todo lo retienen sin comprender que allí en la inmensidad del espacio, nada puede recobrar nuestra perdida cordura ancestral.
Solo hay vacío.
Pero el vacío carece de códigos. Y entonces comprendemos que al volar, al desplazarnos a la imposible velocidad de la luz, todo carece de la intención primigenia.
Estamos perdidos en el espacio. Como los Robinson. Perdidos en la isla eterna que nos cobija, flotando en un espacio infinito. Padeciendo a cada momento de ser los únicos insectos en este gran palacio lleno de nada.
Porque es la vacuidad insostenible de nuestras almas perdidas, ansias de comprensión, seres a la deriva en el gran todo que es la nada misma, la que nos hace odiarnos entre nosotros, Siempre.
Desde tiempos perdidos en la foto sepia que es nuestro recuerdo más austero de nosotros mismos. Nuestra historia sin fin. Nuestro deleite de ser una especie de cosmonautas angustiados, que sin entender la película, vivimos en la agonía constante de vivir.
El largo día de amar, la (aún) más larga noche de morir.
Comprenderemos que somos el atolón ridículo de nuestra galaxia, cuando dejemos de buscar nuevos mundos allí donde no los hay.
Recargaremos un collar infinito de perlas olvidadas en el rincón más inesperado de una búsqueda que se hace eterna y no por eso, menos tragicómica.
¿Habrá un futuro incierto? ¿Un destino manifiesto?
Solo tenemos arroz, para comer en nuestras cápsulas de cotidiana inconformidad y desasosiego.
Un último adiós al viajero incansable del tornado, torpedeado por nuestro afán de comprenderlo todo y finalmente, confundirlo con nuestra total incomprensión final.
jueves, 16 de enero de 2020
Los Orgones
Estábamos todos cubiertos de musgo. Teníamos sueño. Esa noche la habíamos pasado parados de cabeza esperando el milagro de que nos pasaran a buscar, pero no sucedió. Hace meses esperamos el relevo. Nada. Pareciera que todos se olvidaron de nosotros. Ser un colono espacial tiene sus contras. Ya no soñamos con la Tierra. Todo lo relativo a nuestro planeta se convirtió en un sueño imposible del pasado, una quimera. Estamos agotados de la flora Copernicana. Somos viajeros destruidos por los vaivenes del tiempo y el espacio. Por eso, aquella mañana comprendimos que nuestro error como colonos voluntarios había sido un error garrafal. Ahora, perdidos en la inmensidad de Copernicus 4, nos resultaba algo tedioso e insoportable. Varios de nosotros ya tenemos signos de locura extra planetaria. Cuando decidimos salir a hacer nuestra ronda de reconocimiento habitual, descubrimos que nuestra idea de que no había señales de vida inteligente era un error de cálculo. Al llegar a una especie de laguna verde, de su interior empezaron a emerger varias burbujas plateadas. Una mujer semi desnuda parecía bañarse allí. Nos llamaba con cierta angustia en su voz y aunque no comprendíamos sus palabras, era claro que algo andaba mal. Asustados, decidimos alejarnos de aquel lugar pero la operación fue imposible. Su canto era como el llamado de las sirenas a Ulises. Una especie de melopea o canto monótono y monocorde que nos engatusaba, nos hipnotizaba de una manera que nunca imaginamos. Nos acercamos sin quererlo, hacia donde estaba. La extraña mujer nos hablaba directamente al cerebro. Nos contaba acerca de su raza extinta varios eones atrás, debido a un cambio climático bastante crítico. Su presencia era el resultado de la energía de los orgones, aquellas células míticas que un viejo científico loco había esbozado en el viejo siglo veinte y por la cual había sido arrestado y destruido todo su trabajo. Nosotros no comprendimos al instante lo que nos quería decir, pero nos pedía que nos acercáramos más para poder explicarnos mejor. Entonces pasó lo más inexplicable. Mis dos compañeros de exploración se desnudaron sin más y acometieron la bizarra tarea de inmiscuirse carnalmente con la extraña aparición. Yo no daba crédito a lo que mis ojos veían. Era una escena por demás surrealista y extravagante. Yo no me sentí tentado por la visión porque nunca me gustaron mucho las mujeres en sí. Pero ellos, increíble, se entregaron con extrema devoción a los apetitos sexuales de aquel ser antiguo y alucinado. Seguí inmóvil sin poder tomar ninguna decisión y cuando había recobrado un poco mis funciones cerebrales y encaraba el escape, percibí que mis compañeros cobraban una forma cada vez más evanescente, a la vez que la misteriosa mujer cobraba más brillo y vigor. Era como si toda la materialidad de mis compañeros pasara a la de aquella extraña presencia. Mis amigo cayeron exhaustos al suelo, liquidados. Ella me miró con una sonrisa venenosa. Salí corriendo a toda velocidad de aquel sitio, con el corazón fuera de mi boca. Al llegar al campamento les conté todo a mis superiores y ante su incrédulo silencio comprendí que era tomado por loco. Ahora estoy en una cápsula de máxima seguridad, para los alienados del espacio, rumbo a la Tierra. Quizás me haya vuelto loco, no lo sé. Pero al menos, para nosotros, existe la solución rápida de ser apartados del resto de los no videntes.
martes, 14 de enero de 2020
El abuelo postizo
Cuando lo conocí, no supe que decirle. Me parecía extraño tener un nuevo abuelo. El otro, el original, nunca lo había visto. Murió antes que naciera. Entonces, mi abuela un día apareció con este. Yo tenía cinco o seis años. El sujeto era grandote (casi dos metros). Tenía brazos fornidos y le pregunté si era luchador. Negó con la cabeza. Me dijo que trabajaba en el ferrocarril. Entonces, le pregunté si su trabajo consistía en cambiar vías con sus brazos. Estaba seguro que el hombre hacía un trabajo de fuerza extrema. De hecho, recuerdo que sus manos eran enormes. Mi abuela se mató de risa, pero yo no le encontré la gracia. De chico, que la gente grande no se tomara en serio mis observaciones, me hacía enojar, mucho. Y de hecho, mi enojo, hacía reír más todavía a los adultos. Yo sufría por no ser tomado en serio. En fin, la cuestión es que el viejo me dijo que contaba plata en la ventanilla. Cortaba boletos, etc. Eso era todo. Mi abuela dijo que contar billetes le habían dado esa musculatura. Pero para mi no tenía sentido. El tipo tenía los brazos de un viejo leñador experimentado. No podía ser tan musculoso solo por cortar boletos o contar billetes. Le pregunté a mi abuela si era un gaucho, porque me lo imaginaba domando caballos en medio del campo, tras una tranquera enorme. Mi abuela me dijo que un poco si, porque venía del campo de San Luis, pero que gaucho lo que se dice gaucho, con bombachas y espuelas, no. Di por terminada la conversación y me fui a jugar por ahí.
Otro día, vino una amiga de mi abuela que tenía los ojos bizcos. Yo no entendía nada de diplomacia y le pregunté sin más porque tenía un ojo mirando para un lado y el otro para el otro. El abuelo estalló en risas estruendosas. Mi abuela se santiguó y le pidió perdón a su amiga que se sintió avergonzada. A partir de eso, mi abuelo me adoptó como su nieto preferido. Aunque con el tiempo, las cosas no seguirían así. A mi me gustaba que me contara cosas de su pasado. ¿Se había casado? ¿Tenía hijos o nietos propios? Porque vos no sos mi abuelo, le dije un día muy cruel. Él se quedó mirándome con cierta tristeza. Y no... dijo el pobre viejo. Vos sos mi abuelo postizo. Entonces sus ojos se iluminaron y hasta lagrimearon, acto seguido, estalló en otra de sus grandes carcajadas. Porque él no se reía tímido, o poquito. Cuando reía, lo hacía con todo su cuerpo, de forma atronadora y gigante. Mi abuela me corrigió diciendo que no se decía así. Postizo... Que no era un diente. ¿Y como se dice? Le pregunté, otra vez ofendido porque se reían de mí. No sé... pero postizo no, me respondió ella. Pero la realidad es que no sabían como decirle. Para mi era mi abuelo postizo. El otro se había ido y ahora, llegaba él para reemplazarlo. Entonces... para mí era mi abuelo postizo.
Después, un día me llevaron a La Rural (la única vez que fui). Me aburrí un montón y hacía mucho calor. También vino mi hermano mayor. Mis abuelos llevaron empanadas de carne en un tupper. Estaban riquísimas, pero en esa época era mañoso con ciertas cosas. No me gustaba el repulgue. Entonces las devoraba por el medio, evitando comer el repulgue. Mi abuelo postizo me miró serio, y luego se mató de risa como solía hacerlo. Mi abuela me corregía con dulzura y mi hermano no entendía nada, pero también se reía. Yo, como siempre que pasaban esas cosas, me ponía en modo pitufo gruñón. Sentía que todos se divertían a costa mía. Yo no le veía nada gracioso al asunto. Pero más de grande comprendí que debía ser de lo más hilarante. Mis respuestas inocentes y luego mis enojos de un nenito que de seguro se ponía rojo de forma ridícula. Ahora si me viera también reiría.
Esos fueron los años con el abuelo postizo. Un hombre que parecía enorme, un coloso. Y yo era muy chiquito a su lado. Pero él cuidaba de mí y yo a él, le hacía reír. Así que nos hacíamos bien el uno al otro. Nunca tuve otro abuelo postizo como él.
viernes, 10 de enero de 2020
Loving the Alien's (Bowie y Spinetta: Dos posibles agentes del espacio exterior)
Son muchas las casualidades que unen a estos (en apariencia inofensivos) artistas pop. Por ejemplo, los dos nacieron, muy sospechosamente, en enero. Uno el 9, el otro el 23, con solo tres años de diferencia. Son de dos puntos antagónicos del globo terráqueo. Los dos son famosos músicos de rock en sus países. Inglaterra y Argentina. Dos países con una larga trayectoria de guerras entre sí. (Cosa extraña ya que ambos países están como dijimos muy alejados y casi no comparten nada). Es probable que ellos mismos fueran rivales y hayan traído su contienda a nuestro querido planeta. (Lo que podría explicar quizás el Conflicto del Atlántico Sur de 1982). Ninguno habló nunca mal del otro, pero tampoco bien. Se evitaban con cuidadoso recelo. Se medían. Se ninguneaban. Competían por el trono de la genialidad. Pero todo en una silenciosa guerra fría que recién ahora sale a la luz.
Los dos eran artistas estrafalarios. Uno, tenía ojos de diferente color. El otro, una cara más alargada de lo normal. Ambos pasan por seres humanos excéntricos y si bien, los dos son reconocidos como dos ejemplos de músicos bastante originales y únicos, (cada uno en su estilo), son bastante diferentes y tampoco son los mejores del planeta. Aunque ese es un tema de discusión. El asunto es que hay otros terráqueos de gran talento y de sospechosos comportamientos como Frank Zappa, Bob Dylan, John Lennon o Charly Garcia. Pero hasta ahora no se pudo comprobar que estos sean extra-terráqueos. En cambio, el caso de Bowie y Spinetta es emblemático. Raro es que no hayan sido desenmascarados antes. Los dos jugaron con la idea de ser alienígenas. Ambos tienen demasiadas canciones de temática espacial o apocalíptica. Géneros de predilección que suele tomar la Ciencia Ficción para sus historias o guiones.
¿Más? Los dos murieron en extrañas circunstancias. Cáncer en ambos casos. Sus cuerpos desaparecieron bajo el hermetismo de sus familias, con un sentido de extremo cuidado respecto de sus vidas privadas. Sobre todo en sus últimos años. Ambos se despidieron como en una especie de CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA. El británico; con un disco que es casi un auto réquiem. El sudamericano; con un gran concierto revisitando toda su obra, desde finales de los 60's hasta la fecha (cosa insospechada en él que siempre renegó de volver a tocar cosas de su pasado). Los dos fueron cremados. ¿Coincidencia?Los dos eran, como se suele decir, "hombres renacentistas", debido a la versatilidad y facilidad que tenían con casi todo el arte en general. La pintura y el dibujo, la actuación, el diseño, la poesía, la composición musical, la instrumentación variada y hasta la gastronomía. Son todas artes manejadas por ellos, de manera casi natural.
Ahora bien, ¿cual es la función de ambos seres en nuestro planeta? Todavía no pudimos develar sus siniestras intenciones. Pero que las hay, las hay. Son dos seres imposibles de nuestro planetas. Su verdadero aspecto físico sea quizás las fotos adjuntadas, aunque pueden ser falsas. No importa, no descansaremos hasta decirle a toda la humanidad que (al menos estos dos) eran unos repugnantes reptiles del espacio (diría Homero Simpson, un gran desenmascarador de fraudes intergalácticos).
jueves, 9 de enero de 2020
La conspiración del ácido
Algunos dicen que todo comenzó en la década del setenta, cuando un grupito reducido de jóvenes aficionados al rock progresivo fue a un recital de Emerson, Lake & Palmer. ¿El año? 1973 ¿El show? La presentación de Brain salad surgery. ¿La consecuencia? Un cambio total en sus sistema de pensamiento. ¿El por qué? La combinación del uso desmedido de LSD, pscilocybe mexicana y otros psicotrópicos del estilo. Más los sonidos consecutivos de contundentes sintetizadores, moog y mini moog. ¿El resultado? Un grupo de hombres que salieron completamente transformados en su interior, con ganas de cambiar el mundo en el que vivían. ¿Cómo? Básicamente, revolucionando el mundo de las computadoras y dando paso al concepto de lo digital.
Sus nombres fueron borrados. Convirtiéndose en conceptos. En las sombras, detrás del cambio de paradigma que revolucionaría al mundo a finales del siglo veinte. A partir de entonces, la historia es ya conocida. Vivimos insertados en pleno auge de la era digital. NO hay escapatoria. Hasta los vínculos humanos, desde lo laboral, familiar o romántico, pasan por las redes sociales, las cuales son un resultado lógico de la revolución digital iniciada a mediados de los setentas. Lo que pasa es que ya nadie recuerda los orígenes. Como en toda mitología, el origen se va difuminando con el paso de los años, los cambios generacionales, la perdida de memoria, el olvido intrínseco en cualquiera de estos casos de construcción de posverdad. No hay manera de recuperar el origen en un mundo que nunca pudo recuperar su origen más primigenio.
Ahora ya está todo en marcha. El poder de los "nerds" de la computadora es absoluto. Algunos de ellos, quizás las caras mas conocidas, le recomiendan a los políticos que los más adinerados son los que deben pagar impuestos más elevados. Pero todo eso, no es más que una pantomima. Un fraude, un espejismo para que nadie apunte sus cañones hacia donde están ellos, que son los verdaderos operadores de un cambio radical que cada vez más nos catapulta hacia la robotización del ser humano, hacia una debacle mundial por la lucha mezquina de recursos naturales y por la incapacidad política de apostar a recursos renovables que no sigan destruyendo el planeta. Aunque, están los que dicen que, llegado el caso, éstos hombres de la oscuridad escaparán en naves que ya tienen preparadas hace años. ¿El destino? Puede ser Marte, pero puede ser otro lugar que ni imaginamos. La información acerca del espacio siempre fue limitada en cuanto a lo que se le comparte al público. Es mejor que todos crean que no hay destino donde escapar. Porque ellos si saben. Pero todo esto no son más que meras elucubraciones y hasta quizás, meros disparates de un viejo blogger paranoico. Como saber si no me estoy convirtiendo en un conspiranoide, como los mismos terraplanistas, que en medio de todo este quilombo, vienen para confundir más a ya demasiado confundido homo sapiens sapiens pos modernus relativistus.
Mientras escribo este cable en las redes para alertar a la población mundial acerca de todos aquellos nerds, hackers, relativistas y seudo cientificistas que están detrás de todo el infortunio de la humanidad de los últimos cuarenta años, mi computadora se tilda, la página de blog me alerta de un error en el sistema. Internet se cae... Todo era mentira. Pero los ñoños desplazados del ayer, son el verdadero poder actual. Es un hecho. La vanguardia de la era digital llegó para quedarse y decirle a los ganadores del ayer, que ellos vencieron, que ellos, son los triunfadores del hoy. Y del mañana...
Este es el problema cuando se cruzan los desplazados nerds de la computación con los consumos contraculturales, y se mezclan conceptos de ciencia ficción y tecnología factible. Un combo explosivo y detonante para la humanidad. Y a la vez, maravilloso.
miércoles, 8 de enero de 2020
Pongo Das Mortes
En la India existen diversas castas sociales. La más elevada es la casta Brahamánica. Vendrían a ser una especie de nobleza un poco extraña, mezcla de sacerdotes y maestros, le siguen los políticos y soldados, luego los comerciantes y por último los siervos y el campesinado en general. Fuera de este triángulo del mal, podríamos decir que están los intocables; seres tan despreciados como si fueran perros callejeros. Y hasta existen los Invisibles. Seres que solo pueden salir de noche.
El sistema de castas de la India es una abominación absoluta. Un insulto a los derechos humanos. Un espanto aborrecible que tiene miles de años de existencia. Algo tan despreciable no debería existir. Yo mismo me considero un desclasado. Un ser angustiado, que camina por sobre las brasas ardientes del auto engaño y la mentira diaria. Todo mi ser, atraviesa el sistema de castas Hindú. ¿Por que? Porque tengo algún tipo de elevación y contacto con lo espiritual, de conocimiento extraño, de buscador de lo desconocido. Podría haber nacido en una casta de brahamanes y no tener problemas con eso. Pero, también, tengo consciencia política, pensamiento hiper crítico, posicionamiento ideológico fuerte y marcado. Tengo un alma guerrera que desespera por entrar en combate por una justa causa. Tengo toda mi propia ética del guerrero y creo en ella como en lo más elevado y superior. Sin embargo, también soy un laburante, un trabajador, un comerciante de libros y cultura al por mayor. Y también soy una persona que si tiene que sobrevivir puede trabajar como un asalariado en condiciones casi infrahumanas o de semi esclavitud. Porque a mi, si hay algo que no se me caen, son los anillos. Y por último sí, soy un intocable. Para muchos, mismo en la cultura occidental donde me crié, lo soy. Para mucha gente de elevado nivel social, soy una lacra, una cucaracha, un don nadie, tan vergonzoso e imposible como cualquier otro. Sería imposible para mí tener una pareja de origen noble, patricio, o hasta pequeño burguesa o de origen "nuevos ricos". Y también soy invisible para aquellos que prefieren ignorarme, pueden ser nobles o compañeros de trabajo, porque es mejor ningunear que arriesgarse a que esa persona nos pueda llegar a opacar un ápice. Aún en detrimento del propio beneficio o del bien común. Claro, porque ahí es donde uno se siente parte del todo. Sentir que atravieso a lo largo y ancho del esquema de castas de la India. Un país, donde sería todo y nada a la vez. Porque todos tenemos algo de príncipes y mendigos. En occidente al menos. Todos podemos ser todo y nada a la vez. Por eso, yo digo, de pronto y me parece que... La muerte es la gran reguladora de igualdad universal. La muerte barre con las castas, con las clases sociales, con cualquier diferencia étnica, racial, de género, etc. Ahora la antena de las viejas conexiones cósmicas nos avisa que en breve, todos nos reuniremos en la gran cosmografía universal que nos espera a la puerta de nuestro planeta.
lunes, 30 de diciembre de 2019
La confabulación "Alien"
1955
En la radio
Este es un reporte de último momento. Por todas las radios y emisoras disponibles, advertimos a la población mundial, que estamos siendo víctimas de manipulación foránea. Hay serios motivos para pensar que una agrupación ilícita (por ahora no podemos dar nombres), tiene oscuros motivos en su intento por insertarse en la población. Son seres que buscan cooptar más y más poder. Ganar cada vez más espacio. Desplazar a los ciudadanos decentes de sus lugares de trabajo. Y lo peor de todo es que buscan congraciarse con el ciudadano más sensiblero, aquel de tibio corazón y convicciones más endebles. Aquellos que creen que al extraño, al deforme, al peligroso, hay que tenderle una mano. Pero eso no es posible radio escuchas, eso no puede ser. Porque cuando nuestros principios fundamentales corren peligro, entonces de que estamos hablando. Todo nuestro modo de vida se verá afectado por la llegado de estos seres inmundos, porque si, son inmundos, olorosos, feos, peludos, con uñas como garras y dientes afilados como demonios. En su rostro está la marca de Caín. La marca del deseo más bajo, de la violación y la muerte. Y acaso pregunto a la ciudadanía: ¿Vamos a quedarnos cruzados de brazos mientras aquellos vienen a nuestro país a hacer lo que quieran? o vamos a poner un límite a la situación. Yo por mi parte, creo que es momento de mandar a ilegales de nuevo a su lejana y atroz morada.
1985
En la televisión
¿Qué es lo que quieren? No lo sabemos. Ya estuvieron aquí antes y podrán volver en cualquier momento. Nuestro planeta no se encuentra en el mejor momento financiero para encima, hacerse cargo de unos seres con problemas en sus hogares. ¿Acaso hacemos beneficencia? No lo creo. No es momento. Porque si bien, todos podemos guardar una idea idealizado respecto a estos seres, sobre todo y gracias a películas, que los idealizan y nos quieren hacer reír con sus monerías. La verdad es que no señores. Este humilde conductor de televisión les dice: Yo no les creo nada.
2015
En las redes sociales
Es tiempo de dejar ser a las personas. Los discursos aislacionistas no van más. #DEJENENPAZALOSALIENS
Me parece increíble que en pleno siglo veintiuno, todavía discutamos si Aliens si o Aliens no. Creo que es tiempo de pensar si Políticos si o políticos no. #YOTAMBIÉNSOYUNALIEN
Creo que el asunto aliens pone en evidencia a una sociedad excluyente y patriarcal. Los aliens, junto con la comunidad LGTBI, las mujeres, y otros, son los marginales que decimos basta. #ABAJOELPATRIARCADO
Yo no creo en toda esta locura de los aliens. ¿A donde están? Yo no los veo. Para mi todos somos ciudadanos de una misma comunidad universal e intergaláctica. Después de todo, nosotros también venidos de las estrellas. #TODOSSOMOSALIENS
No entiendo porque todavía no somos aceptados por algunos sectores terrícolas. Hemos demostrado a lo largo de los últimos BEEERPP CRIC ZASSS, perdón, que somos buenos trabajadores y que no venimos a molestar a nadie. Solo a destruirlos y hacerlos mierda por soberbios e hijos de puta y avernos tenido viviendo en condiciones infraaliens durante más de sesenta años. Van a morir todos, sepanlo... BEERPPP CLANG CLAK CLAK CLAK BZZZZ SWINNG BASH...
Fin de la transmisión.
Fin del comunicado.
domingo, 22 de diciembre de 2019
Por generación espontánea
Todos viajamos hacia el infinito y hace tiempo que nos acercamos a los límites de nuestra galaxia. El viaje durará tanto que ni siquiera nosotros (yo nací cuando salíamos del sistema solar), podremos conocer nuestro nuevo hogar. Vivimos en la gran nave madre "Avatar 10", que es como una inmensa ciudadela flotante. Acá arriba llevo adelante la educación formal de cientos de estudiantes; un requisito que debemos mantener para no caer en la ignorancia y el ostracismo. Mi especialidad: la biología y ciencias naturales en general. Mi nombre es Datalí y ésta es mi historia.
Como es obvio, de niña, mi clase preferida era la biología. La seño se llamaba Martha Samaniego. Era una genia, la amaba. Tengo muy buenos recuerdos de ella y algunos acuden a mí ahora. Porque a mí me encantaba saber acerca del planeta de donde veníamos; la naturaleza terrestre, como estamos conformados todos los seres vivos, la evolución de las especies y demás. Samaniego me explicó las primeras teorías especistas del siglo diecinueve. Me causó mucha gracia las cosas que la gente elucubraba en aquel entonces. Ni hablar de cuando la raza humana creía que la Tierra era plana. Muy divertida la imaginación de la gente, realmente. Pero ahora estoy recordando todo... porque: Samaniego me reta. Me insta a entender que así es como el ser humano llegó a la conquista del espacio. Equivocándose. Ensayo y error. Es muy loco, porque muchas de esas equivocaciones son las que nos expulsaron de nuestro planeta de origen, y por las cuales ahora buscamos un nuevo hogar. Le pregunté a Samaniego si no era una paradoja el hecho de que nuestros errores del pasado, nuestra irresponsabilidad, tuviera como consecuencia llegar a alcanzar la tecnología suficiente para cruzar el universo, pero pagando el altísimo costo de perder a la Tierra. Samaniego no me contestó y en cambio meneó la cabeza. Me dijo que las cosas no eran tan simples, que debía seguir estudiando, sopesar todas las variables socio históricas que nos llevaron a la presente situación y, en todo caso, después sacar algún tipo de conclusión. Yo estaba de acuerdo con ella en casi todo. También sabía que yo era su alumna favorita, con quien se quedaba charlando hasta después de clase. Samaniego estaba soltera, vivía con su gato siamés llamado 'Codos' y un inmenso vivero, tal vez el más grande y bonito de todo el sector 4g de la nave nodriza. Mi historia con la seño terminó de forma abrupta.
Cuando cumplí nueve años, la nave llegó a su primera parada importante. Un planeta de características similares a la Tierra, cercano a la estrella Sirio. Todo parecía demasiado irreal para ser cierto. Sin embargo, mantuve las esperanzas. En cambio, Samaniego, desconfiaba. Yo no lo niego, le dije a Samaniego, pero el chiste no le hizo gracia. De todos modos, tuvimos que interrumpir mis estudios ya que ella estaba en el equipo para uno de los primeros viajes de reconocimiento y por ser su mejor alumna me pidió que la acompañara en función de ayudante. Mis padres me dejaron a su cargo, no sin cierto malestar. Pero la seño, era la persona más capaz y confiable que había en toda la nave, así que no hubo mucho problema.
Cuando descendimos en Prima 11 (el nombre del extraño planeta), notamos que la vegetación era bastante abundante, el oxígeno era demasiado intenso, y el cielo cambiaba de verde a púrpura de forma casi constante. Samaniego estaba extasiada ante todo aquel paisaje. Tanto que ni hablaba. Yo también, sobre todo porque nací en una nave y era el primer planeta que pisaba. Porque el simulador de paseos por la vieja Tierra, si bien era muy realista, no era lo mismo. Sabías que te manejabas en un ambiente sintético y controlado. Pero ahí; no hay caso... Era pura incertidumbre y aventura.
Nuestro grupo consistía en doce personas. Seis hombres y seis mujeres. De las cuales una era casi anciana y la otra, casi una niña. Samaniego y yo. El resto, todos adultos científicos bastante serios y aburridos. Mientras avanzábamos por el ambiente hostil y primitivo de Prima 11, observamos otras cápsulas y sondas de monitoreo enviadas desde la nave madre. Era claro que estábamos re contra protegidos. Cualquier inconveniente que tuviésemos, se activaba un sistema de seguridad que respondía desde las cápsulas aledañas bloqueando cualquier tipo de ataque o peligro. Además de que estábamos armados. Excepto Samaniego y yo, claro, que soy pequeña y la seño, que odia las armas.
Pude observar algunas bolas peludas que parecían emerger de entre los pastizales y se cruzaban frente a nosotros a una velocidad increíble. No llegamos a verlas con mucho detalle ya que la escafandra no era lo más cómodo ni avanzado de nuestra tecnología. Samaniego seguía absorta en su propia contemplación del planeta. Hasta que llegamos a una especie de cueva enclavada en una loma bastante húmeda y oscura. El grupo se dividió en tres y solo nuestro, ahora grupo de cuatro, entró a la cueva, el resto continuó camino o entraron en otras cuevas. Nosotras encendimos nuestras linternas de exploración. Debo decir que el diseño del traje era muy lindo, con delicados detalles de volados violetas en el mío que eran una delicia.
Samaniego se puso nerviosa. Nos acompañaban Sergei y Gladys. Dos seres de grises espíritus, con poco que decir y menos que aportar a nada. Él, un astrónomo de poca monta y ella, una física nuclear nada brillante. Pero bueno, al menos estaban ahí por las dudas, encabezando el grupo de reconocimiento. (Si es que se puede decir que pudiesen encabezar algo esos dos). Sergei estaba particularmente nervioso e irritable. La gente de su calaña me molesta mucho. Por lo general, las cosas salen mal cuando alguien ya viene cargado de inseguridad y falta de talento.
En fin, el túnel era bastante colorido. Una sobreabundancia de humedad lo había plagado de plantas de extrañas formas y colores. Se escuchaban ruidos como de alimañas corriendo veloces por el suelo y rozando nuestros tobillos, lo cual era algo bastante desagradable. Caminamos durante casi media hora, cuando de repente sonó la alarma de peligro en nuestros trajes. Los primeros que respondieron fueron Sergei y Gladys, que voltearon y casi nos tiran al suelo en su estampida. Una actitud, por lo pronto descortés y poco profesional. De hecho, no solo emprendieron la huida, sino que escaparon sin decirnos nada, como si quisieran abandonarnos adrede. Yo no me asusté, pero tomé de la mano a Samaniego, quien en principio no se mosqueó para nada.
Avanzamos a paso lento por el túnel de regreso y sentí algo que me trepaba por la pierna. Al alumbrarme noté que una cosa, parecida a una araña sin ojos, de color anaranjado, se había adherido a mi traje espacial. Intenté empujarla, pero estaba pegada. No medía mucho más que mi mano, así que la tomé fuerte y la pulvericé entre mis guantes. Al abrirlas, la araña se había convertido en polvo naranja que salió volando rumbo al camino por delante. Nos miramos con Samaniego confundidas. Al caminar un poco más llegamos a una especie de boca del túnel que daba a un horizonte de colosales dimensiones. Y ahí nos dimos cuentas que Prima 11 no era solo un planeta extraño, era algo más que solo eso. Era un planeta diferente, con sus propias reglas, sus leyes, su propio lógica. Frente a nosotros había dos grandes iguanas, mordiéndose entre ellas. Con cuerpos humanizados. Dos trajes espaciales yacían a sus pies, los de Gladys y Sergei. ¿Donde estaban los aburridos científicos? Imposible saberlo, pero era probable que hubiesen sido devorados por aquellos seres que, por suerte, no nos habían visto, aún... retrocedimos de a poco, pero el suelo era algo movedizo y nos impedía una rápida retirada. Al iluminar, pudimos observar lo más llamativo de todo. Caían gotas del techo y esas gotas, al fundirse en el suelo, se convertían en una especie de caracol deforme, que si lo pisabas se hacia agua. Piedritas, que de pronto cobraban vida y les salían patitas, como si fueran escarabajos. Y así, florecía a nuestro alrededor, todo tipo de bichos y alimañas. Todo era tan asqueroso y pesadillesco que temimos habernos vuelto locas. Samaniego, me miró con total desconcierto en su mirada y me dijo... "Imposible... es imposible... nacen por generación espontánea... no tiene ningún asidero científico... no tiene sentido... no puede ser, no..."
Intenté tranquilizarla pero era difícil. Claro que todo eso no podía ser. Aquellas teorías decimonónicas habían sido descartadas hacía varios siglos. Sin embargo, así era. En Prima 11, la generación espontánea era un hecho. Algunos de aquellos extraños seres quisieron mordernos, pero de una patada se deshacían como si estuvieran hechos de polvo o agua. Cuando retomamos el túnel de salida, nos dimos cuenta que ya nos esperaban los soldados. La alarma de seguridad se había activado. Al parecer, varios de los colonos habían sucumbido en las cavernas como les pasó a Sergei y Gladys. Tuvimos que abandonar el planeta por hostil, pero sobre todo por incomprensible y no atenerse a las leyes universales de la física y biología terrestres.
Samaniego quedó en estado de shock durante varios días. Tengo entendido que fue duramente interrogada por las autoridades de la Nave y en cambio a mí, por ser menor, no me preguntaron ni la hora. Todo ese tiempo fue bastante dramático, hasta que un día me enteré que la seño volvería a dar clases y me re contra alegré. Pero fue algo momentáneo porque Samaniego estaba apagada, como perdida. Algo dentro de ella se había partido en dos para siempre. Y no tardé en darme cuenta por qué. Al finalizar la clase me le acerqué. No nos veíamos desde el accidente de las cuevas. Me evitó la mirada, pero insistí en que me prestara atención. Sus ojos perturbados e insondables solo parecían transmitirme desasosiego.
Su reflexión fue una extraña sentencia:
"Estamos perdidos. Como raza, estamos perdidos. Lo siento Data, pero es así. El universo es algo mucho más complejo de lo que pensábamos. No sabemos nada. Esta misión y el futuro de la raza humana, esta condenada".
Después de decirme esto, se levantó y se retiró abatida. Jamás la volví a ver. Desapareció de la docencia y de la vida pública en general. Nadie la volvió a ver y algunos dicen que se fue de la nave en una cápsula de escape. Es probable, muchos se suicidan así en Avatar 10. El otro día, caminando por la plaza virtual del centro, me pareció que algo peludo se cruzó rápido frente a mí. Y si pude ver bien, creo que fue Codos, el gato de Samaniego, callejeando solo y abandonado. Quise agarrarlo pero se me escabulló.
Ahora seguimos nuestro viaje y yo me encargo de mantener el estándar de calidad científica que me legó mi heroína, la seño Samaniego. Me considero la mejor en lo que hago y los padres de los chicos me lo reconocen. Son todos buenos alumnos. Sin embargo, hay una niña que destaca por sobre el resto. Me hace acordar un poco a mí. Y pienso que, para cuando lleguemos a nuestra próxima parada en el planeta Balcan 14, yo tendré la edad que mi seño tenía cuando bajamos en la primera. Solo espero estar a la altura de las circunstancias, si es que se presentan.
Fin del comunicado.
Datalí Heron. 12/12/2120
lunes, 16 de diciembre de 2019
Una visita que se prolonga
Quizás haya sido el vino, quizás el postre, pero la cuestión; es que aquella tarde de un doce de diciembre del dos mil... mi visita al Museo de ciencias naturales de la ciudad, se prolongó más de lo esperado.
Todos conocen al Museo de Ciencias; una enorme mole como un palacio, con una arquitectura exquisita, con búhos enormes de hormigón, y rejas con forma de telaraña, entre otros detalles. Visto desde afuera, puede parecer un castillo. Hermoso lugar. Aunque en invierno, su aspecto puede parecer amenazador y tenebroso.
Como dije antes, aquella tarde de verano, cansado de estar y no ser nada, decidí retomar la visita de un museo al cual no iba desde mi más tierna infancia. Claro que había pasado mil veces por allí, pero entrar... nada de eso. Recordaba los enormes huesos de dinosaurios. Los albatros y los zorros disecados. El acuario, la zona de arañas, insectos y mariposas disecadas. Y hasta recordaba al enorme sapo gigante, apretado en un gran frasco de formol. Pero mi sector favorito era, definitivamente, el del salón de los mamíferos. Todo seguía mas o menos igual. Los feroces mandriles en la entrada y el hombre de cera, defendiéndose de dos feroces jaguares.
Lo que me llamaba la atención eran los viejos cuadros pintados en los fondos de cada escena. Claro que en la parte del Huemul, de fondo había montañas o tras el avestrúz, la interminable llanura pampeana. Cuando miraba unos zorros de la meseta, mi mirada se perdió en el fondo. Ese viejo y gastado paisajismo, hecho casi en otra era. Pero no podía quitar mis ojos de ahí. Estaba hipnotizado.
Cansado, traté de retirarme del lugar, pero algo bajo mis pies crujió. Una ramita...
Avancé dos o tres pasos más y noté un aroma limpio en el aire, una brisa me acarició el rostro. Atrás había quedado el olor a encierro del museo y la poca gente a mi alrededor. El sol pegaba directo sobre mí y busqué guarecerme de su tibieza bajo la sombra de un gran olmo. Podía escuchar el sonidos de las aves del campo trinar sobre mí. Y a lo lejos, dos zorros corretear por entre un pastizal un poco seco y amarillo. No pensé mucho en el prodigio de haber entrado en su habitát, porque no tuve tiempo. Tuve que salir corriendo e intentar trepar en algún otro árbol más accesible. Los zorros se habían convertidos en hienas y chacales. Sus ladridos se acercaron por detrás y comencé a sentir los tarascones en mis pantalones. Hasta que pocos segundos antes de la primera mordida, tal vez mortal, logré poner pie en una rama que me dio acceso a la copa de un árbol, un sauce llorón. Desde allí observé como mis acechadores se triplicaron y merodean mi árbol, vigilándome. Ya no hay sosiego para esta liebre. Y mientras muero de inanición, puedo pensar los miles de millones de motivos por los cuales entré al cuadro y me convertí de acechador a acechado. Vuelvo al principio y creo que fue el postre...
miércoles, 4 de diciembre de 2019
El portero eléctrico
Cuando Benjamín despertó esa mañana, descubrió que era un portero eléctrico. Hacía años que trabajaba de encargado en un edificio ubicado en las calles de Aráoz y Guemes, barrio de Palermo.
Pero los años lo habían ido oxidando. Un oficio sacrificado donde hay que levantarse muy temprano y estar atento a repartir el correo, trapear los pasillos y conocer los vericuetos y las mañas del edificio en cuestión. Si el trabajo es cama adentro, acostumbrarse a vivir en el monoambiente más pequeño e incómodo del edificio y la peor parte, lidiar con los vecinos porteños que, por lo general, suelen ser un grano en el culo. Pero por otro lado, las prestaciones de ser portero de edificio o encargado son varias. Una buena obra social, un sindicato fuerte, vacaciones pagas, piletas de Suterh y que los vecinos cogotudos palermitanos te paguen todos los servicios. Eso sí que no tiene precio. Además, es muy difícil sacarse de encima a un portero. El sindicato es poderoso y no se deja amedrentar por vecinos platudos con pretenciones clasistas ni morales. Además, tienen su propio línea de vinos.
Benjamín era un buen encargado. Hacía todo lo que tenía que hacer y más. Si tenía que subirse al tanque de agua o bajar a las profundidades de la sala de máquinas del ascensor, lo hacía. ¿Había que lidiar con los disyuntores eléctricos del sótano, no había problema. Benjamín era casi un pastor edilicio. Guiaba al rebaño inmobiliario según los vaivenes humorísticos de sus vecinos. Doña Rebeca, la vieja judía del primer piso, siempre se quejaba; del calor, del frío, de los políticos, comerciantes, de la navidad, los musulmanes y hasta de los judíos. Pero el viejo Benjamín le tenía una santa paciencia. Santafesino de ley, Benjamín había llegado de Cañada Rosquín a Buenos Aires, cuando apenas llegaba a los veinte años. Cuarenta años después, don Benja, como le decían los viejos dueños del edificio de Araoz, estaba con un pie más cerca del retiro y la posibilidad de volver a su pueblo natal para ponerse, con sus ahorros, una parcelita de tierra y vender papas y hortalizas hasta que... pasó lo que pasó.
Nadie sabe como fue. Pero esa mañana de diciembre, previo a las fiestas, Benjamín bajó a hacer sus tareas de mantenimiento en el edificio y se percató de que su cuerpo estaba más duro. Su piel había mutado de cetrina a plateada y en sus venas ya no corría sangre, sino circuitos eléctricos. También se percató que cada vez que alguien se paraba fuera del edificio y tocaba el timbre, su cuerpo vibraba.
Asustado por su aspecto robótico, decidió visitar al viejo Ramiro del octavo piso. Ramiro era un mecánico de autos retirado, y entre los rumores de barrio, se decía que había sido el último mecánico personal del propio Fangio. Pero eso, para Benjamín, eran puros cuentos de vieja chismosa. Solo le interesaba detener aquella extraña mutación.
Al abrir la puerta y observar el nuevo aspecto del portero, Ramiro se asustó y cerró de un portazo, dando un grito agudo y afeminado. Benjamín comenzó a dudar de las capacidades reales de Ramiro:
-Dale pelotudo, amigo de Fangio y la puta que te parió! Abrí viejo culeado.
Pasaron algunos segundos de silencio hasta que la puerta se entornó y apareció la calva cabeza lustrosa de Ramiro. Con un gesto lo invitó a pasar y se sentaron en los sillones del living. Benjamín rechinó al sentarse y un gas eléctrico se escapó de su trasero. Perdón, dijo. Ramiro como si no hubiese oído nada le ofreció un cafecito.
-Te agradezco, pero no sé como me puede llegar a caer un líquido dada mi condición actual.
Ramiro no insistió y le pidió por favor que le explicara un poco el asunto.
Benja le contó que ayer a la noche había tomado media botella de vino Suterh y cayó rendido. Hoy, al despuntar el alba, despertó como siempre, pero se notó más pesado. Al verse en el espejo notó que su aspecto había cambiado. Eso era todo. Ramiro se quedó pensando unos minutos en silencio. Luego se levantó y fue en busca de un pesado libro que examinó por un rato prolongado. Benjamín estaba impaciente porque ya era hora de baldear los pasillos. Además, su cuerpo no paraba de vibrar.
-Existen algunos pocos casos como el suyo don Benja. Son casos raros de combustión espontánea, implosión autogenerada o robotización crónica autoadquirida. Son casos raros, muy poco conocidos, síntomas de los tiempos modernos.
Ramiro cerró el libro de un golpazo y negó con la cabeza:
-Lo siento don Benja, pero creo que va a tener que vivir con su nueva condición. Robotizarse no sería un problema, pero volver a un estadío orgánico, es científicamente imposible. De verdad lo lamento.
Don Benja, salió cabizbajo de su cosulta médico técnica y volvió a sus deberes. Pero no tardó en darse cuenta que cosas como baldear, trabajar en la sala de máquinas y otras tareas, eran casi incompatibles con su nueva naturaleza eléctrica. Entonces fue que decidió dar un giro a su vida.
Como Benjamín nunca se casó ni tuvo hijos, decidió que había sonado la campana de su retiro, pocos años antes que le tocara. Sus aportes ya eran completos hacía varios años y sus ahorros le permitían planear la gran fuga de la ciudad.
Por las calles, la gente lo miraba extasiada por su brillo prístino. Un muchacho de treinta años le preguntó si era un halcón galáctico y una muchacha punk le acercó un papelito con un número de teléfono para "hacer cosas locas", le dijo.
Nadie vibrará su desconsuelo, pensó para sí. Solo le restaba una vida como fenómeno de circo o conejillo de indias para científicos y medios.
Por eso, ese mismo día, Benjamín se evaporó, dejando el balde con el trapeador, abandonado en el primer piso, frente a lo de doña Rebeca. Nunca comenzó su labor aquella mañana y nadie lo volvió a ver nunca más.
PD: Algunos buscadores de leyendas urbanas, dicen que encontraron una extraña granja en pleno campo santafesino. No hay ningún ser humano en sus inmediaciones, todos los animales son cuidados por sofisticados métodos mecánicos. Las ubres de las vacas, succionadas por tubos de ensayo prolijamente manejados de forma automática. Las cosechas cultivadas por máquinas rigurosamente cronometradas. Tic-tac tic-tac tic-tac. Y en el medio del granero, solo un granjero plateado, el ex portero eléctrico Benjamín, sentado sobre una gran mole de viruta. Cumpliendo su sueño, haciendo la suya.
Todo cuento de vieja chismosa.
miércoles, 20 de noviembre de 2019
Mormones del espacio exterior (en Florencio Varela)
-Otra vez estos pesados... ¿Que quieren?
-Queremos invitarlo a conocer la Verdad y la Luz.
-La única verdad es que la luz está cada vez más cara.
-Hablamos de la luz interior.
-Miren, gracias, pero no creo...
-Por eso! Nosotros podemos notar que usted ha sido abandonado por su iglesia. Lo que le ofrecemos...
-Escuchen. No quiero ser agresivo, pero me importa un huevo mi iglesia y la de ustedes. Ademas, ¿de donde carajo son?
-Somos Mormones del espacio exterior. La iglesia universal del infinito. Una alternativa para los pobres de espíritu, enfermos de modernidad, de ateísmo, abandonados por iglesias mafiosas y aburguesadas. Con nuestra Iglesia Universal no estará nunca más solo señor. Le aseguramos.
-Miren, mi iglesia será una mierda, pero yo la abandoné porque me chupa un huevo todo lo religioso.
-No, fue la decadencia papal...
-¿Y ustedes? Se aliaron con los gobiernos neoliberales como éste que nos gobierna, que nos rompen el culo a tarifazos. Vayan a joder a otro, adiós.
-Pero ¿y que opina de aquellos que mataron y se enriquecieron en nombre de la Cruz?
-Bueno, si, como digan. De todos modos, no me dejo cooptar por lava cerebros. Gracias!
-Espere! Una cosa más. Le queremos dejar una invitación para uno de nuestros encuentros hoy a las 19. Vamos a mostrarle con cantos y alegría que la Iglesia Universal Mormónica le puede ofrecer a usted y su familia, un futuro en lugares recónditos de la galaxia donde la violencia y la corrupción no existen.
-No me interesa!
-Pero señor, ¿acaso no quiere ver la luz? Usted está en la oscuridad.
-Ok, deme eso y chau!
-Pare de sufrir!
Portazo.
-Y ustedes. Paren de joder.
lunes, 18 de noviembre de 2019
Tango, copeteo y lágrimas en el piringundín
Descangayada va la mina, de títulos prebendarios, amilanados como fuero de pastor,
Sorpresata de Baigorria, su lamento de Picatta, sintiendo el vailoreto de fiel pica flor.
Barlovento de bufarra, piojosa la mina canta, yira la noche porteña de tango cantador,
sube la fiebre percanta, a toda la pícara monada, viaja lejos el bandoneón del viejo dolor.
Que animosidad se siente por la sordera, del que vuela a lo gallina como pájaro cantor,
suricata de milonga, tristeza de sarlanga, tómese una petaca de tres moños La flor.
Ahora que los paisanos, le entraron fuerte a los piringundines, se siente la lata de tarde calor,
todos los yutas y canas, se van corriendo de susto, pinto el copeteo alegre en mi barrio, señor.
martes, 12 de noviembre de 2019
Novelas argentinas de los 90's
Pensando en literatura argentina de los noventas; vaya aquí un listado inocuo y completamente caprichoso de sus novelas más características, y con esto me refiero más que nada y sobre todo en aquellas mas representativas de la época. Por juventud, afinidad con los 90s, temas y sentido de época y pertenencia. O simplemente porque me gustaron o las creo únicas e icónicas.
Bueno, basta de tanta cháchara y vaya aquí mi top ten de novelas argentinas de los noventas:
Puesto número 10: LA MUERTE COMO EFECTO SECUNDARIO- (1997)- Ana Maria Shua
Especie de novela de ciencia ficción "futurista", esta extraña novela de la ya consagrada autora argentina, tiene ese hálito de oscuridad y desesperanza, tan caro a la década en cuestión, jugando con un género de por sí vilipendiado en los 90's por demasiado escapista e imaginativo. Pero, aunque cuesta conseguirla, vale la pena leerla.
9: EL AMPARO- (1994)- Gustavo Ferreyra
Quizás la más rara de toda la selección, El Amparo genera extrañamiento en el lector, tanto por su descabellada e increíble trama, como por la aspereza de los personajes. Con algo del mensaje Kafkeano a cuestas y un vislumbre de Hesse y Bulwer Lytton, este libro vale por todo lo escrito por el autor.
8: UN AÑO SIN AMOR- (1998)- Pablo Perez
Una novela de amor y desamor. Novela iniciática (para el autor). De golpe tremendo. Escrita a modo de diario íntimo, el autor va describiendo las vicisitudes de un hombre con VIH en la cruda Buenos Aires de mediados de los 90s. Doctores, amigos que ya no están, el dolor y la indiferencia a ese familiar raro, distinto, gay, lascivo, enfermo. Notable debut literario.
7: EL FARMER- (1996)- Andrés Rivera
Increíble fresco histórico literario, El Farmer es un retrato íntimo acerca del ocaso de Juan Manuel de Rosas, exiliado en la campiña inglesa. Su soledad, los recuerdos, las discusiones con él mismo. Su sentimiento de culpa y reproche a la vez. El enojo por la traición y la patria como el recuerdo de un paraíso perdido donde se supo amo y señor. Quizás, como el puesto número 10, yendo a contramano de un ímpetu literario que apuntaba a cualquier lado menos al revisionismo histórico, la novela de Rivera juega con la imaginación y con la historia argentina en menos de cien páginas de manera única y magistral.
6: EL TRADUCTOR- (1998)- Salvador Benesdra
Novela de culto, ineludible cuando hablamos de literatura argentina de la década del noventa. Mientras la política argentina rifaba el sentimiento patriótico en beneficio de una visión globalista, sin política ni banderas, Benesdra se ríe de todo. Del neoliberalismo imperante y su intento de borrar la historia, como a la vez de la sensibilidad progre en ésta, una verdadera obra maestra, larga, agotadora y extensa novela de culto noventosa.
5: LA LIEBRE- (1991)- César Aira
Otra ineludible novela es la archi mega clásica La Liebre de Aira. Otra vez Rosas (ese fetiche argentino decimonónico del poder caudillesco y prócer de la soberanía nacional), aquí en un retrato un poco menos "biográfico" que en El Farmer de Rivera, y en cambio, bien al estilo Aireano, mucho más satírico y ácido. ¿Delirante y controversial? Todo cabe en la cabeza de C. Aira.
4: EL MAL MENOR- (1996)- Charlie Feiling
Otro de los "malditos" de la década del '90, junto quizás con Benesdra y Baron Biza, aunque la muerte de Feiling sea más una mala pasada del destino que un oscuro sentido de la vida, Charlie también era un escritor que, como Benesdra y Baron Biza, tenía un agudo sentido del humor, gran talento literario y una prosa entre mordaz y corrosiva. El Mal menor, "novelita" también de culto, narra las vicisitudes de una mujer, acosada entre el sexo y la adicción (tan noventosa) a la cocaína y terribles visiones de seres espantosos, portales horribles y mundos fantasmagóricos. Muy recomendable. Espero con ansias una buena adaptación para Netflix.
3: EL GUSANO MÁXIMO DE LA VIDA MISMA- (1999)- Alberto Laiseca
Algunos se preguntaran porqué elegir ésta novela tan buena como bizarra siendo que un año antes se publicó la obra magna de su autor LOS SORIAS. La respuesta es tan lógica como insulsa. Los Sorias es una novela escrita más entre los setentas y ochentas, y que por dilaciones editoriales terminó publicada en el '98. Pero no la considero una novela noventera por excelencia. Tanto Laiseca, como Rivera o Shua, son autores que ya venían de décadas anteriores, pero hice la excepción de incluirlos en la lista porque sus historias me parecen muy a tono con los tiempos. La novela de Laiseca reúne todo lo que identificaba a la década. Sexo, drogas, sida, vejaciones, delirio, locura, monstruos, mondo bizarro, tiro lío y cosha golda. Sobre todo, cosha golda.
2: EL DESIERTO Y SU SEMILLA- (1998)- Jorge Baron biza
De todas las mencionadas, a mi gusto es la mejor. La historia, tan increíble como real, contada de una forma simple y perfecta. La historia de los Baron Biza. La clásica familia patricia caída en desgracia, decadentes, arrogantes, perdidos. El padre femicida, la madre destruida, el hijo que acompaña, que es testigo, cómplice y narrador de un tragedia familiar que terminaría por engullirlo a poco de publicarse la novela. Otra obra de una calidad literaria superlativa.
1: BAJAR ES LO PEOR- (1995)- Mariana Enriquez
Otra novela de iniciación como la de Pablo Perez. Autores jóvenes que arrimaban el bochín por primera vez en un mundo literario gobernado por hombres rudos y fuertes o traumados y alienados sociales. Ni Enriquez ni Perez tienen ese nivel de pretención. Son la literatura del mañana, del futuro, del hoy. Su novelas, quizás las más sencillas en cuanto a recursos estilísticos son, a la vez, las novelas más genuinas de todas las de una década tremenda como lo fue la de los '90, donde el recambio generacional era tremendo. La novela de Enriquez puede parecer ingenua al lado de obras como El traductor o El desierto y su semilla, sin embargo, es la voz de la juventud de los noventas, la voz que te cuenta de la manera más genuina que son ellos, los pibes, los jóvenes, los que mejor entienden la década. Porque, al menos desde la década del cincuenta hasta acá, a cada década, al identidad más fuerte y poderosa se la da la juventud. Celebro la ópera prima de la joven Mariana, con sus gays, vampiros, drogas, sexo, en una Buenos Aires densa y real como una ciudad Gótica tercermundista.
Otras novelas notables que debo mencionar son:
-Plata quemada- Ricardo Piglia (1997)
-Santa Evita- Tomás Eloy Martinez (1995)
-Vivir afuera- Fogwill (1998)
-La pesquisa- J J Saer (1994)
-El ojo de la patria- Osvaldo Soriano (1992)
-Crónica de un iniciado- Abelardo Castillo (1991)
-El petiso orejudo- Maria Moreno (1994)
-No sé si casarme o comprarme un perro- Paula Perez Alonso (1995)
-El fin de la historia- Liliana Heker (1996)
-Mudanzas- Hebe Uhart (1995)
Otras novelas notables que debo mencionar son:
-Plata quemada- Ricardo Piglia (1997)
-Santa Evita- Tomás Eloy Martinez (1995)
-Vivir afuera- Fogwill (1998)
-La pesquisa- J J Saer (1994)
-El ojo de la patria- Osvaldo Soriano (1992)
-Crónica de un iniciado- Abelardo Castillo (1991)
-El petiso orejudo- Maria Moreno (1994)
-No sé si casarme o comprarme un perro- Paula Perez Alonso (1995)
-El fin de la historia- Liliana Heker (1996)
-Mudanzas- Hebe Uhart (1995)
Se podría hacer otro top diez más, porque lo que no falta en Argentina es talento. Por suerte.
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