martes, 9 de septiembre de 2014

Cadete XXII

Dentro del período de desconche abusivo que siguió a mi vida, y en medio de ese mareo insubordinado de comportamiento artero, me topé con varias personas que validaba un poco esa especie de destape pan sexual, esa especie de liberación por la liberación, del arte por el arte, del hacer por hacer, solo porque lo puedo hacer.
Entre curvas y piernas, vías y estaciones, conocí a un chica bastante menor a mi, pero dentro del límite permitido por la legalidad. Fue en una muestra fotografía de un viejo amigo de la primaria. Yo había ido con una amiga que  había vuelto a ver desde mi separación con V, y entre risas y tragos, mientras nos reíamos de los "artistoides" que frecuentaban el lugar, vi a esta especie de belleza exótica, trigueña, flaca, alta, aindiada, con un aire pocahontesco, achinada y excéntrica. De larguísimo pelo lacio y boca nutrida. En el instante que la vi le quise hacer el amor. Simplemente porque sabía que podía, como ya dije. Lo que vino después fue fácil para mi, la busqué por la redes sociales y no fue difícil ubicarla, agregarla, hablarle, caerle simpático, invitarla a salir y en que al segundo encuentro ya estuviera gritando de pasión abajo mío.
Desde el momento que pude obtenerla podría decirse que fue perdiendo interés para mi, pero era una punta a la que podía recurrir cada vez que quería. Ella parecía enganchada conmigo, no se porque, quizás porque era mas grande que ella, no sé. Pero cada vez que estaba de sequía podía recurrir a ella y hacerla mía a gusto y piaccere y eso me hacía sentir el mas pija de todos.
En octubre me fuí un fin de semana a la isla Martín García con un amigo y nos fumamos toda la yerba. En ese momento decidí que mi vida no era vida y mientras miraba un cielo super estrellado, flotando en una isla perdida del río de la plata, me decidí a empezar a buscar trabajo o en su defecto volver a estudiar algo.
Cuando volví, mi tía de Mar del plata, de visita en la ciudad, me recomendó estudiar algo relacionado con la radio que venía haciendo desde el año pasado y me pasó el dato de un par de lugares. Me gustó la carrera de guion en el ISER, que era a la noche, de seis de la tarde a diez de la noche. Me anoté, pero colgué con la inscripción y cuando quise acordar había cerrado el cupo, decidí dejarlo para el año siguiente, sin embargo, quería hacer algo mas productivo el año siguiente, y aunque no estudiara ni nada, al menos lograr algo. Empecé a colaborar con la revista de arte digital Ambar, escribiendo notas sobre música, cine y mandando algunos poemas de pasión y dolor. Mas luego mandé un poemario a una editorial independiente y a los pocos meses me avisaron que "Poemas, cefaleas y otras monsergas" había sido preseleccionado para ser editado en la camada de jóvenes poetas prestos a editarse al año siguiente. Mi alegría de ser elegido de entre casi doscientos poetas fue inmensa y me dió fuerzas y confianza en mi mismo para seguir mas decidido por el camino de la escritura.
Cuando llegó fin de año tuve la siempre mal ponderada fiesta del trabajo, donde como cada fin de año había que caretearla con los jefes, con los cuales vivías cagando aceito y bancandote su maltrato gratuito todo el puto año y en esa ocasión tenías que poner cara de buenos amigos y brindar con ellos como si fueran los tipos mas piolas y gambas del mundo.
Fué un jueves 30 de diciembre en un grasoso Pizza banana de zona oeste. Yo salía de vacaciones el sábado 1º de enero y había logrado que mis jefes me hicieran el inmenso favor de poder faltar el viernes 31 que trabajaban mediodía, así yo podía irme a la mañana con mi vieja a Mar del plata. Con ese favorsito, Leandro Diaz me hacía sentir que poco menos se la tenía que chupar y llamarlo Leandro el magnánimo. Pero por adentro yo pensaba que era un simple cretino con delirios de liderazgo. Mucha lectura de la editorial Empresa activa para mi gusto.
Nos juntamos en la puerta de la oficina a la noche y nos dividimos en dos grupos. Por un lado un remis con la contadora, la Diuri (la vieja densa) y Marlene (la de maestranza) y por otro, yo con el Pocho y Ferchu love. Ambos venían juntos de su barrio Caballito y en el trayecto me confesaron que estaban de pepa. Les pregunté si no les quedaba un cuartito para mi pero se negaron diciéndome que lo que les quedaba era para mitad de la noche, cuando les bajara el efecto y ya sintieran ganas de pegarse un tiro en la nuca. Me sentí un poco dejado de lado y durante toda la noche me sentí igual. Con los únicos que tenía onda estaban de viaje y encerrados en su propia locura y el resto, un pastiche de vendedores creídos, administrativos viejos y jefes garcas, eran un combo verdaderamente vomitivo. Para colmo de males, mientras comíamos, había un animador muy estúpido. Una especie de payaso tonto que cantaba canciones idiotas con una guitarra eléctrica y se hacía el chistoso. Realmente patético. Le hubiera tirado un zapato de tener uno de sobra. Lo único que me complacía era saber que al día siguiente salía de vacaciones, que por primera vez no me tocaba la maldita segunda quincena de febrero, cuando el verano ya estaba muriendo sino la primera de enero y que si tenía un poco de suerte podría disfrutar de unos buenos días de playa en la feliz.
Las horas pasaban y yo me quería escapar, mientras todos, en evidente estado de ebriedad me incitaban a bailar. -A ver como baila el cadete? Que bai le, que bai le.
Los quería matar a todos, pero me la tenía que aguantar, no tenía la menor idea como volver de aquel lugar que no sabía en que lugar alejado estaba de zona oeste, hasta mi casa en Almagro. Entonces esperé estoicamente a que la cosa fuera muriendo por decantación propia y nos empezaran a mandar a nuestras casa en remises. Sin embargo las cosas no se dieron como esperaba. Fernando, el otro jefe, fue despachando a los vendedores y hasta algunos se los llevó el mismo en su auto, ya que todos vivían ahí por provincia, y para el final quedamos solo un dobaldo y ajeno a la realidad Ferchu love y yo que estaba mas careta, mas cansado y mas enculado que nunca. Mi micro a la costa salía por la mañana y yo con sosteniendo a quebrado Ferchu, esperando un remis que nunca llegaba, mientras el sol empezaba a asomar en el frescor del campo del conurbano.
Finalmente llegó un auto semi derruido con un conductor extraño y nos largamos a toda prisa para la capital. En el trayecto el conductor, un gordo pelado con ojeras, me confesó que era ex bombero, que vió la muerte de cerca en mas de una ocasión y que aquel atrabajo le había dejado daños irreversibles. Además de sincerarse diciendo que estaba hace mas de un día sin dormir. No me hizo mucha falta imaginarme como hacía para seguir despierto, y el tipo aceleraba cada vez mas por una autopista cada vez mas concurrida por autos y camiones. Mientras, Ferchu, seguía papando moscas en su nube de lisergia y alcohol. Yo pensé que si la quedábamos sería una gran frustración, ya que después de muchos años, tenía muchos planes para el año que se avecinaba. Ferchu se despertó cuando íbamos por Flores y pidió al chofer que lo bajara ahí nomás. Se iba a seguir con la joda a los de unos amigos. Yo le pregunté si esa mañana no tenía que ir temprano a la oficina y me miró como diciéndome... yo leo Burroughs papá y se bajó tambaleante. Actitud rock no le faltaba y lo aplaudí por eso, pero ahora yo quedaba solo con ese loco de la guerra y todavía me quedaba un tramo hasta mi casa. Me volví católico creyente otras vez por un breve lapso de veinte minutos y recé, recé y recé para que pudiera llegar sano y salvo a mi casa. Lo logré, y por suerte me alcanzó la plata que nos había dado nuestro jefe. El remís se perdió de vista en la mañana porteña y subí agradecido hasta mi casa. Me quedaban tres horas para dormir en mi cama antes de partir e iniciar mis terceras vacaciones pagas.
Una vez instalado en la casa de mis abuelos de Mar del plata, casi sin dormir, salí a caminar esa tarde del 31 de diciembre por las calles de la feliz. Me llevé mi flamante cámara digital y luego de captar algunas instantáneas, senté en la rambla a observar la belleza del mar argentino.
Recordé a V y cuando nos fuimos un fin de semana solos a mardel, cinco años atrás, cuando salimos por primera vez, y entonces decidí mandarle un mensaje de texto saludándola por el año nuevo.
Tardó, pero me contestó, casi maquinalmente, agradeciendo y diciéndome que estaba con su familia viajando en el velero hacia costas uruguayas. Yo ya no esperaba nada de esa relación, pero por algún extraño motivo aún la sentía cercana. Poco faltaría para que me desengañara definitivamente de aquella relación que había durado entre idas y vueltas mas de cinco años.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Cadete XXI

Mi trabajo de cadete me tenía cada vez mas agobiado, no veía ninguna chance de que nada cambiara, y la rutina me estaba achatando. Por mas que hiciera talleres de escritura, pintura, teatro, francés, etc, sentía que vivía para un trabajo que me daba nula satisfacción, además, mi relación con mis compañeros cada vez era peor. Con el único que mantenía algo de onda era con el Ferchu love, y a veces la contadora lograba meter cizaña entre ambos, pero no dejaba que eso influyera mucho entre nosotros. Las promesas de poder ascender a un trabajo mas de oficina y dejar atrás la calle siempre eran esquivadas por mis jefes, que solían decir que me necesitaban haciendo el trabajo de cadete ya que era bueno en eso y les daba confianza, un mero chamuyo para dejarme siempre atado a mis quehaceres que yo ya veía mas como un trabajo para un adolescente que para un chabón ya de veintisiete años.
Para mi cumpleaños me llamaron ambas. Primero me llamó A y se puso a llorar, yo la escuché tranquilo, ya estaba cansado de sus llantos y sufrimientos. Diciéndome que me extraña pero que no había chances de volver a estar juntos. De hecho había viajado a Nueva York y me dijo que me había comprado un regalo. Le dije de vernos pero me dijo que no estaba preparada aún y no quise insistir para no parecer un interesado. Luego me llamó V y con toda la buena onda y alegría del mundo me saludó para mi cumpleaños, hasta parecía sonar contenta. Otro día chateamos y le pregunté si andaba con alguien pero me lo negó y de hecho me dijo que andaba en cualquiera. Arreglamos para que un día de estos pasara a buscar mi bici y cuando llegué a la casa ella no estaba. Me atendió sus hermana que estaba con su novio y me dijo que no había vuelto a dormir. Me enojé y le mande un texto diciendo que se fuera a cagar. Me volví con la bici desde Las cañitas hasta Almagro. Un viaje duro y arduo. Después me llamó y me pidió disculpas aduciendo que se quedó en lo de un amigo, pasada de revoluciones. No quise que ahondara en mas detalles y decidí darle un corte a nuestra comunicación por un tiempo.
Por otro lado la rutina de levantarme; (ahora a las ocho de la mañana, ya que finalmente me agregaron una hora mas y terminé siendo un cadete full time), me tenía cansado. Ir temprano a Paternal, luego volver a la oficina del centro, luego llevar equipos a reparar, después hacer trámites administrativos, ya sea bancos, AFIP, abogados, contadores, cuentas a pagar, etc, etc, etc. Después del mediodía me podía tocar la mas variada combinación de puntos de venta como los de zona norte (San Isidro, San Fernando, Pacheco o Martinez) o zona sur (Avellanera, Sarandí) o zona oeste (San Justo, Ramos Mejía, etc). Lo mas horrible de todo era tener que ir a llevar equipos a pequeños clientes de bazares varios de diferentes zonas del conurbano. Nunca me robaron, pero siempre anduve paseándome con cajas llenas de equipos celulares a pie, como un pobre infelíz, cerca de villas y lugares random por el estilo.  Lo único bueno que podía sacar de todo eso era leer mucho en los viajes, escuchar discos en el mp3 que me bajaba rolete y a veces, si estaba inspirado, escribir alguna cosa, si el colectivo no era una carreta y se movía tanto claro.
A continuación transcribo un breve diario de ruta, que hice una vez que viaje a zona norte y que versa sobre mis compañeros vendedores de los puntos de venta, metamorfoseados por su propio afán de vender vender vender hasta saciarse de plata por comisión mientras yo, pobre diablo les llevaba el material de un lado a otro para su fortuna monetaria y seguía cobrando siempre lo mismo. Muy poco. Como un cadete.

"Para exorcizar este mal que me aqueja desde hace dos años y medio, les cuento como empieza el viaje...
Primero, alucinado con la noticia de que vuelvo a despachar "merca" a "north zone" (palabras textuales), empaqueto todo mientras inhalo pegamento sintético "contact". Me genera odio, degradación, pesar y adrenalina, todo junto.
Decido empezar la escalada hacia la constitución de tu hermana (con bronca), un paraje tranquilo peor lejano. El viaje dura una hora y termina.
Para continuar, a lo de Chango, (me fumo un Paco de Lucía), verde, pero bien verde. La perplejidad se convierte en aspereza, apatía y delirio. Cuando llego, después de un incómodo viaje movido y bien chivado por un negro, llego a Pumitas de la ribera (¿?), donde me espera un maldito gordo con sus dientes podridos de coca cola.
El sujeto es risueño, pero un jodido ladrón. Me quiere timar con la merca, porque soy drogau' pero no boludo. Lo dejo cuando veo que se empieza a convertir en en un bicho gordo y verde, cruzado con una línea roja. Salgo corriendo de ahí para encarar mi tercer viaje a San 'Francisco'...
Y me pasé, me pasé, me pasé y me pasé nomás, siempre me paso, se me va la mano. En Frisco ya no queda nada, todo está desmejorado, pero por lo de Fernando (un verdadero cretino), le entrego el pedido y me doy una sobredosis de combo "Mc Namara fest".
Todo se estremece, el mundo da vueltas, la tierra se mueve a mis pies y siento un vértigo que, siento, me va  a hacer salir el estómago del tórax, como una vibración muy fuerte, demoledora y que me hace retorcerme y revolcarme con la panza pegada al suelo, apretándome el abdómen con las manos para que no se me salgan las tripas.
Los veo salirse, escaparse de mi, pero es solo una alucinación, trabajando en conjunto con mi frondosa imaginación.
Después de un par de combinaciones y pases mágicos, me recompongo un poco y planifico la siguiente y última parada.
Auto-stop en Encenitas, un poblado camino de "Pan y Sidra" congress, con el chalaman de turno, conmovido hasta sus oscuros senos de tanto rubor homosexualoide y ante el mismísimo avance de los casamientos gays por iglesia católica, dados por curas sodomitas en tanga, botas largas y aros en los pezones con cera derretida.
En el último destino me espera Gaby y Miliky, una pareja swinger. Él es un consumado falopero y borracho consume pastillas. Ella es seria, pero los serios son los peores.
En tal situación hago entrega del último pedido de la jornada, la merca está un poco aplastada pero intacta.
Ya cansado del extenso viaje me detengo en estación Pedro Páramo, me prendo uno pero la garganta me dice basta. Fumar a esta altura no genera nada, solo un dolor agridulce y carrasposo, como tomar un vaso de lava.
Tiro el cigarro y consecutivamente, el atado. Me armo un parri pancho de novela, es el último me digo, de la jornada... Solo para recobrar fuerzas y energías para volver al hogar.
Después unas tabletas de anfetas y a la mierda, el día se me pasa volando. Vuelvo en tren, totalmente dado vuelta como un guante de goma para lavar los platos, o calcetín de lana de vieja.
Mas luego combino subte, y pié a pié, a pié, hasta por último combinar todo con cama, colchas y almohada. Soñar, soñar. Diría Favio.
Y mañana volver a empezar. Soy un trabajador. Un obrero del "sinte-amor".

Y con esto ya dije casi todo sobre el asunto. Ya falta menos.  

viernes, 5 de septiembre de 2014

Cadete XX

Lo que mas extrañaba de V era la sensación de estar con la persona indicada. Ella, a diferencia de A, siempre había sido mi fan, mi musa, mi inspiradora, siempre me había apoyado y alentado en toda cuestión creativa y artística, ya sea en la veta de pintura o escritura. En cambio yo siempre había sido su fan respecto a como música y hasta un oculto respeto por su capacidad cada vez mayor de encarar un emprendimiento como el que tiene hasta hoy en día con su marca de ropa. Un día, me había regalado un cuadernito en el que me instaba a seguir escribiendo, y hoy en día guardo todavía ese cuaderno casi incólume ya que cada vez que tengo dudas de si seguir con todo esto o no, miro su dedicatoria. A la larga nos fuimos separando el uno del otro de forma amigable. Ella se hizo amiga de mi amiga la colo y no pasaría mucho hasta que trabajaran en conjunto como diseñadoras. Lo cual, no dejaba de ponerme feliz, a la vez que cierta nostalgia recorría mi ser cada vez que la colo me decía que la había visto y que le había preguntado por mi. Pero de eso se trata un poco todo este asunto del amor. Siempre queda algo inconcluso. "Otro crimen quedará, sin resolver..." cantaba Cerati. Cerati, siempre Cerati.

Por mi parte, luego de mi ruptura con V, no me permití estar mal, y decidí seguir con mi vida lo mas normal posible. No quería volver a estar mal como el año anterior, asi que me hice de tripa corazón y salí a la cancha con los botines de punta, presto a pasarle por encima a todos. Pocos días después de mi ruptura, en el trabajo me dijeron que necesitaban que hiciera ocho horas, o sea de 10 a 18. Como ya sabían que había abandonado los estudios sabían que no iba a poder negarme ya que carecía de justificaciones. Entonces si, les dije y de a poco empecé a perder esa mínima libertad que había detentado tiempo atrás, cuando las mañanas y las tardes, sobre todo las tardes eran mías.
Me sumergí nuevamente en una etapa de descontrol, pero esta vez mucho mas larga y efectiva que la otra vez. Lo hice de modo mas consciente y sin remordimientos. Había decidido dejar de lado la ignominia y dedicarme a ser lo mas popular posible, abrazando todos los sistemas de sonido e inteligencia artificial que nos ofrecen las nuevas tecnologías del futuro que llegó hace rato. Entonces, facebook, twitter, youtube, instagram, blog, radio online, de por medio, empecé a abrir mi espectro de gente conocida. Agregué y agregué gente hasta el hartazgo. No faltó mucho tiempo para que entonces empezará a conocer otras mujeres. Muchas mujeres me han estremecido, muchas otras pasaron por mi piedra filosofal, el rito de la fornicación sin sentido, el sexo sin amor con pedazos de carne, algunas veces morenas, otras rubias o coloradas con pecas, siempre ellas abajo mío, haciéndoles sentir el rigor de mi sexo de fuego. Algunas gritaron como locas en celo, hasta de modo exagerado quizás, otras se quedaban quietas, inmóviles, frígidas, tímidas, y esas eran las que extrañamente mas me calentaban. Acabé por todos los orificios habidos y por haber, algunos grandes, otros mas estrechos, velludos, lampiños, de todo tipo y color. No me importaba nada. Me sumergí en una etapa de libertinaje digno de aquellos personajes con peluca como Casanova, pero siempre sin llegar a los extremos abismales de Sade.
Por un lado me sentía todo un macho latino, era el destape total de mi sexualidad. Nunca me había sentido tan atractivo, las mujeres caían una tras otra, como si estuviera de oferta. De pronto, todas querían acostarse conmigo. Algunas ya ni las recuerdo, ni sus nombres ni sus caras. Era una hilera de garche salvaje y desenfrenado y yo no tenía límites. No sabía hasta donde iba a llegar toda esa marea de correrías pero yo ya había soltado amarras y dejaba que la corriente me arrastraba y yo simplemente me dejaba llevar con una sonrisa.
Por otro lado sentía un vacío muy fuerte mientras mantenía el coito con alguna de estas chicas que pasaron por mi vida en aquella neblinosa época de mi vida. Sentía un vacío muy grande. La sutil diferencia de cojer estando enamorado y cojer solo por cojer, por el mero hecho de que simplemente puedo hacerlo, puedo estar dentro de una mujer y llenarla de mi salvia a gusto y piaccere como si fuera un pato a rellenar. Pero todo eso era algo que no sabía muy bien como parar y duró casi dos años de mi vida. Pero no hay que adelantarse.
Un día, me sentí triste, fuí a la cocina a prepararme algo para comer. No quería cruzarme con nadie. Hacía varios meses que me había separado de V, ya había puesto en marcha la maquinaria del fanfarria y el descontrol, y sin embargo no me sentía bien conmigo mismo. En una de esas aparece mi vieja en la cocina y me largo a llorar. La abracé, era el desahogo de tantos años de apostar por un montón de cuestiones, por enamorarme y equivocarme, por el dolor de extrañar sin sentido a alguien que ya no te quiere, por todos esos dolores y frustraciones que pueden embargar a alguien que ya no sabe que hacer de su vida. Que perdió el rumbo y que siente que está por desbarrancar.
Como dijo el Ferchu love, cuando se enteró lo de Cerati, "si te gusta el durazno, bancáte la pelusa". Pero yo quería el durazno sin pelusa, y a veces no se puede todo.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Cadete XIX

-¿Que onda? ¿Que vas a hacer? ¿Vas a volver a Psicología? ¿Vas a estudiar algo?
La secuencia parecía repetirse, de forma distinta, sin tantas presiones del tipo obsesivo proyectuales como en A, pero volvía la duda, el quehacer, el porque así y no de otra manera, la manera correcta. Primaba nuevamente el "que dirán" por sobre cuestiones mas trascendentales como la unión o la química. Ni que hablar del amor. V nunca reconoció haberse sentido enamorada con nadie. Nunca le di importancia a eso, para mi era tanto una postura snob, como una actitud de autodefensa para no sentirse tan involucrada con alguien y por ende, poder llegar a salir herida. Claro que esto es lo que también pensaba yo como para no sentirme herido. Ambos nos protegíamos a nuestra manera de una posible separación dolorosa.
Con V compartíamos otras muchas cosas en otros muchos niveles, pero la cosa no estaba funcionando en la cotidianidad, de hecho ella empezaba a incorporar extrañas ideas del devenir, de tener auto, estudie algo, etc, era como la antítesis perfecta de A, pero intentando hacer ese rol, de un modo casi forzado. Yo me sentía confundido ante esto y no sabía bien que responderle mas que vaguedades. Para mi la posta pasaba por otro lado entre nosotros, pero ella parecía empezar a auto convencerse de que no, que había algo mas que faltaba. Como venía de sufrir por estos temas varios años atrás, opté por no darle importancia a las nuevas inquietudes que V empezaba a demostrar, cosa que al evadir, empezó a deteriorarse todo de una manera confusa. A diferencia de lo sucedido con A, no encontraba verdaderos motivos para estar mal con V, de hecho disfrutaba mucho de la relación, de nuestra complementaridad respecto al costado creativo de las cosas. Con V solíamos regalarnos libros, hablar de escritores, leer fragmentos de libros en la cama uno al lado del otro antes de dormir; también caminar por San Telmo, observando las casas antiguas donde nos gustaría vivir. Pero mi error fue también apurar las cosas. Yo ya me quería ir a vivir con ella, quería que ya no nos separáramos mas. Pero ella se escapaba de mi cuando tocaba estas cuestiones, un miedo latente parecía emerger de ella como un viejo fantasma no superado.
Un día, que estábamos solos en mi casa me dijo de la nada que quizás un día nos separaríamos, que ella sabía que eso iba a pasar y que se ponía mal porque sentía que no me quería hacer perder el tiempo. Yo le marqué sobre lo absurdo de su presuposición, que me parecía que se estaba adelantando. Pero ella hablaba en serio, ella ya se había predeterminado todo en su cabeza, y yo no me daba cuenta hasta que manera tenía ya todo mas o menos planeado.
Un poco como para hacer algo compartido, empezamos a ir a francés los dos juntos. Amantes de la lingua franca, nos mandamos a un curso del Rojas dictado en una iglesia del centro. Al principio estábamos entusiasmados, y nos charlábamos en francés, las cosas básicas a la vuelta a su casa, pero poco a poco fuímos perdiendo el interés. Luego vino una fiesta de principio de año de la radio, nuevamente, quiso recuperar el interés de la primera pero definitivamente le faltó la magia. Cuando nos fuímos, no nos fundimos como aquella otra vez. Le dije que nos fuéramos de vacaciones juntos, pero me decía que tenía que trabajar. Parecía que cada vez tenía menos tiempo para compartir cosas conmigo y parecía concentrarse cada vez mas en su trabajo. Traté de hacer la mía, me empecé a juntar mas con una pareja amiga, el rulo y la colo. Algunas veces nos juntámos los cuatro y estuvo bueno, pero V de inmediato quería irse, por lo general a verse con sus propios amigos, diciendo que odiaba la salidas de parejas, que para mi no lo eran sino mas bien era juntarse con mis amigos, no con una pareja, pero ella parecía no entenderlo así. Entonces surgían discusiones. De a poco nos pelábamos mas. Cada uno, en su carácter de lider, quería ser el capitán del barco y timonel, dictaminar a donde ir, con quien, cuando si y cuando no.
"Tenía que estar en el tiempo de Garcia y me hinché las bolas" dijo el flaco, respecto del fallido proyecto en conjunto con Charly, y yo me sentía un poco así, lo que yo proponía era desvalorizado y solo podía cada vez mas, solo acoplarme a lo que ella hiciera con sus amigos. Por otro lado un grupito de ellos entró a la radio donde yo estaba, cosa que empezó a mezclar los tantos un poco. Yo me sentía invadido por el entorno de V, pero a la vez no había forma de que mi entorno, mucho mas reducido que el de ella, hiciera mínima mella en su cotidianidad. Con la única que parecía llevarse bien era con mi vieja. De hecho fué la única novia que tuve que se llevó bien con mi vieja. Mi vieja la adoraba, me preguntaba siempre por ella, y en su afán de creerse un poco bruja, siempre me decía "es V..., ella va a ser tu mujer, los re veo yéndose a vivir juntos...", y yo un poco le creía, pero sentía a la vez que había otra fuerza, del otro lado, pujando por que eso no pasara, una especie de extraño complot silencioso que nos quería separar. Entonces empecé a flashear con eso. Algo o alguien del entorno de V estaba metiendo fichas para que dejáramos de estar juntos. Me sentía tan convencido de eso como convencido de antes de que A me había estado guampeando por ahí. Claro, yo no tenía ninguna certeza de nada, como siempre, pero sentía el augurio como una fuerza intuitiva que creía tener, por el simple hecho de ser hijo de una bruja. Lo cual no dejaba de hacerme sentir que cada día estaba mas loco.
Un día nos enteramos lo del acv de Cerati, y ella que era bastante fana de él, se puse triste y sombría por unos días. Intenté no presionarla en algunas cuestiones, pero luego todo volvió a la normalidad. Sin embargo, una noche que ella tocaba la guitarra, tratando de sacar Cantata de puentes amarillos, yo no se que broma hago o sonido o no se qué, pero ella de pronto me grita fulero y yo me quedo pasmado. En mi afán de hacerme el ofendido, en vez de dejarla pasar, me enojé, le grité, me fuí al balcón y estaba amagando con irme a cada rato, finalmente ella vino un poco por sugerencia de su hermana, que había visto todo, a decirme que ya estaba la comida y entonces aflojé, pero en ese momento sentí que ya había una mala onda conmigo y empecé a alejarme de a poco de ella, mentalmente en principio, porque ese maldito instinto no me vaticinaba ningún desenlace positivo.
Con la llegada del mundial, hubo una especie de tregua entre nosotros, vimos casi todos los partidos que jugó Argentina en dicha ocasión, hasta que se terminó el sueño, una vez mas, en cuartos de final, cuando la eficiencia alemana le pasó por encima a la épica futbolera del Diego y sus once gladiadores.
Cuando ya no había mas nada que compartir, cuando ya no nos leíamos a la noche, cuando ya su amiga brasilera no estaba (ya que nunca volvió de Brasil), cuando ya no íbamos a recitales, cuando ya no nos escribíamos mensajes de texto a la madrugada para decirnos lo loco de estar juntos otra vez, cuando ya no charlábamos hasta cualquier hora de ovnis, sueños, y del universo mismo, cuando ya no íbamos a andar en bici a los bosques de Palermo, o a pasear juntos a su perro, cuando ya ni siquiera nos invitábamos el uno al otro cuando salíamos con nuestros amigos, cuando ya casi no teníamos relaciones, cuando parecía que se había extinguido rápidamente esa pasión que nos había consumido en los primeros seis meses, entonces ya no quedaba mucho mas. Ya nuestro amigo "Cortazarín" (como le decíamos cariñosamente a Cortázar) no nos podía venir a salvar. Intenté de todo, la invité a conocer el barrio de mi infancia y me dijo para que, lo cual sentí como un rechazo excesivo. Cuando ya no sabía que hacer para remarla, cuando el bote parecía irse a pique, recurrí a lo poca plata que tenía y compré dos entradas para ir a ver a Fuerza bruta en el Recoleta. Ella se sorprendió pero hasta por ahí nomás, me agradeció y ahí quedó todo. El invierno ya se cernía sobre la ciudad de la furia de Cerati y nosotros dos, casi sin hablarnos fuímos a ver el show. Increíble malavares, puestas en escena, acción, chicas en bolas arriba de un plástico que casi nos tocaba, música electrónica, espuma, baile, acción por doquier, todo lo que a ella siempre le había gustado, sin embargo yo solo bailaba, ella estaba ahí quieta, y me miraba hasta con un poco de incomprensión y lástima.
Cuando salimos me dijo que nunca me había visto tan copado, que había estado bueno el show, me agradecía por la invitación, pero que se tenía que ir a un cumpleaños de un amigo. Yo pensé que era joda, pero no lo era. Me saludó distante y casi sin mediar mucha mas palabra se subió a un taxi y desapareció entre las luces nocturnas de una Buenos Aires fría y húmeda. Yo me quedé parado ahí, solo, inmóvil, con frío, al lado de avenida Libertador, tratando de comprender que es lo que había pasado. Por que había dejado de quererme así. Ni siquiera me había invitado a acompañarla, aunque sea de compromiso, por haberla invitado a ver Fuerza bruta aunque mas no sea, pero no, me dejó ahí, abandonado, como se deja a un perro rabioso en un bosque, casi huyendo, como si fuera un monstruo peligroso. Entonces no me quedó otra opción que hacer lo propio y tomarme un taxi, pero a mi casa. Estaba entre triste y confundido. Solo sabía una cosa, no había vuelta atrás después de ese desplante horrible.
Pocos días después, en su casa, luego de que le había comprado un libro de cuentos de Hesse y le había hecho un dibujo de el principito para adornar su pared, ella no me dejó siquiera tocarle un muslo a la noche. Yo estaba cansado, cansado de todo. Me sentía despreciado por todos lados, por mi novia, por mi ex, por la gente de mi trabajo, por mi familia, mis amigos, por la gente anónima de la calle, por todos, sentía que todos me desvalorizaban y entonces, en un rapto único de locura en mi vida, decidí ir en contra de ese mundo, tratar de ser lo mas cruel y agresivo con todos, lastimarlos a todos, hacerlos bien mierda. Estaba realmente podrido. Mi primera víctima fue V. Esa misma noche, bajo una sarta de comentarios dolientes, decidí dejarla, por mas que llorara de hilo en punta. Casi sin pestañar, bajo una coraza de, desconocido hasta ese momento, desdén, me fuí y la dejé sin llorar una sola lágrima. Antes de irme, como para hacerme el canchero cambié el lema por el famoso y gastado "tomémonos un tiempo" e inmutable desaparecí del barrio de Las cañitas. Lo que no sabía es que ya no volvería del mismo modo.
Pocas semanas después de que ni la llamé ni le dí señales de vida, ella me llamó y me preguntó como estaba, le dije que bien, me hice el indiferente y cuando sentía que la cosa daba vueltas y vueltas le pregunté terminante si quería volver conmigo si o no, casi como si fuera que le estaba dando la chance de su vida, pero ella, con su amor propio aún a cuestas me dijo con vos llorosa que no. Y yo, estúpidamente ofendido, le dije que me parecía bien y que entonces iría en esos días a buscar mis cosas. Ella se puso mal pero aceptó, y hundió aún mas la daga en mi tonto y estúpido orgullo.
Cuando la volví a ver, una semana después del último llamado, yo venía dejugar al fútbol con amigos y estaba chivado y de mal humor por haber perdido. Me senté un rato a la mesa de ella, como la vez que nos volvimos a ver después de cuatro años, cuando le conté que tenía un programa de radio y nos preguntamos tímidamente si estábamos saliendo con alguien. Pero ahora la cosa era distinta, los dos estábamos con caras amargadas, recelosos del otro, resentidos, un poco enojados por la nueva frustración para nuestras respectivas vidas amorosas. Yo no quise seguir un segundo mas ahí, y agarré las pocas cosas que me quedaban en su casa, algún que otro libro, algo de pilcha, algunas películas, etc. Nada que no podría haber resignado, pero el ir a buscar las cosas a veces es una simple y tonta excusa para ver al otro y nada mas.
Entonces, abajo, cuando me fué a despedir, nos saludamos con un beso en la mejilla y casi sin hablar, nuestras cabezas se despedían formalmente diciéndole al otro hasta nunca, mientras nuestros corazones no podían dejar de mirarse tristes, llorosos y estirando brazos que no tenían la capacidad de estirar.
Y así nuestros caminos volvieron a separarse una vez mas.

martes, 2 de septiembre de 2014

Cadete XVIII

Antes de que cada uno hiciera su viaje por separado, nos fuimos un domingo a viajar con el velero de su padre por las costas rioplatenses. También estaban su hermana y su novio. Yo era el menos experimentado en cuestiones náuticas, así que me dediqué a obedecer órdenes como un grumetillo cualquiera. Ya sea que estuviera en tierra o mar, mi sino era ser cadete. No podía escaparle. Me zambullí en la inmensidad del Río de la plata y sin darme cuenta me tiré de bomba con los anteojos puestos, que vi como se hundían ante mis ojos, sin poder hacer  nada para recatarlos. Ahora deben descansar en las profundidades mismas del Río "siempreeterno", quizás al lado de algún tesoro pirata de tiempos de la colonia.
Cuando volvimos estaba rojo calamar. Había sido un día nublado, pero evidentemente los rayos solares, hicieron estragos en mi piel blanca mortecina. No quedaba mucho para la réplica, V me había advertido del asunto y tuve que asentir como niño obediente.
A todo esto sobrevino una época de mucho trabajo, un nuevo compañero para hacer mas tareas administrativas, echaba por la borda mis últimas pretenciones de poder zafar del trabajo de cadete y pasar a oficina, como alguna vez, Leandro Díaz me había sugerido como posibilidad, en la entrevista.
Finalmente llegó el día en que V se iba de viaje a Brasil con su amiga diseñadora. Le presté Una realidad aparte de Castaneda y Final de juego de Cortázar, para el viaje. Para que la flasheara. Nos despedimos sin mucha solemnidad, prometiéndonos vernos pronto. Ella me llamó del aeropuerto para avisarme que su vuelo estaba por salir. Le deseé suerte y le dije que la quería. Esta vez, no había formado parte de la comitiva que la había escoltado hasta el sinfín de los hangares portuarios. Lo cual fué lo mejor. De todos modos se fué un día de semana, y a mi me esperaban los bancos y los puestos de venta de mis alegres y movidas jornadas laborales.
Unos días antes que ella se fuera, había conocido finalmente a su padre. A la madre ya la había cruzado y si bien era educadamente correcta conmigo, parecía no darme demasiada importancia. El padre era una especie de cuco que había temido desde que la había conocido a ella, años atrás. Había sido militar y tenía fama de ser poco menos que un ogro, gigante y de mal talante. Por ejemplo, al novio de la hermana, cuando le preguntó que estudiaba y éste le respondió que para abogado, le dijo "ah, para estudiante de garca". Luego de esta anécdota, estaba cagado las patas. Si aquél, que estudiaba una carrera relativamente de renombre había sido vapuleado así, que me esperaba a mí, famélico hippie de veintiseis años, sin una carrera terminada y con un endeble laburo de cadete. Sin embargo, el día que lo conocí, para mi sorpresa, el hombre fué muy amable conmigo y hasta se rió brevemente de algún chiste de esos tontos que suelo hacer.
A partir de ese día supe, o supuse, que a lo sumo su había alguien en la familia que podía llegar a pensar que no estaba a la altura de su hija, era mas bien la madre. Pero no ahondaré en mis propios presupuestos al respecto ya que poco aportan e interesan. Solo puedo decir que nunca me sentí querido por la madre de V y yo solo podía cantarle para mis adentros "Señora" de Serrat.
Mantuvimos el contacto mientras ella estuvo de viaje y me contó que le estaba encantando el de Castaneda. Eso me ponía feliz, ya que ella solo había leído el primero y quería que siguiera leyendo, el menos los cuatro primeros libros, que son un viaje de ida. Luego me contó las playas por las que estuvo paseando con la brasilera y otras cuestiones de índole menor. Todavía no parecía extrañarme, pero ya habría tiempo para eso, pensé. Entonces llegó finalmente la hora de hacer mi viaje y con valijas en mano, me fuí nuevamente al Bolsón, repitiendo así por única vez en mi vida, el mismo destino dos veranos seguidos. Los pormenores de aquel brevísimo viaje pueden encontrarlos en otro texto míoº, solo puedo decir, que los precios, respecto al verano anterior habían subido de tal manera que tuve que acortar mi estadía sureña a una semana, para volverme un poco decepcionado de todo el asunto. Para recordar el lugar, me traje un palo con forma de bastón, que tallé con inscripciones indescifrables hoy día.
Mientras estuve allá charlé con V varias veces por chat y tontamente le hice una escena de celos por no sé que amigo con el cual chateaba al mismo tiempo y bla bla. En mi peor genio, siempre quiero toda la atención para mi, hasta que la gente se cansa y me manda a cagar, como corresponde.
A todo esto, un día me chatea A. Me pregunta como estoy y le digo que en el sur. Ah! como el verano pasado. Me responde. Si, le digo. Tenía ganas de volver. En un acto de debilidad me dice que me extraña y que me quiere, entonces, como suelen hacer las mujeres en estos casos, me agrando y le digo que yo no, que estoy en otra historia y etc. Solo para dañarla, para darle un poco de su propia medicina, pero luego me arrepiento de aquel acto de venganza infantil y trato de pedirles disculpas, pero ella parece realmente dolida y se desconecta. Volví a hablar con V, y traté de pedirles disculpas por la escena del otro día, pero ya es asunto pasado. Luego me compro un libro sobre Castaneda, en el supermercado del lugar, al cual fui con una remera blanca, pintada de rojo por mi que decía, La Patagonia rebelde, como acto de protesta, por la supuesta complicidad de los antepasados de la firma de supermercados en las masacres de 1917 en el sur.
Claramente nada pasó y todo quedó en lo anecdótico. Luego me volví a Buenos Aires en micro, mientras veía los pinos de los cerros sureños, musicalizado todo por el, (nunca mas acorde), Johnny Cash.
Una vez en la ciudad, pasaron pocos días y volvió V. Me ofrecí de ir a buscarla pero me dijo que estaba todo bien, le podía pedir a algún amigo suyo que tuviera auto para que la pasara a buscar, pero todos sus amigos seguían de vacaciones, y a regañadientes aceptó mi oferta de pasarla a buscar en taxi. Cuando llegó el abrazo fue menos efusivo de lo que esperaba, sin embargo todo estuvo genial los días siguientes. Yo todavía estaba de vacaciones asi que podía disponer de un tiempo para nosotros. Ella me trajo cocada y una hamaca paraguaya increíble de Brasil. Yo en cambio le había comprado un caleidoscopio y alguna que otra chuchería de la feria del Bolsón. Pasamos dos días hermosos juntos en su casa, solos, amándonos a toda hora. Pero luego, lamentablemente, ella se fué una semana con sus viejos que estaban en la costa. Mucho tiempo después lamenté no haber podido convencerla de que se quedara conmigo y no se fuera una semana mas. Mucho tiempo me pregunté que fue lo que pasó mientras ella estuvo esa semana allá con su familia. Mucho tiempo me pregunté y le di vueltas a la asunto y nunca pude encontrar una solución. Solo sé que cuando volvió, ella ya no era la misma persona conmigo. Y entonces, otra vez, todo empezó a caer gradualmente.

viernes, 29 de agosto de 2014

Cadete XVII

El "Ferchu dub love" era un ávido escucha de reggae, dub y ska, entre otros sonidos varios, y en nuestras conversaciones de oficina, mientras preparábamos algún pedido para que llevara a los puntos de venta, hablábamos entre otras muchas cosas, de cine y música sobre todo.
Él me hizo escuchar a Eduardo Mateo, OPA, Zitarrosa, Camarón de la Isla, y muchas bandas de reggae, pero a finales de ese año, lo que mas me pegó fue Alika, la ex band mate de Actitud María Marta, banda rapero-lesbo-combativa de los '90s. Para mas exactitud podría decir que fue el disco Educate yourself, del 2008 el que se me pegó y me acompañó a lo largo de largas jornadas laborales por la calles. Otro disco que me acompañó mucho en esa época fue Born in the USA de Bruce Springsteen. Ya sé, no tiene nada que ver, pero en este afán de contarlo y decirlo todo, no podía dejarlo de lado, ya que es alto disco también.
Entonces, recordé que a V le gustaba el reggae años atrás y le hice escuchar el disco de Alika. Lo escuchamos varias veces en su casa, aunque ella ya estaba escuchando mas a cantantes solistas folkies de ahora, ya que se había abocado en sus tiempos libres a cantar acompañándose con la guitarra. Ella siempre fue mejor guitarrista que yo, lo cual al principio, cuando era mas jóven, me jodía bastante, pero con algunos años me parecía hasta bello que ella tuviera una capacidad y talento para la música que yo apenas podía esbozar. Siempre me gustó hacer música, desde chico cuando golpeaba latas con mis compañeritos de primaria, en una experiencia demente que había titulado Las manos eléctricas. Al margen de todo lo anecdótico e innecesariamente narcisita del asunto, llegué a un punto en que ya había dejado de lado mis aspiraciones de rock star, para abocarme ya definitivamente a la de ser el escritor maldito que tanto me había hecho flashear personajes como Artaud, Rimbaud o el propio Arlt.
El Pocho, amigo de Ferchu, compañero de trabajo, por lo general estaba en San Isidro, atendiendo en un punto de venta, pero una mañana me lo encontré en la oficina, escuchando música electrónica, y adelante de todo me dijo "Ahh chantoisa, te vi por la calle el otro día, caminando con una colorada" "Mmm? que onda? quien es la colo?" Todos se carcajearon de risa, burlándose tontamente, y yo me reí también. Claro, en ese momento V tenía sus pelo negro teñido de un leve rojizo. Me banqué las bromas y preguntas incidiosas de quien era aquella misteriosa 'colo' con la que me habían visto caminado por Diaz Velez. Les dije que era una chica con la que había salido tiempo atrás, y que bueno, nos estábamos viendo de nuevo. Luego se cansaron de las bromas y lo dejaron pasar.
Yo por otra parte me reencontré con todos los amigos de V, todos pibes piolas y alguna que otra cara nueva, pero en general buenos pibes, la mayoría músicos. Pero rescato a la brasilera, que había sido compañera de V en un curso de diseño de indumentaria, ella salía con Wilson, o algo así, un peruano muy canche y moderno que le gustaba mucho la cultura yanki y que nos criticaba por ser tan nacionalistas de no haber aceptado cosas como los Dunkin donuts o el Ice tea. Eran realmente horrendos, le respondí, y puso cara de desacuerdo. Igual me caían bien, los dos, sobre todo la brasilera que era una "gaúsha" muy macanuda.
Sobrevino una época de muchas salidas con V y de a poco toda la angustiosa primera parte del año iba quedando en el pasado. A veces me llamaba A y charlábamos un poco, pero yo ya no lloraba mas, haciendo acopio de la canción de Mimí Maura y en parte le mostraba mi desdén a quien antes no había sabido valorarme. Con V fuímos a ver a Los Natas, una muestra de pasarela de su amiga la brasilera y varias películas al cine. Para fin de año llegó el momento del fin de semana deseado por toda mi alma rockera. Por un lado tocaba un viernes el flaco en Velez, donde volvería a reunirse con sus viejos camaradas de Almendra, Pescado, Invisible y Jade, y por otro tocaba AC/DC, mi pasión de la adolescencia. Con dos días de diferencia. El flaco el viernes y los australianos el domingo. Fuimos con V a ver al flaco a un concierto de mas de 5 horas, donde ya no sabía como hacer para convencer a V que estaba muerta, para que me bancara. Estaba cumpliendo mi sueño y por suerte se la bancó como una campeona. Para el domingo ya que no quería mas nada, pero había sacado la entrada y me mandé entonces al estadio de River para ver a mi vieja pasión teenager. Estruendoso y vociferante, ya no me quedaban muchos sueños rockanroleros mas por cumplir. Quizás algo de Floyd, Beatles o Zeppelin, pero casi todo llegaría a su debido momento.
A mediados de diciembre tuvimos la primera fiesta de la radio, sugerencia que le había dado al dueño como medio para hacernos mas conocidos. Yo me puse a cortar boletos en la entrada, me la banqué lo mas que pude, pero cuando llegó V, no quería dejarla sola, le pasé la pelota a otro compañero de la radio y me fuí al fondo a bailar con mi petisa. Vinieron viejos amigos, mi prima con su flamante novio y algunas sorpresas mas. La fiesta estuvo bien, excepto por la música, que era realmente inentendible. Nadie conocía las canciones y todo era lo menos bailable que había. Una amiga de mi prima me saludó cuando iba a comprar cervezas, y V se puso como loca. Tuvo una de las pocas reacciones de celos que le vi. Siempre había sido yo el celoso. Después llegó la colo y casi lo mismo, pero después de ver que era la novia de mi mejor amigo y de cruzar dos o tres palabras, se cayeron y se llevaron bien. La noche era maravillosa y todo estaba saliendo lindo. Entonces, en determinado momento, V me sugirió irnos. La miré a los ojos y entendí esa mirada, ese brillo y ese deseo. Sin avisar a nadie agarré a V de la mano, y dejando a todos mis deberes por cumplir salimos disparados. Nos subimos a un taxi y vinimos a mi casa. Una vez en mi cama, nuestros cuerpos no se encontraron, simplemente se fundieron de la pasión. Otra noche inolvidable.
Entre otras tantas cosas que compartíamos con V, además de la pasión por la música, los libros de Hesse y Cortázar, estaba la pasión por lo sobrenatural y místico.
Una noche, quizás de la que guardo el recuerdo mas grato de mi relación con V, fue cuando a finales de diciembre, cuando ella se estaba por ir a Brasil y yo por reincidir en el sur, again, nos juntamos a ver un par de pelis que yo quería que viera. Hacía un par de meses que ella me había transmitido su pasión por la serie Lost, y ya me había hecho ver casi todas las temporadas que habían salido hasta el momento. En ese fragor de aventura y ciencia ficción, con algunos tintes ocultistas, le sugerí entonces, conociendo su pasión por lo sobrenatural, ver dos películas que versaban en alguna medida u otra, de los encuentros con seres de otros planetas. Entonces, aquella noche de verano, llevé a su casa Easy rider y Encuentros cercanos del tercer tipo. Arrancamos viendo la de Spielberg, mas directa sobre el tema. Le gustó mucho y la flasheó, pero cuando ya siendo las dos de la mañana, nos quedamos manija y pusimos Easy rider el flash se puso mas copado. En dicha peli, hay una escena en la que Jack Nicholson, medio fumado, está tendido con sus dos compañeros de viaje en el campo, rodeando el fuego, y a Dennis Hopper le parece ver una luz en el cielo que se mueve de forma extraña. Jack entonces expone su teoría de que fué un OVNI, que hace tiempo nos vistan y que se avistaron varios e extrañas formaciones por todo el mundo. Que el gobierno lo sabe pero que no lo dice por el pánico que podría generar en la gente, además de que no les conviene que la gente haga contacto, porque entonces perderían el poder de un sistema humano obsoleto que esta en vías de la mas calamitosa colisión. Jack es acusado de decir "charla de fumado", algo que mas o menos todos conocemos y hemos tenido. Pero lo que dice no deja de dejarnos una duda instalada, sea uno creyente en vidas en otros planetas o no. Yo nunca fuí un fanático del tema, pero siempre me gustó mirar al cielo nocturno en busca de algo. Creo que el cielo guarda muchos mas misterios de los que creemos, y al ser un fanático declarado de la ciencia ficción, nunca pude dejar de pensar que existe una posibilidad concreta de que haya vida inteligente en un universo que es tan vasto como el infinito mismo. Para V eso no es una posibilidad sino algo concreto y seguro. Cree ciegamente en la vida inteligente en otros planetas y en varias ocasiones me confesó que por conocer otros mundos, dejaría este sin meditarlo dos segundos, aunque por ello tuviera que resignar familia e hijos. Yo no estaba del todo de acuerdo, aunque siempre me considere una persona de espíritu aventurero, ala vez que muy arraigado con mi raíz, y creo que no existe un planeta mas hermoso que este. Después de finalizada la cinta, aunque después la peli versa mas sobre los prejuicios y al discriminación y la libertad, nos quedamos horas hablando con V en la oscuridad sobre todas estas cuestiones y no nos dormimos hasta que ya se había hecho de día y los pajaritos cantaban afuera.
Esa noche quedó grabada en mi memoria por la profundidad de nuestro temática y por sentir que estaba con una chica cósmica como yo, con los pies en la tierra y la cabeza en las estrellas. Realmente consideré seriamente que podría ser que hubiera encontrado a mi alma gemela ya que nunca había podido compartir cosas que para mi son tan importantes y ver una sensibilidad en alguien tan parecida a la mía me hacía creer en algo verdadero y duradero. Y así entonces terminaba un año que había empezado tan mal para mi, creyendo nuevamente.



jueves, 28 de agosto de 2014

Cadete XVI

Mi uniforme de cadete consistía en, básicamente, mi ropa, remera, camperita, pantalones Oxford, y botitas Pony, además del bien ponderado morral, con un libro a elección adentro y espacio para los papeles de trámites por hacer y el infaltable mp3, cargado de la mejor música del mercado. Lo cual podía ir desde los clásicos Beatles y Rolling stones hasta Neil Young, Johnny Cash o Spinetta, y/o cualquier banda de rock nacional del ramo. Siempre tirando mas bien la onda a los clásicos o conocidos como oldies. A veces podía mechar con algunos tangazos, que amenizan bastante bien la jornada callejera porteña o con música clásica, jazz y hasta flamenco (Paco de lucia y Camarón de la isla en lo posible).
La primavera se sobrevenía sobre la húmeda Buenos Aires de fin de década y el aroma a jazmín solía entremezclarse con los ya raudos aromas propios del lugar como nafta quemada, aceite y olor a chivo.
Para sobrellevar mejor mi rutina, mi psicólogo me recomendó que mirara las construcciones de la ciudad que uno puede apreciar en el centro y eso empecé a hacer. Vi desde cúpulas que nunca había vista hasta construcciones años '30 y '40 que me fascinaron. Pude llegar a descubrir también alguna que otra excentricidad como gárgolas, en la bien ponderada avenida Diagonal Norte.
Mis paseos por la ciudad me sirvieron para exorcizar viejos y nuevos fantasmas de me atormentada psique, pero luego de varios días de lecturas álgidas y poemas atronadores, pude empezar a inhalar un aire nuevo que me ofrecía esta vieja ciudad que tira para abajo, cuando la dejás, pero que también tira para arriba, cuando lo permitís.
Lo mas tedioso para mi, eran las colas en los bancos, donde a veces podías escuchar música, y otras venía un tipo de seguridad a decirte que te sacaras los auriculares. Todo un tedio burocrático, a fin de evitar las famosas salideras bancarias, tan en boga por aquellos años. Entonces, para exorcizar eso también, escribí en un cuadernito, mientras hacía la cola de un banco, esta especie de reflexión/bitácora de cadete andante:

"Bajo por la escalera mecánica de un banco hacia donde están los cajeros, los automáticos no, los otros, los de carne y hueso, automáticos también, y hago una cola importante donde un semi cerdo atrás mío no para de tirarse gases, o flatulencias para los amigos. Por delante hay un flaco con cara de amargo serrano, y nunca falta la vieja o no que se queja de la demora y la falta de empleados bancarios que atiendan para agilizar las cosas. Esto fué en el City que no es tan terrible, pero vayan al Macro alguna vez, verán de que carajo hablo.
Una vez que llego al mostrador me atiende un robusto empleado con cara grave y media grotesca, como de dibujito animado, cara de gigante bonachón y su parecido al psicólogo y dramaturgo argentino el "Tato" Pavlovski, me hace acordar a la última materia de la facultad que cursé el cuatrimestre pasado Teoría y técnica de grupos, donde vimos su prácticas y diatríbas en el campo del trabajo grupal, sobre todo con el operativo terapéutico llamado "Multiplicación dramática". El empleado no sé como se llama, por que es el único que no tiene nombre en una chapita como todos los demás, pero me la juego a que es el hermano menor o primo lejano del querido Tato. No sé, cuestión que es macanudo y el único que saluda cordialmente con ese aire de bonachón tan característico de personajes para chicos como el pequeño Juan de Robin Hood o el oso Balú de El libro de la selva, de la novela homónima del escritor inglés R. Kipling."

Una simpática reflexión, traspuesta luego al mismo blog en cuestión, pero que entonces me ayudó para tomarme con cierta sorna lo ridículo de todo el asunto de trámites y colas en los bancos de Buenos Aires, que no es otra cosa que un sinfín de absurdos continuos, hechos apropósito para la exacerbación de la locura general que ya acarrea la gente en de su vida privada. Pero no todo son locuras y almizcle. También hay tiempo para la poesía y el amor.
Una semana exacta después me volví a ver con V, esta vez sin apuros y mas tranquilo, en su casa. Otra vez estábamos solos. No se donde se había metido la hermana, pero supuestamente estaba en lo de su novio. Los planetas parecían alinearse todos un poco mas que la vez anterior, y entre charlas y bostezos, surgió ver una peli nuevamente. Esta vez vimos una que tenía ella que no recuerdo bien el nombre. La noche era fresca, pero ya primaveral, nada que ver con el frío de la semana anterior. Luego de algunas charlas amenizadas, nos distendimos tomando una cerveza, y en un momento en que sentía una tensión fuerte dentro, y en medio de una charla, los dos parados, al lado de la mesa del living, sin mediar preámbulos ni nada, me avalancé sobre V sin ningún tapujo. Ella sorprendida recibió el abrazo y el beso en la boca. Así estuvimos, un minuto, medio incómodos, medio extrañados uno del otro, reconociendo un cuerpo que alguna vez habíamos entrelazado. Después ella me apartó y me llevó de la mano al sofá. Nos seguimos besando y de vez en cuando nos mirábamos y nos decíamos lo loco que resultaba todo. La cosa se fue poniendo mas candente y en un momento de torpeza mía le pregunté si tenía forros. Me miró como si hubiese dicho una desubicación y yo por dentro me sentí muy estúpido. Después, sin responderme nada, me agarró de la mano y me llevó a su cuarto. Sin prender la luz, me tiró sobre su cama y ella luego se posó encima mío. Nos seguimos besando y de a poco fuí reconociendo las partes de su cuerpo que hacía cuatro años no tocaba. Todo estaba igual de bien. Sus hermosas tetas, su cadera ancha y su increíble culo. La petisa me había vuelto loco años atrás y en dos segundos había encendido la llama de la pasión en mí de una forma inpensada. Muchas veces después de que habíamos cortado, recordaba algunos de nuestros encuentros íntimos juveniles con gran pasión y regocijo. Ahora todo estaba ahí de nuevo. Nos sacamos la ropa, ella me tocó ahí, yo me puse como loco, yo la toqué a ella. Los dos estábamos mas cancheros que cuando éramos mas jóvenes, sobre todo yo. Ella siempre había sido buena. Cuando quise acordar, ya estaba dentro suyo, disfrutando como antes. Ella arriba mío, en la posición que siempre nos había gustado mas a los dos. Todo seguía pareciéndome surreal, como si fuera a otra persona lo que le pasaba esto. La noche estaba calma afuera, había muy poca luz que llegaba del living y nosotros reviviendo viejas pasiones del tiempo. Me dijo que acabara, que estaba todo bien y yo entonces sin vacilar, me vacié entero en ella. Uno de los mejores polvos de mi vida, lejos.
Luego de eso, nos dormimos. Y de que manera. De la mejor. Contento. Feliz. Y un poco confundido por como se había dado todo. Hasta hace no mucho, ella era un recuerdo, por momentos dulce, por momentos amargo, pero ahora ella era todo realidad nuevamente. Nunca mas volví a sentir una sensación tan única como la de aquella noche en la casa de mi ex, que ahora dejaba de ser mi ex, para ser simplemente ella.
...
Al otro día me desperté despeinado, confundido, desnudo. Miré a mi alrededor y estaba en un departamento extraño para mi. Nunca había estado ahí. Abrazada a mi había una chica hermosamente desnuda, de pelo corto, chiquita, hermosos senos y paradisíaca cola. Algunos tatuajes aquí y allá en su cuerpo relajado. Entonces recordé todo. Nada había sido un sueño. Estaba ahí, ella estaba ahí. Estábamos los dos nuevamente. Y entonces sin tener sueño volví a cerrar los ojos y abrirlos. Si, todo era verdad. La besé en la mejilla y traté de seguir durmiendo. Afuera, el sol, los pajaritos, los ruidos de la calle y de la gente caminando en un sábado por la mañana pre primaveral, me hicieron acordar que a las diez de la mañana tenía taller de pintura, ahí por Almagro. Estaba lejos y no iba a llegar. No sabía que hacer. Ella se despertó y con un sonrisa me preguntó si quería un café. Claramente me quedé con ella.
 

martes, 26 de agosto de 2014

Cadete XV

Sobrevino un leve lapso de descontrol y reviente en mi vida. Salidas furtivas, escapes de fumado impulsivo a prostíbulos de barrio norte y otros desmanes con el alcohol. 
Una noche me junté con mi amigo "Haddock", (compañero de tantas aventuras de ruta), y nos tomamos varias cervezas y vinos, comimos unos chori en la costanera, y caminamos por San Telmo, callados, cada uno sumergido en sus propias miserias. Cuando la noche ya no daba para mi, y estamos en un nivel de borrachera, realmente colapsado, no tuve mejor idea que proponer comprar un chocolate, para así apaliar la ruda noche invernal porteña. 
-Cual te gusta a vos? 
-No sé, cualquiera, elegí vos... a mi me gustan de chocolate con frutilla.
-Me da uno de los Cadbury's esos? Si, si, el grande. 
Pagué y nos fuímos con nuestro nuevo tesoro bajando por Defensa. Ya nos habíamos fumado todos los fumables, bebido todos los bebibles y comido... bueno, faltaba el postre todavía. 
Nos manducamos el breve elixir chocolatoso, mas yo que él. Luego nos sentamos en la puerta de una casa y nos dedicamos a observar a la poca gente que pasaba. Todos inmiscuídos en sus propios asuntos leves. 
De pronto me empecé a sentir mal. Nauseas. Era el aviso. Me paré y lancé una vomitada violenta. Luego otra y luego otra. Cuando quise acordar Haddock estaba a mas de media cuadra de distancia, observandome desde lejos y como preguntándome por telepatía su estaba bien. Estaba bien, y entendí que hubiera tomado distancia. Con el olor expelido, hubiéramos sido dos y no uno, los fisuras vomitando en las viejas calles de San Telmo, lugar por lo demás, históricamente acostumbrado a todo tipo de fisura, desde los tiempos de la colonia hasta ahora. Cuando me sentí mejor, erupté y me tomé un taxi, Haddock se entretuvo charlando con un famoso croto del barrio y apenas notó mi ausencia teniendo en cuenta que su estado era casi tan calamitoso como el mío. 
Luego sobrevinieron unos días de calma chicha. Una noche salí con un viejo amigo de la infancia y me invitó a un centro cultural de Almagro. Me decía que me iba a hacer bien salir y despejarme. Que por ahí iba una amiga suya que acababa también de cortar con su novio y quizás me pudiera echar "una real cana al aire", apalabras textuales de mi amigo. A mi tanto no me apetecía dicha perspectiva. De hecho, prefería quedarme en mi casa viendo alguna peli o simplemente durmiendo. Justo me llamó mi prima para hacer algo. (No sé porqué tenía la extraña sensación de que mi estado daba un poco de lástima en mis coetaños). Le dije la opción de mi amigo y quedamos así. 
A todo esto, yo le había mandado un mail a mi primer novia, no primera primera, pero con la cual había tenido un breve romance allá por la primavera del 2005 que fué mi verdadero marcapiel (al decir spinetteano), de hecho conservo la herida de su dolor con la apendicitis sufrida un día después de nuestra ruptura. La cuestión es que me contestó y hablamos algunas veces por chat. Un día, antes de mi programa de radio, fui a visitarla a su departamento en Las cañitas y charlamos un rato, le conté de mi programa y la invité a escucharlo. Ella vivía con su hermana, que apenas había visto cuando habíamos salido, cuatro años antes, y me dijo que ahora se dedicaba a diseñar ropa. Nos preguntamos su salíamos con alguien y ambos parecimos concordar en que estábamos solos. Después nos despedimos y no pensé que mas nada fuera a pasar. Parecía que se habían sanado viejas heridas y simplemente estábamos haciendo las paces con nuestro pasado. 
Pero la noche que mi amigo me invitó a salir (para echarme una real cana al aire con su conocida), hable con V, (mi ex), nuevamente por chat y nos empezamos a reir y recordar viejas historias del curso de guion donde nos habíamos conocido. A los dos nos gustaba el cine y ella se acordaba bien. Me preguntó si hacía algo esa noche y yo no pude menos que decir que no. Entonces me invitó a ver una peli, yo me entusiasme ante dicha perspectiva y propuse toda una serie de películas que tenía en casa para ver, emocionado como un adolescente primaveral. Quedamos en que pasaría por su casa a las diez u once de la noche. Traté de patear lo mas tarde la reunión porque no podía no ir a lo de mi amigo, sin que este se ofendiera, teniendo en cuenta que es un leonino de ley como quien suscribe. Entonces, en una jugada arriesgada, decidí cumplir con ambos compromisos. Yo no tenía ganas de ir a la fiesta de mi amigo, pero tenía que encontrar la forma de zafarla sin que se enojara. Entonces, bien temprano, tomé rumbo para el centro cultural, ubicado en Av Belgrano y Colombres, a pocas cuadras de mi casa. Me empilche y emperifollé bien  y salí, no sin antes agarrar Scanners, película del siempre eterno y extraño amigo Cronenberg. 
Llegué antes que nadie y la ansiedad por irme era alta. No habían aparecido ni mi amigo ni mi prima y ya me había fumado medio atado de cigarrillos. Al fin llegaron, casi al unisono los dos, unos de cada esquina distinta. Entramos y para mi alegría, el lugar rebozaba hippismo y militancia. Todo un sueño. Rastas, ropas de colores, medias de lana y olor a pachuli, con la foto de Evita y el Che de fondo. Un lugar al que seguramente no iría ninguno de los dos. 
Compramos una cerveza y nos sentamos en una mesa a esperar. Estaban preparando la función. Entonces salieron unos pelilargos a tocar sambas y otras cuestiones telúricas, con muy poca gracia y onda, mientras algunas chicas de pelo en pierna hacían malavares y otras gracias. Me quería ir, pero mi amigo sin saber que me pasaba, trataba de darme ánimo diciendo que su amiga ya iba a llegar de un momento a otro. Sonreí, y por dentro buscaba la forma mas concreta de salir de ahí. Entonces se me ocurrió. Y dije que iba al baño. Todo el asunto me apenaba mas que nada por mi prima, que estaba ahí sentada, como siempre, callada e introspectiva. Pero supuestamente había invitado a una amiga, asi que tampoco es que la dejaría sola. Cuando volví del baño, su amiga había llegado, entonces sin mas preámbulo me jugué el todo por el todo y les lancé de forma lo mas verídica posible que me sentía mal, que estaba mal del estómago, descompuesto, etc y que me iba a casa. (El viejo truco mas antiguo y la mentira mas gastada de todos los tiempos). Pero no me importaba, puse mi mejor cara de dolor y traté de explicarme y disculparme con ellos, mientras me insistían con cara de consternación que me quedara. Pero insistí en que me sentía mal y me escapé. Alguien podría decirme que actué mal y que era mas fácil blanquear mi situación, pero ni yo mismo tenía muy en claro que es lo que iba a hacer. Asi que ante la mirada desconfiada de mi amigo, me alejé de ellos y salí al exterior, donde el aire en los pulmones me infundió nuevos ánimos. Sin perder mas el tiempo me dirigí a la casa de V, mirando por la ventana las calles mal iluminadas de una Buenos Aires indiferente. 
Lo que sobrevino después es difícil de entender y explicar. De hecho todo fue tan raro que el lector me echará en cara haber hecho tanto preámbulo innecesario. 
Cuando llegué a lo de V estaba muy nervioso, casi como si nunca hubiera estado solo con una chica en una casa. La hermana no estaba, pero la noche no era propicia, hacía frío y tenía miedo, como Cerati en Un misíl en mi placard. 
Charlamos un rato, de cosas, de la vida misma. Ella había escuchado el programa del domingo pasado, donde había homenajeado los 40 años de Woodstock. Entonces nos miramos, nos medimos, nos deseamos por momentos, pero entonces el miedo surgió otra vez en mi y le mostré la peli que había llevado para ver. La pusimos y nos sentamos en el sofá. A una distancia casi diplomática. Ni muy lejos ni tan cerca. Simplemente ahí, al lado. Al margen de la extraña peli, muchas veces me sentí interrogado por mi mismo en cuanto a que es lo que estaba haciendo ahí y si debería o no hacer algo, mover un dedo, acercar una mano. Pero primó la desconfianza y la inseguridad y no hice nada. Todavía no me sentía capaz. 
Entonces terminó la peli. Nos gustó y la comentamos un poco. Viejas charlas nuestras volvieron a aparecer y después de un momento de silencio tenso, tan intempestivamente como había llegado, decidí irme. Pensé que era lo mejor. No quería actuar por impulso. Ella no era cualquier otra. Ella había significado mucho para mi y me había costado tiempo borrarmela de la cabeza. Sin embargo ahí estaba de nuevo con ella. Todo era era surreal. Cuando le dije que me iba me miró con sorpresa, como esperando otro desenlace, pero no pude reaccionar a tiempo. Le dije que hablábamos y salí a la calle fría, siendo las 3 o 4 de la noche. Me tomé otro taxi y volví a mi casa. Todo el asunto de mi amigo y mi prima había quedado completamente olvidado para mi. Una vez en mi cuarto me hice una paja confusa, plagada de borrosos recuerdos y me dormí. La noche siguiente, a la madrugada me mandó un mensaje de texto que me paralizó el alma. Decía algo así como que estaba muy contenta de haberse encontrado nuevamente conmigo, que la pasó re bien la noche anterior y que todo le parecía muy loco. Yo le puse lo mismo y siendo las 6 am, con los pajaritos primaverales cantando le dije que la quería ver. Me preguntó "¿ahora? Si le dije. Pero la elocuencia taurina, primó por sobre la impulsividad leonina y le dejamos para otro día. Después de esa charla por mensajes de texto, no me pude dormir mas y albergué una extraña sensación dentro mío. Después de varios meses de dolor y sufrimiento, me sentía entusiasmado y contento de nuevo. 

sábado, 23 de agosto de 2014

Cadete XIV

Luego de todo ese rollo de la separación me sumí en una leve tristeza que no llegó a ser depresión, pero casi. A mi cumpleaños vino solo un amigo y mi prima. Ella me llamó y lloramos por teléfono. Después mi prima y Juan me acompañaron a la avenida Corrientes a comprarme un reproductor de dvd. Vimos una peli y luego se fueron. Me quedé solo en mi cuarto sin ganas de nada.
El lunes fuí a trabajar y le comenté a mis compañeros de trabajo que había cortado con A. Todos me comparecieron y me mandaron a laburar. Por la calles de Buenos Aires uno puede sentirse muy solo. Yo por mi parte no me privé llorar en los bondis a moco tendido o detenerme en plena 9 de julio a pensar en todo lo que había pasado, con cierto dejo de tristeza y pesar. Agarré un libro de mi hermano que tenía una dedicatoria de un amigo suyo que decía algo así como "Para leer en un momento de bajón. Feliz cumple. Hernán". El libro en cuestión era El almuerzo desnudo de Burroughs. Al principio no entendía nada. Luego, a medida que avanzaba en la lectura pasé de la incomprensión al estupor. La novela era realmente cruda y fuerte. Por momentos, mientras hacía trámites por el centro y viajaba en bondi de un lugar a otro de la ciudad, la narrativa del último escritor maldito americano me llenaba de tal nivel de impresión y aprensión, que me hacía olvidar mis penas. El libro era como una droga fuerte, como las que tomaba Burroughs, que me hacía perder noción de cualquier otra historia que hubiera a mi alrededor.
Luego de eso vino la tristeza nuevamente. En mi programa de radio hice un especial dedicado a las canciones de ruptura, y si bien por momentos se me hizo muy difícil hacer el programa, fue como una manera de exorcizar ciertos fantasmas que pululaban en mi cabeza. Sin embargo mi contacto con A no terminó tan abruptamente como hubiera deseado. Nos hablabamos por teléfono y a veces lloraba yo, a veces lloraba ella. A veces yo le pedía de volver y otras ella me decía que me extrañaba. Pero era imposible todo reencuentro."Nos va a hacer mal a los dos" me decía ella, y tenía razón.
Me inscribí en un taller de escritura en el Rojas y en otro de pintura por mi barrio. Sentía la necesidad de sublimar mi dolor por medio del arte. Todo me ayudaba de a poco a salir del pozo depresivo. Hasta la lectura del El hombre en busca de sentido de Frankl, donde el psicólogo hablaba de su experiencia en los campos de concentración, era una especie de escape para mi, ya que todo el dolor y el horror humanos, escondido en libros como ese o el de Burroughs, me daban la fuerza para entender que yo solo había sido dejado por una novia. Que eso le pasaba a todo el mundo, que me podía volver a pasar y que no era nada comparado con el horror, ese horror al que hacía referencia el coronel Kurtz de Conrad/Brando.
Un día llegué al psicólogo tan vapuleado por mi dolor que le pedí a grito pelado que me ayudara, que me iba suicidar sino. Él se quedó helado y luego me ofreció un vaso con agua. No encontraba dirección ni salida para mi sufrimiento.
Un día, hablando por teléfono con ella, me dijo que hablando de mi con una amiga suya, le había dicho que mi actitud rastrera era de alguien sin dignidad. ¿Dignidad? ¿De que me estaba hablando? ¿Dignidad por querer recuperar el amor perdido? No existe eso llamado dignidad cuando uno ama. La dignidad es solo una palabra estúpida que poco tiene que ver en cuestiones del amor, le dije y le corté. Me enojé mucho y volví a escribir poesía. Esa poesía brutal que me sale cuando estoy enojado con alguien. Entonces me salieron muchas cosas de descargo, desde la ira y el dolor, pero quizás la esquirla mas bella de aquel dolor que me había acarreado esa separación , sea la que transmití en el siguiente poema, donde evidenciaba cierta esperanza por un reencuentro a la vez que me abría a un posible nuevo amor, o quizás no tan nuevo...

"Un mes sin ella, un mes con ella, y otra vez un mes sin ella.
Luego los meses se van superponiendo como en una danza maquiavélica hacia la muerte.
La etérea no está mas, se fué, se la llevó el viento. Las lágrimas corren por la mejillas de él como dibujando sombras.
El destino recupera lo perdido en algún momento de la vida y vuelve a unir lo que parecía imposible reencontrarse.
Las almas en pena destellan en nueva y alborozada alegría del momento espléndido que vive nuevamente el ser.
Sin pensarlo demasiado se dejan llevar por un nuevo y renovado mar de lágrimas barnizadas con miel, azúcar y un poco de pimienta.
Las uniones letales suelen llevar tiempo oxidarse y corroerse, pero el momento es ahora y nunca. Como bien él sabe, y como dijo el poeta, le toqué un muslo y la muerte le sonrió. Entonces ya no queda mas lugar para las palabras. Sólo espacio para el devenir."

Lo que todavía no sabía era que el amor me esperaba a la vuelta de la esquina. El amor recuperado, el amor alguna vez perdido, pero no de A y su estúpido egoísmo banal y superficial, sino el amor de mi primer amor, que venía a rescatarme de las mismas fauces del averno. Aquel amor que había perdido cuando empezó, el amor que yo siempre entendí, había sido mi verdadero amor y que haría de ese 2009, que perfilaba como el peor año de mi vida, como uno de los que guardaría algunos de los mas bellos recuerdos de mi vida. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Cadete XIII

-Bueno, me parece que deberíamos dejarlo acá...
Esperé a ver como reaccionaba, pero estaba inmutable. Seria pero tranquila. Como si supiera que esa era la solución a todos los problemas que yo le había acarreado.
-Y si. Me dijo y ahí mismo se me estrujó el corazón. Pensé que iba a funcionar, pero no. Todo seguía yendo hacia un final determinado.
-Quizás debería buscarme una chica mas de mi edad. O empezar a salir con pendejas.
Ella rió y dijo que estaría bueno. Yo sonreí con ella pero por dentro moría.
Esa noche dormimos juntos. Iba a ser nuestra última noche juntos. Hicimos el amor antes de dormir como si apenas nos conociéramos. Yo la sentí con todo mi ser. Disfruté hasta la última parte de todo su cuerpo. Fue hermoso y triste. Mientras acababa lloraba. Luego nos dormimos.
Tuve una serie de pesadillas horribles y cuando me levanté hice lo peor. Tendría que haberme ido dignamente de su casa, en lo posible sin que me oiga, casi a tientas, y así evitar toda una serie de despedidas forzadas y dolorosas. Pero no, la desperté y llorando como nenito le pedí por favor que no cortáramos, que me iba a serenar, que haría lo quisiera y le prometí lo indecible, rebajando todo mi ser ante la sola idea de perderla. Y de todos modos la perdí. Me podría haber ahorrado la agonía de perpetuar con esa historia un mes mas. Probablemente el peor mes de mi vida. Me mandé mil cagadas en el trabajo, Leandro Díaz casi me despide por olvidarme los sueldos de los vendedores de zona norte en la oficina, los vendedores casi me comen crudo cuando llegué hasta ellos con las manos vacías. Yo los entendía, hubiera obrado igual que ellos... o peor. Pero nada podía hacer, vivía en una especie de letargo en todo lo que no fuera mi intento de salvataje de la relación con A. Sin embargo las cartas estaban echadas desde hacía rato. Yo hice de todo para retenerla, re enamorarla, regalos, flores, ropa, salidas al cine y a comer, hasta promesas tontas como terminar la carrera de psicología en un par de años, si me daba la chance de demostrarlo, o cambiar mi laburo por algo mejor pago. Busqué trabajo en Metrovías y mi psicólogo me reprendió de tal manera (con todo el respeto que merecen los trabajadores de subte) diciendome que estaba perdiendo de eje mi ser, rebajandome como una mierda para algo que ya no valía la pena. Bueno, no me lo dijo así, pero yo lo reinterpreté así después de un tiempo.
Para mala fortuna me puse a leer Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes y me pegó como el culo, ya que se la pasaba hablando del Werther de Goethe. Ese pobre diablo que se suicida por un amor no correspondido, al modo romanticista, al modo trágico, como les gusta a los griegos y a los darkies. Y yo me sentí así a lo largo de todo un mes. Arrastrándome a sus pies ante su indiferencia y su amor en cuotas. Mis celos ya rozaban la locura y lo inverosímil. Sentía que toda esa locura manaba de mi cabeza y que me estaba enfermando la salud, el cuerpo, la mente y el alma.
Por suerte todo terminó al cabo de un mes de que ella volvió de su Euro viaje censurado. Ante un ataque indiscriminado de celos nuevamente, me cortó en seco. Esa vez lloré, patalié, hasta me dieron convulsiones. Ella se asustó y me perdonó la vida una vez mas. Sin embargo a la semana siguiente todo se desencadenó de forma simple y hasta absurda, teniendo en cuenta como me venía tomando todo el asunto de manera de dramática.
Viernes tarde. Una semana antes de mi cumpleaños número 26. Llegó del trabajo a mi casa. Estoy con el ánimo por el piso. Tengo que ir a lo de A. Siento que no debo ir, pero a la vez no puedo no ir. Llego al depto, abro la puerta, entro, la voy a saludar y me da un beso en la mejilla. Le pregunto que le pasa, pero no me dice. Me voy a la pieza y con tristeza pongo la tele sin pensar en nada. Viene ella y me dice si quiero "milanesitas", claro le digo, sonrió pero luego se me pianta un lagrimón. Ella se pone seria. No aguanto mas esto me dice. Esto no va mas. En ese instante dejo de lagrimear, me seco la cara, me levanto y con el poco amor propio que me queda le digo, ok, listo, ya fue. Agarro todas mis cosas que puedo cargar, ropa, discos, dvd's (me olvido de forma imperdonable el dvd de los videos de Bowie), libros, etc y me despido casi como si me hubiera ido de un banco luego de hacer un trámite. Gracias por todo y si te he visto no me acuerdo. Ella se queda sorprendida ante el cambio de mi actitud, pero por suerte no cambia de opinión ni me retiene. La saludo en la mejilla y con tres o cuatro bolsas llenas de cosas salgo a la calle.
Paro un taxi, me subo, le doy la indicación de mi casa. Viajo serio. Llego. Le digo a mi viaje que todo terminó para siempre con A. Me pregunta si ya comí. Le miento y le digo que si. Me meto en mi pieza y me duermo. Al otro día ya sabemos que sucede.

martes, 19 de agosto de 2014

Cadete XII

Los tiempos oscuros se abatían sobre mi aletargado ser. Estaba anímicamente aniquilado. No tenía nadie en quien confiar.
"¿Mis amigos donde estan? Hoy no vienen hacia mi ¿y por que?" cantaba Javier Martinez de Manal en el existencialista Todo el día me pregunto, y yo me preguntaba un montón de cosas todos los santos días de aquel período.
Yo sentía que mi psicólogo me confundía mas en vez de ayudarme. Yo estaba realmente en un estado de incomprensible animosidad, paranoia y confusión. Me refugié en lo peor que uno puede refugiarse en estos casos. El uso y abuso de cannabis del tipo fumable. Exacerbando todo tipo de síntomas, fumar porro fue la peor decisión en ese período bravo de mi vida.
Finalmente llegó el día de la partida de A. Fuímos ella, yo y sus padres a despedirla a Ezeiza. Ella me había dejado las llaves de su casa (la peor idea). En el remis de ida, era el atardecer, vi como una especie de haz de luz que bajaba proyectado una nube roja desde el cielo a la tierra. Como una especie de meteorito salvaje. Solo atiné a decir que parecía un avión cayendo. Todos reprobaron mi comentario poco feliz, pero creo que en el fondo deseaba que el avión de A cayera antes de llevarla a su destino en vistas de una posible aventura amorosa en el viejo continente. Al menos eso paniqueaba yo con mis mil revoluciones en mi cabeza.
Yo nunca había ido a Ezeiza. Me parecía todo horrible y de pesadilla. El día, el lugar, la situación. Algo se escapaba de mis manos y no sabía como detenerlo. Mejor dicho, sentía que ella se escapaba de mi, y no sabía como retenerla. Cuando nos despedimos nos dimos un pico medio lastimero. No parecía muy triste de irse y dejarme con una lágrima pendiente del parpado. Lo peor es la vuelta. Volví en silencio en el remis con los padres. A veces la madre me contaba de cuando ella viajó a Europa a principios de los 70s. Aquellos eran tiempos. Solo que si yo hubiera ido en su lugar, hubiera ido a ver a Zeppelin, no a trabajar ni estudiar.
Una vez en mi casa me sentí mejor. Siempre me siento un poco mejor cuando una situación dolorosa me atormenta y llego a casa.
Sin embargo al otro día fui a laburar y así empezó una lenta agonía. Comenzaba así una eterna cadena de mails respondidos y sin responder. "Llegué bien" "Estoy bien" "El clima está hermoso" "Me ví con mi amigo", "Ahora estoy en Lisboa" "Madrid" "Barcelona" "Praga" "Berlin", etc, etc.
Yo acá asentía y fumaba, fumaba y fumaba. Como a penas puedo recordar el orden de los sucesos acaecidos, voy a resumir y acortar diciendo que básicamente los problemas empezaron cuando ella llegó a Londres, donde pensaba pasar una semana, ir al festival de Glastonbury y verse con ese homosexual inglés de mierda de Neil. Todo mi patriotismo afloró en la peor de sus versiones y tuve ganas de tomarme el primer avión y partirle bien la cara a ese gringo de porquería.
Para colmo de males, encontré unas fotos de ella en su computadora, donde se sacaba fotos desnudas y sacando trompita. Me volví loco. Me imaginé que eran para mandarselas al imbécil pobre diablo ese de Neil. Le escribí pidiendo explicaciones. Me llamó, me dio una explicación extraña, pero no había caso. Me puse a llorar y berrinchear como un nenito. Luego me serené y me calmé un poco. Ella me juró y perjuró que era una tontería, etc. Le creí en principio pero no entré mas a su compu.
Luego un día vino un amigo que estaba mal por otras cuestiones y nos quedamos fumando porro y escuchando Pink Floyd un buen rato. Luego vinieron otros dos y vimos una peli de Wes Anderson y luego otro día, solo, me vi More, la peli de Schroeder con música de Floyd, donde un flaco se enamora de una junkie y tienen una relación turbulenta en la isla Ibiza, donde él drogadicto y ahora carcomido por los celos termina muriendo de sobredosis ante la indolencia de ella (que seguro era escorpiana).
Cuando empezó el Glastonbury, murió Michael Jackson e intenté llamarla, mandarle mensajes de textos, para contarle la noticia pero no había caso. No me respondía. No quería o no podía. Ya poco importa. Solo se que yo acá era una bola de nervios y paranoia de la peor calaña. Si hubiera aprendido a serenarme y a tener una actitud mas nihilista de no importa ya nada, no la hubiese pasado tan mal al pedo, mas sabiendo que ya estaba todo perdido.
Como conté antes, el uso indiscriminado de maconia en este caso, fue perjudicial para mi psique. Me pegaba de la peor manera exacerbando mis síntomas paranoides y activando mi locura de la peor manera.
Escuchaba el disco Ten de Pearl jam y lloraba de nervios e impotencia imaginando lo que ella estaría haciendo allá, miraba para el balcón, pensaba en tirarme y terminar con la agonía de una vez. Pensaba después en la consecuencias. No podía ser tan egoísta. Les amargaría la vida a mi viejos, a mi hermano y a alguna que otra persona. O quizás no, de todos modos me parecía extremadamente egocéntrico de mi parte suicidarme. Nunca se me ocurrió pensar que en realidad nada de eso tenía sentido. Le estaba dando demasiada importancia a una situación de fácil manejo. Demasiado melodramatismo. Nada era en tan terrible. (Muchos años después me enteraría que tengo la luna en Escorpio).
Cuestión. Me iba por la noches a caminar, cuando volvía de cadetear, y me sentaba en la oscuridad del Parque Rivadavia a llorar a moco tendido como un loco perdido. Un loco de corazón roto.
Ella me llamó, estaba preocupada por mi sanidad mental decía. Trató como pudo de darme calma y seguridad pero yo estaba enceguecido. Quería cortar, ella me pedía que esperara a que volviera. Hice de todo para que generarle culpa. Una culpa quizás irreal o no, pero quería dañarla lo mas posible. Para que le pesara un poco al menos haberse ido y dejarme como un muñeco de trapo abandonado que ya no le divierte ni le hace gracia.
El tiempo restante traté de calmarme y esperé como pude a que pasara un mes y ella volviera.
Cuando finalmente llegó el momento, me di cuenta que estaba todo mal. Antes de ir a buscarla me fumé un porro y me activé lo peor de mi otra vez. Llegué a lo de los padres y había un clima de nervios y mala onda impresionante. La madre se cayó del remis antes de terminar de subir y el remisero arrancó despiadadamente dejando jirones de la madre de A por el suelo de Caballito. Fue todo muy rápido y confuso. Yo estaba re loco y no entendía nada. Solo sabía que todo estaba saliendo mal. Todo era feo y horrible y en mi cabeza sonaba el tema Black de Pearl jam todo el tiempo y no podía detenerlo, era como un mar de pensamientos oscuros que me llevaban a un final incierto y doloroso de donde no había escapatoria. Cuando llegamos esperamos, esperamos y esperamos y el avión no llegaba. Finalmente apareció A con sus valijas, entre gente cansada y contenta, pero ella con cara de culo y me besó en la mejilla. Chau, pensé, todo terminó.

jueves, 14 de agosto de 2014

Cadete XI

Un mes antes de la partida de A hacia Europa, la cosa se empezó a pudrir cada vez de forma mas acelerada entre nosotros. Yo ya casi no iba a la facultad y ella no me decía nada, pero lo notaba en su cara, sabía que estaba dejando la carrera y sabía que la relación no funcionaba mas para ella. Si, ella lo sabía, estaba mentalizándose de a poco, pero yo todavía estaba muy metido en mi mismo para entender nada de lo que ocurría a mi alrededor. 
Un detonante. Una noche me pide mi celular para escribir un mensaje porque no tenía crédito o algo así. Se lo doy tranquilo y cuando entra a bandeja de entrada lee uno de Mercedes, una amiga mía que siempre amé en silencio pero que eso no tenía porque saberlo, que decía que me esperaba por su casa al día siguiente. Solíamos juntarnos ya que es vecina de mi barrio, a tomar mate, hablar y escuchar Spinetta, cosas que con A no podía hacer mucho. Me preguntó con cara de culo que significaba ese mensaje. Yo como un tarado no supe responder. Me obnubilé y me quede callado sin saber que decir y que no sonara como un ocultamiento. Esbocé alguna explicación pero me puse tan nervioso que me pise la cola sin motivo. La cosa quedó ahí, pero al poco tiempo empezaron los mensajes de texto a su celular que llegaban en horas disparatadas de la noche. Ella me contó que era "Neil", un amigo inglés de alguno de sus viajes anteriores a Inglaterra que le escribía preguntandole cuando iba a llegar, etc. Me empecé a molestar. 
Un día agarro su celular con la misma actitud atrevida que ella con el mío y leo uno de este tal "Neil" que decía en un pésimo castellano "¿como anda hermosa?". Me dieron ganas de vomitar. Ahora entendía todo. Ella malinterpretó mi mensaje y ahora se vengaba con ese infeliz con el que estaría próximamente, a kilometros de distancia y con la mas absoluta impunidad. Quizás todo venía de antes, difícil saberlo, la cuestión es que yo entonces empecé a entrar en una escalada de paranoia imposible de parar y que tardaría meses en irse. Mi peor ataque de celos se había activado y mi psicólogo me diría luego que rozó lo patológico. Palabras fuertes que se quedarían grabadas por siempre en mi memoria. 

Por otro lado el laburo empezó a convertirse en una molestia donde interfería en mi preocupación central que era mi relación con A. Nada del otro mundo, pero ya estaba cansado de ser el "che pibe" de todos. Que venniera cualquier salame, desde el dueño con su "mostro" insoportable hasta el mas novato vendedor, dándome ordenes y diciéndome que hacer y que llevar, etc. Empezaba a estar realmente podrido del trabajo. Mientras veía como mi relación mas duradera hasta el momento se iba por el inodoro y yo cada vez empeorando mas la situación. 
Un punto límite, pero sin Keanu Reeves de por medio, fue una discusión que tuve con ella en la que se puso testaruda respecto a algo. Creo que se quería ver con unos amigos antes de viajar, justo un día que nos íbamos a ver nosotros y ella priorizaba a sus amistades con la argucia de que a mi me veía siempre. Eso yo lo tomaba como un desprecio horrible hacia mi persona, pero sobre todo como una falta de amor y desdén. 
Entonces me enojé, ante una conversación que se perfilaba de sordos, donde ninguno de los dos quería ceder, y entonces agarré una silla, la levanté por los aires y la tiré contra el piso con toda mi fuerza. El estruendo me asustó a mi mismo. Ella se quedó pálida. Yo no terminaba de entender bien que es lo que acababa de hacer, pero en ese momento tuve miedo. Miedo de mi mismo. Miedo de entender que yo estaba realmente mal y no sabía que hacer. 

lunes, 11 de agosto de 2014

Cadete X

Lo que mas me gustaba de ser cadete era cierto nivel de libertad que ostentaba cada vez que mi "ruta de viaje" diaria ya era trazada y podía salir a la calle. Muchas veces estaba corto de tiempo y tenía que ir a las corridas de un lado a otro, pero en otras ocasiones podía disponer mejor de mis tiempos y me daba el lujo de desayunar como corresponde o almorzar en algún restorán medio bacán. Además también estaban las disquerías del centro y no faltaron ocasiones de comprarme películas, libros o discos. Eso me hacía un poco mas feliz. No estar supeditado a la supervisión general a la que uno es víctima en las oficinas me daba un changuí para poder hacer las cosas a mi modo.
Por ese entonces empecé a fumar y eso fue un detonante mas en mi deteriorada relación con A. Me descubrió un paquete de cigarrillos en mi morral una mañana que me iba a trabajar, cuando quiso ponerme una vianda y no tuve mejor idea que decirle que no eran míos sino de un compañero de trabajo. Obviamente no me lo creyó. Nadie lo hubiera creído. Se puso a llorar. Me dijo que me eligió en parte porque no fumaba... (?) y yo no supe que responder, me pareció un aspecto mas de la superficialidad de su persona.
Salir a la calle implicaba para mi abstraerme un poco de todo lo que me rodeaba y que empezara un sinfín de canciones en mi reproductor de mp3. Ir caminando o viajando por Buenos Aires al ritmo de los Beatles o Spinetta era un verdadero aliciente para paliar el tedio y la rutina laboral que ya me embargaban hace rato.
Al margen de todo eso, yo ya me había acostumbrado al trabajo. Prefería hacer eso a estar en la oficina hasta las seis de la tarde como el resto de mis compañeros.
La contadora me llamaba por teléfono a veces para apurarme o chicanearme respecto a que andaba haciendo. Le respondía por le general tranquilamente... "Lo que vos me pediste que haga..."
Sin embargo muchas veces la calle era un arma de doble filo. Si bien podía escapar del ambiente claustrofóbico de la oficina, afuera me esperaba muchas veces un ambiente hostil de enojo y malestar. Las personas que andan por el centro o transporte público de Buenos Aires andan siempre enojados con la vida y no me faltaron secuencias de peleas.
Una vez iba cruzando Av Córdoba y Rodriguez Peña y un tachero casi me atropella al doblar violentamente por Córdoba. Lo puteo de arriba abajo y el tipo detiene el auto y se baja. En ese momento perdí conciencia de mi y me fuí corriendo hacia él revoleando el brazo y amenazandolo con cagarlo a piñas. No me importaba nada y estaba dispuesto a romperle la cara. Un transeúnte con actitud mas zen me detuvo e intercedió en la disputa. Al final tachero y cadete seguimos cada uno por su lado y con su malestar y frustraciones a cuestas.
"Cada uno es su propio delator, su propio infierno individual" cantaba Cerati.

viernes, 8 de agosto de 2014

Cadete XIX

Santiago Elías Carminski... Lindo nombre.
Gracias.
Muy bíblico. Es como que tus padres quisieron quedar bien con el viejo y con el nuevo testamento.
La miré extrañado. Que comentario mas random que me hacía esta mina. Estaba haciendo un trámite en centro y ya ni sabía que hacía ni donde estaba. Me mojó la oreja un poco mas y luego me fuí rápido hacia el calor fétido de la Buenos Aires veraniega.
En la oficina Ferchu y Pocho me llamaban simplemente Carminski o "Minska", aunque a veces podían mecharlo con un Santi o un mas estrambótico aún "Chantoisa", siendo muchas veces una referencia hacía mi decir "Fue la Chantoisa o lo tenía que hacer la Chantoisa" haciendo clara alusión hacia mi persona.
Aquellos fueron buenos tiempos en líneas generales. Trabajaba seis horas, ganaba lo suficiente para darme los pequeños gustos burgueses que hacían a mi persona por aquel tiempo. Películas, cds, algo de ropa y salida violenta, cuando pintaba salida violenta.
Por aquel entonces estaba por venir Peter Gabriel y me pasé escuchando todos sus discos hasta que fuera el día del fatal encuentro en el estadio Vélez amargo Sarfield. A mi novia no le gustaba ni jota y contrarestaba el ataque con mucho Radiohead, que estaba por venir a la Argentina por primera vez... Fue un momento divertido donde todo se confundía y se mezclada en una obsoleta y aturdida bola de sonido. Del mejor sonido, pero que no dejaba de ser una bola al fin. Bola que bola sin bola, bola...
Se acercaba el momento crítico de mi relación con A, si lo sobrevolábamos, quizás íbamos a poder formar algo a futuro mas prolongado y con proyección, pero todo estaba por desmoronarse y yo lo veía venir, y entonces empecé a actuar en consecuencia, sin darme cuenta que embarraba todo cada día un poco mas.