domingo, 20 de septiembre de 2026

Los Argentinos y la Muerte



A veces pienso que los argentinos (léase del gentilicio de nacido en Argentina) somos un pueblo que tiene una relación conflictiva con la muerte, y sobre todo con la muerte de nuestros grandes referentes. Paso a explicarme: 

                                  Por supuesto que en todo el mundo la relación con la muerte es compleja porque es términos generales es algo inherente al ser humano. El miedo al final del juego, al Game over que todos tendremos que enfrentar, tarde o temprano. Cada cultura tendrá su propia forma de encararlo y cada familia y persona, a su vez también. Claro que esto es una generalización, pero está claro que, hasta donde sabemos, somos los únicos animales de este planeta que son conscientes de su finitud. Y está claro que es algo que nos angustia como especie, desde tiempos inmemoriales. Baste mencionar la obra escrita conocida más antigua de la humanidad y de la que se tenga registro (El Gilgamesh), para darnos cuenta que el tema de la muerte, del miedo que nos genera, es algo que hace tiempo venimos procesando. Por decirlo de alguna manera. 

Si pensamos en muertes recientes, se me viene la que le sobrevino a Chiche Gelblung, el negro Rada, o Miguel Avila, librero anticuario al cual tuve el agrado de conocer y trabajar con él durante 5 años. "Nunca pensé que yo también era finito" me confesó en una de nuestras últimas conversaciones, cuando ya estaba muy enfermo y sentía que podía llegarle (también a él) su final. Claro que hay personas más amigadas con la idea de la muerte y otras que tratan deurante toda una vida de no pensar en eso, como si fuera una forma de evitarla. Pero sea que seamos conscientes o que nos hagamos bien los boludos, la muerte nos llega a todos, podrás vivir muy poquito o ciento y monedas, pero al final, te vas. Y ese final, esa desaparición física del otro siempre nos deja con un sentimiento de amargura. Más allá del vínculo, porque si o si, te hace pensar que un día te va a tocar a vos. Y por lo general, no te vas a querer ir. Pero pienso que están los casos de los grandes personajes que nos afectan de una manera difícil de explicar y quiero pensar por qué.

La muerte del otro es el espejo más fiel y terrible que nos confronta siempre con nuestra propia extinción personal. La muerte de los seres queridos y cercanos nos destruye por el vínculo, pero la muerte de grandes personajes, aunque nunca nos hayamos cruzado con ellos, también. Pero quizás lo hace desde otro punto de vista.  Y volviendo al caso de Argentina, pienso que nosotros somos unos grandes sufridores de tragedias nacionales. Duelos que nunca quedan elaborados en nuestro inconsciente colectivo "nacional" (si Jung me permite esta disgresión) porque hubieron muertes que nos aplastaron psíquica y moralmente, pero a un nivel macro del cual casi nadie nunca habló (creo yo). 

Hay muchas muertes que se me vienen a la cabeza y que generaron diversas reacciones en nuestro querido pueblo. Desde expresiones de duro pesar hasta un adiós casi al pasar. Con este último caso pienso en Manuel Belgrano, fallecido en 1820 al que casi nadie fué a despedir y para ser uno de los padres de nuestra patria, es por lo menos llamativo. Entiendo que hay un contexto a tener en cuenta pero creo que a partir de ahí, de esa muerte que pasó casi desapercibida hubieron otras que comenzaron un largo crescendo que llega a nuestros días. 

Pienso en la muerte de Encarnación Ezcurra en 1838, la mujer de Rosas y un duelo que por cariño u obligación comenzó a marcar la agenda de las muertes subsiguientes y sobre todo de los grandes funerales. 

Después, la muerte de alguien como Carlos Gardel, ídolo popular a nivel local e internacional, acaecida en 1935. Esa muerte causó un gran impacto y cuando el feretro retornó a Buenos Aires, un año después del accidente, la peregrinación fué inédita para un artista popular. 

Y después, que hablar de Eva Perón... su repentina muerte en 1952 a los treintaitrés años de edad (la edad de Cristo, Alejandro Magno, etc) y pienso, sin temor a equivocarme, que fue la muerte más trágica que hemos tenido que soportar en esta jóven nación. Claro que hubo otras también, como la del propio Perón, Néstor Kirchner, Luis Alberto Spinetta, Diego Armando Maradona (por mecionar algunos que en lo personal me hicieron de goma) y creo que casi todas fueron preludio de tragedia para la Argentina. Algo de todas esa muertes nos robó algo de nuestra identidad, no hizo sentir más solos que nunca e hizo que el campo que ocupaban, no sólo no fuera ocupado por nadie, sino que hizo resaltar la gran mediocridad que es la general en todo pueblo. Grandes GRANDES sólo hay unos pocos, el resto hacemos lo que podemos. Y está bien, pero a nosotros los argentinos, nos cuesta elaborar esas pérdidas, porque las vivimos (como todo) de una manera muy pasional, MUY. Y pensamos que luego que aquellos grandes personajes nos abandonan, lo que nos resta es la más abyecta y absoluta ignominia. Somos seres muy endebles en nuestro fuero interno y pensamos que nos merecemos lo peor. Casi siempre estamos con ese chip en la cabeza, pensando en que somos lo peor. Entre nosotros nos decimos eso, en tereapia lo decimos, y si no lo decimos lo pensamos y actuamos en consecuencia. Vivimos en el culo del mundo, a nadie le importamos, etc, etc. Pero si viene un random cualquiera de afuera y nos moja la oreja sacamos el pecho y lo mandamos a pasear con absoluta y desmedida arrogancia. Pero luego, que? Volvemos a decirnos que somos un país inviable y uno es lo que dice que es, porque actua en consecuencia. 

Hasta que aparecen esos grandes personajes, esos Perón y Evita, esos Néstor y Spinetta, o Mercedes Sosa, Borges y Cortázares, Carlos Gardel, Favaloro´s, Fangios, Maradonas, Indios,  y un larguísimo etcétera. Y entonces? Entonces nos damos cuenta que sí podemos, que se puede ser (no sólo una gran nación) sino de las mejores. Y eso, nos da miedo. Porque le tenemos un poco de miedo a tomarnos las cosas demasiado en serio. A ser líderes mundiales, por que sabemos que podemos. Pero luego nos azota la tragedia, porque se muere aquel líder que nos unía (al menos a la mayoría) y pensamos, pucha que cagada... ahora no vamos a poder, porque era ELLA, era ÉL... ellos eran los grosos, y nosotros acompañábamos nomás. Pero ese es el gran error nuestro, porque ELLOS salieron de entre nosotros, y si salieron una, dos, tres y tantas veces siguen saliendo... como después de Maradona, tuvimos un Messi, entonces también podemos tener otro Perón o Evita, no ellos en sí, ni mejores ni peores, otros pero que dejen huella. Entonces pienso que deberíamos empezar a reelaborar nuestras pérdidas de una manera más sana, menos trágica, amigarnos con la idea de la finitud porque es inevitable. Entonces vivir en función de ese saber. Porque ahí consiste la batalla contra la huesuda, no en engañarla o evitarla, sino como decía Castaneda tenerla a tu lado, sabiendo siempre que MEMENTO MORI inevitablemente...  

Y creo que quizás sea una cuestión de nuestra herencia cultural católica y occidental, que vemos a la muerte de una forma tan terrible y trágica. Cuando murió Evita, la gente no paró de llorar durante quince días y durante quince días la fueron a ver millones de personas desde todo el país. Ojo, que no se me mal interprete, creo que esa fue una de las mayores muestras de amor y cariño de un pueblo a una figura política. Pero creo que hay algo muy freudiano en todo el asunto. Como si Evita fuera nuestra madre y Perón nuestro padre (y algo de eso había) y sigue habiendo siempre que algún personaje de este tipo de dimensión pasa a la inmortalidad. Pero creo que cuando pasa algo así nos deja con la sensación de horfandad, y creo que no está bueno que un pueblo se sienta huérfano, porque eso hace que cometa tonterías como golpear la puerta de los cuarteles o votar candidatos esquizofrénicos como el actual presidente. Por eso pienso que deberíamos, como nación, sanar nuestras antiguas heridas. Tratar y aprender a reelaborar los duelos de una forma más sana y efectiva para no sentir ese vacío y desolación que nos dejan nuestros grandes personajes. Porque depositamos todo en ellos, pero así como nuestros padres no van a estar siempre, tampoco aquellos personajes históricos. Entonces, para que no se vuelvan a aprovechar del dolor que nuestro querido pueblo siente por sus seres queridos, es importante poner fin y seguir adelante. 

No hay comentarios: