domingo, 10 de diciembre de 2023

Temporada de birras (14)

Desde que se habían revinculado, Male y Nico comenzaron una nueva etapa de idilio. Habiendo sanado (o intentado) las heridas del pasado, ambos se reformularon en un nuevo pacto amoroso donde cada uno quería mostrar que era mejor que antes. De alguna forma la pareja parecía demostrar cierta mejoría; por un lado Nico trataba de mostrarse más tranquilo y menos celoso, y Male intentaba convencer a Nico que ya casi no bebía y que se encontraba en una nueva etapa de búsqueda espiritual. Poniendo canciones estilo mantra de mujeres chamanas y mostrando un costado más dulce hacia Nicolás. Él estaba contento, de alguna manera se sentía perdonado y eso le daba cierta paz interior que no estaba pudiendo conseguir por los medios habituales de la autorealización y la introspección. La culpa era tan fuerte que en esos meses no había hecho más que sentirse una porquería que merecía morir y luego sentir la necesidad imperiosa de ser redimido. Al darle Male una segunda oportunidad Nico se juró nunca más perder el control en una situación tensa. Ahora ambos se sentían unidos, juntos, afianzados y sobre todo compañeros necesarios ante unas elecciones generales que parecían vaticinar el regreso de la derecha al país. A pocos días de su revinculación, Nico y Male se desayunaron (como tantos otros argentinos de bien) de la victoria del ingeniero Macri, algo tan inverosímil como pesadillesco. Sin embargo, más allá del impacto inicial de una noticia tan desoladora, ambos se sintieron al meos acompañados ante el horror. Quizás, en ese momento no lo sabían, pero su relación quedaría signada por ese período en que la derecha volvía al poder. De alguna manera, ese lema "abrazame hasta que vuelva Cristina", les marcaría a fuego la relación por venir.

Ahora las cosas se presentaban oscuras, con un futuro desolador que prometía aumento de tarifas, de inflación y de pobreza. Pero Nico no se iba a dejar amilanar tan fácil y buscaría refugio en las cosas que le hacían bien, por al menos lo que durara ese mandato del mal. Y fundamental, si podía pasarlo acompañado de su amor, de su compañera, sentía que podría hacerle frente a lo que fuera.

Pero como ambos eran un poco hijos menores, conflictivos y caprichosos, no dejaban de chocar por pelotudeces que para cualquier persona ajena les parecía de un grado absurdo de inmadurez. Una de esas noches post-regreso, Male se sentía romántica e insistía en poner canciones alusivas. Nico dejó que pusiera lo que quisiera, bien sabía del error que era contradecirla. Pero luego de que ella pusiera hasta el hartazgo The air that i breathe de The Hollies, Nico cometió el sacrilegio de poner un tema alusivo también y puso Our house de Crosby, Still & Nash. Male se enojó y le dijo de todo, que era re obvio y evidente entre otras cosas con su elección musical. Nico se tomó aquella crítica un poco injusta como un ataque personal hacia aquel tema que a él le gustaba y otra vez la discusión de que parecía que sólo ella podía poner canciones con una intención, él no porque ella lo tomaba como una competencia, que él quería poner un tema mejor después que ella y entonces se enojaba. A Nicolás esta actitud le parecía absurda, él no sentía que le hacía la batalla musical a Male, sólo quería compartir sus canciones como ella hacía con él. Pero Male no toleraba esa situación de pié de igualdad, un poco calculada de parte de él, pero bien intencionada. Ella sentía que él no cedía nunca en su rol protagónico, pero para un tipo como Nicolás, pedirle aquello era como decirle a un pájaro que no vuele. Era parte de su naturaleza y no se daba cuenta de aquellas cosas, entonces ella tomaba todo aquello como un acto de competitividad y para no sentirse disminuída le bastardeaba sus gustos, literarios, cinéfilos y sobre todo musicales. De todos modos, aquello quedó como algo anecdótico. Estaba claro que la temporada de birras seguía de forma ininterrumpida para Male, no había retorno de todo aquello y pronto Nicolás se sintió decepcionado nuevamente en ese respecto. Sin embargo, ella había decidido volver a trabajar luego de la licencia de cuatro meses que se había tomado por la operación de la pierna. Pero no pasó un mes desde que volvió a Barrio norte cuando se dió cuenta que ya no disfrutaba de ese trabajo. Estaba cansada de que le cambiaran los compañeros todos los meses, y ella parecía fija en ese horario como posición. Nico la ayudó en lo que pudo para que tomara coraje y renunciara. La acompañó el día que fue a presentar la renuncia y aquella noche, mientras se despedía de sus compañeros, Nicolás miraba ese pasado cercano donde hacía dos años había empezado todo. La intensidad de los hechos había sido tan alta que le habían dejado una fuerte huella en su interior que reviviría cada vez que pasara por aquella zona de la ciudad. Aunque con los años esa sensación iría apagándose, de todos modos la marca era imborrable. Cuando estaba a punto de soltar una lágrima Male apareció de nuevo a su lado y le preguntó que le pasaba. Nada, respondió él, es sólo que tengo una extraña nostalgia...  

Para cuando llegaron las fiestas, los conflictos no se hicieron esperar. Male tenía un conflicto con ese tema porque su familia se había disgregado y hacía años que no pasaba las fiestas con su familia. En el caso de Nicolás, si bien su familia estaba llena de peleas y conflictos sin resolver, para las fiestas más o menos se organizaban para pasarla juntos y tratar de que nadie quedara afuera, sobre todo en Navidad que era la fiesta por excelencia en la familia de él. Justamente, como esa era la tradición de su familia, Male se resistía a integrarse, insultaba a los familiares de Nico y todo le parecía una bosta. Siempre le decía que cada vez que se juntaba con su familia ella quería huir de allí como si se tratara de una princesa retenida en una torre. A Nico esta actitud de ella le parecía por demás infantil e injustificada, él estaba convencido de que su familia no era tan horrible como ella le daba a entender, y en todo caso él tenía que soportar el desprecio mal simulado de su padre hacia él. Le parecía que tenía más cosas para decir de su familia que ella de la suya, sin embargo, trató de no confrontar y poner paños fríos. Con el tiempo ella le confesaría que le daba bronca que sus padres se pudieran juntar para las fiestas y los de ella no. Eso le generaba frustración y la terminaba volcando en la familia de Nicolás. Como esto era algo que se hacía evidente, Nico trató de no ahondar más en aquello y le prometió que año nuevo irían con su familia a la costa. Los padres de ambos se habían tomado con calma y madurez el retorno de sus hijos a aquella relación que les parecía tan tóxica, pero nadie quería meterse demasiado, quizás con excepción del padre de Male, pero al final tampoco pudo hacer gran cosa. Su hija había decidido volver con aquel que de alguna forma la hacía sentir querida y necesitada y fin del asunto. Por parte de Nico, su madre también entendió lo mismo, y cuando se cruzaron por el barrio Male y Nico con su madre y el pequeño retoño de Nico, hubo sorpresas, abrazos y besos. 

Cuando pasó Navidad y llegó fin de año, ambos se escaparon a la costa como el verano anterior. Esta vez, el primero de enero no se desayunaron con ningún embarazo, todo parecía calmo. Los padres de Male volvieron a aceptar a Nicolás, que se sintió perdonado y trató de ser lo mejor posible con todos, sobre todo con Male. Luego de unos pocos días Nico tuvo que volver al trabajo el cual ya le tenía bastante harto, pero para febrero ya tenían planeadas unas vacaciones en el norte donde vivía la hermana de Male. A su vez, ella sin trabajo desde diciembre, estaba menos alienada aunque buscando trabajo para entrar a otra librería. Las cosas parecían marchar para la joven pareja, por el momento...


viernes, 8 de diciembre de 2023

Temporada de birras (13)

 La ruptura fue fatal, pero Nicolás implementó rápido los mismos recursos que en el pasado le habían ayudado a superar ese tipo de situaciones. Se anotó en un taller de escritura en el Rojas, igual que había hecho seis años atrás. Comenzó a salir del cascarón, a ir a cuanto cumpleaños de compañere hubiere y lo invitaren claro. Tiraba dardos a lo loco y sin embargo, algo parecía no funcionar. Como si todo el levante que tuviera hacia un año atrás se hubiera evaporado. Para colmo de males, un par de meses antes de su ruptura con Male, lo habían vuelto a cambiar de sucursal y había pasado de ese paraíso de libreras odaliscas con las cuales Nico fantaseaba que se quería casar, a una sucursal perdida de avenida Santa Fe de sólo cuatro paredes y poco que ver. El cambio había venido en parte a pedido suyo ya que se había trenzado en una discusión absurda con el sub encargado que lo había retado por llevarse un libro prestado sin pedir permiso. Nicolás, que para esa altura del año ya venía con los cables todos pelados, saltó y se defendió a los gritos. Al otro día no se hablaron pero cuando el sub vino a saludarlo, él le dio la espalda en modo "rencoroso solo cuida a una persona, a rencoroso" y sí... y cállese y que vos de acá, y yo de allá. Terminaron peleándose peor que el día anterior y en un frenesí de ira incontenible, Nicolás le pidió/rogó al encargado que lo transfiriera a otra sucursal. Por otro lado, Nico ya se había cansado de la que sería la mejor sucursal. Había agotado todas las estanterias, todos los trabajos para hacer y se había cansado de tanto andar y andar. Su compañeros tampoco se lo bancaban más y otros ya se habían ido a otras sucursales o trabajos. Entonces le dieron la solución, un turno un poco más tempranero pero en esa sucursal del diablo, donde el encargado era uno de los buchones más grandes de los jefes de la empresa, y la librería era básicamente un escaparate de libros, sin lugar de escape. ¿Y entonces? Pronto comprendió su error y en vez de amigarse con el subco de Corrientes, que dentro de todo era amistoso y flexible, terminó en un lugar muy puñetero, donde no conocía a casi nadie y el ambiente era hostil. Apenas llegó les avisó que ya tenía pactado tomarse un finde con su novia que se iban a la costa después del violento suceso vivido. Este pedido molestó a algunos de sus compañeros que sintieron que Nicolás tomaba ventaja. Sobre todo molestó a Carina, una chica de pelo negro, flequillo rollinga y ojos celestes. Nicolás comprendió su enojo y les pidió disculpas pero les explicó que era algo que tenía previamente pactado. Al final ese viaje fue un fiasco, Male y Nico apenas se tocaron, casi no hablaron y el clima deprimente de la costa en otoño terminó por generar más hastío entre ambos. Pero de a poco, Nico se fue llevando mejor con sus compañeros del nuevo local, al menos con algunos de ellos. Ferchi, Cari, Lila y Ernesto fueron de su agrado. La rollinga salía con el venezolano Ernesto y Ferchi era una especie de Roberto Galán o Paul McCartney, con sonrisa de plástico y facha imperecedera. Lila había sido brevemente compañera de Nico en Barrio Norte y como le había dicho el cordobés alguna vez, ella gustaba de él. Pero ahora que se volvían a encontrar, poco más de un año después, la cosa no pintaba más que para una mera amistad. En este momento Nicolás aceptaba lo que fuera con tal de no sentirse solo, y visto y considerando que a los pocos meses de entrar a esa sucursal se separó de Male, era imperioso para él conectar con gente nueva. Ernesto era un tipo agradable, que le gustaba la poesía y la literatura latinoamericana. No coincidían en todo lo que hablaban pero resultó interesante ver en él a una especie de Nicolás de su juventud y terminaron siendo amigos. Por otro lado, Cari era una chica del gusto de Nicolás. Desde que la conoció por primera vez le gustó no sólo desde lo físico sino su personalidad confrontativa. Era de esas chicas que no se guardaban nada y le gustaba que le dijera lo que pensaba, aunque sintiera que a ella no le cayera del todo bien. En el fondo, Nicolás creía que se gustaban mutuamente, y que también era como una versión de él pero en mujer. Siempre quedaría prendado de Cari pero el hecho de que ya era la novia de Ernesto complicaba la situación. Con el transcurrir de los meses fueron llevándose cada vez mejor entre todos, aunque nuevamente Nicolás tenía un tema con el sub encargado. En este caso un tal Marcelo, un pelado de cuarentilargos que odiaba la vida y lo demostraba en su falta de capacidad para relacionarse con el resto de la humanidad. Nicolás no tardaría en darse cuenta de que era el típico acomodado por alguien de arriba, porque no tenía sentido que trabajara allí y mucho menos que fuera subco. Pero en principio Nicolás intentó evitarlo e ir para donde no fuera aquel. En cambio, trataría de quedarse siempre por la zona del local donde se estaban los libros de literatura universal o ciencia ficción, únicas áreas donde podía sentirse un poco más feliz. 

Al final, los recursos utilizados para combatir el mal de ruptura que utilizara en años anteriores con otras parejas, no resultó del todo efectivo. Porque las condiciones eran otras, porque él había cambiado y su sistema inmunológico había aprendido a no conformarse con el hueso que Nicolás intentaba darse a sí mismo. Antes había funcionado pero ahora no era suficiente, ya que el taller de escritura era distinto, había otra gente y nada de lo que escribiera le servía para paliar esa falta que sentía desde que Male se había convertido en un fantasma omnipresente en su vida. Y también cambiaba el hecho de que, a diferencia de otras ocasiones post ruptura, esta vez no tuvo la suerte de conocer a alguien de forma inmediata. Ningún aproach se dió y estando soltero, la ruptura con Male se hacía más evidente y profunda. Esta vez las cosas no habían salido tan fácil como antes, ya que el destino parecía encaprichado en hacerle ver a Nicolás que esta vez sí la había cagado y él no podía dejar de pensar que si no aparecía nadie era porque no se lo merecía. Curioso pensamiento. Por su parte, intentó reconectar con su lado creativo y por eso el taller de escritura. Sin embargo, desde que había empezado aquel fatídico 2015, la musa parecía haberse escabullido y le rehuía, igual que Cupido. Los dioses parecían haberlo abandonado, los del amor, los de la cratividad y los de la buena fortuna. Pero Nico intentó seguir remando contracorriente porque, más allá de todos sus conflictos internos y sus flaquezas, no era un tipo de aquellos que bajan los brazos. Se puso a leer y trabajar con el libro El camino del artista de Julia Cameron donde tenía que hacer ejercicios de creatividad y escribir páginas diaras con sus pensamientos, y entre su psicólogo de cabecera (con el cual ya iba hacía ocho años) y estas páginas catárticas, Nico sintió que se liberaba un poco de peso. Pero algo dentro de él seguía roto y no faltaba mucho para que volara por los aires. 

Los intentos de Nicolás por superar la agonía interna que sufría por la ausencia de Male en su vida resultaron incompresiblemente vacuos. Cuanto más intentaba olvidarla más volvía ella a estar presente en su cotideaneidad. La añoraba, la soñaba, la veía en una actriz porno que era parecida, lo que terminaba en largas pajas rodeadas de llanto. Ese sentimiento autoflagelante y culpógeno estaba destruyendo su psíquis. Intentó todo tipo de lecturas, intentó todo tipo de meditación y de elevar su espíritu por sobre su vapuleado ego, pero la cosa no parecía para nada sencilla. En eso fue a cumpleaños de ex compañeras de Corrientes pero más allá de pasar un rato divertido, se sentía miserable y al final nadie volvía con él a su casa por la noche. La soledad del pequeño depto comenzaba a abrumarlo de una forma terrible, y ya no sentía ganas de continuar. Una de aquellas noches primaverales del 2015, un tremendo eclipse lunar se cernió sobre Buenos Aires. Nico lo vió como un mensaje estelar de recomponer vínculos rotos del pasado e intentó comunicarse con Vale, su primera novia. Le escribió un mensaje por Facebook pero luego de un intercambio amistoso pronto quedó claro que ella no tenía el más mínimo interés siquiera en hablarle. Nicolás estaba desinflado por todos lados. Había soñado con Vale y había escrito un cuento al respecto dedicado a la novia de su juventud, pero ahora ella estaba en otra y simplemente lo rechazaba sin ninguna concesión. Nicolás comenzaba a dudar de su intuición en la que en otrora confiara tanto. Ya no había conexión cósmica con Vale ni con nadie, Nico se sentía flotar como una balsa sin remo, perdido a la deriva en un mar desconocido. ¿Y si se tiraba por el balcón? Estaba seguro de que nadie lo extrañaría y en todo caso les daría una razón válida para odiarlo. Pero no tenía importancia, él pensaba que no lo hacía por sus padres o su hijito, pero en realidad no se animaba, porque temía que todo se terminara. Hasta donde sabía nada le aseguraba que existiera otra vida después y no quería desperdiciar la única que tenía. Aunque para él, vivir sin amor no era vida, pero tampoco lo era inmerso en un amor tóxico. Quizás tenía que resistir, aguantar un poco más, ya que a veces se entía mejor, más cerca de la superficie, más cerca de la luz. Pero Nicolás flaqueaba como todo ser de carne y hueso, y un día que se hablaba con el cordobés acerca de lo destruído que se sentía por la ausencia de Male, pasó algo inesperado. El cordobés, desde su provincia hizo triangulación entre él, Nico en Baires y Male en la costa, y así las cosas dieron un giro inesperado. Male lo llamó a Nico al rato de cortar con el cordobés. Hacía varios meses no se hablaban y de pronto prush y palazzo, Male al teléfono. Ella parecía un poco asustada pero tranquila, Nico era una bola de nervios incontrolable y un subibaja de emociones desbordadas. Él le dijo que la extrañaba, que no podía más y que se sentía responsable de todo el mal ocasionado, pidiéndole disculpas a llanto pelado. Ella se mantuvo en sus siete y le dijo que bueno, que las cosas se dieron así, y que no podía hablar mucho. Que estaba en el auto con su padre, rodeada de familiares. Nico entendió y le volvió a pedir disculpas por las molestias, en un tono que ya no podía ser más patético. Ella se compadeció de él y le dijo que hablaban cuando volviera a Baires. Nico tomó esto como una promesa de puro compromiso, como para salir del paso. Luego cortó y ya bastante más desahogado pudo dormir como un tronco. 

Cuando todos los intentos de superar a Male habían fracasado y leer (y sentirse parte) de novelas como Alta fidelidad de Nick Hornby, que básicamente trata de lo que intenta hacer un flaco cuando su novia lo deja, para finalmente darse cuenta que no importa absolutamente nada lo que haga ya que al final, si ella quiere vuleven a estar juntos y se terminó el problema. Y así fué, mientras el país comenzaba a salir de poco más de una década de gobiernos populares y comenzaba un regreso a los gobiernos de derechas después de 16 años, Nico comenzaba a salir de la melancolía. Claro que tenía días y días, pero luego de esa conversación con Male donde sintió que ella lo ignoraba en su sufrimiento, comenzó a sentir que sus fuerzas se reagrupaban por autodefensa o por orgullo, pero comenzaba a levantarse su ánimo. Sin embargo, cuando parece que la cosa comienza a marchar, vienen los imprevistos y aquello que el ya no esperaba volvió con toda su fuerza. Una noche Male lo llamó a la casa, llorando y recriminándole que él no la volvió a llamar después, pidiéndole que regrese a ella, rogándole que se vean, porque la llamada de él "le había movido toda la estantería" y entonces fue así, que los dos, aún en proceso de rehabilitación, cayeron en la droga del otro. Ahora era ella la que flaqueaba, la que se sentía vulnerable y sentía el peso de la ausencia del otro. Nicolás, sin oponer orgullo y ni dos segundos de resistencia se fue volando en taxi a la casa de ella y a los dos minutos de llegar ya se estaban desnudando para (entre sollozos de alegría) hacer el amor con verdadera y única pasión. Prendados, unidos, atenazados como dos perros, como esos dos chicos que habían vuelto después de una ruptura dura y amarga para ambos. Quizás una ruptura sugerida por gente ajena a su relación y ahora ya dormían tomados de la mano, como si el tiempo no hubiera pasado desde aquella primera noche juntos del primero de diciembre del 2013.  

martes, 5 de diciembre de 2023

Temporada de birras (12)

SALANDO LAS HERIDAS. 

Un compañero de trabajo de Male ya le rondaba desde que Nico todavía trabajaba en Barrio Norte. Cuando Nico fue expulsado del Edén, el susodicho conocido como El principito (por su parecido a Maquiavelo), empezó una tarea fina. De a poco comenzó a rondarle a Male, endulzarla, trabajarla allí donde con Nicolás sólo encontraba amargura y dolor. El trabajo del Príncipe fue lento y parsimonioso, y aunque Male no estaba interesada en él, la carne es débil y no podía evitar sentirse alagada ante tanta parsimonia. A todo esto Nicolás ni se enteraba y se abocaba estúpidamente a hacer el tonto con sus compañeras de trabajo. Coquetando a diestra y siniestra ya que ahora tenía su tan ansiado bulín y como Male no había querido irse a vivir con él, de algún modo se sentía tentado de "probar otros cuerpos". En los hechos la realidad es que todos se histeriqueaban en Corrientes, y Nicolás tenía tantas chances como el cliente más pasajero del lugar. Pero, sacando a la Chaqueña, Nico molestaba a Rulito y a Nerina, una chica un poco border que no tenía sentido del humor. A Nico le gustaba su nariz y su gran culo, ya que era como una Male sobredimensionada. En una de esas tardes en las que nadie tenía nada que hacer, Nico la molestaba porque ella estaba sin corpiño y se le notaban los pezones. Nico insistía con el asunto y en un momento que ella estaba sentada sobre una gran pila de libros, él pasó a su lado con las manos extendidas como amagando tocarles las tits. Ella, cansada de tanta broma le agarró las manos y se las puso sobre sus pequeños y puntiagudos senos. Nico se asustó y retiró la mano rápido, el chiste había terminado. Le dijo que se había desubicado pero Nerina no era de esas que le temían a los hombres. Así te sacas las ganas y me dejás de joder, le respondió. Nicolás, asustado ante esto se alejó a hacer sus deberes y dejar de histeriquear a sus compas pero las cosas no habían quedado ahí para Nerina. Media hora después, cuando Nicolás se había olvidado del asunto, y mientras cargaba unos libros en una de las compus de consulta, Nerina le fue por atrás y le tocó el bulto. Nicolás, enojado le dijo de todo, pero ella se fue riéndose, sintiendo que la afrenta había sido saldada. Nico comprendió que todo había sido su culpa, e intentó dejar todo ahí antes que pasara a mayors. Con Nerina veía dos opciones, o se la cojía en breve o se olvidaba de ella y de todas sus compañeras de trabajo, pensado que para eso ya la tiene a su querida Male. "Que falta me hace Male en el trabajo", pensaba Nicolás, recordando cuando en esos pocos meses que salieron y trabajaron juntos, solía asustarla con un peluche mientras ella ordenaba las estanterias de infantiles. Ahora ya nada de eso tenía, y sus compañeras lo deseaban pero también lo odiaban, porque sabían que Nicolás era mucho ruido y pocas nueces, y que en verdad estaba enamorado de Male. Sabían que no la engañaría y eso fué lo que decidió Nicolás: no joder más a sus compañeras y ser fiel a su único amor. 

Nada es gratuito. Jamás. Al menos eso pensó Nicolás pocos días después del toqueteo con Nerina en Corrientes. Una noche en que llegó a la casa de Male, como siempre, la encontró tirada en la cama, con la cara rajuñada, el rostro desorbitado y al borde del llanto. Explotó apenas llegó él, porque aparentemente el Principito la había invitado a tomar unas cervezas y luego se habían estado toqueteando, para después ella rechazarlo y él quemarle el rostro con un cigarrillo. Nicolás se quedó fuera de sí... ¿qué? decía ¿qué? repetía sin entender. Ella le contó que Nerina le había dicho que él le toqueteaba las tetas a lo que Nicolás se puso pálido, intentando explicar que no era así, pero Male no quería saber nada del asunto. No le importaba ya, se sentía averiada y vejada por el Principito. Toda la situación era confusa y sospechosa para Nicolás que bullía ahora en él una furia asesina. Le pidió el teléfono de él y ella se lo dió porque necesitaba que alguien la vengara. Nico llamó al fulano maquiavélico y le pegó cuatro o cinco amenazas a los gritos. Del otro lado había un silencio sepulcral, y Nico supuso que o el chabón era un total pulenta o estaba muerto de miedo. Le rajó dos o tres puteadas más y luego Nicolás seguía hirviendo, amenazando con destrozarlo, y también al ex chongo de Male que siempre seguía rondandole. Y Male tuvo que intentar detener esa bola de violencia que se había despertado en su novio, pero ya era tarde. Nico se sentía responsable en el fondo de haber engendrado monstruos en ambos, y Male se sentía culpable por exactamente lo mismo. Pero ambos tenían un mr Hyde muy jodido que era mucho más antiguo que su relación, sólo que ahora se manifestaba cada vez más seguido. 

Una semana después, mientras ambos caminaban desde el trabajo de Male a su casa, una noche de verano, la cosa estaba al borde del polvorín. El principito le rogaba a Male que calmara a Nicolás que literalmente lo quería matar. Por otro lado, Nicolás tenía internada a su madre que le había sido encontrado un quiste en el corazón y la había tenido que abrir para sacarselo. Nicolás sintió tal nivel de ansiedad que tuve que pedirle a Male una de sus pastillas mágicas para que le ayudaran a bajar. Pero las peleas iban in crescendo cada vez más y todo parecía indicar que no terminarían en nada bueno. En pleno marzo acontecieron dos situaciones que terminarían por desencadenar la debacle total: un robo y un ataque de celos furioso. Nico ya estaba a un nivel de alienamiento similar al de Male pero sin la experiencia de Male, entonces no sabía como manejarlo. Sin medicación, casi sin asistencia terapéutica (su psicólogo le decía que "estuviera tranquilo") y sin apoyo familiar o de amigos, nadie sabía bien lo que le estaba pasando a Nicolás. Él ya no confiaba en ella, ella tampoco en él, y la relación estaba en su punto más bajo. Una noche en que Nicolás llegó a la casa de ella como siempre, él se sintió rechazado, expulsado de ahí, aunque ella estaba buena onda. Él sentía que debía irse a su casa, algo que le ocurría por primera vez. Ella aceptó sin problemas y le bajó a abrir la puerta. Cuando caminada por Ecuador hasta Córdoba, unos motochorros lo interceptaron y lo desvalijaron en dos segundos. Era la una de la madrugada... Sin celular y sin plata, Nico volvió a lo de Male para contarle lo sucedido y pedirle un poco de asistencia. Ella tardó en conquestar el timbre, pero finalmente bajó. Nicolás estaba histérico y ella, muy tranquila, trataba de acompañarlo como mejor podía. Fueron a hacer la denuncia a la comisaría y ella le hacía preguntas repetidas, a lo que Nicolás se ponía furioso con ella. Male no respondió a sus ladridos pero tomó nota de sus contestaciones. Al final, le prestó algo de dinero y él se fué en taxi a su casa. Al día siguiente, Nicolás encontró que en su Facebook los chorros habían escrito una guarangada a la que amigos más tempraneros que él respondieron con preguntas del tipo ¿estás bien?... Nicolás respondió que él no había sido y luegop borró la publicación. Eso le pasaba por no tener una clave en su celular el cual se había comprado pocos meses antes. A los pocos días, llegó de visita la buena de la madre de Male, y un día en que había quedado ir a cenar a casa de Male, Nico llegó como siempre para esperar a Male en su casa. Le abrió la madre y dijo que Male aún no llegaba. Nico se puso inquieto y miró por el balcón, presintiendo algo. A los pocos minutos vio a Male a lo lejos caminando con otro muchacho, un compañero nuevo de barrio norte. Los vio llegar a la esquina y luego sentarse en un escalón para ponerse a charlar. Nicolás estalló de rabia. Bajó y como el robo lo había dejado asustado, andaba con una navaja por todos lados. Se encaminó loco de furia y encaró a los dos compañeros que se divertían charlando. ¿Venís? Dijo Harrison a Pattie Boyd. Ella lo miró de arriba a abajo y luego respondió, me quedo con Eric. Pero eso pasó en la vida de alguien más. Aquí, Male lo acompañó, despidiéndose del muchacho que miraba torcido y con asco a Nicolás. Luego, Male y Nico discutieron. Ella había olvidado que él iba a ir ese día para la casa y Nico se sentía dejado de lado, desplazado. 

Quizás fuera así, quizás no, Nicolás no lo sabía pero estaba cada vez más seguro de que Male le estaba alejando, consciente o inconscientemente. Una semana después de aquello y cuando la madre de Male ya se había vuelto a su ciudad, todos los astros terminaron por alinearse para la llegada del Kaos. Nico llegó como siempre antes que Male regresara, y comenzó a llamarla. Nico ahora tenía un celular viejo, con botones, de esos que ya no se usaban. La comunicación era fallida pero el teléfono de ella conquestó. Por el auricular Nico escuchaba una conversación entre Male y un muchacho. La cosa se demoraba y ella nunca le dijo que iba a hacer a la salida. Habían quedado verse pero como venía pasando de un tiempo a esta parte, ella parecía bloquear esa convención y siempre olvidaba que había quedado con Nicolás. Esto hacía rabiar a Nicolás y escuchar una conversación de ella con otro tipo terminó por volverlo loco. Desesperado se arrancaba los pelos de los nervios y miraba para todas partes, deseando que alguien le pegara un tiro y terminara con su sufrimiento. A los pocos minutos la vio venir a Male, un poco en zig zag, que apenás vio a Nicolás que se le acercaba ella quedó muda. Él no esperó saludo ni nada, de inmediato la tomó por los hombros y comenzó a zarandearla gritándole con quien estaba y por qué le hacía esto, pero ella de inmediato, víctima de un pánico atroz, se desinfló frente a él y comenzó a caer al suelo sin decir palabra. Nicolás acompañó la caída insistiendo y en interrogarla a los gritos, fuera de sí, mientras los vecinos comenzaban a llamar a la policía. En medio de esa vorágine de locura, un brazo a sus espaldas lo tomó por el el cuello y comenzó a ahorcarlo con toda la fuerza. Ante esto, Nicolás vio como Male se paró y salió corriendo hacia su casa, dejándolo atrás. El desconocido continuó ahorcando a Nicolás, susurrándole al oído que no se metiera con las chicas del barrio. Nicolás llegó a preguntarle entre gorgoteos si la conocía, aún confundido por la situación, su paranoia seguía activa. El vengador anónimo dijo que no, pero que no iba a permitir que nadie maltrara a una mujer frente a él que su padre le pegaba a su madre y que no lo iba a permitir, y cada vez apretaba más fuerte el cuello de Nicolás quien ya casi no podía respirar. Apenas podía agarrar el brazo que lo asfixiaba, y cuando creyó que ya estaba por morir, le rogó que lo soltara... con una voz como de de E.T irreconocible, llegó a murmurar que no podía respirar. Nunca se había sentido tan al borde de la muerte y cuando comenzaba a convulsionar, el desconocido sin rostro lo soltó en el piso. Con una amenaza lo dejó tirado en el piso y Nicolás agradeció haberse salvado de una muerte horrible. Pero se sentía avergonzado, humillado, destruído física y moralmente. Entendía que quizás, la única redención para él hubiera sido morir ahorcado por un vecino con deseos de revancha hacia un padre golpeador. Nicolás estaba devastado y mientras intentaba ponerse de pié, algunos vecinos lo insultaban desde sus casas. La patrulla policial apareció de inmediato y Nicolás fue señalado como el atacante. Alguien le explicó la situación a los policías mientras uno de ellos lo tenía contra la pared. Nicolás estaba en estado de shock y apenas podía articular palabras. No entendía como había pasado todo, era como una película, algo ajeno y surrealista. Por otro lado se snetía vacío, como si un demonio lo hubiese poseído como en El exorcista y luego del ahorcamiento lo hubiese abandonado para dejarlo como el gran culpable. Uno de los policías le dijo que no se hiciera problema, que siempre se iba a estar del lado de las mujeres, que no se ensuciara por algo sin remedio. Nicolás no entendía nada de lo que le decían ni por qué. Entre la gente que había bajado a señalarlo todavía pululaba alguien que lo miraba de reojo con inquina. Nicolás lo señaló como alguien que quiso matarlo. Pero la policía no le hizo caso y el sospechoso de ahorcarlo fue escabulléndose entre la gente hasta perderse en la noche. La policía le recomendó a Nicolás que se fuera a su casa ya que vieron que estaba aterrado y no terminaba de entender lo que había pasado. Pero apenas se calmó la cosa le tocó el timbre a Male. Ella bajó de inmediato, enojada, lo metió en el ascensor y en la casa, mientras él temblaba de llanto, ella le decía de todo. Buena parte de la retahila de insultos eran los que Nicolás le había proferido dos semanas antes cuando le habían robado en la calle y ella le preguntaba cosas que a él lo irritaban. Ahora la cosa se había dado vuelta y Male fustigó la locura de Nicolás durante un buen rato hasta que se cansó y lo llevó a la cama a dormir. Pero Nicolás había quedado roto de culpa, traumatizado por casi morir y sintiéndo un miedo horrible a que Male lo dejara con justa razón después de todo aquello. 

Male le dió una tregua para que Nico no se sintiera tan mal. Esperó que se compusiera un poco y a los tres meses, un poco antes de que se operara de una rodilla que tenía mal, le cortó amablemente. Ambos fueron a almorzar por San Telmo y decidieron cortar bien. Sin llantos, sin gritos, sin intensidad de por medio, o sea: Hacerlo civilizadamente. Nico presentía el final antes de todo aquel trágico desenlace y ante ser intercambiado por otro o simplemente la ruptura que parecía inminente, comenzó inconscientemente a pudrirla toda, para de alguna manera acelerar el proceso. Después de la fatídica noche quedó una relación cada vez más fría y distante hasta que ella le dijo que no quería salir más con él. Nicolás intento tomarse el anuncio, que (al menos desde que la había embarazado en el verano) le parecía algo que llegaría de forma inevitable, de forma pacífica. Aceptó que era lo más conveniente para ambos y dejaron de verse. Un mes después él la contactó para preguntarle como le había ido en la operación y ella le contó que bien, que estaba cuidándola su padre. Nico hizo de lado aquel malestar que sentía por el padre de Male y se acercó a la casa para llevarle varios dvd`s de películas, entre ellos toda la serie Cosmos con Carl Sagan. El padre puso cara de orto pero aceptó su presencia sin hacer escándalo, apenas acotando que esa serie él la podría conseguir bajándola por Internet. Nico hizo caso omiso a la necesidad del padre de bajarle el precio a su regalo. Besó a Male en la frente y se alejó. Pocos días después, discutieron por teléfono y ella, a modo de ataque, dijo que quería conocer a otros chicos. Por supuesto que ella estaba postrada en su cama, custodiada por su madre o padre, pero le dijo esto para alejarlo. Nicolás cortó el teléfono abruptamente, muy enojado y después se dió cuenta de todo. Comprendió que tenía que dejarla ir.     

     

jueves, 30 de noviembre de 2023

Temporada de birras (11)

Había canciones que Male insistía en hacerle escuchar a Nico, casi como si quisiera influenciarlo de la misma manera que rechazaba toda (o casi) toda influencia de él. Uno de los temas que le ponía con insistencia era Ca plane por moi de Plastic Bertrand, un cantante punk medio anfibio y de difícil descripción. El tema estaba bueno porque rozaba entre lo punky y bizarro, cantado en francés y con un corito doo-bop muy cincuentas que cortaba la retaíla con insistencia cada seis estrofas. Y canciones como Kitty kat, Carita de alfajor, un video de Saruman cantando como si fuera un cantante de ópera y demás bizarreadas que Male consumía a diario en su soledad por la página de la Y griega roja. Más cerveza roja, mucha marihuana y un descanso del ácido... A todo esto Nicolás a veces intentaba meter bocado pero como era casi imposible se enfurruñaba y otras vez terminaban peleando. Sin embargo, no todo estaba tan mal. Habían logrado congeniar sus vacaciones en sendos laburos (algo bastante difícil de conseguir en general) y la primer quincena de enero era toda suya. Decidieron pasar Navidad con la familia de él y Año nuevo con la familia de ella. Ambos estuvieron de acuerdo que partir hacia la casa de montaña de su hermana hippie era lo mejor para vacacionar. Nicolás estaba entusiasmado ya que hacía casi cinco años que no viajaba para esos pagos. En ese momento de su vida, eso era un montón, pero luego aprendería que estaba mal acostumbrado. Antes, entonces, hicieron una parada estratégica en la casa de su madre para pasar año nuevo. Era una linda casa y vivía cerca de su tío Alberto, pero ese verano Nico decidió dejar de lado a su familia y abocarse solo a la de Male. Pasaron una hermosa Noche vieja y todo estaba de maravilla pero Male... sentía náuseas y vómitos cada vez más frecuentes, le dolían sus pequeños senos y se snetía extrañamente susceptible (aunque eso era parte de su estado natural constante). Esa tarde del 31 se escapó a la farmacia pero sin decirle nada a él. Después de comer se fueron a acostar y todo estuvo de maravilla pero a la madrugada... Nico fue zarandeado por Male quien le pidió que le acompañara al baño y allí se hizo la prueba del embarazo instantáneo. Nico no terminaba de despertarse ni de entender bien la situación. Eran las 7 de la mañana del 1º de enero y la confirmación fue casi instantánea. Male estaba recontra embarazada. Nico se sintió un imbécil de cabo a rabo. Sabía que todo esto era su responsabilidad pero prefirió guardarse para no echar más leña al fuego. Male en ese momento se encontraba procesando un abuso que sufrió en la infancia de parte de un familiar, y  estaba pensando como decírselo a su padre. En medio de todo este conflicto, se presentaba esta situación que Male tomo casi como un tragedia. De inmediato planteó que tendría que abortar. Nico, ante esta determinación de su pareja acompañó su decisión, aunque brevemente fantaseó con que tuvieran un hijo. Pero como Male no quería saber nada con el asunto ni siquiera lo mencionó. Después de todo era su cuerpo y la cagada se la había mandado él por entregarse a su instinto de animalito más básico. Nico sentía que ya olía los momentos en que su novia se encontraba ovulando fuertemente y algo en él lo casi empujaba a poseerla a como diera lugar. Pero, entendía que debía anteponer su lógica de humano ante tamaña fuerza procreadora. Fueron juntos a contarle a la madre que se alegró, pero leyó en la cara de su hija la angustia y preocupación. Preguntó una vez si eso era lo que queríamos los dos. Male asintió y luego lo miró a Nico quien asintió a su vez. La madre se encargó de llamarlo al padre de Male y contarle la nueva (no tan buena). A partir de ahí, Nicolás vió precipitarse y destruirse sus vacaciones planeadas en dos segundos. Pero los padres de ella se encargaron de buscar un lugar conocido, donde Male ya había ido en su adolescencia, y todo fué bastante veloz. Nico ofreció pagar pero los padres de ella le dijeron que se quedara tranquilo. Él la acompañó lo mejor que pudo en los días que siguieron a la intervención. Male estaba en la cama de su madre, dolorida y callada. Nico le compró algunas películas y algunos libros. Vieron juntos Life of Pi que les encantó a ambos. Él trató de brindarle todo el amor posible y ella lo percibió. Postergaron el viaje unos días y la segunda semana se fueron para la casa de la hermana en un largo viaje en micro. Cuando estaban cerca, viajando en plena montaña, un cóndor se chocó contra el vidrio del ómnibus. Cuando llegaron a una estación cercana tuvieron que esperar algunas horas hasta que mandaran otro micro de remplazo. Nico se rió del percance pero Male estaba amargada por todo el asunto vivido.

¿Y ahora que pasa eh? Cuando llegaron a la casa de montaña de su hermana y pareja, Nico sintió que había encontrado su lugar en el mundo. Male y Nico armaron una carpa al lado de la casa y pasaron los siete días ahí. Ella leyendo los libros que él le había comprado, uno de Vonnegut y otro de Kerouac, luego que se los terminó, leyó uno de Bolaño que se había llevado ella. Él apenas podía leer porque prefería contemplar el bosque y las montañas que los rodeaban. La misma noche que llegaron se los llevaron a una fiesta que había por algún lugar perdido y lejano del bosque. Fue llegar y llevarlos a ambos en auto por unos senderos de tierra y luego bajar y caminar por más senderos en la oscuridad. Para Nico era una gran aventura y se sentía bien porque iba acompañado de Male que le contaba todo acerca de aquellos rústicos lugares. Llegaron hasta un vado donde se erigían dos casas cabañas y un poco más lejos había una especie de kermesse y bailongo hippie de montaña. Muchos jóvenes y mochileros, vagaban por ahí haciendo de las suyas. Nico se había llevado la parca mexicana que su hermano había comprado en Munro en los 90s. Estaba bastante a tono, quizás demasiado. Un flaco desgarbado de rastas cuando lo vió exclamó a sus amigos ¿y este John Lennon quién es? Nico le iba a contestar que "no sé Bob Marley" o alguna tontería así pero Male le leyó la mente y se lo llevó lejos de ahí. Fueron a tomar unas cervezas y a hablar con Luca, el marido de Lila la hermana de Male. Intercambiaron fotos de hijes y se mataron de risa con las ocurriencias de los niñatos. Luego se fueron a dormir a la cabaña y el nivel de excitación de Nico era superlativo. Por la mañana se fueron a caminar por las montañas y al lado de un río Male le pidió a Nico que se la cogiera ahí mismo, de parados, mirando las montañas. La situación era extravagante pero un poco le excitaba que alguien los pudiera ver. De todos modos Nico se encargó de que el encuentro en el río fuera breve. Male estuvo rara, introspectiva y de mal humor en varios momentos del viaje. Para Nico era difícil poner en perspectiva lo que le pudiera estar pasando a Male. Otra tarde que su hermana salió en auto con su familia y ellos quedaron solos en la casa, él le pidió que lo montara. Ella no quería pero finalmente aceptó y el sexo fue agónico, breve e intenso, pero agónico. Algo comenzaba a afectar la psiquis de ambos. Finalmente, un día que decidieron ir a pasar un día del otro lado del río, se volvieron a clavar un ácido y luego meta cerveza tras otra. Nico hizo lo que siempre cuando se drogaba, sentirse con ganas de conectar y liberarse. Pero Male no, estaba sombría por demás. No paraba de hablarle de una amiga que en realidad era una conocida que se había suicidado hacía poco. Mientras Nico se enchufaba una pluma de ave en la cabeza y bailaba entre las zarzas para divertirla, ella se conectaba de nuevo con el dios Tánatos. ¿Quién podía culparla? De todos modos para Nico era un sacón de onda tras otro. Ella por momentos odiaba su felicidad que no podía compartir y buscaba herirlo diciendole que no lo amaba o que había expulsado a su hijo de su concha como caca... Nico se asustaba de ese costado tan turbio de ella. La amaba pero entendía que Male no estaba muy bien del valero. Ella lograba que por momentos él en verdad la odiara. Pero al día siguiente, cuando él le mencionaba las cosas que le había dicho en su estado de mr Hyde, ella lo negaba o decía que no la tomara en serio. Entonces Nico nunca sabía cual era la verdadera Male, si la que se desataba y le decía cosas hirientes o la otra, su novia que lo cuidaba y quería. En esos momentos para Nico era difícil entenderla en lo más mínimo. Pero por otro lado sentía que ella, ante la presión del asunto del abuso y el embarazo no deseado se le había soltado la correa y así era ella. Una bola de intensidad e inestabilidad emocional muy difícil de comprender. Antes de volver a la ciudad de la furia, pasaron por la casa del padre que vivía en una casa toda adornada al estilo sufí. Vivía con una mujer más joven que él que lo trataba como una geisha a un samurai. Male la detestaba pero careteaba bastante bien su descontento y le seguía el juego. El padre de Male lo seguía tratando con bastante deferencia a Nico que ya estaba harto de ese viejo engreído que lo despreciaba. Había algo de ese vínculo de padre e hija que Nico no podía develar y que hacía que el padre rechazara a la pareja de ella y ella a la de él. Al final todos comieron tofu y fumaron marihuana mientras Nicolás miraba por la ventana el paisaje idílico y se juró que algún día iría a vivir ahí o a algún lugar parecido. 

Cuando Male y Nico llegaron a Buenos Aires, cada uno retornó a su trabajo y todo parecía estar bien aunque Nicolás tenía un mal presentimiento. Como si todo lo vivído en el último mes no hubiera sido gratuito, para ninguno de los dos.


miércoles, 29 de noviembre de 2023

Temporada de birras (10)

La temporada de birras que había dado inicio el cordobés, de una forma muy ceremoniosa, allá a finales del 2013, parecía no tener termino. Para Male hablar de "temporada de birras" era un oximorón, porque no existía algo para ella que pudiera ser denominado una temporada, sino que las birras eran parte de su cotidianeidad. Cuando Nicolás se dió cuenta de esto comprendió que no podía seguirle el tren del escabio diario y del constante escabullirse de la realidad que para Male era todo un estilo de vida. Para Nico esto era demasiado autodestructivo, ya que veía en ella un ansia por pudrirla toda todo el tiempo, viviendo siempre al límite del trastorno de personalidad. Pero él nada sabía de diagnósticos pisquiátricos, si apenas lo que quería era estar bien con su chica y pasar un buen momento. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles para nadie. La complejidad humana es un valor que no se puede desestimar tan facilmente. Y para Nico no le quedaba más que dos salidas, o aceptar el combo, con fantasmas inclusive (como ella le remarcó que él aceptó al inicio de la relación) o seguir caminos separados. Para él, todo esto le resultaba un poco extorsivo y no estaba dispuesto a hacerlo todo tan fácil...

Hicieron una choriceada para festejar el nuevo depto con balcón de Male y todo salió de maravilla. Nico nunca había tenido mucha oportunidad de hacer carnes a la parrilla y cuando se daba, trataba de mejorar su calidad. De todos modos los chorizos son fáciles de hacer y la mayoría quedó conforme. Pero la primavera asomaba ya y Nico se sentía tentado de morder la fruta prohibida. La chaqueña era una muchacha morena que trabajaba de cajera en su local y le movía el piso a lo loco. Era simpática, agradable, confidente y muy sensual. Nicolás no podía evitar imaginarse teniendo una revolcada tremendamente fogosa y explosiva con su compañera. Y casi estuvo a punto de hacerlo pero... Las cosas no quisieron salir como él quería. La chacule dijo que quería conocer su nuevo departamento, pero cuando Nicolás apuró el trámite, ella se amilanó. Luego Nico se sintió culpable por haber tenido intenciones de engañar a Male, pero por otro lado, nada había hecho así que decidió dejar atrás todo el asunto. Cuando Male fue a su casa al día siguiente, hicieron el amorsito con soberana contundencia y luego, cada uno a dormir a un colchón simple. En la oscuridad, Nicolás sentía ganas de charlar, de comentar cosas que nadie le pidió y en ese trajín de hablar al pedo, le confesó a Male que le hacía acordar a una ex del pasado. Male quedó en silencio y no contestaba nada. Nico prendió la luz para comprobar que ella estaba llorando desconsoladamente y se quería ir. Nico logró retenerla aquella vez, a base de arrepetimiento y reconociendo que haía dicho una soberana estupidez. Pero después de eso, ya sería cada vez más difícil retenerla...

Casi todos los fines de semana salían por ahí a pasear, al cine o a tomar algo (cerveza) y a veces fumar algún charuto esporádico. Ya habían ido a pasear de pepa por Palermo, entrando a librerías, Nicolás haciendo el ridículo con movimientos espásticos incontenibles. Gritandole a extranjeros Aguante el ácido como si se le fuera la vida en ello. En fin... estaba convirtido en todo un salame y un poco era su actitud tratar de impresionar a Male que un poco gustaba de esas demostraciones un tanto iconoclastas de los varones con los que salía. Cada cual hacia su bufonería del mejor modo que podía, pero al final, lo que importaba eran otras cosas. Una de esas noches, Male le confesó que Mauri, un chabon que vivía en Tigre y a veces venía a capital a visitarla, además de ser su mejor amigo, era su ex novio. Esto a Nicolás no le sentó para nada bien. Sintió que le había engañado al ocultarle esa información y la desconfianza comenzó a crecer en él cada día más. Ella minimizó el asunto diciendo que nunca le había gustado mucho pero que era un chabón copado. La gota que rebalzó el vaso de la discordia y desconfianza fue cuando una noche terminaron en el Bar de Ricardo, una tanguería fisura que estaba cerca de la casa de Nicolás y a la que habían ido algunas noches con el cordobés en el mítico verano anterior. Pero ahora, en plan salida de novios, no parecía un gran idea. La cantina estaba llena de gente pasada de rosca, borrachos y mala yunta. Para colmo, Male quizo estar a tono con el lugar y pidió dos whiskies. Nico odiaba tomar ese brebaje que había tomado contadas veces y que siempre lo daba vuelta como a una media. Pero para no parecer flojo aceptó el desafío que le plantó Male y le entraron a dos medidas de Whisky. Nico terminó ultra mareado como siempre, pero Male directamente se convirtió en una ameba. Se apagó y se encogió como un capullo contra la pared del local. Nico, atontado no atinaba a hacer nada y miraba entre divertido y asustado. Una chica medio hippie que salió de la nada se acercó con sus modos dulces y cariñosos a Male, y esta al verla le encajó un chupón prolongado. Ambas se quedaron transando ante la mirada atónita de Nicolás que se sentía entre indignado y un poco divertido por lo bizarro. Pero triunfó su costado moralina y se puso de los pelos por tremenda afrenta en sus propias narices. Pareció otra chica y preguntó por Male, a lo que Nico dijo que era su novia. Esta anónima le dijo que Male era lesbiana y que estaba sufriendo. Que la dejara allí y me fuera, que estaba de más, que sobraba en todo el asunto. "Tu novia es una lesbiana reprimida ¿no ves?, no tenés nada que hacer acá. Andáte." Nico se sintió expulsado de toda la situación y encaró a caminar hacia su casa. Iba lento y cabizbajo, cuando se dio vuelta vio a lo lejos a Male, que lo seguía de lejos tambaleándose con cara de no entiendo nada. Nico tuvo un poco de lástima por ella y la fue a buscar donde se había quedado, en medio de la vereda agarrada a las paredes. La tomó del brazo y la llevó en taxi a su casa. Estaba furioso y llegó a amenazarla con sexo correctivo, pero ella simplemente estaba en otra galaxia. Cuando llegaron a la casa de ella, la metió en su cama y ella simplemente se apagó. Nico se sentía entre engañado, aturdido y mareado. Al otro día, cuando le contó lo sucedido, ella decía no recordar. Después puso cara de recordar algo y cuando él le contó lo que la otra chica había dicho sobre ella, Male se rió y dijo que esa mina era una ridícula. Que no tenía sentido lo que le decía y que no era para nada así la cosa. Es más, lo había hecho para complacerlo a él. Nicolás dudó de todo lo que le decía pero prefirió dar vuelta la hoja y seguir para adelante. Después de eso sería cada vez más difícil dar vuelta la hoja ante este tipo de situaciones... 

Cuando en diciembre llegó el cumpleaños de Male, la juntada fue en un restaurant de barrio norte, para recordar buenas épocas y porque estaba cerca de donde ella seguía trabajando. A Nico le tocó esta vez pasar a un segundo plano y no ser el centro de mesa. Se lo bancaría por un buen rato, pero al cabo de un tiempo, empezaría a ponerse celoso de cualquier cosa. Cualquiera que le hablara a Male, Nicolás sentía que se la quería chamuyar frente a él, como si fuera una afrenta personal. Según Nico todos querían darle a Male, hombres y mujeres, lo sabía por experiencia. Cuando volvían a casa de Male, un poco borrachos, discutieron por alguna tontería y se fueron a dormir casi sin hablarse. La noche era una noche hermosa, primaveral casi veraniega. Al despertat Nico en la mañana estaba muy excitado, y Male dormía despatarrada a su lado en lencería erótica negra. Nico comenzó a besarla y en dos segundos comenzó a penetrarla. Ella gimoteaba y lo abrazaba entre sueños. En pocos minutos un contingente de adn se corrió de su parte dentro de la joven Blancanieves. Luego, Nico cayó exausto, buscando el reposo del guerrero. Pocos minutos después la madre de Male, de visita en Buenos Aires, golpeó la puerta y poco después estaban los tres muy jocosos tomando mate con facturas.


martes, 28 de noviembre de 2023

Temporada de birras (9)

Una de esas noches en que Nicolás salió de Corrientes y se fue directo a la casa de Male para esperarla allí, se asustó al ver cruzar el living por una especie de ardilla veloz. Luego miró bien y descubrió que Male había traído un gatito bebé. Era una gatita chiquita y atigrada que rápidamente se le vino al humo y se puso a jugar. Cuando Male llegó los descubrió a los dos ya cómplices, jugando en el sofá. Nico estaba feliz de esta decisión ya que a veces notaba que Male estaba muy sola y era en esos momentos de vacío y soledad que se conectaba con el lado oscuro de la fuerza, por no decir con el Tánatos. Nico le puso Popi y a Male le encantó. Esa noche celebraron los ahora tres miembros la creación de un nuevo hogar. 

Al mes llegó el cumpleaños de Nicolás y decidió juntar a la gente de Corrientes más algunos de barrio norte y otros amigos de toda la vida. Ese cumpleaños de 31 fue mucho más convocante que el anterior de sus 30. Nico se encontraba en el apogeo máximo de su popularidad, su novia Male aún le bancaba la parada y todavía quedaban amigos de lo eterno. Fueron en troupe al Living donde aparecieron sus amigos de la secundaria y los de su trabajo. En el bar boliche todavía era temprano y como si eso de la petisita culona, le puso sal a la fiesta no fuera sólo una frase hecha, Male peló una pepa que invitó a Nico a clavarse en el baño de damas. Se encerraron en uno de los baños y se colaron rápido el cuartito, pero una de las mozas los había visto entrar y veloz como el rayo fué a buchonearlos con uno de los que regenteaban el lugar. Golpearon violentamente la puerta y ellos salieron porque ya habían hecho lo que tenían que hacer. Pero el hombre se ensañó con Nicolás, aduciendo que era un pervertido y que estaba expulsado del lugar. Sus amigos y amigas trataron de explicarle que Nico era cumpleañero y que estaba todo bien, sólo había ido por equivocación. Además el baño de damas estaba vacío, no lo podía acusar de mirón malicioso. Pero el gerentucho quería mostrar poder frente a su moza de preferencia y no escuchó razones. Algunos ya se habían comprado bebidas pero Nico tuvo que excusarse de su torpeza con todos. Siguieron la fiesta en un bar a cinco cuadras de ahí. El bar siguiente estaba más estallado y encima cayeron más invitados. Male se retrajo y quedó rodeada de compañeras de trabajo de Nico que le hablaban sin parar y ella asentía como podía, lidiando con el ácido que comenzaba a subir a su mente. Nicolás, por otro lado, estaba completamente obnubilado, rodeado de amigos y gente que hablaba a los gritos. De lo único que se encaragaba era de invitar rondas de cerveza, una tras otra. Llegó un punto en que ya ni recordaba lo que había pasado ni quienes estaban allí invitados por él o colados. Cuando finalmente salieron a la calle, quedó en un fuego cruzado entre su mejor amigas y su mejor amigo, que habían sido novios tiempo atrás. La situación tensa del saludo y preguntas que no querían ser respondidas le dieron un halo de nerviosismo que hicieron sentir culpable al bueno de Nico. En eso llegó Male, dijo un par de cosas sin sentido y descontracturó el asunto. Ambos temblaban de pies a cabeza como con un caudal de energía cinética. También apareció una ex compañera de trabajo de Nico en barrio norte, Luli, una clásica rubia tarada, venía acompañada de Santi, otro ex compa que curtía mambos escuchando a Clash. Nico no entendía si eran pareja y mucho menos cuando habían llegado. Luli le coqueteaba a Nico descaradamente frente a las narices de Male. Nico se imaginaba haciendo un trío con la rubia y la morocha, porque su mente daba mil vueltas y se enreda en el jardín de los mimos. Male alejó a Luli con un gruñido como diciendo "yo soy más border que vos gata, asi que fuera", a lo que Luli respondió con una sonrisa falsa, mientras Santi tiraba de ella hacia un lado y Nico tiraba de Male hacia el otro. 

Cuando llegaron a casa de Male, Nico se sentía en llamas y no paraba de repetir la frase de García "estaba en llamas cuando me acosté". El calor corporal era en verdad algo desesperante, y para colmo la visión le daba vueltas y no paraba de ver figuras geométricas en la oscuridad. El mal viaje no paraba de agudzarse. Male parecía más tranquila. Pero Nico no paraba de revolear las piernas en la cama como si estuviera corriendo alguna maratón invisible. Y por momentos se imaginaba a Luli encima suyo, susurrándole chanchadas en la oreja a un ritmo pavoroso. Nico no podía más pero tampoco quería coger con Male, ya sabía que esa experiencia en ese estado podía ser muy extrema y no estaba preparado para uno fusión corporal de ese estilo. Male, que se sentía con ganas de bromear, le dijo que se calmara. Apagó la luz y le contó un cuento. Nico siempre decía que los payasos le causan gracia, a diferencia del resto de sus contemporáneos, que les tienen miedo. A Nico le parecían grotescos, absurdos y esa imagen ridícula le hacía reír. Ella le dijo que cerrara los ojos y se imaginara a tres payasos, que estaban en el circo, por salir a la función, y entre ellos discutían que truco podría hacer cada uno. La imagen de tres tipos con los zapatones, las pelucas y y los pantalones grandes cuadriculados, encima hablando en voz baja, planeando cosas, fue demasiado para Nicolas. Estalló en una carcajada en plena noche a las 5 de la madrugada y parecía imposible que se fuera a calmar. Male se rió también de como Nicolás lloraba de la risa, y juntos terminaron la noche imaginando ridículos payasos en estado de complot, hasta que cayeron fulminados de cansancio. 

Male había conocido al hijo pequeño de Nicolás una vez que fue de visita a la casa de su madre. Ella conectó bien con el niño que adoraba jugar con su collar que tenía una bolita. De a poco fue aceptando esa parte de la vida de Nicolás, aunque siempre quedaba el resquemor de que él no fuera cien por ciento para ella y tuviera "otros" amores. Esto era ridículo para Nicolás que no entendía como alguien podía ser celoso del hijo de su pareja, pero más común de lo que sospechaba. De todos modos, congeniaron bien y ella adoraba a esa pequeña criatura de dos años. 

Cuando llegó septiembre, Nicolás tenía la plata requerida para poder alquilarse algo chiquito. Pero previamente se tiró el lance con Male ya que ella también tenía que mudarse. Él insistió porque prefería vivir acompañado a vivir solo, pero ella le insistía que hiciera su experiencia de vivir sólo y que en todo caso, después verían... Nico insistía pero Male le volvía a responder cantando una canción de Julieta Venegas: "Sé, delicado y esperá, dame tiempo para darte, todo lo que tengo"... Nico se enfurruñaba pero al final aceptó. Después de todo, mal no le venía la experiencia de hacer la suya. Sin embargo, implícitamente, habilitó algo en él para la trampa, en principio...

Los dos se fueron a vivir cada uno por su lado, uno en Caballito y la otra por Palermo. Era claro que por lo general, por la cama de dos plazas y la tele grande, terminaban más en la casa de ella que en la suya pero no importaba. El día que Nico se mudó sintió una extraña sensación; sentía que había conseguido un pequeño logro largamente anhelado, y por otro que era una especie de gorrión, enjaulado en un monoambiente apenas más grande que su antigua habitación. Pero algo era seguro, desde que se había mudado, las terribles y cada vez más continuas parálisis de sueño que lo aquejaban se detuvieron de golpe. Algo en el mundo de los Sucúbos detuvo su andar y los elementales leches dejaron de acosarlo por un buen tiempo. 

lunes, 27 de noviembre de 2023

Temporada de birras (8)

El haber tenido que dejar los estudios a la fuerza el año anterior le dio a Nicolás una relativa libertad y limitada libertad que no desaprovechó del todo, siendo la lectura y pasar tiempo con su novia lo que más hacía. ¿Qué es la felicidad para ti David? David sonreía con su dentadura de modelo Parodontax y no decía nada. Para Nicolás, la felicidad era simple: estar tirado con Male en la cama, cada uno leyendo un libro. Ella, posiblemente alguno de Levrero o El segundo sexo de Beauvoir, y él quizás El club de la pelea de Chuck Palanhiuk o Eramos unos niños de Patti Smith, en fin... cada quien con lo suyo. Si ahy algo que que le gustaba a Nico era que todos seamos felices con los que nos gusta. Cuando intentamos imponer nuestros gustos, todo se desvalancea y se termina cayendo. 

El cambio de barrio norte a Corrientes significó el adiós a titanes como Pancho hot y Pizza way por los mega titanes de Guerrin (que estaba prácticamente en la misma cuadra), Los inmortales, como también la heladería Cadore... Nico creería mucho después que este fue el inicio clave del crecimiento de su panza o busarda. Pero ¿Quién le quitaba lo bailado? Lo que más difrutaba de trabajar ahí era que la librería parecía una librería y no una "bookstore" de 24 hs. Guardaba el mejor de los recuerdos de su escuela de aprendizaje, pero lo de Corrientes era otra cosa. No pasó mucho tiempo para que se diera cuenta que por aquella avenida pasaban los personajes más variopintos y eso fué siempre así. De día y aún más de noche, podían aparecer seres venidos de otra dimensión, escapados de Arkham assylum o de la enfebrecida mente de un Moebius detonado. Gente cubierta con bolsas de plástico y botellas vacías como adornando todo el cuerpo. O el hombre que entró cubierto con una frazada enorme de colores, un tipo en verdad muy robusto que se tambaleaba. De su improvisado chaleco de lana sacó un libro bien grande y gordo. Preguntó si teníamos el libro... Gaguchi, un jovencito ex compañero de barrio norte y que era muy buena onda, le preguntó con toda paciencia ¿cual libro? Pero el gañapan no se contentaba con ofender la decencia sino que encima se hartó de la conversación y le increpó fiero a Gagu... El libroooo!! Pero cual? Insistía un inocente Gaguchi. Nico mantuvo cierta distancia ya que conociendo su temperamento prefería no lidiar con gente alocada que pudieran alocarlo a él también. Pero acá se divirtió con cierta culpa. El hombre insistía con el libro y Gaguchi quería saber cuál. Hay sólo un libro, dijo el hombrón mientras se tambaleaba más borracho que ruso en invierno. Gagu insistía en tratar de llevar la conversación a los parámetros de la realidad, pero la conversación se manejaba por fuera de los mismos, a los que el jóven libro estaba tan aferrado. Gaguchi era casi un niño recién destetado salido de la secundaria que le gustaba leer un poco de todo, teniendo un affaire importante con Paulo Cohelo que nadie le perdonaba. Pero él se mantenía firme a sus gustos. Nico le había sugerido que leyera otras cosas, que elevara la apuesta, que pasara a un Hesse, después a un Castaneda y así... Gaguchi le hizo caso en cuanto a Hesse, pero a Castaneda le tenía idea. Sin embargo era esencial para sortear situaciones como las del gordo que me manejan en otros lenguajes, en realidades alternativas. Gaguchi perdió la paciencia y fue a llamar a la policía que se llevó al indeaseable. Al final el hombrón se refería al Ulises de Joyce...

Nicolás no tardó en conocer a los padres de Malena. Primero había conocido a su madre Carmela en el verano, una mujer encantadora y buena onda, que de entrada lo aceptó rompiendo así con la racha de suegras del infierno que Nicolás venía coleccionando desde su primer noviesita hasta Mariela, siendo la madre de esta última la más harpía de todas. Luego vino Alberto, el padre de Male, un tipo un poco más arisco con Nicolás, que lo miraba de reojo y parecía no confiar en él. Esto a Nicolás lo intimidaba y lo enojaba... Por momentos intentaba congraciarse con Alberto y podían llegar a pegar un poco de onda, por momentos... Pero estaba claro que era el padre quien protagonizaba la mayor resistencia de su familia, que de todos modos, como vivían en Miramar era algo esporádico. Male tenía una hermana que vivía en el norte, con su novio y su hija, muy hippies todos. 

El padre de Malena le había inculcado cierto interés en el Sufismo, y ambos tenía su mantita para brindar sus oraciones matutinas y nocturnas. Nico quería aprender de eso, quería ser parte y su alma curiosa lo llevó a intentar entrar en el círculo de la confianza al mejor estilo Gay Focker. A veces le regalaba libros de cuentos sufíes a ella, o a veces a su padre. Intentaba comprender esa extraña filosofía de vida tan distinta a la cultura occidental. Pero Nicolás, cuando veía a su novia interactuar con su padre, comprendía que tenían una relación de complicidad que lo dejaba afuera y que era inútil intentar entrar ahí. De a poco se iría formando una cierta relación tensa y de recelo con el padre de Male que siempre jugaría a favor de su hija de forma incondicional, aunque ella fuera el problema. Por su lado, sus padres nunca interactuaban mucho con sus parejas, sobre todo su padre que desde que se había separado de su madre intentaba vivir una vida despreocupada de adolescente, saliendo con señoras como si tuvieran 20 años y ya nunca adoptando un rol de padre sino de compinche, como si fuera un amigo más... Esto a Nicolás lo deprimía, porque ese padre que recordaba de la infancia, laburante, sonriente, que jugaba con ellos, contenedor... Se había resquebrajado cuando en los 90s se quedó sin su empleo fijo, para finalmente morir cuando cumplió 50 años y decidió que quería vivir el resto de su vida alejado de su familia, tratando de recuperar una juventud que nunca había disfrutado. Nicolás pensaba bien por él, que haga la suya... Pero sentir que había perdido esa figura paterna lo había dejado desorientado, porque si su padre intentaba vivir una juventud a la par suya, eso le parecía deprimente y desolador... Que frágil parecía la masculinidad en su familia.

Y entonces, en esa batahola de encuentros empezó un mundial que como era costumbre en este país, al principio nadie daba un duro por el mismo. Sin embargo, el equipo de Pachorra comenzó una seguidilla de victorias cada vez más épicas que nos llevarían por primera vez en 24 años a una final del mundo. Toda la experiencia la vivieron por momentos juntos, otras en sus trabajos o con amigos. Pero, en medio de la contienda futbolística mundial, pasó algo que uniría mucho a la joven pareja. Una de esas mañanas en que él se había quedado a dormir en casa de ella, se despertaron como siempre, prestos a tomar un café con leche, cuando Nico comenzó a sentir un dolor in crescendo al costado de su cadera, casi en su espalda. Era difícil definir el dolor pero parecía algo interno, un dolor punzante que comenzaba a elevarse cada vez más. Parado al lado de la cama de pronto, ante la estupefacción de Malena, Nicolás comenzó a quejarse hasta gritar. Ella no sabía si bromeaba o qué, pero pronto comprendió que no había ninguna broma en ciernes. Nicolás sentía como si le estuvieran clavando una daga filosa en un riñón o por ahí. Fueron a las corridas al hospital que le correspondía por su prepaga, pero una vez allí se percató que se había olvidado el dni en casa de su madre. Le pidió a Male que por favor fuera a buscarlo y ella así lo hizo, siendo este el momento en que ella conoció a la madre de Nicolás... Cuando regresó, fue entonces que recién lo pudieron atender y le hicieron los chequeos de rutina. En la radiografía salió que tenía un cálculo insertado en medio del riñón. El dolor que experimentaba era casi único en su especie, quizás comparable a cuando casi diez años antes había tenido apendicitis. Los médicos le pidieron calma y le recordaron que el dolor era equivalente al de un balazo. No sé, nunca me dispararon doc, dijo Nico, pero ninguno de los calmantes que le daban parecían hacerle efecto. Male se quedó a su lado esperando, mirándolo, acompañándolo y faltó a su trabajo para quedarse con él. Una enfermera llegó con oro líquido. Te vamos a tener que dar morfina... Nico se entusiasmó del chutazo ya que se imaginaba algo tipo Trainspotting y así era... Una sensación de liviandad absoluta, sintió desvanecerse suavemente sobre la camilla mientras Male le sotenía la mano y le sonreía. Un rato más tarde, cuando pudo volver a incorporarse, volvieron a casa de ella que le dio cuidados intensivos. Le prestó el piyama de su padre y lo metió en la cama. Nico nunca se había sentido tan cuidado y querido por una novia. Ese acto de amor lo conmovió hasta los cimientos mismos de su ser. 

Al día siguiente, se sintió mejor y cuando volvió al médico, éste le explicó que le iba a dar unas pastillas para dilatar su uretra y así, el cálculo saldría sin mayor capacidad de daño. Quizás en unos días, quizás en una semana, pero saldría mientras hiciera pis, y ni se enteraría. Nico entonces prosigió con su vida normal y Male fue levantada en peso en barrio norte por haber faltado para cuidar a Nico el desertor, pero al final fue valorada su acción por noble y desinterasada. En medio de todo aquello, el mundial más intenso desde 1990 proseguía su curso, y todo el país estaba en vilo por lo que pudiera pasar. Sobre todo al ganar la semifinal a Holanda en un partido bravísimo por penales. Y así llegó ese fatídico 13 de julio, donde casi toda la sucursal de barrio norte se acopló a Nico en la casa de Male que vivía muy cerca y la tensión no se hizo esperar. Con un gol anulado a Igualín, una pulga desdibujada y un chiquito Romero que no podía hacer milagros, se perdió por la mínima diferencia en el tiempo suplementario. Mascherano había sido, según Nicolás, el mejor jugador de Argentina en ese mundial, quien se las había corrido y peleado todas, poniendo huevos por todo el equipo. Pero el milagro vendría por otro lugar, cuando en el entretiempo del suplementario, Nicolás fue al baño a ahcer un pis y de pronto: Plop! se hizo la magia. El pequeño bastardo de ácido úrico salió expelido cayendo en medio del inodoro. Nico observó esa pequeña bolita deforme que acababa de salirle del pene. No había tenido dolor, sólo había salido como quien escupe de un gargajo por aburrimiento. Al salir del baño les contó y todos vitorearon la proeza. Uno disparó le sacaste tarjeta roja al calculo... Todo muy hilarante y aunque se perdió el mundial, Nico recuperó sus dones. Esa noche, cuando todos se fueron, Male le propuso ir a festejar su pequeña victoria en un telo con jacuzzi, y así, peinando la coneja, pudieron sortear ese amargo sinsabor que les había dejado estar tan cerca pero no... 

 

domingo, 26 de noviembre de 2023

Temporada de birras (7)

Por momentos las tertulias de ácido lisérgico se convertían en un problema para Nicolás, que había pasado de ser un mero fumador ocasional de hierbas, a un degustador serial de todo tipo de sustancias prohibidas. Sentía que, de alguna manera, con Male había encontrado alguien con quien probar y romper sus propios límites. 

Cuando comenzó en la sucursual de Corrientes y Talcahuano, se puso a prueba todo por primera vez. Male se tomó la noticia de mala manera y lloraba buscando consuelo en sus compañeras. Nico al principio sintió alivio porque salir con una compañera de trabajo le empezaba a resultar contraproducente. Los celos comenzaban a aflorar en él como un mal difícil de extirpar y eran el indicio del porvenir. Pero estar sintiéndose así, todo el tiempo inseguro de que algún compañero nuevo "le birlara" a su chica, le hacía muy mal. Y encima con la partida del cordobés que se había vuelto a su provincia para jamás volver, no le dejaba mucho entusiasmo para continuar en la mítica sucursal de Barrio Norte. Miró el lugar por última vez y se despidió de todos con un abrazo. Había vivido allí los siete meses (probablemente) más intensos de su vida, y como todo lo intenso deja huella, también dejó tras de sí un tendal de recuerdos inolvidables. 

En su último día se compró Walden de Thoreau, Diario de las estrellas de Lem y Yonqui de Burroughs. Casi como si fuera una despedida el mismísimo señor Alex de Large le cobró en caja con su respectivo descuento. Al pasar los libros por la registradora les dedicó una breve pero divertida acotación a cada uno de los autores elegidos: Un comunista, un puto y otro comunista, en fin... Nico sonrió y agradeció la oportunidad, aunque esa no sería la última vez que se vería las caras con el señor Alex, especie de oscuro demiurgo del mundo libreril porteño.

Su primer día de trabajo en Corrientes 1300 fue una cachetada de realidad. Apenas había comenzado su jornada, cuando tuvo un primer enfrentamiento. Una veterana compañera, que venía de un antiguo grupo de estables que habían sido recientemente disueltos hacía poco, le buscó pleito sin razón. Esta mujer, que ya había hecho todo un recorrido en esa empresa y estaba más quemada que empanada chaqueña, le gritó adelante de todos que estaba guardando mal una novela romántica que según ella iba en autoayuda. Nico, tranqui defendió su decisión y siguió haciendo la suya. Ella, indignada ante esta situación, le volvió a gritar adelante de todos, incluyendo al encargado. Éste, que había sido el primer subco de Nico cuando entró nuevito en barrio norte, le habló a la mujer para que se calme pero no había caso. Ella se sentía reemplazada, invadida por una hueste de pendejitos nuevos y añoraba su antiguo grupo de compas y compinches. Al final se decidió cambiarla de sucursal y enviarla a una donde estuviera más tranquila. Nicolás no entendió en el momento pero luego sí. Porque él también era un exiliado, un exiliado político por haber cometido la felonía de cruzar las fronteras de la confianza en el amor romántico con una compañera de trabajo. Alex no toleraba parejas en su sucursal porque entendía que eran una bomba de tiempo. Que los conflictos y rupturas podía estar a la orden del día y generar un mal ambiente en su reinado de terror. El único habilitado para crear caos y conflicto era él, los demás no podían tomarse esa atribución. Según los parámetros del señor Alex, Nicolás había cruzado una línea que no estaba explícita, pero sí implicita. Y todos sus vasallos que oficiaban de espías e informantes del señor oscuro no iban a dejar pasar la oportunidad de recordarle sus propias diatribas del tipo: Alex, acá hay dos que andan noviando... ¿Que vas a hacer?... Y bueno, el señor Alex tiene que estar a la altura de su fama de Lord Sith. Separó a la pareja por lo sano y que sigan su relación por fuera del ámbito laboral. Acá se viene a labural, no a curtir. Y lo bien que hace señor Alex, lo bien que hace. 

Al poco tiempo de estar en Corrientes, y ya estabilizado con sus compañeros, algunos de los cuales venían del mismo lugar que él, Nico empezó a entender los códigos del lugar. Ambiente más relajado, sin corbata, salida un poco más temprano y un corredor histórico de la noche porteña: librerías, pizzerías y teatros. Ahora, Nico se sentía más cerca de ese mundillo conocido como el de los libreros. Antes, apenas si sentía un vendedor de libros, por no decir un despachante. Porque cuando uno comienza a trabajar en el rubro librero, no importa que hayas leído o trabajado antes, la realidad es que no sabés nada. Y al comienzo uno se contenta con ser un mero despachante de libros. Te piden algo, lo buscás, lo entregás y chau. Pase el quye sigue. En librerías como la de barrio norte, que tienen un contigente de venta superlativo, esto a veces es lo único que se necesita. Pero en Corrientes la cosa no era tan así. El público era más variopinto, con gente golondrina o de paseo como en barrio norte, pero también con reales buscadores de libros, buscadores de rarezas, gente interesado en lo oculto. De todos modos, también al ser una sucursal con mucha gente, la tarea de recomendador no era algo que se diera fácilmente, aunque de a poco se empezaba a perfilar. Sin embargo, acá es donde Nicolás pasaría al siguiente nivel, vendedor de libros. El período de despachante había quedado atrás. Barrio Norte había sido una escuela, quizás la mejor (junto con el Splendid), ya que aprendía los gajes del oficio en un curso acelerado de pocos meses (los tres iniciales de prueba). Después, para un tipo hipersensible como Nicolás, quedarse en ese lugar era asesino. Así que sabía que en el fondo Alex le había hecho un favor, aunque no lo viera tan así. Una de esas tardes se cruzó con el señor Alex en el depósito que había en el subsuelo de Corrientes y le puso cara de perro y tensión cortante a su saludo. Alex que no era ningún tonto se dió cuenta y probablemente no le gustó un carajo, haciéndole la cruz para siempre. Nicolás no controló su reacción porque en ese momento le daba bronca que lo hubiera apartado de sus compañeros y de su chica, pero no tardó en darse cuenta que había sido la mejor decisión. Entonces no pudo contener su furia y le mando esa mirada asesina a su antiguo jefe, un poco para sacarse la bronca de sus abusos laborales que Alex ejercía de forma fría con varios de sus compañeros. En ese momento Nico se sintió zarpado, como si fuera un héroe anónimo de las masas, vengando al pueblo oprimido. Una especie de Guy Fawkes, un vengador silencioso. Pero Alex anotaría esa impertinencia de su parte para vengarse a futuro, porque el que tiene alma de opresor y es un calculador meticuloso como Alex, sabe que la venganza es un plato que se sirve frío. 

A los pocos meses de comenzar, la relación con Male entró un poco en meseta. Se enfrío esa intensidad inicial de los primeros meses y pasaron a verse como cualquier pareja, cuando les daban los tiempos. Igual pudiera congeniar bastante bien eso ya que en principio él salía una hora antes y la pasaba a buscar tranqui cuando ella salía del laburo. Pero esa separación no era gratuíta, porque Nicolás sentía que Malena un poco le achacaba a él la culpa de esa separación de sucursal. De hecho, Nicolás pensaba pedir un cambio de turno en Barrio Norte, cuando Alex le dijo que sí, más que de turno de sucursal. Porque Nico ya entendía en parte que estar juntos todo el día era contraproducente. Pero ahora que estaban en sucursales distintas, ella un poco se lo hizo pagar. La primera gran afrenta llegó un día en que habían quedado en verse a la salida del trabajo y ella le canceló porque iba a salir con La Colombiana, una compañera nueva de Male, que no conocía. El hecho de que le hubiera cancelado a último momento le molestó mucho. Se sintió desplazado, infravalorado, despreciado... O sea, se lo tomó de la peor manera que alguien se puede tomar un hecho irrelevante así. Era cierto que estaban juntos todo el tiempo y ella le reclamaba que necesitaba tener amigas, que tratara de entender. Pero él la entendía y a la vez la añoraba. Sentía que no podía estar una noche sin ella y eso, de alguna manera lo hacía sentir dependiente y débil. Porque la amaba tanto que terminaba odiándola por necesitarla tanto, al punto de no poder respirar si no la veía. Y entonces, ante los primeros asomos de libertad e independencia, él se sentía vacío, sólo, amargado y vacío. Pero Nico, en el fondo, bien en el fondo, sabía que ese era su problema, no de ella. 

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Temporada de birras (6)

Nicolás tenía miedo. Siempre lo tuvo. Casi podría decirse que el miedo era su estado natural. Cuando era chico tenía problemas respiratorios y ningún médico daba en la tecla con el diagnóstico. Sus pulmones chiflaban, se quedaba sin aire y tosía hasta quedarse morado. Un buen día lo llevaron con un médico homeópata y ahí pudo encontrar estabilidad. A base de una medicina herbácea alternativa, sintetizada en globulitos, Nicolás pudo curarse para siempre de sus bronquios. Aquel médico, un tal Dario, le preguntó si tenía temores. Él le respondió que le tenía miedo a la oscuridad. Darío le dijo que estaba bien tener miedo, que sin miedo no se puede vivir. Aunque quizás le faltó completar que si bien el miedo es algo inherente en el humano, se debe seguir avanzando. No claudicar o quedarse paralizados porque lo peor que nos puede ocasionar el miedo es dejarnos quietos, inmovilizados, sin capacidad de acción o reacción. 

Por las noches, en la casa de Malena, veían películas de terror o escuchaban canciones que les gustaban. A veces se peleaban porque ella no quería escuchar lo que él ponía y viceversa. Entonces Nicolás proponía elegir un tema cada uno. Esto no convencía a Malena pero resultaba lo más justo. La realidad es que ninguno quería ceder en su orgullo y se comportaban como dos niños de jardincito. Sin embargo, eventualmente podían coincidir sus gustos y entonces ahí brotaba la magia entre ambos, generando artistas que marcarían esa relación por siempre. Uno de estos fue Tim Buckley, el acongojado artista norteamericano, que con canciones como Song to a siren, conmovía los cimientos emocionales de esta joven pareja. Ninguno podría volver a escuchar aquella canción sin recordar ese primer verano juntos.

En febrero a Nicolás le tocaba una semana de vacaciones y siguiendo la recomendación de un viejo amigo, decidó mover su esqueleto hacia Claromecó, una playa del sur de la provincia de Buenos Aires. Como a Male aún no le tocaban vacaciones tuvo que irse solo y la experiencia fue buena para poner a prueba un poco a la relación, darle temple. Mientras estuvo allá, Nicolás se dedicó a ir del camping a la playa y de la playa al camping, leyendo Las palmeras salvajes de Faulkner y pensando hasta que punto toda aquella historia triste no sería una premonición. Las pocas veces que habló con Male la notó bajoneada, sin mucho para decir más que confesarle que estaba fumando mucho. Nico lo tomó como un mensaje de su ansiedad, quizás lo extrañaba y era una forma extraña de decirselo. De todos modos, él volvió en pocos días y le llevó de regalo los dvd de Jurassic park, El juego de Ender y El lobo de Wall street que miraron juntos felices por su reencuentro. 

En la librería había habido algunos cambios siendo que habian entrado algunos chicos nuevo y otros que se había ido. Pero sobre todo, el cordobés tendría que haber vuelto de sus vacaciones y sin embargo nadie sabía nada de él. Encima ya se rumoreaba por toda la sucursal acerca del romance entre Male y Nico, y eso generaba una tensión de nervios insoportable. Ellos habían ido a ver Her, la película con Joaquin Phoenix que trata de un escritor de poemas de amor que se enamora de su sistema operativo. Un drama posmoderno con tintes satíricos y un poco de ciencia ficción. En base a esta salida romántica donde Nicolás no haría más que reconfirmar su amor por Male, es donde Matute, el perro cancerbero de Alex, los descubrió y avisó a las autoridades. Matute, el subencargado les hacía preguntas por separado de que habían hecho el fin de semana y ambos daban respuestas similares, entonces ante la sospecha, unía las partes para darle parte al loco Alex y así separar a los alegres tórtolos. 

Pero antes de este trágico desenlace volvió el Cordobés. Completamente alienado. Mucho más de lo que ya estaba antes de irse de vacaciones a su ciudad natal. ¿Y entonces? El loco se había enterado de una posible paternidad pero fue expulsado como perro malo. La crisis interna del cordobés ya no podía ocultarse más, estaba a punto de estallar. Las imbecilidades y desubicaciones del señor Alex tampoco facilitaban las cosas que, fiel a su estilo provocador, ponía en duda adelante de todos la veracidad de su relato. El cordobés no tardaría en renunciar y mandar al diablo a todos, cansado de vivir una situación alienante que ya no soportaba más. Nicolás a veces pensaba que su camada, la del cordobés y él, estaba malparida. Aquella partida abrupta del cordobés fue una estocada fatal para aquella sucursal, quizás la más grande después del Splendid. Todos los que trabajaban ahí sintieron en mayor o menor medida su partida porque el cordobés era un poco como el alma del lugar. Sin él, era una librería más, gris, triste y sin alma. Sólo los nuevitos no captaban la real relevancia de aquella irremediable partida que dejaba un hueco imposible de llenar. Sobre todo para Nico que se había sentido en verdad muy bien recibido por el cordobés y habían forjado una linda amistad. Pero no hubo mucho tiempo para duelos, a poco de haber renunciado el cordobés, Nicolás fué anoticiado por el conde Alex de que sería enviado a otra sucursal.

viernes, 10 de noviembre de 2023

Temporada de birras (5)

La temporada de birras no cejaba ni un milímetro en su haber. Malena era una máquina constante de ingerir cerveza todos los días, y Nicolás fluctuaba entre seguir el ritmo o ponerse la gorra para tratar de que bajara un cambio con el consumo. Pero de nada servía, ella ya sabía todo al respecto y no tenía pensado cambiar un ápice su modus vivendi, ni por él, ni por su familia, ni por nadie. 

Ambos vivían un apasionado romance entre sí y con la lectura. Cada cual con sus propias obsesiones literarias por supuesto. Ella con las novelas eróticas, la sodomía, algo de feminismo y un poco de drama y terror. Él con la ciencia ficción, la fantasía, las aventuras, biografías de músicos y algo de orientalismo. Aunque la que se decía budista era ella, en realidad era Nicolás quien tenía una relación más directa con el trascendetalismo, siendo lo de ella una relación más interesada con el Budismo pragmático y materialista del Japón. En cambio Nicolás no paraba de pensar en el más allá, en las diferentes caras de Dios en el mundo, en la multiculturalidad planetaria y en el misticismo más arcaico. Al final, ambos congeniaban una ensalada de confusión en la que ninguno de los dos entendía nada. Aunque él terminaba defendiendo su origen católico ante los embates de ella por desmerecer una doctrina que había permitido tantos crímenes y persecución. A Nicolás le terminaba por salir el católico que no tenía ganas de reflotar porque le dolía la injusticia de que se juzgara a la religión de sus ancestros por culpa de la corrupta institución.

Malena era una chica que de alguna manera vivía para y por los libros. Su vida por momentos parecía la réplica de una ficción. Si en esos tiempos andaba leyendo Los Enamorados de Hayes, Nicolás se entretenía con El juego de Ender. Los desfasajes lectoriles (por llamarlos de alguna manera) podían ser una complicación, sobre todo para Nicolás que parecía abstraído en sus lecturas fantásticas, mientras que las de ella dialogaban directamente con su situación actual y con la relación de ambos. Entre los libros que mencionaba ella solía estar Ada o el ardor de Nabokov, novela que despertó incomprensibles deseos incestuosos en ella o La insoportable levedad del ser de Kundera. Novela que ella le decía que si leía lo amaría más. Él se negaba un poco porque había visto la película el año anterior y le había parecido un drama apenas atendible y por otro, como una resitencia interna a leer lo que ella le recomendara, porque ella hacía exactamente eso con él: rechazar todas y cada una de sus recomendaciones literarias, musicales o cinéfilas. Eran como dos chicos, dos niños novios que a la vez compiten entre sí por el amor de algún ente invisible, probablemente llamado Orgullo.

Lo de la novela de Kundera tenía raíces más profundas. Él se había comprado en el parque La insoportable levedad del ser un año antes de conocer a Malena, pero aparte de haber visto la película, se la recomendaba siempre Mariela. Entonces ya estaba negado completamente con dicho libro. Pero, si hubiera podido leerlo quizás hubiera entendido un poco más la relación que estaba teniendo con Male, porque ella parecía fluctuar entre Teresa y Sabina alternativamente. Podía ser tímida y dependiente de su amor como Teresa, y por momentos seductora, histérica y conflictiva como Sabina. De poeta y de loco, todos... Pero Nicolás, joven distraído, imaginativo, perdido, poco pillo, solía ir por la vida a ciegas, siempre dejándose llevar por la corriente. Entonces era muy difícil de que se diera cuenta de algo, que le cayera la ficha de lo que estaba pasando. El sólo fluía. Fluir no esta mal, pero a veces, camarón que se duerme...

Fueron a ver al cine Las increíble vida de Walter Mitty de y con Ben Stiller, uno de esos placeres culposos que ambos tenían. Pero la salida no salió como esperaban. Venían de gira y ella se quedó dormida a los cinco minutos de empezada la peli, él la vió todo y le encantó, pero le frustró no haber podido compartir esa historia con ella. Al terminar, le dió unos empujoncitos y salieron al patio de comidas donde se zamparon unas hamburguesas de Burguer King que les devolvió el alma al cuerpo de ambos. Porque ambos eran un sólo cuerpo, a veces. 

En una de aquellas noches veraniegas del naciente año. Nicolás y Malena se habían entregado al consumo casi excesivo de LSD. Siendo que él tenía pocas experiencias previas, de pronto estar empepado de una forma bastante seguida le pareció un montón. Pero él le seguía el tren porque le daba y porque quería. Una de aquellas noches, ambos quedaron trenzados en experiencias sexuales lisérgicas de una forma bastante estrobodélicas. Sensaciones que nunca habían experimentado de fusión total. Todo era raro, muy raro, pero ambos vivían lo que muchos de sus compañeros no harían sno hasta casi diez años después. Ellos estaban a la vanguardia, experimentando con sus cuerpos, tensando la cuerda al máximo y buscando los límites. Sobre todo ella que era una chica que a Nico le parecía increíble cuando la veía conectada, enganchada, buscando impresionarlo. Esa noche se quedaron despiertos toda la noche, entre cogiendo y alucinando cosas. Cuando las escenas de sexo maratónicas llegaban a su fin, se quedaban desnudos mirándose fijo a los ojos. Ya era de madrugada. 4 y media, las cinco... La luz comenzaba a filtrarse de a poco por entre las persianas de la planta baja de su depto. "Miedo" decía ella, "veo miedo en tus ojos". Él se reía, por momentos se asustaba, por momentos le decía que veía lo mismo en ella y por momentos sentía que tenía razón. El miedo parecía algo que nunca lo abandonaba. ¿A algo en particular? No podía saberlo. Parecía ser algo latente, algo profundo, algo venido de su interior que algún día tendría que descubir. O no... Pero también era correcta su primera impresión. ¿Quién no tiene miedo?... A Male le gustaba la intensidad y Nicolás era un proveedor nato de la misma. A veces ella jugaba a llegar a los extremos y por momentos podía asustarse de lo que generaba en Nicolás, básicamente porque el muchacho era poco estable en lo emocional y eso atemorizaba a Malena. Pero también le atraía. 

Después de esa noche de ácido y locura en Barrio Norte, Nicolás se fue a trabajar. Sin haber dormido, sin haberse bañado, y sin Malena que tenía franco. Solito fue a dar la cara en un estado calamitoso a la librería. La experiencia fué atroz. Como una especie de continuación del trip, pero ya en caída libre. Cada vez que algún compañero se le acercaba a hablarle o algún cliente le preguntaba algo, él emepzaba a reírse y ante la mirada atónita de su interlocutor, huía despavorido de la escena. Por eso, buscaba esconderse atrás de las mesas o estanterías, haciendo que buscaba un libro, esperando que le bajara la locura. ¿Seguía loco? Él creía que no, pero poco importaba. Fue al baño a lavarse la cara y observó entre atterrorizado y divertido que aún tenía una pupila dilatada. La imagen era grotesca, bizarra, simplemente absurda desde todo punto de vista. Pero no era algo que sintiera que podían notar. Volvió a la librería y buscó hacer algo, ocupar su tiempo, pero era uno de esos días que había poquísima clientela, pocos empleados, mucho sol y calor afuera. Una clásica tarde de enero en Buenos Aires. Se acercó a Marcos, un subencargado que parecía el hombre topo. Le comentó que andaba buscando libros de Ballard, para leerlos, o para tenerlos, o fumarlos, o lo que pintara. Marcos le sonrió y llamó a Alex, que justo andaba ese día por la Librería, siempre vestido de negro, porque le encantaba sentirse Darth Vader, ser temido y amado al mismo tiempo. Llegó otro vendedor de experiencia, el loco Vitucho, y comenzaron a charlar de que Ballard esto, de que Ballard aquello, de que tal novela bla bla y zaraza... Y en el medio de aquellos hombres, el joven Nicolás, con una sonrisa de plástico, sin entender nada. Rezando en sus adentros para que se hicieran las doce de la noche y huir despavorido de ahí. La jornada se hizo eterna, como nunca antes le había pasado en sus años de trabajo. Cuando finalmente llegó a sus casa se dió una ducha, se metió en la cama y le hizo cucharas a Male.

Lo que más adoraba Male de Nicolás no era ni si físico, ni como le hacía el delicioso, o como la hacía reir diciendo chistes malos. Todo eso quedaba en un segundo plano. Lo que más amaba de él era cuando se soltaba y le hablaba con franqueza, desde el corazón. Cuando se habría sicenramente y le contaba sus sueños y anhelos, por más ridículos que estos fueran. Una de esas noches calurosas en que habían terminado su jornada laboral y antes de irse a la cama, que era lo que casi siempre quería Nico, pasaron por el viejo y querido Bar del metaelor. Donde un mes antes, cuando recién empezaban, solían ir en grupo y donde Male se enamoró de él mientrás el payaseaba con Checho, cantando canciones grasunas de Whitesnake sin verguenza, y ella lo miraba encantada por su desfachatez. Ahora, ya solos, sin todos los demás que se fueron yendo, hablaban más serios. Como esas parejas que comienzan como parte de un grupo festivo y terminan quedando como único recuerdo de un grupo que supo ser bello y divertido. Ahora había menos risas, menos gritos y diversión. Los acechaba la rutina y entonces ella le preguntó cuál era su sueño imposible, aquello que el encantaría hacer pero que no se podía. Para él la respuesta era fácil. Viajar, viajar fuera del planeta, surcar los planetas del sistema salar, mirarlos a la cara, flotar en el espacio, y moverse a la velocidad que quisiera, surcar la galaxia, el universo, ver los cuasares, las nebulosas, el centro estelar... Hubo un silencio profundo, ella sonrió y lo amó más. 

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Temporada de birras (4)

Enero era caluroso, extremadamente caluroso. Aquellas tardes en que Nicolás iba desde el Abasto a Barrio Norte, caminaba por avenida Las Heras y curioseaba la vidriera de una librería muy top. De esas que tienen cosas importadas muy chéveres y mononas. Nico se entusiasmó con ese lugar porque un compañero (mal llamado y conocido como "el héroe") le había soplado la presencia de libros del señor Ballard y Nico estaba viviendo un metejón con el autor inglés oriundo de Shangai. Se compró El mundo sumergido, la primera novela (al menos de relevante importancia) de dicho autor. En pocos días se la devoró toda, como corresponde a un machito violento como era él... según las malas lenguas, claro.

Nicolás siempre odió las lenguas viperinas. La gente víbora, las serpientes de cascabel, y todo el subgénero de reptilianos siempre le causaron asco y rechazo. Lo de Nico era lo caliente, lo mamífero, lo felino... La gente fría y reptil eran las antípodas de su cosmovisión general. Ese verano también se leyó El juego de Ender de Scott Card, lo mismo que El monje que vendió su Ferrari, Estrella distante, El gran Gatsby, Los vecinos mueren en las novelas, Las partículas elementales y muchos más. De hecho, ese 2014 sería uno de los años que más libros leería en su vida hasta ese momento al menos, llegando casi a 53 ejemplares y comenzando así una vorágine lectora que dificilmente se detendría en los próximos seis años al menos.

Pero eso no era lo importante. Ese enero, como dijimos, hacía mucho calor. Con Malena se la pasaban escapándose de la librería para darse besos furtivos. Por las noches se enredaban en un sinfín de gemidos traspirados. Todo siempre acompañado por latas de cerveza, por vasos de cerveza, por botellas de cerveza y no había nada que no se pudiera hacer sin cerveza. Nicolás nunca había sido muy bebedor de cerveza ni de nada. Tomaba sí cuando se veía con sus amigos, cosa cada vez más esporádica. Desde que había entrado en esa vorágine de pasión y dependencia mutua, todo el resto de sus vínculos había pasado a un segundo o tercer plano. En pocos meses perdería a una parte de sus amistades de la primaria, y con el tiempo perdería la otra parte que restaba. Nada ni nadie le servía en ese momento, nadie lo congraciaba, sólo Male, que nunca le exigía nada. Ni que estudiara una carrera, ni que fuera "alguien" en la vida porque ¿que había hecho en esos treinta años al pedo? como le había acicateado Mariela. Nicolás respondió muy fino: Hacerme la paja mirando una foto de tu vieja en tanga, eso hice. De hecho, nací pajeándome, por eso costó tanto salir del útero, tenía las manos en la masa... 

Para Mariela (que en pocos años se convertiría en una especie de influencer psicóloga feminista) sólo quedaría la ignominia en el recuerdo de Nicolás. Un ser aplastado por sus propias contradicciones que seguramente terminaría votando a algún desquisiado derechista empastillado, o se iría a vivir al paraíso fiscal pedorro que es Uruguay, refugio de la ralea más merza y nefasta de la Argentina. Pero Male era otra cosa. Ella no le metía consecutivamente el dedo en la llaga o en el orto, a menos que él se lo pidiera claro. Podía ser una chica brava, muy difícil de comprender, a veces era irritante en su derrota y desconsuelo de vivir. Pero es que Male era una mujer rota, como las mujeres rotas de las que hablaba Simone de Beauvoir, aquellas que sufrieron algo terrible en su vida y les resulta difícil o casi imposible volver a reconstruirse, volver a ser una. Quedan fracrturadas como un espejo roto que se vuelve a pegar pero que ya no es el mismo. Y a veces, dependiendo la personalidad de cada uno, la fuerza, los intereses, hasta los genes, podemos hacer algo con la tragedia o apenas podemos seguir vivos y ya... Nico fue entendiendo todo eso lo mejor que pudo, pero no podía estar en sus zapatos. Notaba la inmensa fragilidad de esa muchacha menudita y narigona, de pelo cortito y mirada escurridiza. Que le mostraba un bandoneón que le habían regalado y que parecía tan o más grande que ella. Hacía movimientos como queriendo sacarle un sonido a tremendo instrumento de complejidad, y las cucarachas revoloteaban por las paredes y Nicolás la observaba con la intriga de quien tiene frente a sí un misterio insondable, más allá del que de por sí son las mujeres en general. Male era algo muy oscuro, nunca había conocida a una chica igual, y toda esa pesadez, esa densa negritud de su alma, le hacían ver que más allá de la nebulosa de confusión y autoflagelación, había un alma luminosa, un diamante en bruto, un corazón de oro puro. Pero esos momentos eran como destellos breves que en pocos minutos podían convertirse en el peor de los infiernos. Nicolás entendía todo eso pero no estaba resignado a soltar tan pronto. El dolor por Mariela había desaparecido ya hacía meses pero él elegía seguir adentrándose en una relación que no prometía mas que sinsabores.

Una de aquellas noches veraniegas, el cordobés le dijo que la sucursal estba embrujada, que la proximidad del Cementerio era una influencia nefasta y que no eran pocos quienes habían visto gente taciturna caminando por los pasillos, gente que no salía en las cámaras de seguridad. Nicolás leía Gilgamesh, aquel poema épico que se dice es el más antiguo de la humanidad. Nicolás siempre entendió que la humanidad es un suspiro en la historia del universo, pero que en nuestra propia escala, la humanidad era vieja, la humanidad tenía su historia, su camino recorrido, y que muchas cosas habían sucedido desde lo de Gilgamesh, el héroe que afronta el temor a la muerte. Y antes de él ¿que? Quizás haya mucha más historia perdida en el silencio de los tiempos idos... A Nicolás le generaba una extraña obsesión todo aquel pasado olvidado del ser humano. Algo le decía que en esos tiempos perdidos habían pasado cosas clave que marcarían todos los sucesos posteriores. Pero para la historia oficial, la humanidad apenas tiene algunos cuantos milenios de civilización. Nada podía afirmarse en un mundo que adoptó el metodo científico de las pruebas y de la evidencia exacta. Esta bien, pero para Nicolás, todo lo que nos pasa, sobretodo aquello que no logramos resolver, se encuentra perdido en el polvo de la noche de los tiempos.