viernes, 30 de enero de 2026

El Zorro: la mejor serie de todos los tiempos


En los últimos veinte años, a la cinefilia se agregó una nueva tendencia: la seriefilia. Esta, como bien indica su nombre, es el fanatismo por una serie. Y si bien en los últimos años las series adquirieron un nivel de producción de película, cosa que las elevó bastante de su mediocridad sitcom, la realidad es que las series siempre estuvieron. No seamos tan literales, con siempre me refiero a por lo menos (casi) un siglo de historia. 

Pero no es mi intención historiar "la historia" de las series, sino más bien hablar de las que me parecen A MÍ, las más trascendentes e icónicas de su época. Y claro, además las que más disfruté de ver. Hoy en día (cuesta) pero casi nadie habla de cuál es la mejor película, la mejor banda, la mejor, la mejor... ese excitismo tan inmaduro y cuestionable ya no forma parte de nuestra sociedad evolucionada actual ¿o sí?

Pienso que existen muchas cosas que nos parecen lo mejor sólo porque a nosotros nos gustan mucho, pero eso no significa que algo sea mejor o peor sino que tiene que ver con lo que resuena en mí. Después existe la opinión de la crítica, algunos factores como trascendencia, iconicidad, porducción, actuaciones, historias sólidas y bien estructuradas, en fin... vigencia. Hoy vemos El Padrino y para algunos será la mejor, para otros no, pero la película mantiene vigencia por su excelencia narrativa y audiovisual. Después para gustos, los colores... 

En fin, dejemos de dar vueltas al asunto y vayamos directo al grano. 

En el 2012, cursando guión para radio y tv, surgió en uno de los recreos del Iser cuál era la mejor serie de la historia. Ya arrancamos con el excitismo de lo mejor o peor... pero bueno, era lo que había. Muchos, por no decir la mayoría, tiraba los grandes tanques del momento. Juego de Tronos, Breaking bad, alguno tiró MadMen... varios Los Soprano. Cuando me preguntaron a mí, me sentí fuera de onda porque no había visto (aún) ninguna de las series mencionadas. Estaba literalmente en otra y me consideraba un orgulloso cinéfilo de barricada. La seriefilia me parecía una estúpida moda del momento. Pero para no quedarme afuera tiré El Zorro. Algunos se rieron, otros me dijeron: No dale boludo, en serio. Pero me mantuve en mis trece. El Zorro es la mejor serie de los tiempos y me bato a duelo con quien diga lo contrario. Bien al estilo del Zorro. Algunos se lo pensaron y la cosa quedó ahí, pero no porque me tuvieran miedo sino porque creo que en el fondo mis interlocutores sabían que tenía razón. 

A ver, maticemos la propuesta. No es que piense que El Zorro sea la mejor, pero sí creo que es una serie icónica y vigente por un montón de motivos. Sobre todo de una época donde los seriales eran producciones menores y de escasos recursos a diferencia de la grosería presupuestaria que se maneja hoy en día. Entonces hoy, con buenos efectos ya tenes a la mitad de la audiencia adentro. En esa época no era así, te la tenías que ganar sobre todo a base de narrativa, acción y aventura. 

Claro, El Zorro es una serie de aventuras y eso la sigue haciendo interesante. Es otra categoría a Breaking bad o Los Soprano que tienen tintes más dramáticos y profundidad narrativa. Pero El Zorro en su liga es casi rey. Si pensamos que se trata, primero de una serie de Disney basado en el personaje literario de Johnston McCulley de 1919. Hubo varias adaptaciones a series y películas que no trataremos aquí, pero está claro que quien dio verdadera popularidad al personaje a nivel internacional, fue la versión de los estudios Disney con dos temporadas 1957-1958. Luego hubo tras versiones más modernas con Antonio Banderas, etc. Pero el Diego de la Vega definitivo es el interpretado por el querido Guy Williams, dicho sea de paso un amante de nuestro país. 

El Zorro de Disney tiene todo lo que uno espera de un serial de aventuras, personajes variopintos, villanos varios que se van sicediendo pero que responden a un villano que aparece al final. El humor que tiene la serie partiendo de Don Diego, ese estanciero bon vivant que es entrañable y divertido, el tipo más buena onda de la California española. Después Bernardo, ese mudo también adorable y tierno que le salva las papas más de una vez. El padre de Don Diego, Don Alejandro, es un tipo testarudo pero super cariñoso con su hijo. Me mata cuando le dice que descanses hijo querido. Guau, que bien que se trataban en la época de la colonia. O es porque tenían plata? Vaya uno a saber. Luego el Sargento García, un obeso sargento, amante del vino y la música. Las canciones que canta el sargento a lo largo de la serie es uno de los puntos más altos, con su voz atronadora y melodías inolvidables. Luego el Capitán Monasterio (el primer villano), de todos los villanos es el más querible. Al final de su arco narrativo es el único que casi descubre que don Diego es el Zorro. Así que merece el mayor de los respetos, aunque también era un personaje bastante patético y sus insultos a García eran la comidilla de cuando uno era chico. Luego aparece el cabo Reyes, un soldado bastante fiaca y pancho, que sirve como comparsa del sargento García, siendo la dupla cómica por excelencia de la serie. El humor es una de las mejores cosas de la serie, lo cual la hacía familiar, para grandes y chicos. Pero aparecía gente fumando pipa, tomando vino, etc. Lo cual hace al Disney de hoy, que es bastante inferior al Disney de los 50, a poner cartelitos avisando esos terribles pecados. 

La serie está tan bien elaborada, con un Guy Williams que casi no usa dobles de riesgo, haciendo las escenas de pelea él mismo o andando a caballo. Lo que se dice un verdadero actor y héroe. Y además, un arco narrativo impecable que hoy en día (sobre todo si estás de vacaciones como estoy yo) te hace maratonear como la mejor serie de hoy día. Todo funciona bien y es coherente. Nos habla de una época muy poco retratada en las series y películas yanquis que es justamente la de cuando Los Angeles, San Francisco, Monterey, y toda alta California pertenecía aún a la corona española. Y como los yanquis son tan reacios a mostrar esa parte de la historia, por orgullo, por sentimiento anti hispanista, anti católico, o por lo que fuere. Eso le da un gran plus a la serie. Y sin bien los soldados del rey son mostrados como tipos bastantes ineptos, no se lo puede culpar ya que como los romanos en Asterix, los ejercitos enemigos, en un serial familiar tienen que ser un poco payasescos. Porque los verdaderos enemigos son justamente aquellos que quieren robar las colonias a España. Y después está el capítulo donde vienen dos gauchos a importar botas de Argentina. Son, claramente los villanos, y uno usa boleadoras, dandole más de un dolor de cabeza al Zorro. Esos si son mostrados con astucia y altanería, demostrando el respeto y cariño que Walt Disney sentía por Argentina. 

Y el Zorro es un personaje tan icónico de mediados del siglo veinte que influyó a muchos otros que vinieron después pero creemos que son anteriores como el mismísimo Batman. Que vendría a ser la versión más yanqui del Zorro y más anclada en el siglo 20. Claro, con un tamiz más oscuro y dramático. Acá no tiene un padre amoroso, sino que sus padres fueron asesinados, los villanos son psicópatas y por momentos el propio Batman parece un tipo bastante lejano a lo que se considera cuerdo. Pero luego la premisa es muy parecida: Un tipo rico o heredero de gran fortuna, se disfraza de negro y con su astucia y fuerza combate el crimen sea en Los Angeles de 1820 o en Gotham city del siglo XX. Tienen su escondite en su propia casa, un asistente Bernardo/Alfred, tienen su movil Tornado/Batimovil, y luchan por la justicia por fuera de la ley. Amo a Batman, pero sin El Zorro, no sé si hubiera existido. De hecho la serie de Batman de los 60s, tiene mucho de los tópicos de la serie de El Zorro que había salido diez años antes. Sólo que reemplazando es humor alegre y festivo del Zorro, por un humor más absurdo y estética Kitsch, en el caso del Murciélago. 

Para finalizar, recordar que El Zorro es claramente la mejor serie de la década de los 50, pero por afano. Es cierto que en aquellos tiempos tampoco es que había una super competencia, pero había varias series, pero la que destaca por sobre el resto es claramente la del justiciero que marca la Zeta. Así como en los sesentas tuvimos Star trek, Batman, Doctor Who, en los setentas Kung Fu, La familia Ingalls, Wonder woman, en los ochentas hubo una explosión de series (como de películas) siendo para mí las series más interesantes V, invasión extraterrestre, Alf y El auto fantástico. En los 90`s creo que Expedientes X vino a marcar la diferencia, por supuesto que Los Simpson, y la moda de la sitcom (que a mi nunca me copó) como Friends y Seinfeld. Y claro, con los 2000 las serie entraron en esa órbita de mega produccción que es la que llega hasta hoy día, desde Los Soprano, Lost, Madmen, Breaking bad, Juego de tronos, Black mirror, El juego del Calamar, hasta El Eternauta si se quiere... todas grandes series que parecen jugar en otra liga. Disney con su Mandalorian y Andor como lo mejorcito que hizo, pero muy lejos de sus días de gloria con El Zorro, cuando realmente lideraba los seriales por sobre el resto. 

Pd: Otra curiosidad del Zorro es que está tan apropiada por el público argentino (y calculo que en toda latinoamérica será lo mismo), que es casi imposible mirarla en su idioma original, siendo el doblaje clásico el que mejor la sienta a esta hermosa serie, quizás por ser personajes que deberían hablar español o porque simplemente, como en los Simpson, les cuadra perfecto. Un excelente e inmejorable trabajo de doblaje. Podría escibir muchas más cosas de esta increíble serie pero acá corto porque hay que salir al sol también. 

Salud!

Z

miércoles, 21 de enero de 2026

Dos boxeadores: Dos modelos de país


Cuando pensamos en boxeo, muchos son los nombres que se nos vienen a la cabeza: Muhammed Alí, Joe Louis, Mike Tyson, Sugar Ray, etc, etc, etc... también a nivel nacional tenemos lo propio: Ringo Bonavena, Carlos Monzón, Nicolino Locche, etc... Además de que también pensamos en sangre, sudor y lágrimas, ya que la vida de los boxeadores suele ser de lucha y sufrimiento, en muchos de los casos más resonados al menos. 

No voy a plantear una historia del boxeo porque no es la idea y ni siquiera soy un gran aficionado a este deporte o disciplina de combate, como quien llamarle. Creo que es una disciplina más pero pocas son las veces en las que me junté con amigos para ver una pelea en Combate Space, los sábados a la medianoche. Tiene algo de vértigo, mística de juntada futbolera, pero creo que tambíen es en parte por la onda argentina que le ponemos a las reuniones con amigos. No importa tanto el qué, sino más el como. Y en relación a la identidad argentina y el box, creo que hay dos películas (excelentes y recomendables ambas), que vienen al caso para ilustrar un poco la idea que vengo teniendo. 

Hace poco volví a ver Toro salvaje (Raging bull) de Martin Scorsese y Gatica, el mono de Leonardo Favio. Dos directores colosales desde mi punto de vista, con ópticas y miradas bien diferentes. Ideales para exponer el contrapunto que quiero desarrollar. 

En un lado del cuadrilatero (sic) tenemos una película como Toro salvaje de 1980, dirigida por Scorsese, un joven director neoyorquino que ya había hecho grandes películas como Calles salvajes (1973) y Taxi driver (1976), esta última nominada al Oscar a mejor película. El hecho de que un peliculón como Taxi driver haya perdido con Rocky, parece menos una coincidencia de lo que parece. Creo que hasta ese momento, Taxi driver fue la mejor película de Scorsese y merecía ganar el premio de la Academia (aunque me guste Rocky) pero creo que la obra de Scorsese con De Niro es oscura, expositiva y visceral, una postal de la cruda sociedad de NY de los 70s. Un país en decadencia, donde la solución no está en los políticos falsos sino en una especie de héroes anónimos (un poco bastante exaltados). En cambio Rocky es una especie de cuento, de fábula. Es el molde de película Hollywoodense, donde un don nadie, de la noche a la mañana tiene su gran oportunidad, conoce el amor, y es buenudo. Rocky es adorable, nadie lo niega, grandote y tontolón. Todos lo queremos, pero es casi una fantasía, por lo general los boxeadores son gente oscura, marginal, con pasados y orígenes difíciles. No digo que todos sean así, pero los casos más resonados y famosos si. Rocky es menos una película de boxeo que una fábula de sueño Americano, que no tiene nada de malo en sí, pero nadie se la toma como una película realista. Es pura imaginación del bueno de Silvestre, que hizo su gran aporte con ello a la historia del Séptimo arte. 

Volviendo a Toro salvaje, en 1980, Scorsese vuelve a las tablas con De Niro haciendo la vida de Jake L Motta, un boxeador que existió y que de hecho vivió hasta hace pocos años. El filme está lejos de la fabula tierna de Rocky. Nos ofrece la historia sórdida de un boxeador de NY, de origen humilde e italoamericano, igual que Rocky... pero completamente diferente. La Motta es un tipo agresivo, medio bruto y sobre todo, un posesivo del carajo. En la película se nos muestra como a su primer esposa la abandona, le grita o rompe cosas. Jake tiene a su hermano menor Joey (interpretado por el gran Joe Pesci), que lo acompaña, le hace de manager y a veces le pone fichas para que ponga en su lugar a su esposa. Luego Jake conoce a Vickie, una hermosa rubia del bronx, y comienza una nueva relación. La cosa marcha bien, en el medio Jake gana y pierde peleas. Siempre está cerca de conseguir el título de peso mediano y al final lo pierde por puntos. Jake se nos muestra como un tipo por momentos calmo, acepta las derrotas para luego desquitarse con absurdos ataques de celos hacia Vickie. El derrotero de la película continua con este drama, donde Jake se nos muestra por momentos como un verdadero imbécil y canalla, poseído por unos celos infernales que lo llevan a desconfiar de su hermano. En una escena donde lo faja y luego le pega a Vickie, cayendo en lo más bajo. Luego consigue el título y luego comienza la debacle. Empieza a engordar, se tira a chanta, diríamos y luego pierde el título. Tocó el cielo y luego no lo supo mantener. Todo el hampa de NY lo desprecia porque es un violento y no presenta sus respetos. Saben que en un celoso impredecible asi que de a poco Jake se va quedando cada vez más solo. Al final tiene su bar, el Jake La Motta´s club, donde se dedica a amenizar las noches. Hasta que lo meten en cana por dejar entrar a menores de edad. NO queda claro si hubo estupro o no, pero al final lo meten en cana por no poder pagar la fianza. Cuando sale, vemos que perdió el poco estatus que le quedaba y ahora cuenta chistes malos en un bar de mala muerte donde nadie lo respeta. La película termina y uno piensa y que habrá pasado con este tipo. La realidad es que la peli llega hasta 1960, y la peli es veinte años posterior a eso, y el tipo murió en 2017. Hierba mala nunca muere, dicen. Increíble que un tipo así haya vivido tantos años. Lo que me pasa es que en ningún momento me siento identificado con Jake, porque es un tipo despreciable en verdad. Nada de él me cae simpático. No tiene sentido del humor, aparte de que es un cerdo. Por lo cual, debe haber sido muy dificil interpretar a alguien así. De hecho de cae mucho mejor su hermano, o Vickie. Pero no, la peli muestra un mundo de poca o nula paz, alegría o amor. Allí todo es pelea, violencia y abuso. Entiendo que es el tono que Marty le quizo dar a su película, pero por dios... que tono mama mía. O sea, un drama drama, de boxeo si, pero dramón. 

Ahora bien, del otro lado del cuadrilátero tenemos a Gatica, el mono (1993) de nuestro querido Leonardo Favio (que tantas veces he ponderado como mi director local preferido), y la cosa es bien distinta. Muchas veces se ha cometido la injusticia de decir que Gatica es una copia de Toro salvaje y la verdad es que nunca escuché una crítica más vagoneta y poco fundamentada. A ver, si, está claro que Favio debe haber visto Toro salvaje y hasta quizás lo inspiró para hacer algo así pero con un boxeador de acá, pero eso es tan solo una parte de todo el asunto. Nadie puede acusarlo de tomar inspiración en otra película, pero si las analizamos vemos que se tratan de películas bien diferentes, hasta antagónicas si se quiere. Antes, repasemos un poco a Favio. Su opera prima data de 1965 (Crónica de un niño solo) una hermosa (y cruel) película sobre infancias vulneradas. También podríamos hacer una comparativa con Los 400 golpes (1959) de Truffaut... inspiración o plagio? El caso es similar, la inspiración está, y quizás aquellas otra también se inspiraron en películas anteriores. El tema es si contas lo mismo de la misma manera o contas algo diferente de diferente forma (aunque haya similitudes en los tópicos). Gatica es su séptima película, y en el momento del estreno de Toro Salvaje, ambos contaban con seis largomentrajes. 

 Entonces, lo que podemos ver es que Gatica y Toro salvaje son dos propuestas bien distintas, desde lo argumental, pasando por lo estético y lo narrativo. Siempre comparar una película de EEUU (aunque esta sea de Scorsese que tiene un perfil más independiente), con una producción local, parece una comparación imposible. Por la producción, por la guita invertida, y a veces por lo actoral. Está claro que sobre todo en esto último, la de Scorsese le saca un par de puntos a la de Favio. No por nada la interpretación del nefasto La Motta le valió su primer Oscar a mejor actor al querido De Niro. En cambio, Edgardo Nieva hace un buen papel de Gatica, muy distinto. Por momentos mucho más bufonesco e histriónico que lo que representa De Niro. Pero me atrevo a decir algo que puede sonar a herejía, a veces le veo mas sentido a Nieva como Gatica que a De Niro como La Motta. No creo que sea una cuestión de capacidades, pero creo sí que hay algo ahí que tiene que ver con la identidad de cada pueblo. Porque por más italoamericanos que sean los Scorsese, De Niro y Pesci... creo que los Argentinos tenemos más mescolanza en nuestro ADN. No somos solo italianos en Argentina, somos indios, latinos, criollos, mulatos, españoles, judios, polacos, etc, etc... Entonces ahí lo tenemos a Gatica el tigre puntaño, un moreno venido de San Luis desde muy chico a Buenos Aires. Sus orígenes son bien latinoamericanos. No es un tipo de clase media baja como La Motta, es un tipo de abajo, bien de abajo. De esos que venian a Buenos Aires con lo puesto. Gatica solo tiene a su amigo el Rusito, seguro algún hijo de inmigrantes, que es su amigo fiel. El lo cuida, lo banca y es un poco la voz de su consciencia. No tiene la misma maldad aunque moderada como es el caso de Joey y Jake La Motta. Acá, el ruso es un amigo fiel, es como el Pepe Grillo, solo quiere el bien para Gatica. Que si, Gatica es mentiroso, fabuleroi, agrandado, medio traicionero y mujeriego. Un papelonero de ley, con ese aura de argentino agrandado. Puede gustar más o menos, pero por momentos es un tipo adorable, cuando esta cantando tango y se mea encima, o cuando habla de la gallina ponedora. Él sabe que es un bruto, pero es un tipo que también se da cuenta que se equivoca, y sufre y llora por su perro que atropellan. Es un personaje más complejo que La Motta, porque lo queres matar, a veces te cagas de risa, llorás con él. En fin, es un sinfin de emociones, como Argentina, el país por excelencia con altibajos. 

La estética, ni que decir... Toro salvaje maneja una estética cuidada, en blanco y negro, con encuadres grandes y cámara lenta. No en los momentos de combate, sino en momentos más introspectivos, cuando menos lo esperás, como cuando están Jake y Vickie en el golfito. Es una estética que le debe más a la nouvelle vague y al cine independiente americano. Estéticas cuidadas, encuadres perfectos, retratos en sepia. Lo de Gatica podríamos decir que tiene algo de eso también pero además el neorrealismo italiano que siempre influenció a Favio, como un aporte fundamental. Si Crónica de un niño solo es la versión de Los 400 golpes, pero a la argentina, o sea pasada por el filtro del neorrealismo italiano, lo circense y la viveza criolla. Gatica es algo similar, siempre están los paneos, los pasajes, los planos largos. El travelling alrededor de la pelea. Los planos fuertes de rostros ensagrentados exageradamente, a todo color y con los golpes en cámara lenta. Todo bastante diametralmente opuesto a lo que buscó Scorsese. Además, que en la peli del oriundo de Nueva York, la música brilla por su ausencia, en la del Mendocino, la música es la pieza clave de su cine: Desde grandes orquestaciones dramáticas, hasta cumbias, cuartetos casi juglarescos, o unos cantos gregorianos tremendos, en medio de su sangrienta pelea con Alfredo Prada. Y es que, así como en Toro salvaje estaba el rival clásico de La Motta que era ni más ni menos que Sugar Ray Robinson. En Gatica el mono, esta Prada, el boxeador rosarino con el cual Gatica se daban con todo. Gatica era peso ligero, un poco menos que La Motta, pero se dice que cuanto menos peso, más duro se dan... y más largos los combates. En fin, si hay una herramienta que sí está utilizada de una forma similar, es el transcurso de peleas una atrás de otras con cartelitos donde pone el rival, como ganó y la fecha. Pero es que es un recurso super sencillo y sirve para que la historia avance, son como elipsis que en una película sobre un boxeador histórico queda perfecto. No hace falta cambiar lo que ya funciona bien y es útil. Luego, casi todas las decisiones estéticas, como dije, van por otro carril. En Gatica predomina el grotesco criollo, los gritos, la exageración, los llantos, el drama y la comedia. Intensidad 100% criolla. En cambio, en Toro salvaje, y para ser una película de italoamericanos, todos los actos son más medidos, las actuaciones mñas medidas, mas contenidas. Hay violencia, pelea y gritos, si, pero todo se siente bajo un control casi milimétrico, porque... dime en que país vives y te diré como es tu intensidad. No puedo dejar de mencionar justamente esto: la diferencia entre Toro salvaje y Gatica, el mono, estriba más allá de cuestiones tecnicas o estéticas, en el ADN de cada peli. Las dos son excelentes, y una tiene 8 puntos y la otra 7 y pico en IMDB. Pero eso no importa, ambas son valoradas, porque ambas muestran un poco la vida de dos boxeadores que vienen de abajo, dos brutos, dos héroes de barro. Dos tipos que son despreciables con sus mujeres, machistas y violentos. No hay héroes de fantasía acá como en Rocky. No digo que todos los boxeadores sean tipos violentos o despreciables como vemos a La Motta y Gatica, pero convengamos que históricamente han sido gente que viene muy del llano. Con poca educación y en ambientes hostiles y machistas. Pero lo que más me interesa en esta comparativa es el contexto de cada historia.  


Ambas películas manejan casi los mismos tiempos históricos, comenzando el derrotero pugilistico en ambos casos a principios de los 40s y finalizando a mediados de los 50s. En eso son realmente (y es notable) historias paralelas. Pero mientras que Jake La Motta consiguó ser campeón en 1949 y retener el título dos años, Gatica no tuvo tanta suerte ya que nunca se coronó campeón, al margen de haber ganado muchísimas peleas. Lo que le dio el nombre de Rey sin corona o Campeón del pueblo. Porque Gatica era adorado popularmente por gran parte de los aficionados locales. Claro que tenía a Prada como representante de la contra, pero Gatica era el héroe popular de aquellos años. Años que coinciden con el Peronismo clásico 1946-1955, y si bien Gatica ya venía peleando de algunos años antes, durante el período Peronista, José María Gatica supo ser el héroe pugilistico del Peronismo. Y aquí es donde reside la gran diferencia entre Toro Salvaje y Gatica el mono, si sólo contenplamos sus vidas, son a decir de Plutarco (casi) vidas paralelas, por la época y por la subida y caída. En un caso un celoso violento imposible, en el otro un mujeriego, engañador y agrandado; ambos son queridos y despreciados. Ambos son víctimas de sus propias debilidades y lidian como pueden con su sonora caída. Pero quizás, la diferencia estriba en que mientras Toro salvaje es la historia de un boxeador polémico que tuvo su auge y caída, Gatica va un poco más allá de esa parte. Porque además, no cuenta la historia de un país, de un momento histórico clave de Argentina, que marcó un antes y un después que continúa hasta hoy en día. Porque ya sabemos que, al margen de que Favio fuera peronista, tampoco es un fanático condescendiente. Para cuando hizo Gatica (1993) ya habían pasado los 70s con su vorágine de violencia política, la sangrienta dictadura militar, el decepcionante gobierno alfonsinista y ahora, en pleno auge de un Menemismo vende patria, nadie podía ser ingenuo y optimista en ese momento, respecto al Peronismo. Sin embargo, Favio apostó a la vida de Gatica, para contar los orígenes del Peronismo. El auge popular, la fanfarria, la fiesta nacional y popular, el exceso, la mística y la mitología. Todo condensado en una película de dos horas de una manera perfecta. Porque si, el elemento político es lo que diferencia a Gatica de Toro salvaje. Mientras esta última es un retrato estilizado sobre un boxeador perturbado, la otra es un retrato de lo mismo pero además es también de una sociedad, de un pueblo y de un movimiento político popular que sigue movilizando (a veces más, a veces menos) las masas 80 años después. El auge de Gatica, con su pelea en el Madison Square Garden, la cantidad de minas, los trajes caros, los autos, todo un despilfarro de guita que el tipo no sabe cuidar, porque si, es un cabeza. Vive el día a día porque de chico no tuvo nada, y cuando lo tiene le saca todo el jugo. Y luego, empieza de a poco la debacle, porque no se cuida, porque no entrena, porque se entrega a los vicios. Y además, no tiene ningún problema en mostrarse junto a Perón y Evita, porque para él (como para muchos) pensaban que aquel  momento histórico de grandeza popular iba a durar parea siempre, que los desplazados habían sido reivindicados y que no había vuelta atrás. Pero las fuerzas antipopulares nunca se rinden, siempre buscan destruir a los de abajo, para sentirse que ellos siguen estando arriba. Con la caída del Peronismo cae Gatica y cae toda esa fiesta de cultura popular. Y la caída de Gatica es más dramática que la de La Motta que cae preso por ignorante y sórdido. La caída de Gatica es sonora porque cae con las clases populares. Pierde a su familia, vuelve a la villa, es obligado a tomar trabajos denigrantes para su rival prada, donde es humillado en la entrada de un restorán diciendo: Buenas noches, buen provecho, a todo bicho que entra a morfar. Lo descansa un gordo. Karadajian, en una muestra de lucha, lo lastima con una toma de Catch y lo deja rengo. De a poco Gatica se descascara, se rompe, pero mantiene su altanería, sólo que ahora que está proscripto por el gobierno militar que hechó a Perón, lo dice en voz baja. El rusito aún lo acompaña, y sabe que lo que más le molesta a Gatica es que no lo respeten. Antes gritaba Gorilón, a mi se me repeta, o Para hablar con Gatica, se pide audiencia. Casi como si fuera un diplomático o un Rey sin corona. Estaba excatamente donde la gente lo había colocado. Y ahí se quedó, hasta que murió pocos años después de la caída de perón, en el 63. Por lo que ni siquiera pudo ver la vuelta del General en el 73. Pero cada vez que volvía humillado del restorán en la Boca, cruzando el Riachuelo a la Isla Maciel, Gatica susurraba... dejá nomás, deja... ya van a ver cuando vuelva el General. Como diciendo, ya volverá la justicia, y todos los que estamos ahora humillados y ofendidos por los militares, por la oligarquía y por los gorilones de siempre, seremos redimidos. Porque el Peronismo se convirtió desde su aparición en eso, en una posibilidad de que las clases trabajadoras fueran redimidas. Y por eso, siempre el pueblo Peronista está esperando el regreso, una vocación muy cristiana por cierto. 

Así que bueno, esta es mi visión acerca de dos grandiosas películas, donde desde diferentes ópticas y para contar no siempre lo mismo, se ultiliza la vida de estos dos boxeadores, dos ídolos trágicos, uno norteamericano y el otro argentino, ambos con su auge y caída, pero son sus diferencias esenciales donde el norteamericano (aún con sus desgracias) sigue anclado en un sistema rígido de una sociedad estructurada y organizada. Mientras que el otro flota en los vaivenes políticos de un país que no logra consolidarse debido al tironeo entre dos modelos de país. Lo que los yanquis finiquitaron en su guerra de Secesión (1861-1865), nosotros seguimos tratando de resolver (pareciera) sin posibilidad de solución.  

lunes, 19 de enero de 2026

El despertar de un refugio atómico, después del fin del mundo, abriendo los ojos, saliendo a la vida...



Ella despertaba lentamente, del jarín oscuro de la mente... 

He soñado esto esta noche de insomnio, de ingestión, de indecisión, de pensaresy pesares.

Cuando ella despertó vio que el mundo ya no era lo que recordaba. A su alrededor sólo destrucción y ruinas. 

Salió de lo que recordaba había sido su hogar, y se encontró con un mundo sin humanos. 

Ella estaba sola, última sobreviviente de la última ecatombre, del holocausto nuclear que finalmente sus congéneres habían llevado a cabo como última remesa de su locura.

Y ahora que podría hacer? Su existencia era el último reclamo a una humanidad que no haía podido sobrevivir a sus propias locuras, el último grito de desesperación. 

Sofía, su nombre era Sofía y significaba sabiduría. 

La misma que la llevó a caminar por aquel campo minado de destrucción masiva. Una tumba que no tenía razón de ser, pero que ahora era toda su herencia. 

Heredarás la tierra, pensó para sí misma. 

Ya no había con quien compartir su desconsuelo. Y caminando por lo que ya no era, por lo que había sido, pensó que de nada serviría seguir adelante.

Los restos de un viejo puente le hicieron pensar que debería unirse al destino de sus congéneres. 

Pero una voz la llamó por su nombre. 

Encontró sólo la sombra de lo que parecñia un gato. Este si hablar le habló. 

Era Sputnik, un gato ambarino, atigrado, que la miraba y con sus ojos brillantes le reclamaba una explicación a tanta muerte. 

Sus amigos y amigas habían desaparecido también, por culpa de los humanos. 

Y le inquiría por qué, por qué toda esa miseria y destrucción. 

Ella, desconsolada, no tenñia una respuesta. Pero le ofreció su mano y de a poco se fueron acercando. 

La idea era caminar juntos, buscando vida, buscando un lugar para poder encontrar vida y paz. 

Luego de un sinfín de escombros y muerte, de largo caminar sin rumbo fijo, los dos compañeros de viaje, los dos supervivientes, encontraron un campo abierto frente a sus ojos. 

Pensaron que cruzarlo los llevaría a su destino final. 

A upa, el gato fue a cuestas de Sofía, hasta que el gato se le escapó de sus abrazo. 

Se escabulló en un bosque que parecía florecer ante su atónita vista y juntos descubrieron un nuevo mundo. El de los supervivientes. 

El gato le confesó que en realidad era el espíritu de su padre que la guiaba hacia el único refugio que quedaba para ella. 

El refugio del interior, donde podrían comenzar todo de nuevo...

Luego, Sofía despertó del sueño del sueño, del que la soñó en primera instancia, o sea su propio padre en el pasado remoto... cuando el mundo de los humanos aún prevalecía. 

Y pensó, aún yo también hoy soy leyenda...

jueves, 1 de enero de 2026

Año nuevo, mundo arjo

 Vengo a dejar constancia de que sigo en el planeta Tierra, por tiempo indeterminado. 

Además, creo que es importante abrir el año con un saludo y un deseo. 

El año pasado no pude escribir mucho, me sentí absorbido por las redes, mis pensamientos, estudio, trabajo, quilombos y demás. 

En el balance de año me sentí poco productivo, pero son cosas que pasan. 

Este año que comienza pienso sacarme eso de encima. 

Volar, viajar, flashear, escribir cualquier cosa que salga. Sin pensarlo tanto. 

Para fluir hay que largar... para la calidad hay tiempo, lo importante es sacar. 

Para no sentir que nos estancamos, que nos oxidamos, que nos metemos para adentro. 

Cambio, sudor y lágrimas. 

Feliz año nuevo para todo el mundo 

y que empiecen a vibrar esos teclados. 

Cantemos una invocación:

El payaso plin plin

se pinchó

la nariz. 

Payado idiota... it, vas a correr...

Todas las cosas tienen música... el sol... de los hombres

y a tí amor